Radio y sound system: las tripas del reggae

Las radios libres y los sound systems siguen manteniendo vivo el movimiento reggae en España, un minoritario pero resistente núcleo de personas apasionadas por la música originaria de Jamaica.

Una fiesta de reggae
Una fiesta de reggae. Arkaitz del Río

publicado
2017-09-21 08:00:00

El panorama del reggae estatal ha cambiado a lo largo de las últimas décadas. Más bolos, más bailes, más público. Proliferan los grupos, y, en particular, los sound systems. Esto no nace de la nada sino que se ha nutrido de un trabajo incansable por parte de amantes de la música y la cultura reggae.

Gente que ha escuchado, investigado y escarbado con el fin de dar a conocer y compartir sus tesoros. Gente que, además, se lía a programar a artistas, dedica horas a seleccionar o construye un equipo con sus propias manos. Esta labor, a menudo no lo suficientemente visible, genera las conexiones que permiten el circuito actual.

La radio libre y el sound system, junto con los colectivos promotores, mantienen activo dicho circuito puesto que las exigencias de tiempo y esfuerzo requieren que, al menos, parte del trabajo sea colaborativo con lo que al final se refuerzan las relaciones que construyen la red. Por otro lado, radio y sound system son análogos como canales de difusión independientes que hacen latir el reggae en la calle sin filtros comerciales.

Pasión en las ondas

Los programas de radio de finales de los años 80 y buena parte de los 90 fueron pioneros en la introducción de la música reggae en este país. Gaspar García, de La Hora Rasta, programa nacido en Málaga hace 25 años, recuerda cómo un concierto de Jah Macetas en el cual participó en la organización, fue la chispa. "El público desbordó la sala y yo, que llevaba ya algunos años coleccionando reggae, no imaginaba la cantidad de gente que en Málaga también tenía interés. Decidí hacer el programa para que todo este personal tuviese un punto de referencia para escuchar su música favorita, e informarse y conocer artistas, sellos y productores nuevos".

Durante esta época, la radio sirvió de catalizador, tal y como explica Carlos Monty, colaborador de El Salto con su sección 'España no es (solo) blanca': “Aunque minoritarios, los programas especializados eran mucho más influyentes que ahora y permitían convocar fiestas, autobuses masivos para ver conciertos fuera de tu localidad, que hoy día son casi impensables con el streaming y otros medios electrónicos”.

La llegada de internet revolucionó el acceso a la música y aunque las redes sociales tomaron el relevo en cuanto a la difusión de eventos, se ha aumentado el alcance. “Empecé a hacer radio ya en la era de internet –comenta Laia Buira, colaboradora de Sound System FM, colectivo referente que emite en Barcelona desde 1989– pero en la emisora siempre se comenta cómo antes del auge de las redes sociales, sencillamente no sabían si nos escuchaba alguien. Ahora el feedback es mucho mayor”.

Jose Xino, selector y locutor en Pimpers Paradise Reggae Radio (Valencia), después de ocho temporadas emitiendo en FM y por internet, está en la misma línea: “Hoy en día, las escuchas no se limitan a la escena local. Es muy curioso observar las estadísticas y comprobar que tus oyentes no se corresponden solo con tu área geográfica o de habla”. Aun así, el hábitat de estos programas sigue siendo el underground, y es que la supervivencia y el florecimiento del reggae casi siempre se han dado desde los márgenes.

Sound system: flechazo y dedicación

El fenómeno sound system en este país es más reciente y no fue hasta la década de los años 2000 que aparecieron los primeros equipos. Inspirados por los sounds del Reino Unido, herederos a su vez de los jamaicanos, diversos selectores u operadores, se lanzaron abriendo camino: Leones Humildes (Barcelona), One Blood (Barcelona), Jah Ras (Tenerife), Watts Attack, Bomb Bass Hi fi y Thunder Clap (estos tres últimos de Bilbao).

Estos proyectos animaron a quienes seleccionaban música jamaicana a lanzarse a la experiencia del sound system, que muchas veces ha consistido en un viaje solo de ida. Porque si hay algo poderoso, es sentir físicamente el sonido, donde ritmos y melodías vibran en el propio cuerpo.

“El mensaje llega claramente y con toda potencia. Nosotros queremos que el mensaje Rasta, la unión entre los pueblos, el respeto a la diferencia, haga sentir bien a la gente”, comenta Lio (Leones Humildes Hi Fi).

Pero un sound no se monta de la noche a la mañana. Requiere conocimientos técnicos y una gran inversión de trabajo en la construcción del equipo, y para esto se suelen necesitar varias manos.

Puppa Fran (Bomb Bass Hi fi) recuerda cómo “otros sounds de Bilbao, como Watts Attack o King Burning me ayudaron en la construcción. Luego yo también he contribuido a sus proyectos con mis conocimientos sobre sonido. Por otro lado, me he rodeado de diferentes cantantes, MCs, como Pappa Cruz, y Gorka Rosón es nuestro boxman y logista. Pero gente de otras crews colaboran puntualmente”.

Una vez más, interconexiones varias. A veces, ese paso hacia la creación de nuevos sound system tuvo su germen en encuentros en radios o en experiencias colectivas como la de Roots in Madrid, formado por gentes veteranas del reggae y cuya finalidad era difundir la cultura sound system.

“Nos separamos como colectivo, pero de ese grupo surgieron nuevos sounds como los de Rootikaly Movement, Pot of Gold y Echo Chamber Hi Fi”, recuerda Santi Mijarra, de Echo Chamber Hi Fi y Bass Culture Players.

Llevar y mantener el sound requiere una inversión de capital cultural y técnica, pero además un esfuerzo físico en la construcción de las cajas y en montar y desmontar para cada baile. De ahí que pocos sounds estén llevados por una persona, sino que suele haber quien aporta su esencia selectora, productora, cantante o técnica en cada proyecto. Y luego está encontrar y mover bolos, lo cual no es fácil si se trata sobre todo de sonar al aire libre, porque la calle es el medio para el cual el sound system fue concebido. Pero la legislación actual no lo pone fácil y la mayoría de bolos se dan en salas o festivales, que también pueden tener sus restricciones de sonido o no ser el escenario ideal para una sesión.

Raíces y cultura

Nada de lo que ha ocurrido hasta hoy puede entenderse sin colectivos promotores como Stereotone (Valencia) o Massive Sounds (Bilbao), estudios como A-Lone Ark Muzik Studio, tiendas de discos y bandas que desde hace años abren auténticos oasis para sentir y entender el roots desde lo clásico hasta lo local.

La suma del trabajo de todas las partes ha servido de alimento a una escena emergente que ha precisado de referencias para alejarse de estereotipos y apreciar la riqueza de una cultura. Pero si hoy se acerca más gente al reggae no siempre es desde el conocimiento, y en la pista de baile se encuentran quienes quieren escuchar roots de los años 70 con quienes acuden al calor de la fiesta u otras afinidades.

Y es que la escena se gesta entre las tensiones de difundir desde lo especializado y ser más permeable a otras realidades. Cada proyecto tiene su personalidad y sus objetivos, pero sí hay un compromiso con aquello que les mueve, lo cual asegura una calidad en los contenidos, aunque se arriesga a la endogamia. Hay quien busca aperturas sin comprometer el mensaje.

“El Mandela o Marcus Garvey de hoy están saltando la valla. Para nosotros es importante conectar el mensaje del roots con el aquí y ahora”, comenta Víctor, de Echo Chamber Hi Fi.

Un debate abierto es el de si apuntar o no hacia una profesionalización, puesto que el hecho de que el reggae se sostenga con militancia no tiene por qué estar reñido con dignificar un oficio.

En cualquier caso, el aporte personal es sin duda el motor y, en palabras de Íñigo Varona (Rootikaly Movement), “es el amor por la música: poder escucharla en un equipo potente y de calidad. Parece algo muy simple, pero hay mucho detrás. Compartes momentos increíbles con personas increíbles”.

Personas cuya misión es que la música nacida en Jamaica hace más de sesenta años años extienda su viaje y se siembre para el futuro. Una red de reggae lovers que, cuando menos, se merece un reconocimiento.

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