Antimilitarismo
El Ayuntamiento de Madrid amordaza el Día del Libro
Hace justo un año el Gobierno se sacaba de la manga un incremento del gasto militar de 10.500 millones de euros, que se sumaba a los aumentos aprobados con concienzuda labor de hormiga en cada Consejo de Ministros. Decidimos entonces aprovechar el Día del Libro para salir a la calle y compartir lecturas contra la guerra, pese a la prohibición explícita de Delegación de Gobierno, que no autorizó la concentración en Sol.
Un año después, la deriva belicista va cuesta abajo, sin frenos y acelera su carrera para regocijo de los Señores de la guerra, con la industria armamentística de fiesta. Netanyahu y Trump se proclaman amos del mundo por imposición divina para perpetrar crímenes de guerra por doquier, de Venezuela y Cuba al Líbano o Irán, con el tambaleo de Groenlandia entre medias, sumando al genocidio en Palestina infinitud de crímenes de lesa humanidad ante la pasividad de la mayoría de gobiernos. A esto se suman tres años de guerra en Sudán, con el interés subyacente del control de recursos geoestratégicos, como ocurre en el resto de los conflictos olvidados del continente africano, y mientras tanto, la amenaza de regreso del servicio militar obligatorio pende como espada de Damocles en cada vez más países. Sobran motivos para que este 23 de abril saquemos de nuevo nuestras voces y nuestros libros para decir “No a la guerra”.
El Artículo 21 de la Constitución española reconoce el derecho a la reunión pacífica y sin armas sin autorización previa. Sin embargo, ejercer el derecho a la protesta cada vez se parece más a una gincana en la que hay que atravesar una serie de obstáculos con alta probabilidad de ser premiado con algún tipo de sanción. Hace un año, Delegación de Gobierno arguyó para su prohibición expresa que no era motivo de urgencia protestar leyendo contra un incremento del gasto militar jamás conocido en democracia y aprobado sin debate parlamentario el día 22 de abril. Este año se envió solicitud con mucho tiempo, no fuera a ser… De paso, como en alguna ocasión nos hemos visto con multas por usar pequeños megáfonos de mano, se mandó en paralelo una petición al Ayuntamiento de Madrid para “uso de megafonía manual durante dicha concentración y sin instalación de medios auxiliares”.
Ejercer el derecho a la protesta cada vez se parece más a una gincana en la que hay que atravesar una serie de obstáculos con alta probabilidad de ser premiado con algún tipo de sanción
Resulta que, en la ciudad de la Libertad, si decides manifestarte, tienes que pedir permiso en cada junta municipal del territorio por el que pase la protesta para usar megafonía. Si no, multa al canto. Pues bien, una semana antes de la fecha de convocatoria hemos recibido la ansiada respuesta de nuestros próceres municipales, en la que “el Ayuntamiento de Madrid prohíbe expresamente la utilización de equipos de reproducción e instrumentos de percusión en el medio ambiente exterior salvo si existen razones de interés general.” Parece que ni leer libros en el espacio público el día 23 de abril, o sea, el Día del Libro, ni levantar palabras contra las guerras, son motivos de tal interés, obviamente. A la prohibición se suma, además, un enrevesado motivo: “Se comunica que en el emplazamiento elegido (Plaza de Juan Goytisolo) existe un centro docente (Real Conservatorio de Música de Madrid) cuyo horario de funcionamiento coincide con el del acto pretendido (clases lectivas de lunes a viernes de 09:00h a 21.30h), por lo que no procederá autorización para la superación de los límites de los niveles sonoros en ese horario”.
Varias de las firmantes de este texto hemos estudiado en ese Conservatorio. Que no nos utilicen como excusa. ¿Tal vez desconozcan en el Ayuntamiento la normativa sobre insonorización de estos espacios? ¿Desconocen la multitud de eventos que se celebran enfrente del Museo Reina Sofía con megafonía, sin que el Conservatorio sufra menoscabo acústico alguno? ¿Se han parado a escuchar el ruido provocado por el tráfico de la calle Atocha?
Para culminar la buena labor administrativa, desde el cabildo invitan a enviar de nuevo la solicitud argumentando los motivos de interés público y avisando de que para hacer tal demanda hace falta un mes de plazo... Todo, una semana antes del acto. Para mear y no echar gota, hablando en plata. Eso sí, en esta ocasión, Delegación de Gobierno ha decidido autorizar el acto, tal vez porque el día previo no prevén aprobar otros miles de milloncejos para el fervoroso rearme. Gracias.
Una semana antes del acto para el que se pide permiso el Ayuntamiento insta a remitir de nuevo la solicitud, avisando de que... se debe realizar con más de un mes de antelación
Tenemos claro que protestar es un derecho y que nuestras armas son las palabras, así que el próximo 23 de abril, le pese a quien le pese, desempolvaremos nuestros libros de casa o de la biblioteca y alzaremos nuestras voces y lecturas contra las guerras en un espacio significativo para la cultura como es la plaza Juan Goytisolo madrileña, frente al Museo Reina Sofía. Las estudiantes del Conservatorio, si se enteran de esta actividad, será porque vean por redes sociales o en distintas librerías el cartel que acompaña este artículo, no por el “ruido” que podamos hacer, que será ninguno.
A un paso de allí, el barrio de Lavapiés vio nacer y crecer a Gloria Fuertes, que, con claridad y sabiduría escribió poesía contra las guerras. Nos despedimos con unos de sus versos.
Que no vuelva a haber otra guerra, / pero si la hubiera, / ¡Que todos los soldados / se declaren en huelga!
Estos y otros muchos llenarán la plaza Juan Goytisolo (frente al Reina Sofía) este próximo jueves 23 de abril, Día del Libro.
Con o sin megáfono.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!