Palestina
Bodour Hassan: “La liberación nacional es muy importante, pero no es más importante que la liberación de las mujeres”

Bodour Hassan estudió derecho internacional con el objetivo de defender a su pueblo. Poco tardó en entender los límites de la ley frente a la ocupación israelí. Por eso reivindica la defensa de los derechos humanos desde la práctica y la lucha por la liberación desde una mirada feminista. 
Bodour Hassan
Bodour Hassan, activista palestina. Álvaro Minguito

publicado
2019-12-02 07:30

Bodour Hassan dejó su Nazareth natal para estudiar Derecho en Jerusalén. Quería adquirir las herramientas necesarias para transformar el mundo, un mundo donde su pueblo, el palestino, lleva décadas sufriendo la ocupación de Israel sin que se vislumbren salidas. En la Universidad Hebrea de Jerusalén descubrió los límites del Derecho, pero también el alcance de sus propias fuerzas. Ahora esta joven de treinta años, investigadora del Centro de Derechos Humanos de Jerusalén, espera menos de las leyes y más de la militancia.

Hassan nos recibe sonriente en el hall de un hotel en Madrid. Habla un castellano muy claro, que ha aprendido escuchando las noticias. Cuando le alabo su capacidad para dominar de esa manera otra lengua le quita importancia. “Es normal: los palestinos hablamos varios idiomas por defecto, el árabe, el hebreo del estado ocupante y el inglés porque lo habla todo el mundo. Ventajas de pertenecer a un pueblo colonizado”, bromea. 

Y así, durante casi una hora, no deja de lado la sonrisa para contestar, seria, meditada, y extensamente, cada una de las preguntas que le planteo. 

Estudiaste en la Universidad Hebrea de Jerusalén, ¿cómo es la vida de una estudiante palestina en un espacio mayoritariamente judío?
Experimenté contradicciones porque yo soy de Nazareth y cuando empecé a vivir en Jerusalén, en 2008, la vida cambió totalmente para mi. En aquella época fue la guerra de Gaza, muchos de los estudiantes en mi clase hicieron su servicio militar en el ejército durante la guerra contra Gaza, pues es obligatorio, y además pasan a la reserva, les llaman en momentos de guerra. Eso fue muy difícil.

Había otras dificultades, el idioma, la política, porque pienso que la ley es algo muy político, cuando decidí estudiar derecho, a los 18 años, mi sueño era muy ingenuo, quería cambiar las cosas a través de la ley, conseguir la justicia social y la revolución gracias a la ley. Cuando empiezas a estudiar derecho descubres que es imposible. La ley en general es un instrumento para salvaguardar este estatus quo. Sí, es imposible cambiar algo a través del derecho. Por eso estos sueños se evaporaron después de uno o dos años.

No es fácil tampoco cuando quieres expresar tu opinión, manifestarte. No es una vida vibrante de derechos y democracia, pero la universidad tiene un eje liberal. Con esos espacios liberales pretenden ser abiertos respecto a otras opiniones, para lograr cierto estatus en el mundo presentándose como una universidad abierta, y eso deja un cierto margen para nosotras, pero creo que eso solo son márgenes. Y ese es el problema en la universidad, no solo la hebrea, en la academia en general. Cómo puedes cambiar desde la academia Yo creo que es muy importante tener el conocimiento y el instrumento teórico, pero lo fundamental es la práctica.

Y en ese entorno universitario, ¿se generan articulaciones activistas, de organización, entre estudiantes palestinos?
Se hacen esfuerzos en este sentido. En la universidad de Haifa, por ejemplo, que esté en el norte de la Palestina ocupada en el 48, hay muchos estudiantes palestinos, muchas más organizaciones, En la Universidad Hebrea hay menos, pero se hacen cosas en el plano cultural, por ejemplo. Un movimiento cultural de estudiantes que organizan conferencias sobre identidad, sobre cultural palestina, sobre Jerusalén, pero no es puramente político, es más académico, un espacio de conocimiento entre los estudiantes. Pero también hace que se lea a Fanon, que hagas ese conocimiento decolonial, y ayuda conectar lo que pasa en Palestina con otras luchas, otros movimientos descolonizadores en todo el mundo.

¿Y entre tus compañeros de universidad no había quienes se consideraban progresistas o favorables a la paz?
Ese es el problema: Israel pretende ser un estado vegano, o un estado que apoya los derechos de los queer, de los homosexuales, de las mujeres. El oasis de libertad y democracia en la región. Pero detrás de esas pretensiones la realidad es muy diferente. Pueden ser liberales en algunos temas, apoyan los derechos de los animales por ejemplo, pero no los derechos de los humanos palestinos. Los liberales que dicen que apoyan dos estados, o un estado palestino al lado del israelí, cuando les preguntas por el derecho de retorno de los refugiados, o la igualdad completa entre árabes y judíos, o sobre la definición de Israel como el estado del pueblo judío, para ellos son temas sagrados que no admiten discusión.

Lo que nosotras queremos es un estado para todas y todos, que no haya diferencia de religión, de género, un estado secular que no es definido como estado que da privilegios absolutos o exclusivos a un pueblo sobre el otro.

Lo que nosotras queremos es un estado para todas y todos, que no haya diferencia de religión, de género, un estado secular que no es definido como estado que da privilegios absolutos o exclusivos a un pueblo sobre el otro. Y cuando dices que Israel es un estado judío esta definición por sí misma garantiza la prioridad, los privilegios exclusivos a un pueblo. No puede ser un estado judío y democrático al mismo tiempo, no puede defender un estatus que fue establecido sobre la ruina de los palestinos, sobre la destrucción de sus casas.

Más de 700.000 palestinos fueron desplazados en el 48, eso no solo es historia, no puedes mirar al futuro sin conocer las injusticias históricas que se cometieron contra los palestinos. Lo que sucedió en la Nakba en el 48 no fue una catástrofe natural, fue una guerra de ocupación y de limpieza étnica, y esa limpieza étnica continúa. El problema es que ni siquiera los liberales, o la mayoría de la izquierda, salvo la excepción de los anarquistas judíos, la vasta mayoría de ellos no quieren hablar sobre esos temas, quieren dejarlos atrás y dicen que tenemos que pensar sobre el futuro y la vida común. Pero cómo podemos hacer futuro común sin hacer justicia con los refugiados. Parte de ellos son desplazados internos que viven en Palestina pero no pueden visitar sus propias casas, regresar a sus propios pueblos.

Este proceso de deshumanización que citabas, y de olvido de la historia, ¿cómo opera?
En todo el mundo las políticas de la memoria son una batalla ideológica, una batalla por la verdad, por la recuperación de la historia, y esa batalla no se juega en igualdad de posiciones, se juega en un campo donde por un lado está el colonizador, el fuerte, el que tiene el poder y la autoridad, y del otro lado están las memorias. Tienes la memoria única del colonizador, y las memorias diversas de quienes fueron ocupados, quienes perdieron la guerra, pero no perdieron la memoria. Eso es muy importante para los palestinos.

El problema es que tras la Nakba del 48 —la gran limpieza étnica contra los palestinos— fue muy difícil recuperar, supuso un momento de silencio, no se podía hablar de lo que pasó. Mucho fue el duelo y la pérdida que ocurrieron en el 48, todo el tiempo desde entonces han habido esfuerzos de palestinos de todas las generaciones para reescribir la historia de lo que pasó en el 48 desde nuestro punto de vista . Han querido contar las historias de nuestras y nuestros abuelos desplazados desde la Nakba, también de quienes, a pesar de la guerra y del militarismo, permanecen en sus casas para defenderlas.

La recuperación de memoria no es una cuestión de las universidades. Se vive en las calles, en las conversaciones entre la gente, entre nosotras y nuestros padres, Eso es muy importante para nosotras: hablar sobre nuestra historia, sobre las y los héroes palestinos, recuperar las historias marginadas del pueblo palestino, hablar por ejemplo de las mujeres que lucharon contra la ocupación, su rol en las revoluciones contra el colonialismo británico y también contra la ocupación israelí, recuperar las pequeñas historias cotidianas de lucha.

Palestina nunca fue un desierto vacío, siempre fue una sociedad heterogénea. La narrativa sionista dice que Palestina era una tierra sin gente, de manera muy similar a cuando Cristóbal Colón, tras la colonización de las Américas, dice que esa tierra estaba vacía. Se niegan los miles y miles de años de historia, de cultura de los indígenas. Es la narrativa del colonizador, que niega la existencia, las memorias y narrativas de los pueblos indígenas y los trata como un pueblo sin cultura. Se trata de una constante en todos los procesos de colonización. Por eso la lucha por el derecho al duelo, a la memoria colectiva, es muy importante para nosotras.

¿Cómo es la vida en Jerusalén?
Dos cosas querría puntualizar. Muchos, cuando hablan de Jerusalén, solo hablan de Jerusalén este, pretendiendo que el oeste de Jerusalén siempre fue judío. No es cierto, el oeste de Jerusalén, desde la segunda parte del siglo XIX, fue un espacio donde los palestinos empezaron a crecer y dejar la ciudad vieja para construir casas y modernizar la ciudad comenzando desde el oeste. Cuando Israel ocupó el oeste de Jerusalén, en el 48, más de 30.000 palestinos fueron desplazados. Más de 10.000 casas fueron vaciadas de sus ocupantes palestinos.

Tras la Nakba, Israel fue otorgando esas casas a los nuevos colonos judíos del oeste de Jerusalén. También se perdieron las bibliotecas en esas casas, los archivos, los libros. Hubo un robo masivo de libros y ahora los libros de los palestinos están en la Biblioteca Nacional de Jerusalén. La historia de Jerusalén no empezó en el 67, empezó mucho antes. Hasta fechas muy recientes, las familias palestinas originarias del oeste de Jerusalén que ahora son refugiados que viven en el este, visitaban sus casas, ocupadas por israelíes. Llevaban las llaves de sus casas para mostrar que están en su memoria. Es muy importante.

La fuerza de Israel es su capacidad de esconder la opresión. Porque en Jerusalén hay una opresión invisible que es, en mi opinión, mucho más profunda de lo que vemos.

La vida en Jerusalén es una vida muy compleja. Cuando la visitas puedes pensar que esa vida es normal, natural. Ok, es difícil, hay pobreza, hay dificultades, pero puedes decir que eso es lo que ocurre en todo el mundo. La fuerza de Israel es su capacidad de esconder la opresión. Porque en Jerusalén hay una opresión invisible que es, en mi opinión, mucho más profunda de lo que vemos. Más de 80.000 palestinos residentes en Jerusalén viven bajo el riesgo de perder sus casas. El pretexto israelí es que esas casas fueron construidas sin permiso, pero el problema es que en Jerusalén es muy difícil conseguir permiso. Las políticas de planificación urbana son sistemáticamente discriminatorias a favor de los judíos.

¿En qué consisten estas prácticas discriminatorias?
Por ejemplo, los colonos en el este de Jerusalén pueden construir con demasiada facilidad. Pero los palestinos cuando quieren renovar sus casas, ni siquiera construir, tienen que conseguir permiso para hacerlo, es muy difícil conseguir ese derecho, por eso hay más de 80.000 palestinos que viven este riesgo constante de perder sus casas.

Y cuando pierden su casa, no es solo la casa, es la memoria, la niñez, la vida normal, por eso la vida de los palestinos en Jerusalén es muy frágil. Además de la demolición de casas, de las detenciones arbitrarias, de las invasiones de los barrios. En mi barrio las fuerzas de ocupación entraron con el pretexto de que los niños arrojaban piedras contra los soldados. La polícia invade este barrio a las 7 de la mañana, cuando los niños van a la escuela, y usan gases lacrimógenos y balas de goma, bombas de sonido. Por eso los padres de los estudiantes declararon un paro, porque esa violencia cotidiana no se puede soportar.

Pero además de esa violencia visible, está la violencia invisible y simbólica, por ejemplo todo el sistema de permisos en Jerusalén. Los palestinos que viven en Jerusalén no son ciudadanos, tienen residencia permanente y esa residencia permanente puede ser fácilmente revocada por el Ministerio de interior israelí bajo pretextos varios, por ejemplo, si el palestino vive más de siete años fuera de Jerusalén o tiene una residencia permanente de otro país puede perder su residencia permanente en Jerusalén.

Si el palestino de Jerusalén tiene su centro de vida en Ramallah, por ejemplo, puede perder la residencia. El concepto de “centro de vida” es muy ambiguo, el ministerio de Interior israelí decide que si trabajas o tienes otra casa, por ejemplo, en Ramallah, muy cerca de Jerusalén, implica que tu centro de vida no es Jerusalén. Así, puedes arriesgarte a perder tu residencia permanente. Para recuperarla tienes que pasar dos años consecutivos en Jerusalén: sin dejarla, sin pasar por los checkpoints para visitar a tu familia en Ramallah o Cisjordania. Tienes que dar pruebas de que vives en Jerusalén. En mi opinión es paradójico porque esos palestinos, sus padres, sus abuelos nacieron en Jerusalén, toda su vida está allí, y tiene que dar pruebas al ocupante de que son de esta ciudad.

Bodour Hassan 1
Bodour Hassan, activista palestina, durante la entrevista con El Salto en Madrid. Álvaro Minguito


Se trata además de un estatus muy complejo de residencia, tambièn con la unificación de familias. Si te casas con alguien de Cisjordania y tu pareja es un hombre menor de 35 o una mujer menor de 25 no pueden vivir juntos en Jerusalén, porque hay una ley que fue promulgada en 2002 que dice que los palestinos que son originarios de Cisjordania o Gaza, no pueden entrar en Israel y vivir con sus parejas palestinas porque suponen un riesgo a la seguridad israelí. Dicen que aprovechan la reunificación familiar para entrar y perpetrar ataques, aunque no hay ninguna prueba.

Por otro lado, quienes son mayores de estos límites de edad, sí pueden vivir técnicamente con sus parejas en Jerusalén, pero lo que tienen es un permiso para estar en la ciudad, que debe ser renovado periódicamente. Son permisos que protegen contra la expulsión y la deportación, pero que no te permiten trabajar en Jerusalén, conducir, no puedes hacer nada con estos permisos, solo puedes seguir con tu familia.

Los niños cuyos padres son de Jerusalén y sus madres de Cisjordania, o al contrario, no son automáticamente registrados como residentes de Jerusalén, hay que registrarlos, en un proceso muy complejo que puede llevar años. Hay familias cuyos niños no tienen residencia en ningún sitio, no la tienen en Jerusalén, no la tienen en Cisjordania, no acceden a derechos sociales y su vida es muy difícil.

Eso es lo que debemos nombrar, la limpieza étnica lenta y silenciosa, lo que ocurre cotidianamente en Jerusalén. No podemos quedarnos solo en las cifras, por supuesto hay cifras, desde 1967 aproximadamente 15.000 palestinos de Jerusalén han perdido su residencia permanente y miles y miles de palestinos que iniciaron el proceso de reagrupación familiar no lo han conseguido. Las familias por eso se fragmentan, hay divorcios porque uno de los cónyuges no puede vivir en Jerusalén.

Has hablado del marco legal israelí, pero está el derecho internacional que tú conoces bien, ¿cómo se siente esa distancia entre el marco formal y la realidad?
Yo, personalmente, me he alejado del tema del derecho internacional tras estudiarlo, porque puedo decir, ok, el derecho internacional probablemente sirva para exigir derechos, pero no tiene dientes, ese es el problema. Muchos dicen, después de todo este derecho internacional fue escrito, construido, por los mismos estados colonizadores.

El derecho internacional podría ser una herramienta, pero en el caso palestino, Israel no lo respeta simplemente porque sabe que no hay consecuencias, que a pesar de sus frecuentes violaciones del derecho humanitario internacional y los derechos humanos, nadie hace nada, Los europeos critican, nosotras las palestinas decimos: las palabras están bien pero, ¿qué vais a hacer contra esas violaciones? No hacen nada, no hay sanciones. Las quejas ante Israel de estos estados, son quejas sin consecuencias.

El derecho internacional probablemente sirva para exigir derechos, pero no tiene dientes, ese es el problema
Por eso los israelíes piensan que su ocupación es muy barata, no pagan un precio por sus violaciones contra nuestros derechos básicos. Los palestinos decimos que la única forma de forzar a Israel a respetar los derechos humanos de los palestinos es que pague un precio. Porque, por un lado tiene el apoyo incondicional de Estados Unidos, ahora más explícito que nunca, y por otro lado una Europa que lo critica, o apoya a las ONG palestinas, pero no hace nada más. Esto no sirve para forzar a Israel a cumplir con sus obligaciones bajo el derecho internacional.

De hecho, hace pocas semanas hubo un nuevo ataque contra Gaza donde murieron decenas de personas. Estos ataques salen de vez en cuando en los medios de comunicación, sin merecer gran espacio, como una especie de rutina.
Sí, es la normalización exactamente. El problema con vivir bajo este tipo de violencias, la visible y la invisibilizada, es normalizarla. Esa familia de Gaza, Abu Malhus, ocho de sus miembros fueron asesinados en la noche, sobreviviendo solo un bebé. En el mundo el pánico que los israelíes sufren por los cohetes de Hamas es más importante que la muerte de decenas de palestinos,

Hay jerarquía en el sufrimiento, hay vidas que valen y vidas que no valen, hay vidas que importan y vidas que no importan, y las vidas de los ocupados, no parece importante a los ojos del mundo. En esa jerarquía de sufrimiento y de privilegios, los palestinos quizás no tienen el derecho de entierro digno, el derecho de ser nombrados cuando mueren, son solo cifras, números. Lo que queremos decir es que esos palestinos que mueren en Gaza, que pierden sus sueños, que no pueden dejar Gaza, que a muchos se les hace la vida intolerable bajo la ocupación: no son números, tienen sueños, tienen vidas y seres queridos y es muy importante nombrarlo y contar sus historias.

Te defines como feminista. ¿En qué momento está el feminismo de las mujeres palestinas? 
Es una pregunta importante. Primero como feministas reconocemos que hay interseccionalidad entre los diferentes sistemas de opresión, opresión que tiene base en el género, étnica, de capacidad física. Hay que entender estos sistemas de opresión como sistemas que se influencian mutuamente. Por eso, para ser libres, realmente libres, no podemos decir solo que queremos la liberación nacional, para mi la liberación nacional es muy importante, pero no es más importante que la liberación de las mujeres, y la descolonización de la mente y de la tierra.

Creo en la importancia de unificar esas luchas, es importante reconocer y no silenciar, porque cuando estás bajo la ocupación los hombres que lideran la lucha siempre dicen a las mujeres, ahora no es el momento, tienes que esperar tras la liberación, y entonces hablaremos sobre derechos de homosexuales, mujeres, etc. Pero nosotras no queremos ni podemos esperar,

Estamos contra la ocupación y también contra el patriarcado interno en nuestras sociedades, Palestina no puede ser libre si sus mujeres no son libres

Hay mujeres palestinas que son asesinadas por sus familias, por sus parejas, Y ellas son importantes. Y por supuesto hay palestinas prisioneras en las cárceles de Israel. Todas ellas no pueden esperar tras la ocupación para reclamar sus demandas feministas. Ahora hay un movimiento de mujeres jóvenes palestinas que se llama Talat, probablemente la mejor traducción sea “estamos saliendo”. El objetivo de ese movimiento es decir que estamos contra la ocupación y también contra el patriarcado interno en nuestras sociedades, Palestina no puede ser libre si sus mujeres no son libres. Para crear una tierra libre las mujeres han de ser libres.

Es un movimiento que ha surgido tras el asesinato de Israa Grhayeb, una mujer de Belén. La mataron por tener una relación contra la voluntad de la familia, fue un crimen de honor. Estamos contra todo tipo de violencia en el nombre de la religión o las tradiciones, de la masculinidad, de protección de esa masculinidad frágil. Es muy importante este movimiento, es una oportunidad de aprendizaje, de sororidad entre las mujeres palestinas.

¿Hay alianzas posibles con las feministas israelíes?
Yo honestamente creo que el problema es que la vasta mayoría de las feministas israelíes no pueden solidarizarse con las palestinas porque negaron la ocupación. Claro que la solidaridad y el feminismo universal, es importante, pero hay que reconocer que no todas las mujeres son iguales, que no se puede comparar la situación de la mujer colonizadora con la de la mujer colonizada.

No se puede apoyar la guerra contra los palestinos en Gaza y decir que eres feminista, no puedes apoyar la ocupación y decir que eres feminista 

Por ejemplo, una de las demandas de las feministas israelíes fue la igualdad en el ejército, también las mujeres quieren tener derecho a matar palestinos. Para nosotras es imposible marchar en una manifestación junto  unas feministas que apoyan el militarismo, porque mi tipo de feminismo no es solo contra el patriarcado, es un feminismo contra el militarismo, contra la colonización, y contra la deshumanización de las otras, y desde ese feminismo, para mí, el ejército es también patriarcado. No se puede apoyar la guerra contra los palestinos en Gaza y decir que eres feminista, no puedes apoyar la ocupación y decir que eres feminista.

Para mi es imposible conectar con la mayoría del feminismo israelí, pero sí que creo en cruzar las fronteras con nuestra lucha feminista. Por ejemplo, las manifestaciones en España del 8 de marzo este año y el año pasado, fueron un momento de inspiración: ver decenas de miles de mujeres diciendo basta ya. No se puede comparar el sufrimiento, aquí, con lo que ocurre en Palestina, pero la violencia de género, el feminicidio es algo universal.

Es muy importante conectar estos puntos juntas, pero también descolonizar cuando marchamos juntas. Saber decir que hay problemas radicales en el feminismo blanco que no puede ver la violencia que se perpetúa contras las mujeres racializadas, migrantes y refugiadas, que son definidas como iguales. Especialmente las feministas blancas tiene que aprender a solidarizarse y aprender que como blancas son parte del sistema que oprime. El sufrimiento y la opresión que viven las mujeres de la clase media es totalmente diferente a la opresión que viven las mujeres pobres.

En Jerusalén, por ejemplo, cuando empezamos a manifestarnos tras el asesinato de Israa Grhayeb, decíamos que no es solo un asesinato, hay muchos asesinatos de los que nadie sabe nada. Hay que luchar también contra la violencia patriarcal cotidiana que se comete contra las pobres y las racializadas, es muy importante no concentrarse solo en las mujeres de la clase media. Todas no pueden marchar con nosotras porque están trabajando, porque sus familias no se lo permiten. Para mi, personalmente, marchar es un riesgo porque mi familia no está politizada, tiene miedo. Es un sacrificio, por eso decimos que estamos saliendo a la calle por todas las mujeres y también por las muejres que no pueden salir.

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3 Comentarios
#44043 12:32 3/12/2019

A vueltas con el mito de la nación.

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#44017 23:12 2/12/2019

Díselo a las catalanas o a las vascas, y ya verás.

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#44013 23:03 2/12/2019

Necesitamos esta claridad, las palabras bien puestas una detrás de otra, una y otra vez. Gran entrevista.

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