Opinión
Llegó el lobo y la socialdemocracia le ha abierto la puerta
Ig: @mag97
La semana pasada Núcleo Nacional presentaba su partido político (Noviembre Nacional) en Madrid, de este modo, la conocida organización neonazi daba un paso al frente para buscar legitimar de alguna forma su discurso fascista.
Ante la realización de este evento muchas voces socialdemócratas, procedentes de partidos como PSOE o Sumar (y el resto de sus marcas), se llevaron las manos a la cabeza porque “cómo se estaba permitiendo este tipo de discursos en una democracia”. Y una vez más la socialdemocracia optó por culpar de esto a la clase trabajadora, acusándola de dejarse seducir por ideas reaccionarias, o de un modo más general, culpan a la normalización de los discursos de odio por parte del resto de partidos políticos y de la sociedad en su conjunto. Como siempre, ni un atisbo de autocrítica o reconocimiento de culpa.
Porque sí, efectivamente, la fascistización del discurso político y lo fácil que se ha asumido por parte de la sociedad ha propiciado el surgimiento y envalentonamiento de personajes como los de Núcleo Nacional, pero otra parte de la culpa también la tienen esos partidos denominados de izquierdas que durante estos años no han conseguido otra cosa que desmovilizar a la clase trabajadora y perseguir la organización social y antifascista.
Los socialdemócratas llevan más de una década con el cuento de que viene el lobo del fascismo y que para evitarlo hay que votar a sus partidos, que es lo útil. Claro, son dignos defensores del eslogan: el fascismo se cura leyendo y se le vence votando.
Con el “viene el lobo” nos han querido situar a todos en la posición de ovejas y a ellos como pastores que nos cuidan. Y muchos lo han creído
Lo único que han conseguido con estas campañas de voto masivo es una desmovilización masiva y una ruptura brutal de las bases organizativas de la clase trabajadora. Han logrado que una gran cantidad de personas antifascistas crean ciegamente que la única forma de enfrentar el auge reaccionario es mediante las elecciones parlamentarias, y que la única forma de ejercer la democracia es mediante el voto.
Con el “viene el lobo” nos han querido situar a todos en la posición de ovejas y a ellos como pastores que nos cuidan. Y muchos lo han creído. Lo cierto es que no somos ovejas, ni ellos pastores, ellos en concreto se dedican a criar a los lobos.
El papel de los partidos socialdemócratas en la llegada del fascismo no ha sido solo el de facilitadores mediante discursos desmovilizadores, también está el hecho de que se han dedicado a infiltrar policías en movimientos sociales y en organizaciones antifascistas, buscando su desarticulación y contribuyendo a la criminalización de las mismas.
Con esa persecución de las personas militantes y organizadas políticamente han favorecido que a nivel social se equipare extrema derecha con extrema izquierda, que haya quien esgrima con orgullo la frase de: ni fascismo ni antifascismo.
No podemos seguir esperando que la socialdemocracia actúe contra el fascismo, porque ya sabemos que lo necesitan para mantenerse en el poder y favorecer sus intereses capitalistas.
La única salida es la organización de clase, la práctica militante y la conquista del discurso social para poner sobre la mesa la necesidad de un proyecto netamente antifascista y socialista que frene el auge reaccionario.
Nuestra tarea es lograr movilizar a toda esa gente que como nosotros siente una profunda repulsión por este sistema y que busca actuar frente a la llegada a nuestros barrios de las ideas criminales del fascismo.
Debemos decir claramente que los socialdemócratas son incapaces de actuar frente al fascismo y que toda esperanza de derrotarlo está en la clase trabajadora organizada.
Hemos de entender y hacer entender que el único camino frente a la barbarie es la lucha de clases.
Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.
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