“En nuestras letras defendemos nuestra cultura porque ha sido menospreciada permanentemente”

Hablamos con Toni Sánchez ‘Panxo’, impulsor de la banda valenciana Zoo.

zoo
Los miembros del grupo Zoo.

publicado
2017-06-15 12:38:00

Cantan en valenciano, su estilo es el rap electro-orgánico y solo tienen dos discos, el segundo recién lanzado. Parece la definición de un grupo que lucha por hacerse un hueco contra marea. Pero Zoo ya se lo ha hecho y viendo colgados los carteles de “entradas agotadas” en sus conciertos no parece que lo vayan a dejar libre en un tiempo. Toni Sánchez ‘Panxo’ es el impulsor de la banda y recibe a El Salto para hablar de mucho más que música.

Con un solo disco, Tempestes venen del Sud, hicisteis 96 conciertos por todo el Estado en menos de dos años. La nueva gira acaba de empezar con varias fechas en sold out. ¿No os da un poco de vértigo?
Si que nos da. Nos dio mucho durante el proceso de creación del segundo disco. Porque el primero no fue algo muy normal en cuanto a la repercusión que tuvo. Por lo que nos sentíamos bastante presionados. Pero ahora ya lo hemos sacado y estamos viendo que ha funcionado justo como queríamos que funcionara. Se nos ha pasado el vértigo, también porque estamos tan liados con tantos bolos que no tenemos tiempo ni de agobiarnos. Pero la verdad es que si lo piensas con perspectiva da vértigo. Justo dentro de una semana se cumplen tres años desde que yo presenté este proyecto con la canción “Estiu” y si miro hacia atrás todo lo que ha pasado en tres años, sí que es un poco heavy.

“Estiu”, una canción en valenciano y que a priori no pertenecía a ningún disco, que ya lleva más de un millón y medio de reproducciones en YouTube.
Pues creo que justo cuando cumpla los tres años alcanzará las dos millones de reproducciones, porque ahora mismo le faltan 40.000 para llegar y seguro que ahora que llega el veranito la gente la vuelve a escuchar y compartir [ríe].

Un grupo que canta en valenciano llenando salas en Granada o Madrid… ¿Vuestra música traspasa esa barrera del lenguaje o está de moda escuchar grupos que reivindican lenguas minoritarias?
Yo creo que hay un poco de las dos cosas. Creo que sí que ha habido en los últimos años una pequeña explosión de grupos, especialmente en el País Valencià. También algunos catalanes o grupos vascos como Berri Txarrak, que para nosotros es un referente. Una banda con una trayectoria larga pero que al final se ha ganado el respeto en todo el Estado, e incluso fuera, cantando en vasco. También están casos como Manel o grupos gallegos que están empezando a tener mucha repercusión. Por lo que creo que se ha despertado el interés por lenguas minoritarias gracias al gran curro de grupos que han hecho que la gente abra un poco más los ojos y los oídos, tal y como hizo Obrint pas aquí.

Vuestro último disco, Raval, está atravesado por la historia valenciana y del valenciano, ¿intento de reivindicar la lengua o forma de protesta?
No es exactamente ni una cosa ni la otra. Es nuestra manera de expresarnos. Sí que es verdad que en nuestras letras defendemos nuestra cultura, pero porque existe una situación de menosprecio permanente. Lo de “protesta” me suena como muy típico, pero sí que hay un orgullo de País Valencià y de una defensa de nuestros valores culturales.

Por ejemplo la canción “El cap per avall” es un clamor a lo que ocurrió en Xàtiva.
Sí, es una crónica de nuestra historia desde aquel entonces hasta hoy. Una muestra de que este país resiste, pese a todo lo que pasa y a que a veces, viendo los resultados electorales, parezcamos masocas. Una buena prueba es la resistencia del valenciano que, después de todo, sigue siendo utilizado diariamente por mucha gente.

¿Crees que la hegemonía musical en el País Valencià es de izquierdas?
Pues depende de a qué llamemos hegemonía. Si se trata de grupos que atraen a un mayor número de gente a los conciertos, entonces sin duda sí que es de izquierdas. Es una verdad oculta. Recuerdo una entrevista que le hicieron al Nega [Los Chikos del Maíz] en la que explicaba que a ellos les llamaban música alternativa y atraían a mil personas a una sala. Luego viene el no alternativo, el que se supone normal, y no mete ni 100 personas en esa misma sala. Aquí se ha creado una industria en torno a música que denuncia cosas que está moviendo dinero y mucha gente. En ese sentido sí que es totalmente hegemónica ahora mismo.

Valencia ha pasado de ser la cuna de la música techno a ser un referente del rap político y otros estilos plagados de bandas con letras reivindicativas, ¿a qué se debe esta evolución?
Aquí se mezclan dos cosas. Por un lado, efectivamente, esa cultura del techno y la música electrónica. Y no solo en la Ruta del Bakalao. A principios de la década de los 2000 hubo una cultura de club en la que se escuchaba también mucho drum and bass. Además también hubo un rollo muy fuerte en torno a las raves.

Por otro lado, las letras reivindicativas recogen en cierto modo una contestación a todas esas actividades y a esa organización que se ha ido creando aquí a la sombra del Partido Popular. Y digo a la sombra porque eso fue lo que se creó. Una sombra que lo invisibilizaba todo. Pero aquello hizo que la gente se empezara a organizar un poco. Se creó un movimiento de base muy horizontal. Muchas noches de conciertos en valenciano. Todo aquello sucediendo durante 20 años hizo que se creara, de una manera bastante sana, lo que ahora se está recogiendo con todas estas bandas de música. Escuché el otro día a Pau de ArtVersaris decir en una entrevista de radio que en el País Valencià las bandas de música han servido como formación política para mucha gente y humildemente creo que, desde la música, también hemos contribuido a ese pequeño cambio que hemos vivido aquí en los últimos años.

Dos años de condena a César Strawberry por unos tweets, tres años al rapero Valtònyc por sus letras… ¿Qué está pasando?
Es un ataque y una medida para meter miedo a la gente que desde los movimientos transformadores están intentando generar discurso y corriente de pensamiento que destape verdades. Las condenas en sí son totalmente absurdas, eso lo puede ver cualquiera. Pero si con eso consiguen que la gente se mida un poco más, pues eso que ganan. Además también sirven de distracción. Que la gente esté concentrada en estas cosas sirve para que gastemos nuestras energías.

¿A ti qué te ha influido más: Raimon y Sabina, Solo los Solo y 7 Notas 7 Colores, o la Ruta del Bakalao?
A mí me ha influenciado Sabina y Solo los Solo [ríe]. Raimon no lo he escuchado tanto y 7 Notas 7 Colores me encantan a nivel de estilo y sonido, pero a nivel de discurso no me motivan tanto. La Ruta del Bakalao no me ha influido. Yo creo que está muy mitificada por la gente que no la vivió. Porque sí, puede que tuviera sus cosas buenas, pero en general la Ruta fue algo bastante alienante para la juventud valenciana, hasta llegar a niveles preocupantes. Yo en cuanto a música electrónica pertenezco a la generación de después. Hace 15 años íbamos a Le Club, a Repvblicca y otros clubs a escuchar noches de drum and bass. Las noches de techno del Don Mendo. Las raves de la Gerencia de Sagunto o los túneles de Ribarroja.

Hablando de la alienación, hace poco leí un artículo que explicaba que Valencia se libró de la heroína porque la Ruta del Bakalao conllevaba otro tipo de drogas. ¿Crees que fue así?
Yo era muy pequeño. Los años fuertes fueron finales de los 80 y principios de los 90. No lo viví en persona. Pero sí que es verdad que en sitios como en el País Vasco o Madrid caló mucho más. Aquí también recuerdo que había casos. Yo conozco alguno, familiares de mi pueblo, víctimas de la adicción a la heroína. Es verdad que aquí había más una tradición de drogas como el LSD o anfetamínicas, pero insisto en que también fue muy alienante aunque no tuviera unas consecuencias tan desastrosas como podría tener la heroína.

Panxo llenando salas con Zoo y tu hermano Pablo encabezando carteles de festivales con La Raíz… ¿Qué os daban de comer en casa?
Pues mucha música. Nos daban mucha música, mucha felicidad y mucho respeto a todo aquello que queríamos hacer. Respeto hacia donde queríamos tirar con nuestras vidas y nuestras inquietudes culturales. Poca educación musical, no sabemos ni leer bien partituras. Pero mi casa siempre estaba llena de discos y de aquellos casetes que hacía mi padre para los viajes en coche. Desde The Beatles a Sabina, Kiko Veneno, Pata Negra y muchos más.

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