Armas nucleares
El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN). Cinco años de un hito histórico
Vicepresidenta de FundiPau, miembro de La Alianza por el Desarme Nuclear.
El próximo 22 de enero se cumplen cinco años de un hito histórico que significó un cambio de paradigma en cuanto al desarme nuclear: la entrada en vigor del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), el primer tratado de desarme nuclear con un enfoque humanitario.
Este tratado representa un punto de inflexión en la ley internacional humanitaria y demuestra que la sociedad civil, a través de un trabajo sostenido de incidencia y de colaboración con organismos internacionales y diferentes gobiernos, ha conseguido replantear la discusión sobre la seguridad nuclear y priorizar la seguridad fundamentada en la supervivencia de la humanidad, la dignidad y la justicia por delante de la seguridad basada en la disuasión y la dominación.
El éxito de la sociedad civil, organizada bajo el paraguas de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), recayó en la capacidad de replantear el desarme nuclear como una necesidad humanitaria, legal y medioambiental. La entrada en vigor de este nuevo instrumento legal ofrece un marco de seguridad global que prioriza las personas y la paz por encima de las armas y el poder.
La sociedad civil ha conseguido replantear la discusión sobre la seguridad nuclear
El próximo 27 de enero el Reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock) nos recordará, como ya hizo en 2025, cuando se situó a 89 segundos de la “medianoche”, cuán complejo y volátil es el panorama de la seguridad global. Este panorama se caracteriza por la fragilidad de las normas internacionales, unas luchas renovadas y exacerbadas por el poder, numerosos conflictos armados y amenazas nucleares persistentes. La permanencia de las iniciativas sobre desarme nuclear está bajo presión a medida que las placas tectónicas de la geopolítica entran en un estado de incertidumbre sin precedentes; las nueve potencias nucleares continúan modernizando sus arsenales y algunos de estos estados incrementan el despliegue de cabezas nucleares.
Ante un mundo donde la disuasión nuclear todavía domina el pensamiento estratégico y las políticas de seguridad global, el TPAN nos ofrece un instrumento que refuerza los tratados de no proliferación y fortalece enormemente las normas en contra de las armas y los ensayos nucleares.
El objetivo último es lograr que las armas nucleares sean políticamente indefendibles
A finales del 2025 el TPAN ya había conseguido 95 países firmantes y 74 estados parte, pero los efectos del tratado no se pueden medir sólo con las firmas y las ratificaciones, porque tan significativo es la implantación gradual de sus principios en las políticas de algunos estados, como las resoluciones de los ayuntamientos de ciudades pequeñas y grandes de los cinco continentes y el debate público que se ha generado. Cada moción parlamentaria y municipal o declaración interreligiosa, de organismos internacionales y de las organizaciones de la sociedad civil, añade solidez a esta arquitectura moral creciente con el objetivo de consolidar la norma que haga que las armas nucleares sean políticamente indefendibles.
La entrada en vigor del TPAN ha significado un signo de esperanza y ha supuesto un giro hacia un paradigma de seguridad inclusivo. Es fundamental que el impacto humanitario de las armas nucleares, que tiene al colectivo de los hibakusha y el de los downwinders como los testimonios fundamentales, se mantenga en el centro del discurso global sobre las armas nucleares. El TPAN no es sólo un tratado, es el camino hacia un desarme nuclear fundamentado en la dignidad, la justicia y la esperanza.
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