Opinión
El libre mercado y sus tratados-trampa

El secreto y la opacidad son elementos constituyentes de los tratados y acuerdos de libre comercio, al elaborarse fuera del control parlamentario y de la ciudadanía.
Acción Mercosur Ecologistas en Acción 18 noviembre - 1
Performance contra el acuerdo comercial UE- Mercosur: Foto: Miguel Hernández Lucas

Coordinadora de Alianza Verde Andalucía.

10 feb 2026 06:00

Se suele decir sobre los tratados de libre comercio que responden sobre todo a los intereses de las grandes corporaciones europeas, sudamericanas (respecto a Mercosur) o, como en el último firmado con la India, a las corporaciones indias, y que ponen en riesgo a las mayorías sociales en India, en Europa o en América. Pero digámoslo claro: las grandes corporaciones no pertenecen a ningún país o territorio concreto del Globo. Simplemente perjudican a todos, incluso a esa élite económica que pretende acaparar las riquezas que esquilman por doquier, tanto las naturales como las extraídas de la explotación humana.

Se firman con absoluta opacidad, pero cuando se quieren promocionar por las grandes ventajas que suponen, se acude sistemáticamente a datos macroeconómicos que significan muy poco para medir el bienestar social de las poblaciones afectadas. Simplemente se presume de que, beneficiando a esas grandes corporaciones, estas serán las encargadas de dejar que fluya la riqueza hacia abajo, al cuerpo social de cada territorio al que afecta el tratado.

Las multinacionales, sean europeas, americanas o asiáticas, no tienen “patria”, no son ni europeas ni de ningún lugar. Pero sí son las reinas en los distintos sectores de la economía, como farmacéuticas, servicios financieros, agroindustria, telecomunicaciones y plataformas digitales.

Las negociaciones se desarrollan a puerta cerrada. Y si no hay transparencia es que hay algo que ocultar. El secreto y la opacidad son elementos constituyentes de los tratados y acuerdos de libre comercio, al elaborarse fuera del control parlamentario y de la ciudadanía. Miembros del Parlamento Europeo han tenido dificultades para acceder a los textos negociados, mientras que los lobbies empresariales disfrutan de acceso privilegiado a los borradores y los equipos de negociación. Luego es evidente a interés de quien se negocia.

Los acuerdos también pretenden abrir sectores de bienes comunes como educación, sanidad, agua o servicios digitales a las grandes empresas, es decir, privatización y mercantilización de absolutamente todo con el consecuente menoscabo de las administraciones públicas para proteger servicios esenciales.

Al margen de cifras concretas, el hecho cierto es que todos estos tratados implican aumento de emisiones en un contexto de crisis climática aguda que nos ha llevado ya a sobrepasar el límite propuesto por el Acuerdo de París, de 1,5°C y encaminarnos a toda velocidad hacia los 2°C o mas. Son acuerdos que, además, pretenden subirse al carro del comercio razonable o sustentable y desarrollo sostenible en una retórica vacía no exenta de cinismo: sin mecanismos de sanción a las violaciones de derechos laborales o ambientales. Los compromisos climáticos y los sociales que puedan contener los tratados están sometidos a la lógica, bastante irracional, de esa mano invisible que el modelo neoliberal nos dice que regula la economía. Por ejemplo, un criterio a asumir si se presume de sostenibilidad en los tratados sería que siempre se opte por las transacciones que tienen una huella de carbono e hídrica menor. Este criterio no puede ser tachado de proteccionista, sino que es un criterio ambiental transversal real y con el que la UE y los demás actores en esos tratados dicen tener compromisos. Y eso es imposible que se cumpla en estos acuerdos. Contando con producciones de temporada en la zona UE, por criterio ambiental, no deberían entrar producciones obtenidas a miles de kilómetros y por tanto, transportadas miles de kilómetros a costa de producir CO2.

No podemos mitigar el cambio climático y cumplir con los compromisos de emisiones en el marco de ningún tratado de libre comercio

Es un poco la lógica que expresaba un magistrado estadounidense hace muchos años: “Podemos tener democracia o tener una gran riqueza concentrada en las manos de unos pocos, pero no podemos tener ambas cosas”. No podemos mitigar el cambio climático y cumplir con los compromisos de emisiones en el marco de ningún tratado de libre comercio.

Todos los tratados comerciales internacionales afectan en algo tan fundamental como la soberanía de los pueblos, tanto la territorial y alimentaria, como la energética, digital o tecnológica… de los países que los suscriben. Lo que hay en los tratados es una pugna entre intereses contrapuestos entre distintos sectores productores (no solo el agroalimentario), entre estados nacionales de diferente corte y con diferentes reglas, pero, sobre todo, enormes grupos lobistas al servicio de enormes corporaciones, que han crecido al amparo del axioma capitalista de la acumulación de capital en pocas manos. Y esto afecta a la capacidad de los pueblos y territorios de autoabastecerse de alimentos básicos y otras producciones y servicios esenciales, es decir, a su soberanía. Porque lo que asegura son grandes oportunidades de negocio y beneficios a las grandes empresas agroalimentarias, farmacéuticas, digitales etc. a costa de desproteger a los consumidores, de los servicios que provee la naturaleza, en definitiva, pasando por encima de las necesidades vitales de la mayoría social.

Los tratados de libre comercio son documentos que rebajan los niveles de protección social y medioambiental de forma drástica y pretenden limitar la capacidad de los gobiernos para legislar en beneficio de su ciudadanía

Los tratados de libre comercio están pretendiendo apuntalar un sistema económico que se desmorona al no poder mantener un crecimiento exponencial que está en la base de su funcionamiento. Y es que la naturaleza es el mayor obstáculo para el futuro del sistema de libre mercado, y no puede ser tratada como un adversario. No se pueden negar las enormes presiones que ejercen las economías capitalistas sobre la naturaleza porque estando contenidas en un mundo físico y finito, sin embargo, generan contaminación, residuos y calor, que devuelven a la biosfera sin medirlos como costes. Los costes ecológicos reales se repercuten y han de ser soportados por la sociedad y el planeta en su conjunto.

Aunque nos quieran convencer de sus bondades, los tratados de libre comercio son documentos que rebajan los niveles de protección social y medioambiental de forma drástica y pretenden limitar la capacidad de los gobiernos para legislar en beneficio de su ciudadanía.

¿Qué hay detrás de la semántica empleada en estos tratados? Un uso de eufemismos como el que el alude al libre comercio, aunque los tratados no tengan nada que ver con un intercambio libre entre partes iguales, ya que se han ido creando instituciones y normas jurídicas más privadas que públicas. Con sus propias lógicas de funcionamiento y con efectos sobre las mayorías sociales del planeta, porque el orden del comercio mundial está hecho a la medida de las grandes corporaciones que los diseñan.

En definitiva, los tratados llamados de libre comercio siempre tienen trampa.

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Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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