Para los gazatíes, la evacuación no es el final de la historia, sino el comienzo de otro difícil viaje

Tras ser evacuados, lugar de sentir alivio, algunos de los estudiantes quedan desbordados por un sentimiento que se desplaza entre la tristeza, la culpa y la preocupación por quienes han dejado atrás.
Activestills Gaza julio 2026 - 3
Israel reanudó sus bombardeos sobre la ciudad de Gaza, dejando un herido y varios hogares dañados, 28 de julio de 2026. Youssef Zanoun/ActiveStills

Sara Awad es una escritora palestina que se trasladó a Italia tras completar su licenciatura en Lenguas. Publica en The Intercept, Al Jazeera English, TRT World, Drop Site News, The Independent, Truthout, PRISM, así como en los medios italianos Domani, Il Manifesto y Kritica

Roma, Italia.
14 ago 2026 06:00 | Actualizado: 14 ago 2026 07:12

Para cientos, sino miles, de estudiantes palestinos en Gaza, una beca en el extranjero se ha convertido en mucho más que una oportunidad para cursar estudios superiores. Es una posibilidad para sobrevivir, una de las pocas vías que quedan para salir de un lugar donde el futuro se ha vuelto profundamente incierto. Para muchos, conseguir una beca ya no es solo una aspiración académica, sino un salvavidas que persiguen por todos los medios posibles.

Desde el 30 de septiembre de 2025, el Gobierno italiano ha facilitado un corredor humanitario para estudiantes palestinos procedentes de Gaza. En colaboración con universidades italianas y diversas organizaciones, esta iniciativa ha permitido que alrededor de 230 estudiantes continúen sus estudios en Italia. Destaca el trabajo de IUPALS (Italian Universities for Palestinian Students), un programa que ha transformado las becas universitarias en una de las pocas vías legales para alcanzar la seguridad y comenzar una nueva vida.

Salir de Gaza bajo el control de los israelíes

“230 jóvenes palestinos han llegado sanos y salvos a Italia” es una frase que se lee fácilmente sobre el papel, pero la realidad que encierra dista mucho de ser sencilla; sobre todo si se tiene en cuenta que la evacuación de estos estudiantes se desarrolló a lo largo de varios meses —desde septiembre de 2025 hasta mayo de 2026— y en diferentes grupos, organizados en función de las admisiones de los estudiantes en distintas universidades italianas. Conseguir plazas seguras para quienes sufren dentro de Gaza es solo una parte del proceso; lograr trasladarlos a Italia constituye el enorme desafío que afrontan las universidades y las organizaciones colaboradoras. De hecho, conseguir una beca universitaria es, en muchos sentidos, la parte más sencilla del camino. El verdadero desafío comienza después: salir de Gaza mientras Israel mantiene el control de las fronteras.

Cada etapa —desde la obtención de autorizaciones de viaje hasta la coordinación de los cruces fronterizos y los procedimientos de visado, en un contexto en el que muchos estudiantes han perdido su documentación— requiere una planificación exhaustiva

Hasta la fecha, Italia ha llevado a cabo siete misiones de evacuación que han trasladado a estudiantes palestinos desde Gaza hasta universidades de todo el país. Detrás de cada misión hay una operación compleja en la que participan el Gobierno italiano, las autoridades jordanas, las universidades, organizaciones humanitarias y decenas de personas voluntarias. Cada etapa —desde la obtención de autorizaciones de viaje hasta la coordinación de los cruces fronterizos y los procedimientos de visado, en un contexto en el que muchos estudiantes han perdido su documentación— requiere una planificación exhaustiva, cooperación internacional y, por encima de todo, una profunda perspectiva humana. Mientras se organizan estas evacuaciones, los propios estudiantes atraviesan otra etapa difícil: la espera. Entre la carta de aceptación de la beca y la llamada de la embajada con una posible fecha de evacuación, el tiempo transcurre lentamente y la incertidumbre se convierte en parte de su vida cotidiana.

La beca representa un camino hacia un futuro diferente, pero llegar a ese futuro implicaba dejar atrás casi todo lo que conocen

Tras casi tres años de genocidio y a lo largo del largo proceso para conseguir sus becas, estos estudiantes viven soportando algunas de las condiciones más extremas imaginables en Gaza: hambre, desplazamientos forzados constantes, ansiedad permanente y la pérdida de seres queridos. La beca representa un camino hacia un futuro diferente, pero llegar a ese futuro implicaba dejar atrás casi todo lo que conocen. Abandonan sus hogares y a sus familias; se preparan para dejar toda una vida atrás y empezar desde cero.

Según las instrucciones de evacuación, únicamente pueden llevar consigo un teléfono móvil, su cargador y un documento de identidad. Nada más. Y así lo hacen. No se marchan en busca de un futuro prometedor, sino porque el genocidio no les deja otra opción. Tras meses viviendo en la incertidumbre y esperando la posibilidad de ser evacuados, los estudiantes empiezan a salir finalmente de Gaza. La huída va acompañada de una enorme carga emocional.

Una libertad que pesa

La última evacuación de estudiantes gazatíes hacia Italia tuvo lugar en mayo, cuando llegaron 72 estudiantes, elevando a 230 el número total de estudiantes palestinos evacuados gracias a esta iniciativa. Aterrizar en un entorno seguro y en paz despierta emociones que muchos no esperan y, en lugar de sentir alivio, algunos de los estudiantes quedan desbordados por un sentimiento que se desplaza entre la tristeza, la culpa y la preocupación por quienes han dejado atrás. La alegría de saberse a salvo suele estar acompañada de la dolorosa certeza de que sus familias, amistades y comunidades siguen viviendo una masacre de la que ellos han conseguido escapar.

“Cuando recibí la llamada de la embajada, pensé que todo mi dolor desaparecería. Sin embargo, el primer paso fuera de Gaza fue como una bofetada, cuando me di cuenta de que había dejado atrás a mi familia, que seguía sufriendo”. Quien habla es Dima Abu Saqar, de 19 años, una de las estudiantes palestinas que recibió una beca de IUPALS tras meses de incertidumbre y dificultades. Fue aceptada para cursar un grado en Lenguas y Culturas en la Universidad para Extranjeros de Siena.

Dima Abu Saqar (19 años): “No me gusta Italia, me gusta estar con mi padre”

Como muchos de los estudiantes que llegaron a Italia gracias a esta iniciativa, Abu Saqar ha dejado toda atrás toda la vida que tenía para continuar sus estudios en el extranjero. “No me gusta Italia, me gusta estar con mi padre”, dice con un tono de frustración en la voz, mientras recuerda la noche durante la cual fue evacuada.

Un mundo que les resulta desconocido

Empezar una nueva vida en un país europeo exige que los estudiantes se adapten a un entorno completamente desconocido: un nuevo idioma, nuevas caras, nuevas rutinas y una cultura diferente. Mudarse al extranjero ya supone una transición difícil para muchos jóvenes, pero para estos estudiantes la experiencia conlleva una carga adicional. No pueden simplemente volver a casa cuando se sienten desbordados ni visitar a sus familias cuando necesitan consuelo y apoyo.

Tarek Al Faraa
Tarek Al Faraa obtuvo una beca de máster en la Universidad de Turín, Italia. Salió de Gaza en noviembre de 2025.

“Cuando todos mis compañeros se fueron a casa después de los exámenes para las vacaciones de verano, sentí un dolor dentro del corazón”, dice Tarek Al Faraa, quien estudia Economía en la Universidad de Turín. Tarek ya había completado su licenciatura en Lengua Inglesa en Gaza antes de salir a través de uno de los corredores humanitarios hacia Italia. “Cerraron el alojamiento durante el verano porque todos los estudiantes internacionales regresaron a sus casas. ¿Pero qué pasa con nosotros?”, se pregunta Tarek en un vídeo compartido en Instagram, tratando de explicar a los demás que sobrevivir no es el final de la historia.

Dima vive con cuatro compañeras de piso italianas, pero cuando llegan las vacaciones de verano, todas se marchan para volver con sus familias y disfrutar del descanso. Se queda sola

Dima también sufre algo parecido a lo que describe Tarek. Vive con cuatro compañeras de piso italianas, pero cuando llegan las vacaciones de verano, todas se marchan para volver con sus familias y disfrutar del descanso. Dima se queda sola. “No puedo visitar a mi familia y tampoco puedo disfrutar del verano con la culpa del superviviente que llevo conmigo”, explica a El Salto.

Estos dolores son invisibles para muchas personas. Se da por hecho que quienes sobreviven a la guerra deben sentirse felices por haber logrado salir, y desde luego lo están. Pero ¿qué ocurre con los casi tres años de genocidio que todos estos estudiantes llevan a sus espaldas? ¿Quién les devolverá todo lo que han perdido? Muchos han perdido a sus familias y sus hogares, y esas pérdidas no pueden repararse.

Otros 65 beneficiarios de becas siguen atrapados en Gaza, esperando la llamada que podría cambiar sus vidas

Quienes han llegado a Italia representan solo una parte del proceso de evacuación. Mientras 230 estudiantes ya han conseguido llegar al país, otros 65 beneficiarios de becas siguen atrapados en Gaza, esperando la llamada que podría cambiar sus vidas. Uno de los estudiantes que continúa esperando describe la espiada llamada como la única esperanza ara “la supervivencia”. Para ellos, que esperan la salida, un futuro mejor ya está asegurado sobre el papel, pero siguen sin tener forma de llegar hasta él.

Los cierres repentinos de las fronteras, los cambios en las circunstancias políticas, los retrasos administrativos y la necesidad de coordinar a numerosos actores pueden interrumpir en cualquier momento el proceso de evacuación, pero cada minuto perdido se convierte en una posibilidad de ser asesinado bajo el contexto de un frágil alto el fuego.

En el momento en el que se escriben estas líneas, 65 estudiantes esperan una llamada que les traiga esperanza en lugar de miedo, aunque son plenamente conscientes de que la evacuación solo supone una felicidad temporal y de que la vida siempre estará incompleta sin sus familias.

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