Opinión
Vuelta al colegio de los imposibles
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Ig: @mag97
Agosto llega a su fin y, con la llegada del mes de septiembre, comienza la archiconocida “vuelta al cole”, que las grandes superficies se encargan de publicitar hasta la extenuación. ¿Acaso es otra situación cotidiana convertida en evento trascendental por intereses capitalistas?
Se forrarán libros, se distribuirán los cuadernos por asignaturas y colores —espero que aquí todos defendamos que matemáticas es en azul y lengua en rojo—, los niños serán apuntados a las suficientes actividades extraescolares para que los padres puedan mantener unos horarios laborales inhumanos, y con el fin del estío se borrará de la memoria colectiva el genocidio palestino.
Si al comienzo del verano hubo una ola de denuncias en redes sociales sobre la hambruna en Gaza, incluso se vislumbraba con esperanza cierto vestigio de solidaridad internacional, ahora el mundo parece haber vuelto a olvidar lo que está sucediendo al otro lado del Mediterráneo, nos vuelve a invadir a los activistas esa sensación de estar gritando a la nada, de desasosiego por el abandono del pueblo palestino a merced del verdugo sionista.
En Gaza, y en el resto del territorio ocupado, la vuelta será al colegio de los imposibles.
Los imposibles son todos aquellos presentes que ya no podrán ser, que fueron arrebatados a los palestinos con bombas, fusilamientos, saqueos y sitios. Los imposibles son los niños y niñas palestinos levantándose en casa para ir a la escuela, besando a sus padres y hermanos, entrando en el aula, dando clases durante horas y años, despertando intereses y vocaciones en esas pequeñas mentes, formando a los palestinos del mañana.
No hay escuelas a las que volver, no hay casas en las que despertarse, no hay padres y hermanos a los que besar, ni aulas en las que sentarse. No hay niños ni niñas en Palestina
Los llamo los imposibles porque ese potencial presente dejó de existir hace décadas, pero se hizo más evidente a partir de octubre de 2023 porque no hay escuelas a las que volver, no hay casas en las que despertarse, no hay padres y hermanos a los que besar, ni aulas en las que sentarse. No hay niños ni niñas en Palestina.
Según cifras de Médicos Sin Fronteras, a principios de julio había un total de 17.121 niños y niñas fallecidos a causa del genocidio que está perpetrando Israel. A las víctimas mortales han de sumarse los miles de infantes que se debaten entre la vida y la muerte por la inanición, que se encuentran gravemente heridos, mutilados o en un estado total de shock y trauma psicológico.
Además, desde octubre de 2023 y hasta julio de 2024, según las Naciones Unidas, Israel había atacado con bombardeos y misiles el 85% de las escuelas palestinas, esto es aproximadamente 477 escuelas de 569. Imaginad cuántas más ha atacado durante este último año. No hace falta que lo hagáis, ya os lo digo yo: según la UNRWA el 97% de las escuelas de Gaza han sido destruidas a manos de Israel.
Todo esto no son daños colaterales, como gustan llamar los equidistantes y amigos de Israel, no, se trata de otra sección del plan orquestado por el Estado sionista para destruir y exterminar al pueblo palestino. Atacar el derecho y el acceso a la educación, así como acabar con la población más joven, es otra estrategia genocida. Porque saben que un pueblo sin infancia es un pueblo sin futuro.
En esta vuelta al cole es fundamental no dejar de hablar de Palestina, no dejar de denunciar las atrocidades que está llevando a cabo Israel y, además, hay que actuar para frenarlo: desde la movilización social hasta el boicot a empresas aliadas del régimen sionista.
Permitidme que termine con estos versos de Nathalie Handal, poeta palestina:
Una madre mira a otra
—un mar de pequeños cuerpos
quemados o decapitados
alrededor de ellas—
y pregunta,
¿De qué manera lloramos esto?
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