Opinión
‘Prácticamente magia 2’: ¿qué fue de Sandra y Nicole?
Joan Crawford tenía 56 años y Bette Davis 54 cuando protagonizaron ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), una película que mezclaba el terror y la sátira para ajustar cuentas desde la modernidad cinematográfica con el cine clásico de Hollywood. Crawford y, en especial, Davis, participaron con más o menos entusiasmo del ánimo deconstructivo del director Robert Aldrich al exacerbar hasta la parodia ¿premeditada? los papeles que habían hecho de ellas grandes estrellas entre los años 30 y 50. Las interpretaciones de ambas actrices como hermanas envidiosas la una de la otra representaron una apuesta agónica por prorrogar sus carreras profesionales en un ecosistema fílmico muy diferente al suyo, y en las mismas desempeñó un papel esencial la desfiguración física y psicológica de sus personajes, que ya no habitaban el territorio del melodrama sino el del grand guignol y el camp.
En 2026 nos encontramos con que Sandra Bullock, de 62 años, y Nicole Kidman, de 59, encarnan en Prácticamente magia 2, estrenada esta semana en todo el mundo, a los personajes de otras dos hermanas, Sally y Gillian Owens, con las que nos habíamos encontrado hace casi tres décadas en Prácticamente magia (1998), chick lit posfeminista sobre una estirpe de brujas condenadas a no amar, al menos en clave heternormativa, pues los hombres de quienes se enamoraban tenían un destino fatal. Esta secuela, como veremos, da cuenta en ciertos aspectos del tiempo transcurrido desde el filme original, pero, en líneas generales, estamos ante una película que ignora todo lo que ha ocurrido a nivel social desde el periodo de entresiglos, y los rostros operados hasta la extenuación de Bullock y Kidman son el testimonio más lamentable de ello: frente a la conciencia de Crawford y Davis de que las cosas estaban cambiando y valía la pena experimentar con la propia imagen para aprender de ello, Bullock y Kidman —coproductoras además de la película junto a la veterana Denise Di Novi— pretenden simular, en sintonía con un panorama sociocultural de profunda inmadurez, que continúan siendo las jovencitas pizpiretas que despertaron en su momento la admiración de medio mundo. Esa estrategia, en particular cuando se las enfoca en primer plano, hace involuntariamente de Prácticamente magia 2 un body horror, así como una crítica implícita a la incapacidad de sus protagonistas para envejecer con dignidad. Hay al respecto una frase de diálogo —en teoría humorística, en la práctica estremecedora— que le dirige Gillian a Sally mientras vuelan a Inglaterra: “Eres un pedazo de carne atrapada en vestuario de los años 90”.
Nos encontramos por lo tanto ante la legacy sequel o secuela tardía más conservadora —¿propia quizá de un cambio de ciclo en la cultura mainstream?— de todas las que en los últimos tiempos han resucitado IPs o propiedades intelectuales dirigidas a espectadoras, entre las que también han figurado Bridget Jones: Loca por él (2025) y El diablo viste de Prada 2 (2026). Sally tiene dos hijas, Kylie (Joey King) y Antonia (Maisie Williams), herederas de la ficción, pues resulta connatural a las legacy sequels funcionar a la vez como continuaciones, remakes y reboots o reinicios; pero el rol de las jóvenes está supeditado de continuo al influjo de sus mayores, y las cuitas amorosas de la primera adolecen de cualquier arista o incomodidad argumental. De hecho, es el amor apasionado de Kylie por Gideon (Xolo Maridueña) —que aboca a este a un coma— el punto de partida para el relato que articula Prácticamente magia 2.
Y es en ese desarrollo narrativo donde la película encuentra su propia personalidad; sus imágenes adquieren una pátina de actualidad que justifica su existencia como secuela. Kylie viaja a la Inglaterra profunda para hallar un remedio a la muerte probable de Gideon, y Gillian y Sally la siguen. Ello da lugar a una intriga fantástica más oscura e inquietante de lo esperado, así como a reflexiones muy sólidas sobre las conexiones mágicas de ida y vuelta entre Gran Bretaña y Estados Unidos, y sobre la genealogía feminista de la brujería. Estas últimas prestan una verosimilitud, inexistente en Prácticamente magia, al coven familiar contemporáneo del gineceo Owens, que integran también las tías de Sally y Gillian, Frances (Stockard Channing) y Bridget (Dianne Wiest). Las relaciones de las tres generaciones de las mujeres Owens, tanto con sus ancestras como entre ellas, presentan una solidez y una emoción destacables, que tienen su reflejo en escenas como la de los fallecimientos precedidos de nuevo por el peculiar sonido de los escarabajos de la muerte.
El mérito de que Prácticamente magia 2 logre escapar, a diferencia de su predecesora, al retrato de la magia como mero way of life y excusa para las veladas frívolas y los mohínes exasperantes, es de su realizadora, Susanne Bier, que ya había colaborado con Sandra Bullock en A ciegas (2018). Bier se había mostrado habilidosa a la hora de brindar a las relaciones entre adultos una pátina de ligereza y sensibilidad muy efectiva en películas como Problemas de familia (1994), El amor de mi vida (1999) y Amor es todo lo que necesitas (2012), y vuelve a suceder en esta ocasión. Si tenemos en cuenta el material dramático tan endeble que tenía entre manos, y la dificultad que suponía trabajar con los rostros de Kidman y Bullock, la directora danesa sale airosa, hasta el punto de poder concluir que Prácticamente magia 2 mejora de forma sustancial Prácticamente magia.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!