Poniendo las bases de la resistencia indígena

Aquellos que se unan a la secular resistencia indígena en las Américas deberían descartar las narrativas eurocéntricas, la violencia epistémica y las narrativas de la salvación.

Protesta en el Joan Stone Camp (Standing Rock)
Protesta en el Joan Stone Camp (Standing Rock) / CHEMA DOMÉNECH (CHEMADOMENECH.COM)
Traducción: Eduardo Pérez.

publicado
2018-03-03 06:00:00

Los pueblos indígenas a lo largo de las Américas se han estado alzando durante 500 años, presentando formas múltiples de resistencia a la violencia colonial, feminicidio, epistemicidio y ecocidio. Las muchas caras e instancias de esta resistencia no se manifiestan dentro del discurso y las prácticas izquierdistas y, de hecho, son a menudo invisibilizadas. Como mujeres indígenas que han participado y encabezado la resistencia de las comunidades a la violencia colonial, nuestra respuesta a la pregunta “¿por qué los pobres no se levantan?” es compartir aquí nuestras propias historias y las historias de nuestro pueblo no como la respuesta a esta pregunta sino como el contexto para nuestra propia pregunta: “¿Cuándo escuchará la izquierda?”.

Este artículo fue escrito al comienzo del cuarto aniversario del movimiento Idle No More [Se acabó la inacción] y en el octavo mes de la acción y campamento encabezados por indígenas para detener la construcción del Oleducto de Acceso de Dakota en tierras ancestrales sagradas de la Nación Sioux de Standing Rock. Escribimos desde nuestras respectivas situaciones cosmológicas y geográficas. Praba Pilar, una mujer mestiza colombiana, vive ahora en el cruce de los ríos Rojo y Assiniboine [Canadá]. Alex Wilson, que es inniniwak, vive en el delta del río Saskatchewan, en el territorio tradicional de su pueblo, la Nación Cree Opaskwayak.

La resistencia indígena a la colonización es la historia y el presente permanentes de las Américas, y las autoras están conectadas como participantes y organizadoras en Idle No More, un movimiento que une y organiza activistas a lo largo y ancho de las Américas y más allá para honrar la soberanía indígena y proteger la tierra y el agua. Nos separa una considerable distancia física, pero los cauces a cuyo lado vivimos fluyen hasta el lago Winnipeg, conectándonos a una de las mayores cuencas hidrográficas del mundo, que llega a Alberta por el oeste, a la Bahía de Hudson por el norte, a la región de los Grandes Lagos al este, y bien dentro de Estados Unidos hacia el sur.

En nuestras comunidades, las cosmologías, los estilos de vida y la resistencia de los pueblos indígenas se centran en la custodia de las aguas, tierras, plantas, animales y otras formas de vida que nos sostienen

La estructura e interacciones complejas dentro de este sistema de ríos, lagos y humedales ofrecen un marco para nuestra comprensión de los movimientos sociales. En nuestras comunidades, las cosmologías, los estilos de vida y la resistencia de los pueblos indígenas se centran en la custodia de las aguas, tierras, plantas, animales y otras formas de vida que nos sostienen, y están guiados y nos gobiernan con base en la ética tradicional que valora la responsabilidad relacional, la reciprocidad y la soberanía colectiva e individual. Navegar estos caminos éticos entrelazados han permitido nuestra supervivencia, como pueblos, y ahora nos posiciona para reimaginar un pluriverso que se aproxime al concepto zapatista de un “mundo donde coexistan muchos mundos”.

Decolonizando la izquierda blanca

La pregunta de por qué los pobres (no) se alzan se conecta conceptualmente a la izquierda. La filósofa política estadounidense Susan Buck-Morss nos recuerda que la izquierda contemporánea tuvo su origen en la cosmología europea: “El término ‘izquierda’ es claramente una categoría occidental, que emerge en el contexto de la Revolución Francesa”. El estudioso argentino de la modernidad y la colonialidad Walter Mignolo reconoce que la izquierda ha seguido múltiples trayectorias y se ha presentado a sí misma en múltiples iteraciones (secular, teológica, marxista, con influencias europeas) en todo el globo pero sostiene que todavía puede ser descrita correctamente como la “izquierda blanca”. La denominación de Mignolo de “la izquierda blanca” está condicionada por el reconocimiento de que este movimiento emergió de una modernidad que se beneficia y es dependiente de la colonialidad.

La izquierda contemporánea tuvo su origen en la cosmología europea: “El término ‘izquierda’ es claramente una categoría occidental, que emerge en el contexto de la Revolución Francesa”

Esta izquierda blanca nos preocupa. Demasiado a menudo, su labor teórica y trabajo han universalizado categorías políticas que confían en y reflejan exclusivamente cosmologías, conocimientos y teóricos europeos. Muchos, parece, han olvidado el origen de los lenguajes, prácticas y legados de la izquierda blanca. Mignolo, sin embargo, no lo ha hecho: “El cosmopolitismo de Kant y su legado proponen la universalización del nativismo/localismo occidental. Y la izquierda marxista, para bien o para mal, pertenece a ese mundo”.

Reconocemos que ha habido intersecciones (algunas de ellas significativas y poderosas) entre la izquierda blanca y la resistencia indígena en las Américas. Nuestra pregunta es más amplia. Cuestionamos los ejes de capitalismo versus socialismo/comunismo, que asigna a la gente indígena el papel de suplente del proletariado o lumpenproletariado de la Europa capitalista. Otros izquierdistas no blancos han realizado desafíos similares: “Desde las perspectivas decoloniales indias, el problema no es sólo el capitalismo, sino el occidentalismo. Marx … propuso una lucha de clases dentro de la civilización occidental, incluyendo a la izquierda, que se originó en Occidente”.

En nuestro paisaje político actual, sin embargo, debemos también navegar estructuras peligrosamente limitantes introducidas por los colonizadores europeos que funcionan como canales, esclusas y presas ideológicas

Antes describíamos un sistema ético que valora la responsabilidad relacional, la reciprocidad y la soberanía colectiva e individual para los pueblos indígenas. Esta ética, que existía bien antes de la llegada de los primeros exploradores y colonos europeos a nuestras tierras, ha persistido y nos ha permitido mantener nuestra resistencia a la violencia colonial, el ecocidio y el epistemicidio. Las interrelaciones entre nuestra ética, cosmologías, estilos de vida y las aguas, tierras y formas de vida que nos sostienen son tan complejas y críticas para nuestra supervivencia como las que hay entre los ríos, lagos y humedales en la cuenca hidrográfica en la que residimos.

En nuestro paisaje político actual, sin embargo, debemos también navegar estructuras peligrosamente limitantes introducidas por los colonizadores europeos que funcionan como canales, esclusas y presas ideológicas.
Un temprano ejemplo de estas estructuras limitantes fue la “Inter Caetera”, una bula pontificia otorgada por el papa Alejandro VI en 1493 que exponía la justificación para la Doctrina del Descubrimiento. Establecía que las naciones cristianas tenían un derecho divino (basado en la Biblia) para concederse a sí mismas propiedades legales de cualquier tierra “desocupada” (que se definía como ausencia de cristianos) y el dominio sobre cualquier pueblo en esas tierras.

Un ejemplo actual de estas estructuras limitantes es la narrativa de la salvación inconscientemente reproducida por muchos en la izquierda blanca cuando se acercan a indígenas o a otras comunidades no europeas como aliados pero presentan soluciones que han sido desarrolladas de forma aislada, son paternalistas y/o son inapropiadas en el contexto. Las narrativas de la salvación se suelen ver como benignas, pero no lo son. Reflejan y perpetúan la justificación inicial para la colonización, como describió Robert J. Miller en su libro Native America, Discovered and Conquered [América Nativa, Descubierta y Conquistada], de que “Dios ha ordenado [a los europeos] llevar formas civilizadas y educación y religión a los pueblos indígenas y ejercer las fuerzas del paternalismo y de la tutela sobre ellos”.

Como ha observado Mignolo, “los marxistas occidentales pertenecen a la misma historia de lenguajes y memorias que los cristianos, liberales y neoliberales. El marxismo… es un resultado de la civilización occidental”

Algunos, en la izquierda blanca, confían en modelos codificados de liderazgo jerárquico, autoridad estructurada y estrategias y tácticas, una estructura que erradica las posibilidades de una fuerte alianza con muchas personas y grupos indígenas que, por ejemplo, basan sus modelos en la relacionalidad o valoran el liderazgo comunitario antes que el liderazgo conferido a figuras singulares y celebradas. Como ha observado Mignolo, “los marxistas occidentales pertenecen a la misma historia de lenguajes y memorias que los cristianos, liberales y neoliberales. El marxismo… es un resultado de la civilización occidental”.

Para muchos en la izquierda blanca, puede ser difícil reconocer esto. Las estructuras ideológicas introducidas por los colonizadores europeos han estado aquí tanto tiempo que se las puede considerar por error rasgos naturales del paisaje político. Como mujeres indígenas involucradas en la resistencia, pedimos a aquellos en la izquierda blanca que miren más cuidadosamente, que reconozcan que la colonización continúa hoy, que tomen la decisión de descentrar la violencia epistémica que la acompaña, y se pongan en el centro de las prácticas decolonizadoras.

Conexiones hemisféricas

En el hemisferio sur de las Américas, Praba, coautora de este texto, proviene del ecosistema de mesetas montañosas más grande del mundo, el Páramo de Sumapaz del Altiplano Cundinamarca de Colombia. Descendiente de los Muisca Chibcha del Altiplano Cundiboyacense en la Cordillera Oriental de los Andes, se vio obligada a abandonar Colombia como parte de una diáspora que huía de los horrores de la guerra interna más duradera del hempisferio. Canadá es el décimo país en el que ha vivido. Colombia tiene una de las más altas tasas de emigración en las Américas, con aproximadamente uno de cada diez ciudadanos viviendo fuera del país. Una proporción todavía más grande de la población (5,8 millones de personas de una población total de 48,9 millones) ha sido desplazada internamente, y la mayoría son indígenas y/o afrocolombianas.

La base militar de Toemaida, fundada en 1954, está situada en la región de Colombia donde Praba pasó sus primeros años. Los Estados Unidos han estado involucrados militarmente en Colombia desde principios del siglo XIX, y los soldados estadounidenses son una presencia permanente en Tolemaida. Como se indica en el informe Contribución al Entendimiento del Conflicto Armado en Colombia, publicado por la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas en febrero de 2015:

“Los gobiernos de Estados Unidos de las últimas siete décadas son directamente responsables de la perpetuación del conflicto armado en Colombia, en términos de cómo han promovido la contrainsurgencia en todas sus manifestaciones, estimulando y entrenando las Fuerzas Armadas con sus métodos de tortura y eliminación de aquellos a los que consideran ‘enemigos internos’ y bloqueando todas las vías no militares para resolver las causas estructurales del conflicto social y armado”.

¿Qué piden los kogi en la película? Piden a la gente no indígena que se una a los pueblos y al conocimiento indígena, para proteger las vías fluviales, las tierras y las criaturas vivas, y para parar el ecocidio

Los militares en Tolemaida han atacado continuamente la poderosa resistencia indígena en la región, y ahora están contaminando deliberadamente el suministro de agua, tirando “paquetes de pilas, cristales rotos, cerámica, prendas en descomposición, cajas de municiones (con etiquetas en inglés y producidas en Estados Unidos) y equipo eléctrico de todo tipo… el agua es visiblemente de un verde tóxico en algunas partes, naranja en otras, con un brillo aceitoso y espuma química”.

La cordillera costera más alta del mundo, la Sierra Nevada de Santa Marta, está en el norte de Colombia. Nacimiento de 36 ríos, las montañas muestran una variedad de climas y abundante biodiversidad. Durante miles de años, el pueblo kogi, que ha custodiado las tierras y aguas, y resistido y sobrevivido a la colonización con sus prácticas, creencias y cosmologías intactas, las han ocupado de forma continua. En 1990, los kogi invitaron a un director de cine británico, Alan Ereira, a trabajar en un documental titulado From the Heart of the World: The Elder Brothers’ Warning [Desde el corazón del mundo: la advertencia de los hermanos mayores]. El documental registró los devastadores impactos climáticos y medioambientales que las industrias de extracción de petróleo y recursos han tenido en las tierras y aguas del pueblo kogi.

Desde entonces, los kogi han sido testigos de deslizamientos de tierra, inundaciones, deforestación, de la desecación de lagos y ríos, de las cimas de las montañas quedando desnudas, de la muerte de los árboles. En respuesta, los kogi hicieron recientemente una segunda película que Ereira tituló Aluna. En la película, explican la compleja relación del agua desde las áreas y lagunas costeras hasta los picos montañosos glaciales. “Quieren mostrar con urgencia que el daño causado por la tala, la minería, la construcción de centrales eléctricas, las carreteras y la construcción de puertos a lo largo de la costa y en las desembocaduras de los ríos… afecta a lo que ocurre en la cima de la montaña. Picos que una vez estuvieron blancos están ahora marrones y desnudos, los lagos están secos y los árboles y la vegetación para ellos vitales están marchitándose”. ¿Qué piden los kogi en la película? Piden a la gente no indígena que se una a los pueblos y al conocimiento indígena, para proteger las vías fluviales, las tierras y las criaturas vivas, y para parar el ecocidio.

Pueblos indígenas en el punto de mira

No muy lejos del territorio kogi está el terreno desértico del noreste, hogar de los wayúu, la población indígena más grande de Colombia. Tras haber sobrevivido a las masacres paramilitares y al desplazamiento, ahora están pasando hambre y muriendo porque su suministro de agua ha sido embalsado, privatizado y desviado hacia la mina de carbón El Cerrejon, propiedad de Angloamerican, Glencore y BHP Billiton. Como informó el director de relaciones internacionales de la mina, ésta “usa 7,1 millones de galones de agua cada día en sus operaciones de 24 horas”. El Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas informa de que la desviación de agua, acompañada por la actual sequía en la región, ha dejado a 37.000 niños indígenas en La Guajira malnutridos y al menos 5.000 han muerto de hambre. Armando Valbuena, la autoridad tradicional wayúu, identifica el número real de muertes como “cercano a 14.000, sin fin a la vista”.

Las fronteras estatales impuestas de Venezuela y Colombia cruzan el territorio del pueblo wayúu. Ambos países violan gravemente los derechos humanos de los wayúu

Las fronteras estatales impuestas de Venezuela y Colombia cruzan el territorio del pueblo wayúu. Ambos países violan gravemente los derechos humanos de los wayúu. Como señala Jakelyn Epieyu, de la Fuerza de Mujeres Wayúu, “pienso que vivimos en una dictadura de la izquierda en Venezuela y en Colombia la dictadura de la derecha, que nos ha costado sangre y fuego”. En Colombia, los indígenas y afrocolombianos han sido categorizados como “un enemigo potencial de la identidad de la nación. Durante el período en el que la sociobiología y la eugenesia eran ideologías populares entre la clase dominante y los intelectuales de América Latina, Colombia definió la base cultural de la nación como ‘blanca”.

Esta política de blanqueamiento ha persistido y afecta a todos los ámbitos políticos en Colombia. Como indica el líder comunitario misake Segundo Tombé Morales, “el movimiento indígena, entendido en sentido general, permanece en el suelo, permanece como si fuéramos enemigos del pueblo colombiano, de los campesinos, incluso hoy para cualquier persona ver a una persona indígena en la calle es motivo de rechazo y desprecio”.
Éstas no son abstracciones o debates para polemizar. Son experiencias vividas generadas por una guerra terrible con gente indígena en el punto de mira, como explica Alison Brysk en su libro From Tribal Village to Global Village [De aldea tribal a aldea global]: “Los indios son asesinados por defender sus tierras y por mendigar cuando han sido desplazados, por cultivar coca y por no cultivar coca, por apoyar a las guerrillas y por no apoyar a las guerrillas, y principalmente, por atreverse a reclamar los derechos que Colombia garantiza pero no puede proveer”. Las bajas incluyen miembros de la familia de Praba, algunos de los cuales fueron asesinados en la guerra, y otros que estuvieron a punto de morir pero de alguna forma sobrevivieron: su madre, que fue recogida de la calle por un tanque (lo que llevó a la familia a abandonar el país), o la misma Praba, quien, cuando visitaba Colombia en 2006, pasó por una carretera sólo 15 minutos antes de que explotaran bombas, matando a todo el mundo en un tramo de 1,5 kilómetros.

Hay más de cien grupos indígenas en Colombia. Más de un tercio fueron identificados como “en riesgo de exterminio por el conflicto armado y el desplazamiento forzoso”

Hay más de cien grupos indígenas en Colombia. En una sentencia de 2009 de la Corte Constitucional de Colombia, más de un tercio fueron identificados como “en riesgo de exterminio por el conflicto armado y el desplazamiento forzoso”. Las comunidades indígenas en Colombia están desproporcionalmente afectadas por la guerra interna del país: “Las partes del conflicto –a saber, las fuerzas armadas colombianas, grupos paramilitares de ultraderecha y guerrillas izquierdistas (como las FARC y el ELN) – han estado todas involucradas en crímenes contra pueblos indígenas”. Los paramilitares y las fuerzas armadas gubernamentales han cometido masacres y asesinatos y aterrorizado poblaciones, engendrando el desplazamiento. Las guerrillas izquierdistas también han jugado un papel destructivo, como explica uno de los jueces que ayudaron a redactar la decisión de la Corte:

“Primero, el territorio propiedad de indígenas sirve a menudo como el lugar remoto “ideal” para llevar a cabo operaciones militares. Segundo, las partes del conflicto a menudo incorporan a los pueblos indígenas a la violencia a través de, entre otras cosas, reclutamiento, asesinatos selectivos y uso de las comunidades como recursos humanos. Tercero, las tierras ancestrales ricas en recursos son amenazadas por las actividades económicas extractivas relacionadas con el conflicto, incluyendo minería, petróleo, madera y el agronegocio. Y cuarto, el conflicto empeora la pobreza preexistente, la mala salud, la malnutrición y otras desventajas socioeconómicas sufridas por los pueblos indígenas”.

"Nosotros como gente indígena siempre hemos intentado estar separados de los grupos armados, tanto del ejército como de la guerrilla, pero a menudo se dan conflictos entre ellos, y siempre se nos involucra" 

El líder misak Pedro Antonio Calambas Cuchillo explica que la gente indígena tiene pocas oportunidades de decidir sobre su implicación: “Nosotros como gente indígena siempre hemos intentado estar separados de los grupos armados, tanto del ejército como de la guerrilla, pero a menudo se dan conflictos entre ellos, y siempre se nos involucra por parte de las guerrillas, específicamente las FARC, y por la fuerza pública”.

Colombia y otras naciones del hemisferio sur, y Canadá en el hemisferio norte, están conectados a través de las empresas mineras canadienses. En un viaje a Ottawa en 2014, patrocinado en parte por la Asamblea de las Primeras Naciones (una organización nacional que representa a las primeras naciones en Canadá), defensores colombianos de los derechos humanos e indígenas observaron que en su país, el comercio y la inversión canadiense se está beneficiando de un “genocidio” contra las comunidades indígenas a medida que la tierra es despejada para el desarrollo de los recursos”. Los pueblos indígenas en Canadá han contado la misma historia.
Defendiendo la tierra y el agua

En el norte, Alex surge de la Nación Cree Opaskwayak y el delta del río Saskatchewan. El nombre Saskatchewan viene de una palabra cree, kisiskâciwanisîpiy, que significa “río que fluye rápidamente”. El delta del río Saskatchewan es un sistema de 10.000 kilómetros cuadrados de ríos, lagos, humedales y vida salvaje que actúa como un filtro, limpiando el agua, las tierras y el aire en la región. Como una de las áreas de Canadá con mayor biodiversidad, ha mantenido y sostenido comunidades indígenas durante más de 10.000 años mediante la caza y la pesca.

El conocimiento cree tradicional rastrea su presencia en estas tierras y aguas hasta la última edad de hielo y la que la precedió. Hoy, el delta del río Saskatchewan está controlado e influido por varios impactos humanos. Estos incluyen: la Presa Manitoba Hydro en Grand Rapids; la Presa EB Campbell propiedad de SaskPower; Ducks Unlimited, una empresa privada estadounidense; y los fosfatos de fertilizadores de granjas y otros contaminantes que fluyen hasta las vías fluviales del delta.

El pueblo cree de esta región ha estado defendiendo la tierra y las vías fluviales del territorio durante muchas generaciones. Habiendo crecido en el norte, Alex recabó sus primeros conocimientos sobre el agua jugando en ella, probando las profundidades de las aguas de deshielo en primavera vadeando hasta que sus botas se llenaban de agua, navegando los efímeros arroyos en balsas caseras en verano, y avanzando cautelosamente el hielo tras la primera helada invernal para ver si era lo suficientemente sólido para patinar. A medida que se hizo mayor, su comprensión del agua aumentó en complejidad. En la lengua cree del pueblo de Alex, la palabra para agua es nipiy. La primera sílaba en esta palabra, ni, se refiere a “vida” y es también parte de la palabra cree para “mí” o “mí mismo”, mostrando las relaciones entre la gente y el agua. El término nipiy también tiene un significado alternativo: morir o dar muerte. El agua, entendieron, es un asunto de vida o muerte.

El complejo sistema de ríos y lagos en el norte que sostenía a la gente indígena también ofreció la ruta para la colonización europea de sus tierras. La primera presencia europea significativa en el norte canadiense fueron comerciantes de pieles, que alcanzaron ese territorio viajando por las vías fluviales a lo largo de las cuales vivía la gente indígena. Las personas indígenas habían confiado en la caza para la supervivencia, recogiendo recursos críticos que alimentaban y vestían a sus familias. Sabían dónde se podía encontrar animales en sus territorios y cómo capturarlos de forma que se asegurara su presencia mantenida, gestionando cuidadosamente sus recursos para asegurar la sostenibilidad de su forma de vida, sus tierras y aguas y los animales y plantas que compartían su territorio.

El comercio de pieles, sin embargo, generó cambios profundos en la forma de vida de la gente indígena, incluyendo un giro desde la custodia sostenible de recursos a una economía basada en las mercancías y la aniquilación de poblaciones animales críticas. El comercio de pieles también abrió el norte a los misioneros, que trajeron las narrativas de la salvación y una determinación para sustituir nuestras cosmologías, espiritualidad, formas de vida y ética tradicionales por estructuras y prácticas cristianas.

El comercio de pieles fue la primera de muchas actividades dañinas de extracción de recursos en el norte de Canadá, y la economía de esa región ahora depende principalmente de la minería, la silvicultura y la generación hidroeléctrica. El delta del río Saskatchewan fue alterado dramáticamente por la construcción de dos grandes presas hidroeléctricas en los años ’60. Las presas estrechan y manipulan la corriente de agua del río Saskatchewan, desplazando los ciclos naturales que renuevan las tierras de alrededor y sostienen la vida salvaje, y generando inundaciones que han desplazado a comunidades indígenas enteras de sus tierras. El agua del sistema del río se usa también para la agricultura y como agua potable para las ciudades y pueblos que se han desarrollado junto a las vías fluviales. Al mismo tiempo, el drenaje agrícola y las aguas residuales de los centros urbanos han introducido fertilizantes y otros productos químicos agrícolas e industriales, residuos materiales y otros contaminantes en el sistema del río.

En la tierra natal de Alex en el norte de Manitoba, Manitoba Hydro o Ducks Unlimited controlan ahora las vías fluviales que la gente indígena custodió durante milenios. La línea de trampas para animales tradicional de la familia de Alex estaba a lo largo de la marisma Summerberry, entre el lago Moose y la Nación Cee Opaskwayak. Tras la construcción de las presas, sus devastadores efectos fueron evidentes por todas las tierras y aguas donde cazaban y capturaban. Los poblados y las tumbas se inundaron. Los ríos y las tierras por las que habían viajado durante años se volvieron desconocidas y peligrosas. Sus conexiones y relaciones con la tierra, las aguas, los animales de pelaje, las aves migratorias y las plantas se trastornaron, y fue imposible mantener las formas de vida tradicionales. Se introdujeron cuotas de captura (incluida una que ponía límites que bajaban anualmente sobre el número de ratas almizcleras que su abuelo podía capturar) y licencias de pesca, y se prohibieron prácticas tradicionales como los incendios controlados (una tecnología para renovar la población de ratas almizcleras en una región). Para la gente indígena, esto obligó a un cambio desde la soberanía alimentaria a la dependencia alimentaria. Se cambió a la gente para siempre.

Idle No More

El movimiento indígena de base Idle No More emergió en el otoño de 2012 como una nueva versión de la resistencia continua a la violencia colonial dirigida contra las personas indígenas y las vías fluviales, tierras y seres vivos que les sostienen. Lo empezaron cuatro mujeres (tanto indígenas como no indígenas) que se sintieron obligadas a pasar a la acción para afirmar la soberanía indígena, proteger y cuidar la tierra, el agua, a los demás y a todas las criaturas vivas, y abordar las viejas y nuevas formas coloniales de opresión.

El movimiento empezó no mucho después de la afirmación del (entonces) primer ministro Harper en la cumbre del G20 de 2009 de que Canadá “no tiene historia de colonización”

El movimiento empezó no mucho después de la afirmación del (entonces) primer ministro Harper en la cumbre del G20 de 2009 de que Canadá “no tiene historia de colonización”. En el momento en que Idle No More estaba apareciendo, se estimaba que mil mujeres y niñas indígenas de todo Canadá habían desaparecido o sido asesinadas, un número que posteriormente el Gobierno federal ha reconocido que es demasiado bajo, y puede ascender a 4.000 mujeres o niñas. El surgimiento de Idle No More también vino justo a continuación de la introducción por el Gobierno federal de legislación y cambios legislativos (ahora aprobados) que permitían a los gobiernos y empresas evitar las responsabilidades y obligaciones relacionadas con derechos indígenas protegidos constitucional o legalmente, los derechos basados en tratados y los derechos humanos. Éstos incluían dos proyectos de ley ómnibus con disposiciones que establecían procedimientos que permitirían la privatización de las tierras de las Primeras Naciones, sustituía la existente Acta de Valoración Medioambiental, excluía los oleoductos y las líneas eléctricas del Acta de Protección de Aguas Navegables, y eliminaba miles de lagos, ríos y torrentes de la protección bajo la misma acta.

Idle No More comenzó como una serie de talleres en Saskatchewan sobre los cambios legislativos planeados, danzas que reunieron a personas indígenas con nuestros aliados en espacios públicos como edificios gubernamentales, centros comerciales o cruces de calles y, en su primer mes, un Día Nacional de Acción y Solidaridad en el que se celebraron marchas y manifestaciones en ciudades de todo Canadá para protestar contra la inminente legislación, atrayendo de cientos a miles de personas a cada evento. Al transformar los espacios públicos en espacios políticos, ya no era posible que nos invisibilizaran. Aquellos a nuestro alrededor ya no podían evitar ver a las personas indígenas y los temas que estaban abordando.

Idle No More se desarrolló rápidamente hasta ser un movimiento global centrado en el derecho de los pueblos indígenas a la soberanía, en nuestra responsabilidad de proteger a nuestra gente, tierras, vías fluviales y otros seres vivos de la violencia empresarial y colonial y de la destrucción, y en la resistencia continua al neocolonialismo y el neoliberalismo. Estos temas establecen un área extensa de terreno común y un rasgo notable de Idle No More ha sido el grado en el que ha trabajado en solidaridad con organizaciones de ideas similares y aliados individuales. Idle No More también funciona con un modelo de liderazgo no jerárquico que está basado en la ética tradicional de la responsabilidad relacional. Ha tratado (tanto digital como físicamente) de incluir gente en el círculo, de que den el paso hacia el liderazgo convirtiéndose en actores políticos. Como ha observado Wanda Nanibush, una organizadora de Idle No More:

“Nosotros como Idle No More hemos presentado las voces de las mujeres, las voces de las personas de dos espíritusi y las voces de la juventud. Esto realmente ha galvanizado voces que no han sido parte de este pensamiento una parte de la democracia en Canadá. Idle No More ha sido realmente increíble al plantear la cuestión de la democracia y de cómo vamos a dirigir este país, y de qué voces van a estar en la mesa, en la vanguardia de todas nuestras luchas… todas las luchas se unen bajo los derechos indígenas”.
Unirse a la resistencia indígena

Los kogi, los wayúu y Idle No More están conectados a través de las Américas mediante la violencia de la colonización, mediante los cuerpos –de tierra, agua, ecosistemas, seres vivos, animales y humanos- y mediante los conocimientos, formas de ser, cosmovisiones y resistencia. Aquellos que quieran unirse a los 500 años de resistencia indígena pueden trabajar para liberar los candados que imponen en la alianza, liberándose de las narrativas y cosmovisión eurocéntricas, la violencia epistémica y las narrativas de la salvación.

Cuando el subcomandante Marcos se unió a los mayas, tuvo que repensar su perspectiva marxista urbana en términos indígenas. Él escribe sobre la experiencia: “El resultado final fue que no estábamos hablándole a un movimiento indígena que esperaba un salvador sino con un movimiento indígena con una larga tradición de lucha, con experiencia significativa, y muy inteligente: un movimiento que nos estaba usando como sus hombres armados”.


Texto original
Este texto es un capítulo del libro '¿Por qué los pobres no se levantan?' (AK Press, 2017).
Fuente: Roar Magazine

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