Complicidades público-privadas en el genocidio palestino

Denunciar a las empresas transnacionales y los Estados como actores clave de la arquitectura de dominación colonial que trata de acabar con el pueblo palestino fue el objetivo de las jornadas “Palestina: economía del genocidio y empresas cómplices”, celebradas en Bilbao los días 5 y 6 de octubre.
Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) - Paz con Dignidad
23 oct 2026 08:30 | Actualizado: 23 oct 2026 13:20

El intento de destrucción del pueblo palestino no puede entenderse únicamente como el resultado de decisiones militares o políticas aisladas. Menos todavía atendiendo exclusivamente a criterios o razones religiosas. Lo hemos escuchado y repetido en estas jornadas: no hay cese al fuego; el Consejo de Paz creado con la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad es inoperante y colonial; incluso el propio concepto de genocidio no es suficiente para explicar la situación de nakba perpetua que vive el pueblo Palestino.

Colonización, apartheid, ocupación y genocidio se sostienen sobre estructuras económicas, empresariales, financieras, tecnológicas e institucionales que se vinculan con el capitalismo global e imperialista. A su vez, estas se entrelazan con dinámicas de opresión heteropatriarcales y racistas.

En este ecosistema de complicidades, empresas transnacionales y Estados son, sin duda alguna, actores clave de la arquitectura de dominación. Las relaciones comerciales, la cooperación militar y de seguridad, las inversiones, las infraestructuras, las tecnologías de vigilancia y control, el suministro de armas, las relaciones diplomáticas y el apoyo político y económico contribuyen, de diferentes maneras, a mantener el sistema de violencia y ocupación que afecta al pueblo palestino en su conjunto, con independencia de su estatus jurídico o de su lugar de residencia, y con un impacto especialmente brutal en la vida de las mujeres.

Los Estados en el ecosistema de complicidades

Existen mecanismos nacionales e internacionales para abordar la participación empresarial y estatal en violaciones de derechos humanos, incluidas las legislaciones voluntarias y la responsabilidad social corporativa. Sin embargo, esos mecanismos avalan toda una lógica y arquitectura de la impunidad, que permiten a las corporaciones seguir obteniendo ganancias con el genocidio y la ocupación, con la corresponsabilidad de los Estados.

La complicidad estatal adopta múltiples formas y no siempre coincide con el discurso político oficial. El caso del Estado español muestra cómo pueden coexistir declaraciones políticas de rechazo a determinadas actuaciones del régimen israelí con relaciones materiales que continúan sosteniendo el sistema de dominación. Un ejemplo es Ineco, empresa de capital público que opera en el sector de la ingeniería y el transporte.

Apoyo político, diplomático, económico, financiero e incluso militar por parte de los Estados matrices de las empresas son de este modo el primer pilar de apoyo del ente sionista y su desempeño genocida. Estas prácticas, así como los relatos que las recubren, deben ser denunciadas como parte de la captura corporativa que las empresas hacen de los Estados, fundiendo sus intereses.

Las empresas, eje del ecosistema de responsabilidad en el genocidio

En Palestina las corporaciones participan directamente de las estructuras de colonización, ocupación, apartheid y genocidio, proporcionando las tecnologías y servicios necesarios para su funcionamiento, así como beneficiándose económicamente de las dinámicas de explotación, expropiación, saqueo y despojo. Los casos analizados muestran diferentes formas de participación con el mismo resultado.

En los territorios palestinos del 48, empresas vinculadas al mercado inmobiliario y turístico contribuyen a la normalización del régimen y a la comercialización de propiedades pertenecientes a comunidades palestinas desplazadas.

En Cisjordania y Jerusalén, las corporaciones participan en la explotación de tierras, agua y otros recursos naturales, contribuyendo a la expansión de los asentamientos y a la consolidación del control territorial. Compañías como Mekorot desempeñan un papel central en el control y despojo de los recursos hídricos, en Palestina pero también a escala internacional.

En Gaza, la situación pasó de dos décadas de bloqueo y de estrategias de aniquilación a una situación actual de destrucción inhumana: distintos actores corporativos participan o se benefician de estructuras vinculadas al bloqueo, la guerra y el actual genocidio, especialmente el complejo militar-industrial y tecnológico.

La tecnología ocupa precisamente un lugar importante en esta fase del capitalismo global. Las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses —Alphabet (Google), Amazon, Apple, Meta, Microsoft, NVIDIA y Tesla, junto con otras compañías relevantes como Broadcom, AMD y Palantir — cumplen un papel fundamental tanto en la financiación del genocidio como en el control de la población. Como evidenció uno de los ponentes en las jornadas, “estas compañías se van de compras en Israel” y de paso, inyectan ingentes cantidades de dinero en la máquina del genocidio.

Además, estas empresas deben ser analizadas en relación con la vigilancia y el control social.  Este control llega a niveles que superan con creces la peor pesadilla orwelliana. Por ejemplo, con el uso de la biometría aplicada en los checkpoints, así como la categorización de la población palestina mediante un número que está vinculado a su riesgo potencial. Vinculado con esto, el programa “Lobo rojo, lobo azul” combina la biometría con otras tecnologías: los soldados participan en actividades de vigilancia de la población, parando, fotografiando y categorizando a la población palestina, sumando puntos por ello.

No olvidemos que Israel es el país que más gasto militar per cápita tiene. Y esas ganancias del sector tecnológico van directas al genocidio. Son fondos, además, gestionados por la banca armada, el conjunto de entidades que financian empresas del complejo militar-industrial que, dicho sea de paso, es uno de los sectores económicos que más beneficios produce. Entre estas entidades financieras destacan el Banco Santander, en el primer lugar del ranking de bancos españoles que invierten en negocios de armamento, y el BBVA, que ocupa el segundo lugar.

El ecosistema de responsabilidades en nuestros territorios

Las responsabilidades no terminan en las fronteras de Palestina. Las empresas, instituciones financieras, universidades, administraciones públicas, gobiernos locales y otras instituciones europeas, españolas y vascas mantienen relaciones que pueden contribuir, directa o indirectamente, a estas estructuras.

No aceptamos que las instituciones se presenten como neutrales, mientras mantienen relaciones con empresas implicadas en la colonización, el apartheid y el genocidio. Las instituciones públicas tienen capacidad para decidir qué empresas contratan, a quién financian, en qué proyectos participan y qué relaciones comerciales y económicas mantienen.

Esto exige pasar de la denuncia genérica a la investigación concreta: identificar empresas, contratos, inversiones, relaciones comerciales, tecnologías, infraestructuras y mecanismos financieros; establecer responsabilidades; señalar los puntos donde la acción política y social puede producir cambios.

El caso de CAF demuestra que estas relaciones no son lejanas ni abstractas: también están presentes en Euskal Herria y exigen una respuesta por parte de nuestras instituciones. La participación de CAF en el proyecto del Tren Ligero de Jerusalén conecta a una empresa vasca con una infraestructura que forma parte de la consolidación y normalización del control israelí sobre el territorio palestino y de la expansión del proyecto colonial. Es por tanto directamente responsable de esa fragmentación del pueblo palestino, e incide directamente en la profundización del apartheid.

La responsabilidad, en cualquier caso, no termina en la empresa. Debemos examinar también el papel de las instituciones públicas, los mecanismos de financiación y contratación, las administraciones y responsables políticos que permiten que estas relaciones continúen. Y también los relatos que niegan lo evidente: existe una alianza público-privada en favor del genocidio en Euskal Herria.

Del análisis a la acción: construir poder colectivo

La existencia de complicidades exige una respuesta colectiva. El movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) constituye una de las principales estrategias internacionales de movilización contra la complicidad institucional y empresarial. Desde el año 2005, su llamamiento y sus demandas ofrecen un marco para organizar acciones colectivas dirigidas a generar presión política y económica.

La experiencia acumulada por las campañas de boicot y desinversión demuestra que la acción colectiva puede producir resultados: desde campañas para impedir el atraque de barcos vinculados al comercio de armas hasta iniciativas contra empresas energéticas, compañías tecnológicas o instituciones culturales.

Estas experiencias muestran que el poder económico y político no es inamovible. Puede ser cuestionado mediante organización, presión sostenida y coordinación internacional desde abajo. La complicidad no es inevitable ni abstracta. Tiene nombres, empresas, instituciones, contratos, inversiones, tecnologías, infraestructuras y decisiones políticas concretas. Por ello, no basta con reconocer la gravedad de los crímenes cometidos contra el pueblo palestino. Es necesario identificar y transformar las estructuras que los sostienen.

Exigimos a los Estados y a las instituciones públicas que cumplan sus obligaciones internacionales y pongan fin a cualquier relación que contribuya a la colonización, el apartheid y el genocidio.

Exigimos a las empresas que pongan fin a cualquier actividad que contribuya a estas estructuras y que asuman sus responsabilidades por sus impactos y por las consecuencias de sus decisiones.

Y exigimos a nuestras propias instituciones —en Euskal Herria, en el Estado español y en Europa— que dejen de esconderse detrás de la neutralidad institucional y actúen para poner fin a las relaciones de complicidad que se mantienen desde nuestros propios territorios.

La solidaridad con Palestina no puede limitarse a declaraciones. Tiene que traducirse en decisiones, organización y acción. Por todo ello, nos comprometemos a seguir trabajando para:

  • Investigar y hacer visibles las relaciones de complicidad entre empresas, instituciones y Estados.

  • Identificar y utilizar los mecanismos jurídicos, sociales, políticos y económicos disponibles para exigir responsabilidades.

  • Impulsar acciones de boicot, desinversión y presión contra empresas, grupos e instituciones cómplices, y demandar el bloqueo del régimen sionista.

  • Exigir a las instituciones públicas la revisión y suspensión de contratos, inversiones y relaciones con actores implicados en estas estructuras.

  • Utilizar las competencias de ayuntamientos, universidades y otras instituciones públicas para cortar relaciones de complicidad.

  • Trabajar con sindicatos para cuestionar la participación empresarial y desarrollar estrategias de presión desde los centros de trabajo.

  • Fortalecer el trabajo social, feminista y comunitario contra la complicidad empresarial e institucional.

  • Coordinar nuestras luchas con las redes y movimientos palestinos, y en particular con las organizaciones de base y todas las personas que trabajan en primera línea y que han sufrido la criminalización del régimen sionista.

  • Articular nuestras luchas con otras luchas del Sur Global, y seguir apoyando también económicamente a las organizaciones que participan en ellas.

  • Emprender acciones legales en contra de las empresas cómplices, de la mano de la movilización social.

  • Promover espacios críticos de pensamiento, que puedan crear ese conocimiento colectivo que nutre y alimenta las luchas cotidianas.

  • Seguir ocupando las calles, continuar hablando de Palestina, del genocidio y de la resistencia cotidiana del pueblo palestino.

Nuestra referencia es, y será, la Palestina histórica, y nuestro horizonte, su liberación y el cumplimiento del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación. 

Estamos en un momento de extrema gravedad de la situación, tras el mal llamado “alto el fuego”, y esto implica que es un momento crucial para seguir actuando y profundizando, si cabe, nuestras acciones y nuestra solidaridad.

Desde nuestros territorios, no podemos quedarnos paradas, tenemos que seguir construyendo poder desde abajo para romper con la complicidad.

Por una Palestina libre, desde el río hasta el mar.

Sobre este blog
La estrategia de la España-marca para “salir de la crisis” pasa por ampliar el poder y los negocios de “nuestras empresas”. Pero, nos preguntamos en este blog, ¿qué futuro le espera al capitalismo español? ¿Sobre qué pilares se pretende sostener el modelo de crecimiento y acumulación en los años venideros? ¿Podrán las organizaciones políticas y movimientos sociales construir contrapoderes efectivos y propuestas alternativas para confrontar los dictados de la clase político-empresarial que nos gobierna?
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