Portugal
Portugal decide este domingo si revalida cuatro años de ‘geringonça’

El país luso celebra este 6 de octubre unas elecciones generales marcadas por la incertidumbre y los últimos debates electorales.
Antonio Costa bruselas
El primer ministro portugués, António Costa, el pasado junio en Bruselas. Foto: Clara Azevedo

publicado
2019-10-06 06:41

Todas las opciones para formar un futuro Gobierno en Portugal están abiertas. Los partidos que constituyeron esta última legislatura la coalición parlamentaria para apoyar al primer ministro, António Costa, han dejado ya de lado en sus discursos la posibilidad de una nueva geringonça. Y el Partido Socialista (PS) no solo aspira a renovar mandato (con o sin geringonça); también pregona una inapelable mayoría absoluta socialista para no entorpecer las presuntas políticas sociales y medidas antiausteridad de la última legislatura.

Este es un relato en clave negativa, pero muy eficaz: el miedo ante la posibilidad de que Portugal se españolice y, si los socialistas no alcanzan una mayoría parlamentaria suficiente, el país se vea abocado a otras elecciones, y a otras, y a otras. El Bloco de Esquerda (BE) y el Partido Comunista (PCP), los dos partidos de izquierda con mayor representación en el Parlamento después del PS, componen el argumento de que una mayoría absoluta de los socialistas daría alas a los varones más liberales del partido y eliminaría por completo las políticas progresistas del partido de António Costa: vuelta a las políticas de austeridad, liberalización total del mercado inmobiliario, olvido de las políticas sociales, etc.

Sin embargo, si hace un mes las estimaciones de voto colocaban al PS a dos diputados de la mayoría absoluta, lo sucesivos debates y cara a caras televisivos han dejado al primer ministro bien lejos de aquellas primeras previsiones. El principal partido de la oposición, el socialdemócrata PSD (89 escaños en las últimas elecciones), ha ido ganando terreno y, si hasta hace poco parecía haber perdido terreno político, hoy sus opciones de dar batalla y, en último caso, imposibilitar un futuro Gobierno de izquierdas han aumentado de forma sorprendente.

Voto útil

Para aumentar aún más la sensación de incertidumbre, en estas elecciones ha ganado especial relevancia el reclamo al voto útil, cacareado por unos y por otros como alternativa válida al voto ideológico. Los últimos sondeos, de finales de septiembre, mostraron un aumento de votantes indecisos hasta dejarlo en el 28,4% de los encuestados. Tanto indeciso asusta a cualquiera, lo que está haciendo que los partidos peleen tema a tema, candidato a candidato, sin materias estrella ni dos aspirantes con especial inquina entre ellos, es un todos contra todos.

Hasta los partidos más pequeños tendrán mucho que decir a la hora de viabilizar un futuro Gobierno con estabilidad parlamentaria. A pesar de contar con tan solo un diputado esta última legislatura, el partido ecologista PAN (Personas, Animales y Naturaleza) puede ser crucial en el caso de que António Costa roce la canasta de la mayoría absoluta. No es por casualidad, ni por obra y gracia de Greta Thunberg, que las políticas medioambientales, en concreto la denominada “descarbonización” de la economía nacional, hayan saltado a los primeros puestos de temas candentes en los debates electorales.

En el último cara a cara, a principios de septiembre, entre el candidato del PAN, André Silva, y el primer ministro Costa, se vio claramente la voluntad de este último de alinearse con las exigencias medioambientalistas del primero. “Temas como el del medioambiente o el combate al cambio climático solo se abordan cuando está presente el PAN”, aseguró Silva. Y respondió António Costa: “En relación con los objetivos no existe división entre nosotros. Sí habrá divergencia en cuanto al ritmo”.

Traducido para el vulgo común o para el empirismo legislativo, la sutil distinción que hacía Costa buscaba justificar casos como el de que, si bien por fin fue aprobada en septiembre la ley que prohíbe el uso de utensilios de plástico de un solo uso en la restauración (platos, tenedores, pajitas, etc.), la restricción efectiva solo comenzará… ¡en junio de 2023! Si los portugueses necesitan cuatro años para cargarse el mercado de los cubiertos de plástico, los socialistas ya pueden hacer malabares para justificar los plazos que el país necesitará para alcanzar la tan publicitada neutralización carbónica.

En último caso, una pérdida demasiado pronunciada de escaños por parte del PS podría hacer que el PAN perdiera fuerza como socio de Gobierno, y sea suplantado por alguno de los que más escaños consigan, ya sea el PCP o el BE. Abierta está, también, la posibilidad no ya de un acuerdo parlamentario que posibilite un Gobierno de izquierdas, sino de una coalición que implique un mestizaje político tanto en sillones como en medidas claras.

Acuerdo improbable

Después de cuatro años de geringonça, lo cierto es que una repetición del acuerdo parlamentario Socialistas-Comunistas-Bloquistas-Animalistas se presenta poco menos que imposible. La convivencia, lejos de acercar posturas, más bien las ha alejado. Es difícil no hablar de la lucha generacional entre la nueva izquierda del BE y el PAN, y la vieja del PCP (que concurre al Parlamento junto a Los Verdes), con un secretario general como Jerónimo de Sousa, con 72 años de lucha sindical narrados a base de arrugas en el rostro, obrero metalúrgico desde los 14 años, que en su última entrevista tachó al ecologismo del PAN de ‘visión represiva’: “Me gustan mucho las verduras, pero un buen bistec también cae genial”, aseguró entre risas.

El retorno de los emigrados durante la crisis se ha convertido también en un arma arrojadiza. Nadie duda de que el país necesita a los cientos de miles de jóvenes preparados que tuvieron que dejar el país apaleados por las desgracias de la crisis de 2008. La controversia radica en la lectura del problema. La derecha dice que emigraron, entre 2016 y 2019, unos 330.000 portugueses (Portugal cuenta con 10 millones de habitantes), lo que desbarataría la imagen que pintan los socialistas de un Portugal que ha dejado atrás la crisis sin olvidar las políticas sociales. Y el PS asegura que, independientemente del número de emigrados, el saldo migratorio ha quedado este último año, por primera vez en décadas, en positivo, esto es, que han inmigrado más personas que emigrado.

En principio la macroeconomía de Portugal arroja números de ensueño: la deuda pública en mínimos históricos, el desempleo que pasó del 17.5% en 2013, al 6.7% de junio de 2019, elogios por parte de muchas instituciones internacionales, el silencio de consentimiento por parte de la antaño archidespreciada Troika (Banco Central Europeo, Comisión Europea y FMI)… Pero no hay duda de que estos números macro no se reflejan en la vida cotidiana de la gente. Muy al contrario, el exceso de turismo, la entrada del flujo de capital internacional en el mercado inmobiliario, los bajos salarios, la precariedad laboral o la crisis endémica en el Servicio Nacional de Salud hacen de la vida en las ciudades una constante lucha por la supervivencia. Esto es algo muy difícil de cuantificar con números, pero extremadamente fácil de sentir y oír en la calle.

Quizá por este descontento por el empeoramiento objetivo de la calidad de vida en las ciudades, la posible sorpresa pueden darla dos partidos de muy reciente creación. Fuera de la retórica gobierno vs. oposición, el partido del exbloquista Rui Tavares, el LIVRE, y el conservador liberal Iniciativa Liberal, pueden llegar a conseguir un diputado cada uno, según un sondeo para el diario Público realizado por la Universidad Católica Portuguesa. Tampoco se descarta que el partido de extrema derecha, el CHEGA, consiga asimismo el primer escaño para un partido ultraconservador en la historia del Parlamento portugués.

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2 Comentarios
#40563 17:38 6/10/2019

Jerónimo de Sousa sindicalista? É funcionário do partido e deputado desde sempre! Nem aqui em Portugal esse discurso de coitadinho pega.

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#41153 17:59 15/10/2019

Jerónimo de Sousa foi delegado sindical da fábrica onde trabalhou desde os 14 anos. Depois foi Director do Sindicato dos Metalúrgicos de Lisboa, já em 1973. Acho que pode ser chamado sindicalista sem temor ao erro.

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