Pueblos originarios
La organización de los indígenas urbanos en Canadá

En lo que llamamos Canadá, las organizaciones indígenas urbanas están reimpulsando una lucha de décadas para redefinir la soberanía indígena en las calles de la ciudad.

Indígenas urbanos en Canadá
El 9 de enero de 2019, los organizadores nativos urbanos lideraron un bloqueo de seis horas al puerto de Vancouver. Foto: Sharon Kravitz Roar Magazine
Traducción: Isabel Pozas González

publicado
2019-02-28 06:00:00

“Os he traído agua”, le dije al variopinto grupo de seis personas que portaba nuestra pancarta, que rezaba: “Todos los pueblos unidos con los wet’suwet’en” por el carril por el que salen cargados los tráilers del puerto de Vancouver. Habíamos estado cinco horas parados, cambiando de posición.

30 metros más allá, 200 personas formaban un cuadrado en la intersección de las calles Hastings y Clark Drive, bloqueando tráilers, autobuses y conductores que se dirigían a las torres de cristal del centro. En medio de la intersección, los ancianos de los pueblos locales cantaban y tocaban tambores. Girando sobre sus pies, honraban a los cuatro puntos cardinales: el norte, el sur, el este y el oeste.

Volví a la intersección y me quedé con el hombre de la marcha de ayer. Se había abierto paso entre la multitud, ofreciendo a la gente salvia para el sahumerio, una ceremonia de limpieza común. Tendió las manos.

“Tengo que irme pronto. A ti todavía no te he sahumado. Quiero darte esto”. Tenía en las manos concha de abulón, la medicina ardiente, y unas plumas. Luego me miró fijamente a los ojos y dijo: “Te veo. Te vemos”.

Las lágrimas me nublaron la vista. Llevé el cuenco de sahumerio a la mesa que había en la carpa y quité de en medio las bolsas de patatas fritas y los envases de plástico de las magdalenas. Hice el sahumerio. La medicina flotaba en el aire y Dennis, el hombre de Moricetown para el pueblo de los wet’suwet’en, se marchó rumbo al este. Sostuve las plumas hasta que, exhausto y triunfal, nos marchamos de aquella intersección cuando cayó el crepúsculo invernal al final de la tarde.

*   *   *

Ese día, el 9 de enero de 2019, los organizadores nativos urbanos lideraron un bloqueo de seis horas al puerto de Vancouver. Respondimos a los ataques de la Real Policía Montada de Canadá, el cuerpo policial paramilitar canadiense, contra los wet’suwet’en, que llevaban reocupando su territorio desde 2010.

El Tribunal Supremo de Columbia Británica había autorizado a la Policía Montada a despejar el camino por la fuerza para la fase de construcción del gasoducto por fractura hidráulica (fracking) de Coastal GasLink. Nuestro objetivo era el puerto porque es uno de los lugares de mayor valor económico de Vancouver, a través del cual pasa cada hora mercancía valorada en cientos de miles de dólares. Nuestro objetivo era el puerto porque queríamos mostrarle al Estado colonialista que los pueblos indígenas no se iban a quedar sentados en silencio mientras atacaban a nuestros primos y compañeros.

Desde el 10 de diciembre de 2018 hemos organizado cinco acciones solidarias en Vancouver. Hemos ocupado las oficinas corporativas de Coastal GasLink; hemos organizado tres sentadas simultáneas en las oficinas de los políticos del Nuevo Partido Democrático 

Desde el 10 de diciembre de 2018 hemos organizado cinco acciones solidarias en Vancouver. Hemos ocupado las oficinas corporativas de Coastal GasLink; hemos organizado tres sentadas simultáneas en las oficinas de los políticos del Nuevo Partido Democrático (NDP por sus siglas en inglés), el partido “progresista” de Columbia Británica bajo cuyo mandato actúa la Policía Montada; hemos liderado una marcha por el centro de la ciudad que bloqueó dos puentes; hemos movilizado a 1.500 personas en las calles de Vancouver para que escuchen discursos inspiradores; y, más recientemente, hemos bloqueado una línea ferroviaria que entra y sale del puerto.

Estas acciones han sido actos de solidaridad fuertes y justos con el pueblo wet’suwet’en en el norte de Columbia Británica. Como organizadores nativos urbanos, apoyamos a nuestros primos y compañeros wet’suwet’en.

Una de las organizaciones más famosas fue el movimiento de indígenas soberanistas Poder Rojo, que fue el movimiento más activo y visible entre la década de los 60 y la de los 80
Este es un momento de organización intenso, pero dentro de nuestras propias comunidades hablamos con calma sobre la ausencia de una organización constante de los nativos urbanos al margen de los momentos críticos de las acciones de solidaridad que a menudo realizamos en la ciudad a favor de los defensores de las tierras indígenas en los frentes lejanos. En el Canadá colonial y de colonos, esos momentos críticos se producen inevitablemente cada pocos años, pero nuestra organización no se prolonga más allá de esas reacciones a las violaciones de la soberanía indígena sobre el territorio.

Muchos de nosotros nos preguntamos: ¿dónde está nuestro movimiento?

Pueblos originarios Canadá
Protestas de los pueblos originarios del actual territorio de Canadá. Foto: Murray Bush Roar Magazine

LAS RAÍCES DEL PODER ROJO

La historia de la organización de los nativos urbanos en Canadá y Estados Unidos es increíble. Una de las organizaciones más famosas fue el movimiento de indígenas soberanistas Poder Rojo, que fue el movimiento más activo y visible entre la década de los 60 y la de los 80. Se organizaron muchos grupos durante el Poder Rojo pero, quizás, la organización más conocida a nivel popular es el Movimiento Indígena Estadounidense.

En 1969, la reocupación de la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, durante 19 meses consiguió que los principales medios de comunicación les dieran una gran cobertura mediática
El Poder Rojo se desencadenó cuando los derechos pesqueros de los indígenas, garantizados por tratados, se vieron amenazados. Como respuesta, los activistas indígenas del Estado de Washington organizaron “pescadas”, arriesgándose a ser detenidos por pescar en sus propias aguas. Más tarde, en 1969, la reocupación de la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, durante 19 meses consiguió que los principales medios de comunicación les dieran una gran cobertura mediática, lo que impulsó el asunto de la soberanía y los derechos de los nativos al debate público. El Poder Rojo fue un movimiento panindigenista que se dedicó a la unidad de los diversos pueblos indígenas frente a los estados colonialistas de Estados Unidos y Canadá.

Las historias de Poder Rojo se cuentan de muchas maneras. Muchos de los que vivieron en aquella época hablan de la interiorización en el movimiento de los roles de género colonizados y cómo esto afectó al liderazgo de las mujeres y la gente de dos espíritus [personas con patrones de conducta femeninos y masculinos]. Y muchos contadores de historias están de acuerdo en que las políticas del Poder Rojo pasaron de tener un sentido de unidad panindígena con el objetivo de revitalizar determinadas prácticas culturales y espirituales a ser políticas acerca de los pueblos particulares. En la práctica, esto se tradujo a menudo en el abandono de la ciudad como lugar de organización y la vuelta a las reservas o comunidades rurales indígenas.

Hay muchos factores que explican este cambio, pero, desde mi punto de vista, fue el resultado complejo de los cambios internos en la conciencia dentro del movimiento Poder Rojo y de fuerzas externas, entre las que se encuentran el Programa de Contrainteligencia (COINTELPRO) del FBI, que tenía como objetivo el Movimiento Indígena Estadounidense; los discursos de multiculturalidad claramente establecidos por la Ley de Multiculturalismo de Canadá de 1988; la respuesta de los Estados colonialistas a los movimientos más numerosos de la era de los derechos civiles, que distribuyeron dinero a la educación y amenazaron la existencia de los movimientos sociales al ofrecerles rutas de entrada a la clase media; y, en los Estados Unidos, políticas de discriminación positiva.

Con este alejamiento de la identidad y de la unidad panindígena, los pueblos indígenas de Canadá y de Estados Unidos empezaron a volver a sus comunidades en los territorios tradicionales o a las reservas en Canadá y en Estados Unidos
Con este alejamiento de la identidad y de la unidad panindígena, los pueblos indígenas de Canadá y de Estados Unidos empezaron a volver a sus comunidades en los territorios tradicionales o a las reservas en Canadá y en Estados Unidos. Los pueblos indígenas, además, empezaron con fuerza a reaprender y revitalizar sus idiomas, prácticas culturales y espirituales y sus estructuras de gobierno hereditarias a las que, durante siglos, los gobiernos colonialistas habían atacado y criminalizado. Las reocupaciones indígenas de los territorios tradicionales, como los wet’suwet’en en el norte de Columbia Británica, son los frutos de la última época del movimiento Poder Rojo.

Aun así, algunos organizadores nativos urbanos sintieron la pérdida de la política panindigenista: los pueblos indígenas urbanos sin territorio natal al que volver no pueden conectar con el activismo basado en el territorio. Está en cuestión lo que significa la soberanía para los pueblos indígenas de Canadá y Estados Unidos, y si podemos expandir nuestra idea de soberanía de modo que establezcamos conexiones y alianzas entre las distintas experiencias y expresiones de indigenismo a principios del siglo XXI.

Así es como los nativos urbanos podemos hacer valer nuestra soberanía como pueblo plenamente despojado de nuestros territorios tradicionales, por un lado, y que la ciudad sea un lugar legítimo para las relaciones territoriales, por otro.

QUIÉNES SON LOS NATIVOS URBANOS

En Canadá, más de la mitad de los indígenas viven en centros urbanos, y más del 70% de los indios americanos y los nativos de Alaska viven en ciudades de los Estados Unidos. Muchos activistas del Poder Rojo en los Estados Unidos han sido alejados de las reservas y los han llevado a grandes ciudades bajo la Ley de Reubicación Indígena de 1956. Hoy seguimos estando en las ciudades por muchas razones: porque sobrevivimos a la acogida de menores, a la violencia de género, por adopción, porque buscamos empleo, por la herencia de las escuelas residenciales y el trauma intergeneracional, por las redes familiares rotas… Las razones son casi infinitas. En las ciudades, formamos comunidades fuertes de nativos urbanos. Creamos conexiones duraderas y afectuosas con muchos indígenas de muchos pueblos de lo que se llama Canadá. Hacemos de la ciudad nuestro hogar.

Muchos ni siquiera sabemos cuál es nuestra reserva. Las lagunas en nuestros recuerdos históricos no son culpa nuestra a nivel individual: son los efectos del colonialismo

La realidad de la vida de los nativos urbanos a menudo choca con las expectativas que tienen los colonos de los indígenas; aunque muchos de nosotros estamos arraigados a nuestras culturas, otros muchos, no. Aunque muchos de nosotros visitamos la reserva a menudo, otros muchos ni siquiera sabemos cuál es nuestra reserva. Las lagunas en nuestros recuerdos históricos no son culpa nuestra a nivel individual: son los efectos del colonialismo, que durante cientos de años ha intentado destrozar nuestros sistemas de parentesco, nuestras economías no capitalistas y nuestros conocimientos culturales.

Los movimientos indígenas actuales hacen énfasis en volver a la tierra, llevando a muchos indígenas soberanistas a reocupar territorios, participar en ceremonias y reaprender los idiomas y prácticas culturales. Reocupar los territorios es, quizás, la expresión más destacada de la soberanía indígena, porque Canadá y Estados Unidos están activamente involucrados en una guerra sin fin por el territorio. El rechazo a ser confinados en reservas y el rechazo a que nos despojen de nuestros territorios hacen valer nuestra soberanía en formas que contravienen las leyes y la legitimación de los colonos. Estas trayectorias son sumamente inspiradoras y tienen un gran potencial para la nacionalidad indígena.

Pero esta época de soberanía indígena, que se expresa de un modo muy radical a través de la reocupación de territorios, hace que la participación sea complicada para los nativos urbanos. Muchos de nosotros vivimos en la pobreza y nos enfrentamos a problemas de supervivencia en nuestras vidas cotidianas. Muchos de nosotros hemos huido de las comunidades debido a la violencia. Otros han cortado relaciones con las comunidades debido a los diversos efectos del colonialismo. Muchos de nosotros no podemos “volver a casa”.

Nativos urbanos en solidaridad con wet’suwet’en

Entre esas dos tendencias, he luchado en silencio para crear un espacio para los nativos urbanos en el que establecer conexiones con nuestros primos y compañeros de wet’suwet’en, o de otro sitio. En Vancouver, he organizado acciones con un grupo de coalición formado para un fin específico que incluye a colonos y a indígenas. Procedemos de diferentes organizaciones, posturas políticas y contextos. El mayor punto de unidad que compartimos es el principio político de la soberanía indígena y una creencia, por diferente que pueda ser dadas nuestras posiciones sociales e históricas: la responsabilidad de responder a este momento de ataque colonialista a la soberanía indígena en las calles.

Nuestro trabajo responde a dos desafíos: uno es crear un lugar en los movimientos de soberanía indígena para garantizar que las políticas de defensa del territorio también ven la ciudad como territorio; el segundo es encontrar un lugar para las luchas indígenas dentro de los movimientos de base urbanos basados en la lucha de clases, los cuales tienden a evitar las verdaderas fuerzas reales del colonialismo que también estructuran la ciudad.

En los últimos dos meses, he notado un cambio. Nosotros, los nativos urbanos, estamos en las calles bloqueando puertos, líneas de ferrocarril, hablando con libertad de nuestro derecho al territorio, a la soberanía, a la nacionalidad

Además de mi compromiso con la organización de solidaridad wet’suwet’en, he sido miembro durante los últimos cuatro años de una organización anticapitalista y anticolonialista, Alliance Against Displacement (alianza contra el desplazamiento). El trabajo organizativo de nuestra comunidad ha tendido a centrarse en las luchas por los salarios bajos, las ciudades de personas sin techo en tiendas de campaña y las luchas por los alquileres. Más recientemente, hemos empezado una campaña liderada por mujeres trans llamada Bread, Roses and Hormones (pan, rosas y hormonas) y una campaña contra la policía en el barrio periférico de Surrey, llamada Anti-Police Surrey (Surrey antipolicial).

Desde los primeros años de participación con Alliance Against Displacement, los indígenas urbanos del grupo hemos querido empezar una campaña de indígenas urbanos. Hemos deseado hacerlo, lo hemos anhelado, hemos invertido muchas horas en las que nos hemos dedicado a teorizar cómo debería ser una campaña de indígenas urbanos en la segunda década del siglo XXI. Nos hemos reunido con indígenas sin techo en las ciudades de tiendas de campañas. Hemos organizado círculos de debate para personas que se autodefinen como indígenas en Vancouver. Ha sido difícil encontrar la chispa que podría sustentar un movimiento, y eso es lo que, al fin y al cabo, esperábamos construir con una campaña.

En los últimos dos meses de organizar acciones de solidaridad y asistencia en Vancouver, he notado un cambio. Nosotros, los nativos urbanos, estamos en las calles bloqueando puertos, líneas de ferrocarril, hablando con libertad de nuestro derecho al territorio, a la soberanía, a la nacionalidad. Tocamos los tambores y cantamos sin arrepentimiento, liderando marchas de miles de personas, algunos de nosotros vestidos con nuestras insignias tradicionales felizmente junto a algunos de nosotros vestidos con vaqueros y sudaderas de Wu-Tang. Nos reunimos espontáneamente en las calles, establecemos conexiones y compartimos ideas políticas. Estamos conectando con ancianos políticos, como Ray Bobb, que estuvo involucrado con la Alianza Nativa para el Poder Rojo en los años 60 y 70 en Vancouver. Estamos conociendo jóvenes, como Stó:lô woman Sii-am, que habló bajo el azote del viento y el diluvio justo después de que cerráramos una ruta de transporte principal en el centro de Vancouver una noche.

Aunque la violencia contra el pueblo y el territorio wet’suwet’en no es más que otro triste ejemplo de colonialismo en Canadá, veo un gran potencial en este momento. Los nativos urbanos están siendo catalizados a través de la reivindicación de soberanía wet’suwet’en. Estamos reavivando nuestras voces, escuchando nuevas voces, desarrollando unas políticas más explícitas de soberanía que nos llevan a las calles.

EL FUTURO DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS INDÍGENAS NATIVOS

El conflicto wet’suwet’en con el poder colonial nos ha movilizado a muchos de nosotros, los indígenas, tanto los wet’suwet’en como otros, rurales o urbanos. Los nativos urbanos se están poniendo en pie ahora, liderando acciones de solidaridad en todo Canadá, alcanzando cada vez más el lugar que nos corresponde en las luchas por la soberanía indígena.

Nuestros objetivos son los lugares de comercio e intercambio económico, como puertos y ferrocarriles, porque sabemos que el colonialismo y el capitalismo son fuerzas entrelazadas a las que se debe combatir simultáneamente. Estamos tomando las calles junto a organizadores anticapitalistas que están profundamente comprometidos con la lucha anticolonialista y que reconocen la necesidad de movimientos duales contra el capitalismo y el colonialismo en el llamado Canadá.

Estamos desafiando las políticas “aliadas” que han asolado el trabajo solidario por la defensa de los territorios indígenas durante, al menos, 15 años ya, políticas que se centran en los activistas blancos y sus relaciones con los defensores del territorio indígena aunque, al mismo tiempo, ven a los nativos urbanos como “menos indios” que nuestros primos y compañeros rurales.

Estamos construyendo a partir de las fortalezas de la era del Poder Rojo de los años setenta y ochenta y superando sus debilidades.

Estamos sintetizando los variados y diversos esfuerzos de soberanía indígena en un movimiento que tenga la cantidad de gente, las alianzas estratégicas y la visión política necesaria para luchar contra el colonialismo canadiense

Estamos heredando la toma de conciencia representada por Idle No More (no más inacción), un movimiento indígena que se extendió desde Canadá a Estados Unidos en 2013, y estamos dándole aún más impulso a este movimiento con la creación de conexiones sobre el terreno entre cultura, territorio y soberanía.

Estamos creando nuevas políticas que honran las particularidades de las relaciones territoriales de los pueblos individuales, sus culturas y conocimientos a la vez que acogemos también a los nativos urbanos como personas con representación política.

Estamos sintetizando los variados y diversos esfuerzos de soberanía indígena en un movimiento que tenga la cantidad de gente, las alianzas estratégicas y la visión política necesaria para luchar contra el colonialismo canadiense.

Actuamos en solidaridad con las líneas del frente wet’suwet’en y, además, decimos: las líneas del frente están por todas partes.

Artículo original
"Colonial frontlines in the city: urban Indigenous organizing" fue publicado en Roar Magazine. La auotora, Natalie Knight, es yurok del norte de California y dine (navajo) de Nuevo México. Vive en los territorios no cedidos de los salish de la costa, también conocidos como Vancouver (Columbia Británica, Canadá).

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