Música
Víctor Coyote: “Ahora todo el mundo dice que le gustan Raphael y Camela y eso es una puta mentira”
Cansado de la marcha militar en la que se convirtió el rock cuando perdió su apellido, Víctor Aparicio Abundancia (Tui, 1958), de nombre artístico —uno de ellos— Víctor Coyote, ha preferido dejar que sus canciones se impregnasen de otros sabores antes que seguir con el cuatro por cuatro, aunque eso le supusiera la incomprensión o el rechazo por parte de aquellos de sus seguidores que esperaban más de lo mismo. Así ocurrió con su grupo Los Coyotes.
Tras deslumbrar con Mujer y sentimiento, un disco de 1985 que no renegaba del gusto por el rocanrol o el punk pero que amplió su paleta, sus composiciones pegaron un volantazo hacia sonoridades electrónicas y ritmos caribeños, anticipándose unos años a la fiebre actual. En aquel tiempo la cosa no dio para más y Los Coyotes acabaron siendo solo uno, que siguió defendiendo aquellas canciones y creando las suyas propias, a su aire y sin dejarse llevar por otra cosa que no fuera una brújula artística tan perspicaz como personal. Hoy Víctor Coyote no rechaza la condición de precursor del rock latino en España, pero sí la matiza con poderosos argumentos: los nombres propios de quienes lo hicieron previamente han sido injustamente olvidados.
En El propio (El Volcán, 2026), álbum recopilatorio que llega a las tiendas el martes 13 de enero, se encuentran nueve canciones extraídas de sus seis discos en solitario —si pica el gusanillo tras escucharlo y hay ganas de más, se recomienda empezar por Las comarcales de 2020— y un tema nuevo, “Así me tratan ahora”.
¿Qué has buscado haciendo música?
Al principio empecé haciendo rock and roll, rockabilly, porque era un género que me gustaba mucho en la época. Por otra parte entroncaba también con la cosa del punk del 77, que, en definitiva, era rocanrol un poco más ruidoso, un poco más distorsionado, un poco más memo, un poco más agresivo. La forma de cantar de Johnny Rotten era claramente más mema. Yo he pretendido, por un lado, hacer lo que me gustaba y, por otro, evitar quedarme en una cosa demasiada aburrida, no buscar el virtuosismo en unos márgenes cerrados. Sin tirarme el rollo de artista experimental sí que he tenido que buscar, experimentar algunas cosas con ritmos o con influencias que a lo mejor no han salido tan bien, no ha salido una amalgama tan potente como me hubiera gustado.
¿Esa búsqueda terminará alguna vez?
Pasa también en la ciencia y en el arte, donde hay mucha tendencia a decir que todo está hecho, todo está ya escrito, pero a mí me parece que eso no es así. Yo creo que todas las músicas se van renovando. Es evidente que la gente va a seguir hablando de amor y en los libros se seguirá hablando de muerte, aunque ahora mismo casi no hay ningún libro en que haya muertes. Hay veces, incluso, que hay libros en los que no pasa nada. Entonces, quiero decir que eso de que todo está hecho a mí me parece que no es cierto. Es verdad que tenemos que ceñirnos a unos parámetros que son los de nuestra propia existencia, que tiene que ver con que nosotros no conocemos seres que funcionen en nueve dimensiones, entonces no podemos hablar de las dimensiones. Sí podemos hablar, pero con nuestras limitaciones. Yo creo que sí, que las dosis y las combinaciones de músicas, de estilos literarios y de formas de hacer arte son inagotables. Siempre se pueden encontrar nuevas vías.
Hubo una época en los años 80 en la que se detestaba lo latinoamericano y todo era Ámsterdam, Londres, Berlín. Y salen Los Lobos y resulta que se ponen a cantar “Volver, volver” y todo el mundo de repente la recuerda y se canta la letra entera
Estamos hablando de lo que has buscado en la música. ¿Qué has encontrado?
Últimamente he encontrado que la música latina finalmente ha triunfado. Ahora mismo, todas las músicas derivadas del reguetón, incluso de la música regional mexicana y todas esas cosas, triunfan muchas veces sobre cosas anglosajonas. Tampoco se trata de que haya una preponderancia imperialista impuesta. Formo parte de una cultura, de la cultura gallega, de las culturas digamos locales o incluso nacionales. Pero también formamos parte de una cultura latinoamericana. Hay gente que dice que no hay nada que celebrar, yo evidentemente creo que la historia no se puede reescribir, pero sí hay cosas que tenemos en común, hay cosas de ida y vuelta.
Recientemente he leído el libro de Faustino Núñez sobre el flamenco y la música hispanoamericana y yo creo que sí que hay que celebrar que haya influencia latinoamericana en la música española porque, claro, evidentemente ya a una situación anterior no podemos volver. Entonces a mí eso me parece interesante. He encontrado ese tipo de cosas.
Hay unos cuantos artistas ahora mismo que han venido de Puerto Rico, que lleva siendo un centro desde hace tiempo. Y eso me parece más cercano en determinados momentos, no digo yo que no me pueda sentir cercano a las canciones de los Beatles, pero también me siento muy cercano a Marc Anthony o a Tego Calderón. Hubo una época en los años 80 en la que se detestaba lo latinoamericano y todo era Ámsterdam, Londres, Berlín. Y salen Los Lobos y resulta que se ponen a cantar “Volver, volver” y todo el mundo de repente la recuerda y se canta la letra entera. Eso es porque estaba en la cultura, pero se renegaba de ello. Bueno, pues a mí eso me parece que está bien. Y David Bowie me encanta, pero no tengo por qué elegir entre Bowie o Tego Calderón.
¿A quién se ha dirigido Víctor Coyote en su carrera musical?
Creo que me he dirigido a todo el mundo. No creo que eso se pueda elegir. Sí puedes modificar algunas cosas o decir “esta letra está quedando un poco críptica” y a lo mejor quieres que no quede así e intentas hacerlo un poco más claro, que a veces eso está bien. O este ritmo a lo mejor es demasiado complicado, vamos a ponerle un bombo caja o dirigirlo más hacia otra cosa. Eso sí se puede hacer y de hecho se hace. Hay flamencos que han grabado cosas más accesibles, Paco de Lucía grabó “Entre dos aguas”, que es una rumba y que es cojonuda. ¿Sería mejor o peor que unas bulerías? Pues no sé, pero desde luego grabó “Entre dos aguas” y está que te cagas. Algo puedes modificar, pero yo no creo que Barón Rojo en su momento dijeran “nosotros odiamos el heavy y nos ponemos a hacer esto para sacar dinero”. Ni Mecano, ni nadie. Todo el mundo hace un poco lo que puede.
El poeta bueno del rock es Chuck Berry, no Bob Dylan. Dylan es un poeta decimonónico, que está muy bien, me gusta mucho, pero a mí me parece que el equivalente en el rock a Warhol o Hockney es Chuck Berry. Bob Dylan es como el Antonio López de la época pop, ¿no?
¿Pero dirías que hay un público objetivo que te ha seguido?
Sí, es un público un poco extraño porque es un público… [duda] Yo me he movido también en unos parámetros en los cuales he navegado entre la cosa arty y la cosa hortera. Entonces ahí es una cosa irreconciliable, como “pero este qué hace, esto es muy hortera”. Por un lado, parece que este hombre conoce, parece que sabe, parece que tiene una poética que no es elemental, pero por otro lado tiene una tendencia a la horterada. Y a mí eso me encanta.
Es una línea fina.
No, no. Yo creo que no es una línea fina. Lo que pasa es que hay un empeño en que la línea sea fina. Ahora todo el mundo dice que le gustan Raphael y Camela y eso es una puta mentira. Ahora mismo Rolling Stone hace una lista de canciones latinas y mete “La gasolina”. Iros a tomar por culo. O sea, “La gasolina”, una cosa que habéis detestado durante siglos, como han detestado los intelectuales a James Brown en su momento, que no me vengan con rollos. Y después, además, hay una cosa: la intelectualidad muchas veces es muy previsible y muy rancia. Quiero decir, para mí el poeta bueno del rock es Chuck Berry, no Bob Dylan. Dylan es un poeta decimonónico, que está muy bien, me gusta mucho, pero a mí me parece que el equivalente en el rock a Warhol o Hockney es Chuck Berry. Bob Dylan es como el Antonio López de la época pop, ¿no? No quiero decir que lo clásico esté mal, sino que lo clásico... A mí Antonio López es un pintor que me gusta, pero moderno, moderno, no es el más moderno de los artistas de hoy en día, ¿no? Hay una cosa del mundo intelectual que es que siempre tarda muchísimo en decir que determinadas cosas están bien, son respetables, porque normalmente suelen ser porque vienen de cosas más rompedoras, más vanguardistas.
Después, por otro lado, yo nunca he explicado porque me parece que explicar rompe la magia. Yo no he dicho “es que he viajado a…”. No tengo por qué viajar a Colombia ni hacer una investigación para hacer una cumbia. Se bailaban en Galicia en las fiestas de los pueblos de hace siglos. Y en Monterrey hicieron la cumbia de Monterrey y no la explicaron a nadie y se sigue haciendo cumbia en Monterrey. Y tampoco estoy en contra de que las cosas se expliquen, se digan. Yo a veces lo he hecho, aunque siempre suelo hacerlo desde un punto de vista un poco distante, un poco irónico, algo así, porque me parece que explicar una cumbia… Explicar “Colegiala de mi amor”...
Si hay que explicarlo igual es que algo no funciona, ¿no?
No, yo creo que puede funcionar. Puede ser una postura para que la gente valore más tu trabajo o puede ser simplemente un estilo de hacer las cosas. En una entrevista, por ejemplo, explicas las cosas, yo no me niego a eso.
Dos malas experiencias que tuve como periodista fueron dos entrevistas hace años a Albert Pla, un artista al que admiraba, porque él se niega, o se negaba, a explicarse. Interpreta un papel y es imposible. Supongo que es su postura como artista, entiende que sus discos se explican por sí solos y no hay nada más que añadir, pero al mismo tiempo eso es renunciar a la comunicación, ¿no?
Es verdad que no hace falta explicar nada. Me acuerdo cuando Los Coyotes publicamos “Esta noche me voy a bailar” y qué coño vas a explicar de esa canción. Yo trabajaba de profesor y los alumnos decían que era una música muy rara porque era como aquella época del borrado total de la influencia latinoamericana. “¿El merengue? Pero es que eso es una mierda, es una horterada”. En aquel momento yo siempre dije que estaba más cerca de Ricky Martin que de David Bowie. Y me gusta más Bowie que Ricky Martín.
Nacho Menéndez, que había tocado en Cerdos con Javier Piñango y llevaba el sello Triquinoise, dos referencias de la música muy subterránea, una vez me contó que tocando con Cerdos en un pueblo, unos chavales de allí les dijeron “esto es un rollo que no hay quien aguante, dejad de tocar” y él acabó pensando que tenían razón.
Hay muchos mitos también. Hoy, en concreto, he visto una entrevista en El País a un tío que es un influencer de libros y dice que en España se lee poco porque la media es de 12 o 17 libros al año. Y a mí no me parece nada mal. Hace poco he sacado la reedición de Un cruce de perras y al final he puesto una especie de epílogo, que es un poco un balance de cosas desde entonces aquí, que no es un cuento, sino una cosa más ensayística. Y, por ejemplo, hablaba de que aquí, en España, donde siempre hemos sido de lanzar piedras contra nuestro propio tejado, la gente decía que vas a tocar y te tiran al pilón. O sea, no he conocido a nadie al que realmente lo tiraran al pilón. Como si en un bar de Nebraska no te tiraran tomates.
A mí no me parece que las músicas difíciles o raras estén mal. Cada uno hace lo que quiere. Después ya veremos. Hay gente que hace ruido que a mí me gusta, hay otra gente que hace ruido que a mí no me gusta. Es verdad que en los años 90, con el indie y todo eso, hubo una especie de voluntad de ocultación, una especie como de no querer saber nada, os lanzo un poco mi mierda, en el sentido no peyorativo de la palabra mierda, sino de mi rollo, y vosotros os lo tragáis. Eso es una actitud, pero no estoy descubriendo nada. Los Planetas camuflaban mucho las letras dentro de la barrera sonora. A mí eso me parece una opción como otra cualquiera. No parece ni bien ni mal. ¿Que es por vergüenza? Pues sí, a lo mejor es porque me da vergüenza.
En los últimos años se ha girado un poco la crítica cultural y se ha dado más importancia a eso, a la recepción, y parece que si algo vende mucho y gusta es porque es bueno, sin matices.
Yo no creo mucho en las modas, en la nostalgia ni en las revoluciones cacareadas, ni tampoco creo mucho en ciertos mitos y ciertas cosas, pero sí es verdad que hemos ido a una sociedad desde principios de siglo igual un poco más conservadora que en otros momentos…
Toda la prensa en los años 80 alababa la música española y salvo hoy Rosalía, por ejemplo, nadie logró lo que Los Bravos en su momento, que fue tener un hit a nivel europeo e incluso un poco en América
¿No te parece que se ha producido ese cambio de sentido por el que antes estaba bien visto y era valorada esa actitud de no tener en cuenta al público y que ahora se ha pasado un poco a lo contrario?
Eso está clarísimo. Mira lo del premio Planeta, que le debe gustar a la gente. Por otro lado, se publica tanto y hay tantas cosas… También en la música ha habido como una especie de ansia de un underground y ansia de una internacionalidad underground que no se ha producido nunca. Toda la prensa en los años 80 alababa la música española y salvo hoy Rosalía, por ejemplo, nadie logró lo que Los Bravos en su momento, que fue tener un hit a nivel europeo e incluso un poco en América.
Yo tampoco puedo dar clases de reconocimiento porque a mí tampoco me han reconocido. Pero hay gente que va dando clases de reconocimiento y de otras cosas. La música de los años 80 se consumió aquí. Digamos que se negaron a ir a Latinoamérica, muchos de ellos porque les parecía un cutrerío. Y después tuvieron repercusión, pero poca. Los Toreros Muertos no tuvieron la repercusión que tiene Sabina, por ejemplo. Hablando de Faustino Núñez, este musicólogo también decía que Antonio Gades hacía Fuenteovejuna y en Viena estaba 18 días. Y vosotros que os ibais a comer el punk y el mundo del rock anglosajón no habéis dado batalla, no os ha tenido en cuenta nadie.
Se suele mencionar a Víctor Coyote como el pionero del rock latino en España. ¿Te molesta esa descripción?
No, no me molesta. No es cierta. No es real.
¿Por qué?
Como se decretó en un momento dado, ahora parece que ya no tanto, que la música empezó cuando murió Franco y lo que había antes eran cantatas dictatoriales, en la época en que yo había empezado a tocar la guitarra a mí me gustaba mucho Santana. Un poquito antes de morir Franco, Barrabás arrasaron y Barrabás era un grupo asantanado. Elkin & Nelson grabaron discos de rock, de rock latino, y su canción “Jíbaro” fue un éxito. Y en todas las discotecas ponían “Samba pa ti” cuando pinchaban las lentas. Lo que pasa es que esos referentes, no sé por qué, fueron olvidados. Antes de eso, Etta James ya había hecho mambo rock. Entonces no me molesta, me parece inexacto, pero…
¿Qué despertó tu interés por esos sonidos de Latinoamérica?
Pues bueno, por un lado tenía la cosa histórica de las orquestas gallegas que siempre ha habido, porque es que además aquí se ha dicho que en Cataluña la salsa, y en Cataluña entiende el que ha entendido toda la vida la cosa de la salsa como lo entienden los franceses: ponerse una piña en la cabeza. Galicia ha estado siempre más unida a eso. Lo que pasa es que en Galicia tampoco se valoraba, era una cosa como del pueblo. Compré muchos discos en el Rastro, que estaban muy baratos, a cinco duros. Y después compré muchos discos de Cabo Verde en Portugal. Y la salsa siempre me gustó, me parece uno de los fenómenos más revolucionarios de la música del siglo XX porque, además, unió a todo un continente de habla hispana. Todos los latinos, desde la frontera de México con lo que es Norteamérica, Centroamérica y toda Sudamérica hasta Ushuaia. Todo el mundo se identifica con Rubén Blades, con Gilberto Santa Rosa, con Héctor Lavoe. En Ecuador, en Chile, en Bolivia, Paraguay, en Argentina, que puede que sean los más reticentes a eso. Ese fenómeno se ha ignorado completamente y ha sido revolucionario. Además, en la salsa se han respetado mucho las músicas de los sitios, porque cuando alguien como Celia Cruz hace una canción que tiene que ver con el tamborito de Panamá, lo dice en la canción. Entonces, esa cosa ha sido una cosa muy importante, muy potente. Y como hemos tenido solo el feedback de los americanos, parece que Bob Dylan se compra una guitarra eléctrica y fue una revolución. Y eso eran cuatro mataos yanquis.
¿Has tenido miedo de sonar como un impostor?
No, miedo no he tenido porque nunca he intentado hacer que yo fuera un sustituto de Rubén Blades o un sustituto de Héctor Lavoe. Además, tengo que decir que cuando yo hacía rockabilly tampoco quise sustituir a Elvis. Siempre he pensado que era un gallego hablando de salsa. Y por otra parte, como no iba a dar la brasa allí de turista a intentar convencerlos... Pues entonces no sé, creo que yo he hecho mi tema y he tirado para adelante.
¿Por qué Radio Futura, o Santiago Auserón, sí; y Los Coyotes, o Víctor Coyote, no?
Primero porque Radio Futura era mucho mejor grupo que Los Coyotes. Era una propuesta más sólida, más contundente, también más solvente, incluso desde el punto de vista digamos cultural, en el sentido de que yo metía elementos más horteras, más de telenovela, que no estaban bien vistos. Y Radio Futura era un grupo que funcionaba como un reloj de precisión. Y yo creo que la cosa básica es que Radio Futura era un mejor grupo que Los Coyotes, a veces la gente vende más porque es mejor.
La canción “Jaguarundi”, del disco Lo bueno, dentro e incluida en este recopilatorio, fue la canción oficial de la Vuelta Ciclista a España en 1995. ¿Fue el momento en que más cerca has estado de un éxito?
Con respecto a derechos de autor, sí, es a lo mejor la canción que yo he cobrado más por ella, pero yo creo que tuvimos más fama con “Esta noche me voy a bailar”. Con “Jaguarundi” pasó una cosa muy extraña, fue una canción que sonó muchísimo y lo que pasa es que tenía una letra muy críptica. A mí me parece interesante, pero sí es verdad que es poco inmediata y no tiene gran valor como poética convencional. Sí hay un poso, digamos, ecologista o de cierta preocupación por las especies, por la cosa de la naturaleza y tal y cual, pero funcionó como sintonía de La Vuelta muy bien.
¿Qué es el éxito para ti?
Vender muchos discos o vender muchos libros, o tener un prestigio de la hostia, o ser de la cátedra de Física Nuclear, de la Universidad de donde sea. O sea, eso es el éxito, evidentemente. Pero eso es una cosa que no es lo que considero yo, es lo que considera todo el mundo.
Fats Domino, después de haber girado por todos lados, dijo que ya solo iba a tocar en Nueva Orleans y temprano, porque quería estar presente en la cena de sus nietos. Entonces, claro, eso también es algo cercano al éxito
Hay quien dice que el éxito es poder pagar a sus músicos, por ejemplo.
A lo mejor el éxito de todo es poder combinar esas cosas de manera eficiente y de manera que tú a la vez te sientas bien. Hace poco me hablaron de alguien que lleva mucha gente y que iba a hacer conciertos en el estadio Metropolitano, pero que decidió hacerlos finalmente en un sitio más pequeño, en el WiZink. Hizo una ristra de conciertos para que hubiera más cercanía con él y, además, eso le suponía poder pagar más a la gente. A mí me parece que eso es el éxito o puede serlo. Hay una anécdota de Fats Domino, que después de haber girado por todos lados, dijo que ya solo iba a tocar en Nueva Orleans y temprano, porque quería estar presente en la cena de sus nietos. Entonces, claro, eso también es algo cercano al éxito.
Otra experiencia fue cuando en 2023 tocaste en el Museo Thyssen. ¿Qué relación se puede establecer entre tus canciones y esos cuadros?
Eso no fue exactamente un concierto, sino que fueron unas grabaciones. El Thyssen siempre hace cosas con artistas, han hecho cosas con Niño de Elche, con gente del flamenco. Me dijeron que si quería hacer algo así y entonces les propuse hacer algo, pero yendo un poco más allá, en el sentido de implicación. Y entonces era relacionar una canción con un cuadro, comentar y ver qué puntos de vista había, cosas que a lo mejor no tienen tanto que ver. Se hacía una pequeña charlita y después tocaba la canción. A mí me parece que está muy bien. Yo me divierto mucho y, además, creo que también es un poco la intención del artista. Siempre he sido partidario de que todo es comparable, aunque solo sea por gimnasia mental.
¿Te has sentido un perro verde en el panorama musical español?
A veces un poco, sí, porque coges determinadas influencias que están ahí y la gente no las quiere coger de ninguna manera. Con el Thyssen también hice un cómic que se llama El cóndor y la caníbal, que es un cómic sobre la descolonización y todo eso que era sobre lo que iba la exposición. Ni la exposición ni el cómic tuvieron mucha repercusión, creo que porque el tema latinoamericano no interesa mucho. Incluso tampoco a la izquierda. Me parece a mí que hay una especie de actitud ahí que es como de que esto nos puede dar problemas y por eso vamos a evitarlo, como hace la derecha.
En los últimos años sí ha habido un mayor interés, con los anuncios por parte del ministro de Cultura de estudiar la descolonización de los museos, por ejemplo.
Sí, hay tal, pero nunca saben dónde se pueden pillar las manos. Yo creo que hay que pringarse. Eso mismo pasó en los años 70, los progres, digamos, y la gente de los partidos de izquierdas, el PCE y PSOE, no sabían qué hacían los gays, no sabían qué postura tomar. ¿Por qué? Porque todo el mundo tiene derecho a su dignidad pero, por otro lado, los gays eran unos frívolos y no sé qué y no sé cuántos. Entonces en aquel momento era un poco así. Y ahora están a saco con el tema.
¿Cómo empezaste a escribir canciones?
Creo que yo, en realidad, tengo más ojo que oreja. Vine aquí, a Madrid, estudié Bellas Artes, que me interesaba mucho y me sigue interesando y evidentemente trabajo en cosas relacionadas con eso. Y después apareció el punk. Y me pasó lo que a mucha gente: esto de tocar, que me parecía tan difícil, igual no es tan difícil hacer punk. A ser como Yes no llego, pero a Eddie and the Hot Rods puede que sí. Ahí me empecé a interesar y a partir de ahí empecé a hacer canciones. Siempre me ha gustado también un poco escribir y esas cosas.
Mi familia no era muy melómana, pero empecé a escuchar música no tanto por hermanos mayores, porque soy el segundo de seis hermanos, cuatro hermanos, dos hermanas, pero sí empezamos a la vez con Santana, Allman Brothers, algunas cosas de rock sinfónico, Jethro Tull. Y en mi infancia Los Bravos, que ya eran posteriores a los Beatles.
A Los Coyotes se os mete en el saco de La Movida, ¿es una etiqueta que admites o la rechazas?
A ver, es una cosa que es así. Nosotros estábamos en el ambiente de La Movida. Nosotros ensayábamos en un local compartido con Gabinete Caligari. Íbamos a los conciertos a los que iba la gente, los punks. Nosotros estábamos en ese rollo, con lo cual no es una etiqueta que rechace.
¿Qué te parece la revisión crítica que se ha hecho sobre La Movida en los últimos años?
Las revisiones son como la lógica de los ópticos, o sea, las gafas de pasta o gafas de metal. Yo no considero que haya que ser equidistante siempre y en todo lugar. Pero se ha pasado de decir que La Movida era lo mejor, la España en color, a decir que todos eran unos pijos de mierda, que no había mucha gente de los barrios. Yo he conocido, tengo algún amigo gay que iba de new romantic porque le molaba eso y era del barrio de San Blas o por ahí no me acuerdo muy bien, pero da igual el barrio, y pasaba él con su ropa y su peinado y su manta de new romantic y los heavys le llamaban maricón y de todo. Que eso de que los fans de Rosendo eran los guays y los otros eran unos pijos y no sé qué. Decir que el techno en los barrios no gustaba, que solo les gustaba Barón Rojo, es una simplificación. En ese sentido, la revisión que se hizo de La Movida, de la España en blanco y negro a la de color, de la mierda a la maravilla, y ahora resulta que no, la maravilla no era tan maravilla, sino que eran unos hijos de papá. O sea, si tenemos que leer libros o ver pintura solo de gente que salió de lo más profundo del proletariado, nos vamos a perder a mucha gente. Que hay algo de verdad en que se pasó de una España en blanco y negro a otra de color, pues sí. Y que en La Movida había hijos de papá también es evidente.
Quizá lo peor de La Movida sea la utilización por parte de las instituciones, que emplean muchas recursos en glorificarla, en museificarla, cuando, por ejemplo, podrían facilitar que haya locales de ensayo para los chavales que hoy hacen música.
Y, además, han cambiado y ahora el PP hace suya La Movida. Nacho Cano milita ahí, en una formación que decía que La Movida era una cosa de drogadictos y maricones. Y de ahí ha pasado a ser la música guay. Y el PSOE pasó de defender la libertad de creación de La Movida a desentenderse.
Este año cumplirás 68. ¿Piensas en la retirada, en la jubilación como músico?
No. Hace bastantes años decidí que la cosa del “muere joven y deja un bonito cadáver” era una cosa para la revolución del rock, pero los salseros podían tocar hasta que se morían. La jubilación de los autónomos es chunga, eso está claro.
¿Es factible?
No es muy factible. Sí lo es si decido jubilarme con una pensión mísera.
En la canción “Soy un trabajador, soy un autónomo, soy un artista” retratabas la cuestión material en el trabajo artístico. ¿Has visto que haya mejorado esto en los últimos tiempos?
Algo ha mejorado. Los autónomos en este país siguen estando un poco puteados, sobre todo en base a las rollos que se tiran. En la época de máximo uso de la palabra “emprendedor”, cuando Rajoy era presidente, parecía que había mucha voluntad de que la gente fuera emprendedora, pero eso no se correspondía con una menor burocratización. Entonces, en ese sentido, pues sí, ahora se ha mejorado. Yo me operé hace dos años del túnel carpiano y estuve 15 días de baja y me los pagaron. Con respecto a unos baremos escasos, pero bueno, algo se ha movido. Pero de todas maneras sigue siendo un chollo para un gobierno aquí, no sé en otros países, que alguien sea autónomo. Sigue habiendo una romantización del bohemio, cuando a ver, yo no soy bohemio, soy artista y autónomo.
Para comentar en este artículo tienes que estar registrado. Si ya tienes una cuenta, inicia sesión. Si todavía no la tienes, puedes crear una aquí en dos minutos sin coste ni números de cuenta.
Si eres socio/a puedes comentar sin moderación previa y valorar comentarios. El resto de comentarios son moderados y aprobados por la Redacción de El Salto. Para comentar sin moderación, ¡suscríbete!