Opinión
Biogás y biometano: una visión ecologista alternativa

La cantidad de proyectos en tramitación para la instalación de este tipo de plantas en España es ingente. Determinadas plantas de biogás son necesarias si resuelven satisfactoriamente el tremendo problema de la generación de los residuos orgánicos, pero deben contar con participación social y con una planificación y control de las administraciones.
Manifestación contra planta Biogás Colmenar - 2
David F. Sabadell Manifestación en Colmenar Viejo (Madrid) contra una planta de biogás.
Geólogo y activista de Ecologistas en Acción
Biólogo y activista de Ecologistas en Acción
Físico y activista de Ecologistas en Acción
19 ene 2026 06:00

La proliferación desmesurada de proyectos de plantas de biogás y biometano por toda nuestra geografía está generando amplias contestaciones sociales de la población afectada, que no considera estas instalaciones como sostenibles ni compatibles con la salud pública. Aunque en algunas de estas movilizaciones existen motivaciones “nimby” (acrónico de la frase “no en mi patio trasero” en inglés), lo cierto es que el rechazo está justificado cuando no han existido dos requisitos básicos para su aceptación: una planificación vinculante y una participación social. El criterio de proximidad y autosuficiencia debería estar presente en cualquiera de los casos: la cercanía entre la generación de los desechos y el aprovechamiento.

Aunque hay en España 260 plantas de biogás operativas y 12 de biometano, la cantidad de proyectos en tramitación es ingente. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico elaboró la Hoja de Ruta del Biogás en marzo de 2022, señalando que el desarrollo de este combustible requiere de un marco regulatorio estable y adecuado y que debiera priorizarse el uso directo del biogás en localizaciones cercanas a su producción. Pues bien, ninguna de estas dos condiciones se está respetando y llevando a cabo. La regulación con planificación vinculante brilla por su ausencia porque tanto la Administración central (que atañe a plantas de más de 50 MW) como la autonómica (de menos de 50 MW) se niegan a realizar esta ordenación.

Tampoco se está atendiendo en este despliegue a lo que dispone la Directiva 2023/2413 de promoción de la energía procedente de fuentes renovables: “Los Estados miembros deben apoyar, en coordinación con las autoridades locales y regionales y mediante una cartografía coordinada, determinar las zonas terrestres, para la instalación de plantas de energía renovable. A más tardar el 21 de mayo de 2025, los Estados miembro llevarán a cabo una cartografía coordinada del despliegue de energías renovables en su territorio”.

El desarrollo de abajo arriba, con la participación de los agentes locales en las fases tempranas de los proyectos, es inexistente en la mayoría de los casos.

El otro error garrafal en este desarrollo es no contar con la información y participación activa de la gente afectada, limitándose en la mayoría de los casos a la información pública reglada. La patronal del biogás en España (AEBIG) y el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) publicaron una Guía de Buenas Prácticas para la implantación de proyectos de biogás/biometano, en la que reclamaban diálogo, transparencia, comunicación y participación ciudadana, con traslado de beneficios para la comunidad. Estas exhortaciones están siendo desoídas. El desarrollo de abajo arriba, con la participación de los agentes locales en las fases tempranas de los proyectos, es inexistente en la mayoría de los casos.

Sin participación, planificación y control, nadie debería someterse a ninguna presión y chantaje para la aceptación de estos proyectos. Sin embargo, hay que decir que determinadas plantas de biogás son necesarias si resuelven satisfactoriamente el tremendo problema de la generación de los residuos orgánicos: agroganaderos, industria agroalimentaria, lodos de depuradoras y otros.

Al año se generan en España entre 2,6 y 10,4 millones de toneladas de restos de poda de olivos y entre 1,25 y 2,25 millones de toneladas de podas de viñedo. En el caso de los purines de cerdo, son más de 50 millones de toneladas las que se producen; y de lodos de depuradoras de aguas residuales, 1,2 millones de toneladas. Los alpechines y alperujos procedentes de la extracción de aceite son otros residuos generados en grandes cantidades. Si no ofrecemos salidas respetuosas con el medio a esta enorme cantidad de residuos, el problema ambiental sería colosal. La contaminación de las aguas subterráneas por nitratos procedentes de la excesiva fertilización y aplicación de purines y estiércoles llega al 40% de todas ellas, y en centenares de municipios el agua potable presenta valores de nitratos superiores a la normativa, y es un problema de salud pública. El caso del embalse As Conchas, en Ourense, contaminado por los vertidos de purines durante muchos años a los cauces públicos de alrededor de 300 macrogranjas, que ha supuesto la condena judicial reciente al Gobierno de Galicia y a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, es un caso extremo y paradigmático.

Hay que reducir drásticamente el número de granjas intensivas y optar por instalaciones de biodigestión de cercanía, evitando el traslado innecesario de residuos

Las plantas de biogás son un equipamiento ambiental, por encima de su consideración como plantas de energía renovable y, como tal, deben ser consideradas, a pesar de que algunos ponen en cuestión ese hecho. Las plantas de biogás deben ser instalaciones ambientales para el correcto tratamiento de los residuos orgánicos, por encima de su consideración como plantas de energías renovables.

Al mismo tiempo, reducir las macrogranjas, evitar el desperdicio alimentario y disminuir el consumo de carne son medidas necesarias: la prevención está siempre por encima siempre del mero reciclado. Hay que reducir drásticamente el número de granjas intensivas y optar por instalaciones de biodigestión de cercanía, evitando el traslado innecesario de residuos. Es un caso evidente de imperiosa necesidad del decrecimiento.

En la gestión de este tipo de residuos priorizamos el compostaje aerobio, pero hay sitio para una buena biometanización de muchos residuos agroganaderos y de la industria alimentaria, seleccionando bien los proyectos y asegurando las mejores técnicas disponibles en su operación, siempre con participación y control social. El aspecto más críticopara la viabilidad de la producción de biogás consiste en tener asegurado el suministro estable, continuo y asequible de las materias primas necesarias con la calidad adecuada. El correcto diseño, la buena operación y el adecuado mantenimiento son los requisitos para asegurar la viabilidad de las plantas de biogás.

El aducido riesgo de que las plantas de biogás incentiven la ganadería intensiva o el transporte de residuos a larga distancia debe ser cuestionado: no existe causalidad, sino correlación. No hay relación de causa a efecto. Al igual que una estación depuradora de aguas residuales no incrementa la generación de fangos o una planta de tratamiento mecánico biológico no aumenta la producción de basuras y no lleva implícito un aumento del suelo urbanizado o urbanizable, una instalación de biogás no tiene por qué representar una inflación de las macrogranjas. No se debería aprobar ninguna instalación ganadera ni ninguna depuradora de aguas residuales si no incluyen procesos de tratamiento integral y aprovechamiento de los residuos.

Solo hay economía circular si el digestato, el residuo resultante de la metanización, es aprovechado como fertilizante; si no, es una simple valorización energética

El aprovechamiento de estos biorresiduos es indispensable, pero para ello el proceso de digestión anaerobia tiene que ser el correcto, evitando en los residuos a tratar la presencia de sustancias indeseables, metales pesados, medicamentos, pesticidas, etc., sin generar el efecto llamada para el tráfico de residuos de otros lugares.

Solo hay economía circular si el digestato, el residuo resultante de la metanización, es aprovechado como fertilizante; si no, es una simple valorización energética. La fabricación de fertilizantes inorgánicos se podría disminuir mediante el uso del digestato como producto fertilizante y aporte de materia orgánica.

Depurar el biogás para conseguir biometano e inyectarlo en la red gasista también es una medida positiva. Reemplazar una parte del gas fósil por biometano implica una sustitución del mismo y un paso adelante en la descarbonización de la industria y el consumo domiciliario.

Y dimensionar bien las plantas es otra exigencia. No siempre “lo pequeño es hermoso”; miniplantas de biogás, de menos de 100 kW, son buenas explotaciones, pero otras instalaciones grandes que garanticen el suministro de la materia prima a distancias adecuadas pueden ser también viables.Una planta de biogás para autoconsumo puede lograr el objetivo de vertido cero de desperdicios al proporcionar valor a los mismos, en forma de energía o abonos, y conseguir cerrar el ciclo del carbono.

En definitiva, una planta que cuente con la aprobación de la comunidad, que se encuentre a una distancia mínima adecuada de núcleos habitados y del suelo urbano que cumpla con todos los requisitos ambientales y sociales, que genere el menor impacto por ruidos y en la propia infraestructura viaria y que minimice el riesgo de impacto por olores, requisitos todos ellos que recoge la Guía del IDAE, no deberían ser motivo de repudio.

Los artículos de opinión no reflejan necesariamente la visión del medio.

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