Opinión
‘Song sung blue: canción para dos’, del musical al drama

En ‘Song sung blue: canción para dos’, un par de pobres diablos interpretados por Hugh Jackman y Kate Hudson se encuentran a sí mismos y aprenden a superar los golpes de la vida con la ayuda de las canciones de Neil Diamond que cantan para otros.
Song Sung Blue
Imagen promocional de Song Sung Blue. © 2025 Focus Features, LLC. All Rights Reserved.

De todos los biopics sobre astros de la música pop que se han estrenado en los últimos años, Song sung blue: canción para dos se cuenta, en principio, entre los más peculiares. En vez de centrarse en Neil Diamond, compositor e intérprete pop/folk de inmenso éxito en los años 70 por su habilidad para los temas épicos y al tiempo intimistas, opta por poner bajo los focos a la pareja integrante de una banda tributo en torno al músico, Lightning & Thunder, que hizo fortuna durante los 80 recreando con pasión sus canciones. Es una fórmula ingeniosa, dado que así Diamond, muy celoso de su vida privada, y sus agentes se libran de las negociaciones y los dolores de cabeza inevitables que traerían consigo una biografía sobre él, y su catálogo musical se pone de todas maneras en valor.

En cualquier caso, conviene recordar que el origen de Song sung blue: canción para dos es, como tiende a ocurrir asimismo en tiempos recientes, un documental de título homónimo, realizado por Greg Kohs en 2008. Sin embargo, la reconversión del documental en fábula tiene en esta ocasión todo el sentido del mundo. Y no solo porque la apropiación progresiva del pop por parte de los aficionados a través del karaoke, las redes sociales, la telerrealidad o la fiebre por los eventos en vivo más o menos oficiales ha hecho de ellos personajes tan pintorescos, tan dignos de atención en tanto seguidores aspiracionistas, como los autores de las composiciones homenajeadas; también porque el director del filme, Craig Brewer, ya había mostrado en anteriores ocasiones —Hustle & Flow (2005), Footloose (2011)— su interés por el efecto inspirador de la música en la vida del común de los mortales.

En Song sung blue: canción para dos, los pobres diablos son Mike Sardina (Hugh Jackman) y Claire Stingl (Kate Hudson), que en la madurez se encuentran a sí mismos y aprenden a superar los golpes de la vida con la ayuda de las canciones de Neil Diamond que cantan para otros en bares, iglesias y locales nocturnos. Hay en este aspecto dos partes bien diferenciadas en la película. La primera y mejor concede libertad a Jackman —todo un showman aún no reconocido plenamente como tal— y Hudson —en el papel más jugoso de su carrera junto al que encarnó en Casi famosos (2000), curiosamente como groupie de una banda de rock— para que hagan suyos a Mike y Sardina y los temas de Diamond a golpe de carisma y entusiasmo contagiosos. La acción avanza a través de la enérgica recreación por ambos actores de canciones como “Crunchy granola suite” (1971) y “Forever in blue jeans” (1979), que Brewer pone en escena con la atención al detalle y el ritmo de que ya hiciese gala a la hora de plasmar “It's hard out here for a pimp” (2005) o “Fake I.D.” (2011).

De ello se deduce una dinámica de musical autosuficiente para explicar a los personajes, sus circunstancias y ambiciones, que, por desgracia, da paso en la segunda mitad de Song sung blue: canción para dos a un drama estereotípico, nada convincente y de metraje desbocado. Con ello se aspira a una gravedad digna de Óscar que, en la práctica, sume el relato en la mediocridad de una feel good movie cualquiera, amén de dejar en evidencia los intentos contemporáneos de Hollywood por recuperar, demagogia mediante, a un sector de la audiencia —blanca, rural, de clase media-baja y valores heteronormativos— a la cual había dado la espalda.

En definitiva, aunque la moda de los biopics basados en estrellas del rock y el pop no parece que vaya a disiparse en un futuro inmediato, títulos como Song sung blue: canción para dos, Back to black (2024) o Springsteen: deliver me from nowhere (2025) invitan a reflexionar sobre hasta qué punto los lugares comunes y la pereza creativa pueden amenazar antes o después la viabilidad de este tipo de productos.

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