Música
Chicho Sánchez Ferlosio: pasado y presente de un legado contestatario

Cigarro en mano y guitarra bajo el brazo, José Antonio Sánchez Ferlosio, conocido popularmente como Chicho, compuso decenas de canciones de historia viva repletas de libertad, denuncia e ironía que desde los años 60 se han incrustado en el imaginario colectivo de varias generaciones.

Chicho Sanchez Ferlosio - 3
8 abr 2020 06:00

Quienes entonaban sus letras tuvieron que esperar hasta 1977 —por motivos de seguridad— para ponerle rostro. Ese año, miles de personas en el Estado español, pero sobre todo fuera, conocían al artífice de algunas de las canciones populares más reivindicadas a finales de la dictadura, como “Los dos gallos” o “Canción de Grimau” que rápidamente se posicionaron como símbolo de la lucha antifranquista. Conocían a José Antonio Sánchez Ferlosio (1940-2003), popularmente llamado Chicho, Chicho Sánchez Ferlosio, quien el 8 de abril cumpliría 80 años.

Su salida del anonimato fue a través de la pantalla. La televisión pública sueca SVT emitía el documental Amanece el mañana, dirigido por el exiliado aragonés Francisco J. Uriz. En él aparecía un hombre alto, delgado, con el pelo largo y oscuro y con grandes gafas negras de pasta. Pero, más allá de esto, “era una persona indescriptible. Era la sorpresa tras la sorpresa. En sí mismo, era deslavazado”, explicaba a El Salto poco antes de fallecer la precursora feminista española y quien fue su gran amiga y primera mujer, Ana Guardione (1939-2020). Por su parte, Jesús Munárriz, amigo íntimo, se escabulle a la hora de definirlo. “Era un tipo distinto a todos los demás. Ocurrente que hacía cosas anómalas. Fue un hombre libre que tuvo la suerte de poder ejercer su libertad”, cuenta.

En los años 60, cuando Chicho empezó a escribir canciones, Jesús y Ana se encontraban entre sus más cercanos. Ambos aparecen en el documental Si me borrara el viento lo que yo canto (2019), el último trabajo de David Trueba que recupera la historia de la grabación del primer disco de Chicho. Contacté con ellos meses después de su proyección. Tras conocer que Ana no estaba en su mejor momento, desistí de la idea de entrevistarla hasta que recibí un correo de Jesús en el que me explicaba que Ana quería hablar conmigo de Chicho y de aquella época.

Lo cierto es que su voz, tal como ella se dibujaba, era la de una mujer independiente y crítica. Para muchos, un testimonio honesto y lúcido que vivió con valentía los últimos años de la dictadura, así como los de después. Años en que el Partido Comunista, la oposición a los dictados del régimen y la lucha por los derechos de las mujeres inundaron todas las esferas de su vida. El afán incansable de contar lo que vivió derrotó, ese día, su debilidad. Recuperar su voz implica recuperar a una de las personas que más conoció a Chicho. Una persona a quien la historia, seguramente, siempre le deberá páginas escritas.

“Me ha salido un hijo comunista”, recuerda Jesús Munárriz que comentaba Rafael Sánchez Mazas, coautor del “Cara al sol”

Chicho era hijo de la italiana Liliana Ferlosio y del miembro fundador de la Falange y escritor Rafael Sánchez Mazas. Fue el pequeño de cinco hermanos. Lo bautizaron como José Antonio Julio Onésimo Sánchez Ferlosio, por José Antonio Primero de Rivera, Julio Ruiz de Alda y Onésimo Redondo, los principales nombres de Falange. “Me ha salido un hijo comunista”, recuerda Jesús que comentaba Rafael Sánchez Mazas, coautor del “Cara al sol”. Y es que Chicho se alejó políticamente de ese parentesco falangista y se opuso al régimen. En 1957, después de un año en la Universidad de Salamanca, volvió a Madrid y pasó por el Liceo Italiano donde conoció a Ana. En 1960 se matricularían en la Universidad de Madrid.

“Se había matriculado porque la familia le decía que tenía que hacer algo, pero Chicho no era nada de estudios organizados”, dice Jesús. Comenzó Economía, Derecho y Filosofía, carreras que nunca terminó. Su amigo recuerda que pasó poco por clase, “unas dos veces”, y que rápidamente hizo del bar de la facultad su ateneo. “Se fue creando un círculo de gente izquierdosa que discutíamos y veíamos por donde respiraba uno u otro”, explica Jesús. Él mismo cuenta que por ahí pasaban “de visita” jóvenes policías como Billy el Niño, “les mandaban a pillar a ver qué decíamos los estudiantes”. Muchos de ellos eran simpatizantes o militantes del PCE, como Chicho y Ana, para quien “fue el único que realmente hizo cosas delante del franquismo”.  

En ese ateneo improvisado, así como en la universidad, ya hacía unos años que se estaba gestando una nueva oposición antifranquista. Una oleada de jóvenes que ante la “España desarrollista” veían cómo la cotidianidad del país seguía siendo la falta de derechos y la impunidad de la dictadura.

Chicho, cigarro en mano como buen fumador incansable y guitarra bajo el brazo, empezó a traducir sobre papel todo ese ambiente. Faltaba poco para que llegasen las primeras letras políticas en forma de canción protesta. “Su inspiración fueron músicas populares anónimas de diversas procedencias, mexicanas, extremeñas, rondallas, así como cantautores contestatarios como el argentino Atahualpa Yupanqui”, explica Jesús, quien por aquel entonces aprendió a cantar y a tocar al lado de Chicho.

Retrató la revuelta estudiantil en Madrid y la censura cultural y educativa: “Un decano enajenado / por la superestructura / cerró las puertas al arte / el progreso y la cultura”, dice la canción “El decreto”, dirigida al que fue subdirector del Museo del Prado y decano de la Universidad, José Camón, por no querer exponer unas obras. También la represión policial: “En su celda Luis Llorente / no distingue noche y día / y el asunto del decreto / no entendemos todavía”, escribió para denunciar la detención en 1962 del joven socialista Luis Llorente, quien junto con otros compañeros de partido, así como militantes del PCE, intentaban debilitar la cámara del Sindicato de Estudiantes Universitario (SEU), la única organización estudiantil legal durante la dictadura y bajo control falangista que terminaría disolviéndose tres años después.

“No tenía miedo a nada”, dicen sus más cercanos. Sus actos provocativos lo llevaron más de una vez a estar detenido por el aparato policial-militar de la dictadura. Pasó por la cárcel dos veces. Tanto por la de Carabanchel, donde estuvo preso tres meses por blasfemia tras soltar un “me cago en la hostia” delante de un colegio de curas, como por la antigua Jefatura General de Policía, situada en la Puerta del Sol, esta vez junto con Munárriz, por cantar en la Universidad. “Recuerdo que se desconcertaron cuando vieron de quién era hijo Chicho. Nos llevaron a los dos al despacho del director, que estuvo muy paternalista, y le empezó a decir; parece mentira usted, siendo hijo de quien es”, comenta riéndose Jesús.

Entre la familia, sus actos adoptaron el nombre de “chichadas”, contó Ana Guardione a El Salto. “Todas las que quieras, de repente un día bajó a comprar tabaco al bar de abajo y no apareció en tres días. Me mandó un telegrama desde Galicia explicándome que se había liado”

Entre la familia, sus actos adoptaron el nombre de “chichadas”, contaba Ana. “Todas las que quieras, de repente un día bajó a comprar tabaco al bar de abajo y no apareció en tres días. Me mandó un telegrama desde Galicia explicándome que se había liado”. A esta se le sumaron otras anécdotas como querer entrar un kilo de hachís en Suecia, algo que le costó no poder entrar al país por unos años.

“Así fue el nacimiento de lo que luego cuajó en las canciones de más adelante”, dice Jesús refiriéndose a letras que más tarde resonarían dentro y fuera de España. Canciones como “La paloma de la paz”, en que retrató cómo las leyes responden a un momento histórico, a unos intereses y a una correlación de fuerzas. O “Los dos gallos”, esa exaltación al gallo rojo, valiente, que no se rinde fácilmente. Una alegoría sobre la Guerra Civil y que, como dicen los mismos versos, el viento no ha podido borrar.

Eran —y son— canciones ocurrentes con las que traficaba con palabras insumisas. Sin embargo, hablar de Chicho y de las letras de aquella época no solo es hablar de un intérprete o de la canción protesta de autor española, es hablar también de un tiempo y un grupo de jóvenes para quienes la libertad era algo que, como escribió Miguel Hernández, en las “entrañas bate como el relámpago”.

 

“Actuábamos como personas libres, tanto Chicho como yo como el entorno”, aseguraba Ana. Los encuentros en el bar de la Facultad se trasladaron también a su casa y la de Chicho, en la madrileña calle Guadalquivir, en el barrio noble El Viso, al final era hijo de quien era. “El ambiente era muy intelectual y político. Hablábamos mucho y discutíamos mucho, pero había cosas que nos faltaban”. Ana se refería a las mujeres y a la comprensión de lo que era el feminismo. “Había cambios que ni siquiera nosotras percibíamos, cambios en nosotras mismas, claro, no en el exterior. No existía en el PCE, ni se lo olía vaya, pero ni ahí ni en ningún lado”, reflexionaba Guardione.

Entre sus compañeras de lucha se encontraba Gabriela Sánchez, la hermana de Chicho, con quien Ana mantuvo una estrecha relación. “Éramos dos jóvenes atrevidas, pensábamos en cosas nuevas que podíamos hacer y lo hacíamos”, explicaba Guardione mientras recordaba el día en que le contó al Partido que “eso de hacer punto se había acabado. Es lo que proponían cuando nos descubrieron a las mujeres, que creían que podían tirar de nosotras para sacar dinero y dijimos, por aquí no”. 

Chicho Sánchez Ferlosio, su hermana Gabriela y Ana Guardione en Coria en 1972
Chicho Sánchez Ferlosio, su hermana Gabriela y Ana Guardione en Coria en 1972.

Uno de los hechos más sonados que Ana, Gabriela y otras mujeres planificaron fue una manifestación en 1962 en la Puerta del Sol convocada en solidaridad con los mineros y las mineras de Asturias, que estaban en huelga. Fue, probablemente, la primera concentración feminista de los años 60 en España. “Ellas también estaban siendo maltratadas, mujeres torturadas y masacradas y no podía ser que ni Europa ni el mundo no supieran lo que estaba ocurriendo. Éramos osadas y nos lanzamos al vacío y organizamos eso”. Ese día detuvieron a Ana y a Gabriela y las encarcelaron durante un mes en Ventas.

De su paso por la cárcel, Ana contaba que le permitió conocer las barbaridades que pasaban los presos políticos e insistió mucho en que “un mes de cárcel era una tontada en aquella época. Ya ves, un mes de cárcel unas cuantas amigas cuando había personas que se pasaban 30 años, era una frivolidad casi”. Quien no tardaría en recoger lo ocurrido en Asturias sería Chicho, que por aquel entonces estaba en el Sáhara Occidental haciendo el servicio militar. En su canción “Coplas del tiempo. Los Mineros en huelga” canta cómo la protesta empieza con los mineros y termina con los obreros fabriles, hasta ser “cientos de miles”.


“No pensábamos que el régimen llegaría tan lejos con un antiguo enemigo”, comentaba Chicho en su entrevista en la televisión SVT, y reafirma Munárriz, al hablar del asesinato del dirigente comunista, Julián Grimau. El terror de los primeros años de la dictadura se había medio desvanecido entre esa generación de jóvenes, comenta el amigo. Si bien los encarcelamientos y la represión seguían siendo el pan de todos los días para aquellos que se oponían a Franco, no lo eran los fusilamientos. El de Julián Grimau, que la tarde antes había estado en casa de Chicho, llegó a las seis de la mañana de un 30 de abril de 1963. “Nadie nunca ha sacado a relucir que hiciera nada, era un clandestino del partido, organizando la universidad y las fabricas, pero Franco tenía muy claro el enemigo”, comenta Jesús. “Canción de Grimau” fue utilizada por el comunismo internacional en manifestaciones en toda Europa y, al mismo tiempo, fue el desencadenante de Canciones de la resistencia española (1963), el primer disco de Chicho.


“El goteo de sus canciones iba llegando a los suecos y había un interés en contarlo”, explica el sobrino de Chicho, Max Pradera. Los más conscientes sabían que España no era el país de sol, playa y destape que agencias de turismo y medios de comunicación vendían desde principios de los 60. Entre ellos, dos jóvenes de la organización comunista Clarté que desde Suecia llegaron a Madrid con un magnetofón profesional escondido bajo un Renault 4. Tras encontrar a Chicho, la grabación del disco fue en la más pura clandestinidad, en su piso, entre las cuatro paredes del baño y sin perder mucho tiempo, tres cuartos de hora, recordaba Ana. Grabaron un total de seis canciones. “Estaban muertos de miedo”, asegura Jesús. Llegadas a buen puerto fueron publicadas y firmadas, eso sí, bajo el anonimato “por razones de seguridad”, como ponía en la misma carátula ilustrada por José Ortega.

Se hicieron dos mil copias de Canciones de la resistencia española que se esfumaron como la pólvora. Algunas de ellas se mandaron a España bajo una carátula falsa haciéndose pasar por folklore sueco. Tuvieron una fuerte repercusión no solo en ese país, sino también en Escandinavia, Alemania del este, en Italia, así como en América Latina a través de cantantes que las traducían e interpretaban. “Contaban lo que el sistema no quería que se supiera” y terminaron siendo “un periódico de la época, son prensa de la época”, explicaba Ana. Pasaron trece años hasta que el nombre de Chicho, en 1977, dejó de estar silenciado.

A finales de los años 60, Chicho se alejó del comunismo. Después de su paso por el PCE y también por la línea prochina, a través de la que se acercó con un viaje a Albania, puso un pie en el anarquismo, algo que se tradujo en sus composiciones. Compartía largos ratos con el poeta y amigo Agustín García Calvo y colaboró en Buenaventura Durruti, anarquista, una película de Jean Louis Comolli para la que compuso “Romancero de Durruti” (1999).


A pesar de que nunca se sabía con qué ocurrencia podía sorprender, comenta Munárriz, se adentró, también, a un estilo más filosófico. Siguiendo lo que dicen sus más cercanos, a Chicho nunca se le podrá o no se le debería encorsetar a un estilo o una corriente, así como a una definición. De hecho, ya lo dejó él por escrito en “El Ser”, “así quiero seguir / en mi forma incompleta / un oscuro cantor y aprendiz de poeta / ¿para qué definir a quien no se define?”.

Se divorció de Ana en 1974 pero, sin embargo, su relación nunca marchitó. “Fui su amiga hasta que se murió a pesar de estar separados. Seguíamos manteniendo el vinculo y cualquier cosa me cantaba inmediatamente”, recordaba emocionada.

A pesar de los cambios —artísticos, personales y de tiempo—, la lírica ferlosiana, como algunos la han denominado, no abandonó la política, tampoco la actualidad ni su retrato desde la carga ideológica. Escribió “Ay Libertad” denunciando las torturas que terminaron quebrando la vida de Agustín Rueda. Al militar español Gutiérrez Mellado le cantó en “OTAN no, no pasarán”: “A este tío desgraciado / que nos mete, pero ya, / en la OTAN, en la NATO, cometiendo un insensato / abuso de autoridad”. Y tampoco se salvó Felipe González, quien Jesús cuenta que le dejó un casete en Moncloa con letras como: “No soportas la voz de la Prensa / ni la crítica del Parlamento / aunque siga gritándole al viento / que la equis fatal no eres tú”, mientras que a la empresa Sintel, cuando en 2001 amenazó con un despido masivo y los trabajadores hicieron huelga, le recriminaría “Telefónica se fía / del valor del capital / pero no ha tenido en cuenta / el valor del personal”.

Por todo ello, para Joan Losilla, periodista y productor de Madmua Records, quien editó por primera vez en España el disco Canciones de la resistencia española, “es un acto de justicia reivindicar a un artista tan cabal y puro, un unicornio irrepetible”.

“Son canciones que se han hecho canciones populares, del pueblo que es lo que vale realmente”, defendía Ana.

“Chicho huía de lo oficial y de lo prefijado en todos los capítulos de su vida. Jamás buscó la fama ni la popularidad per se. Además, su concepción del arte no era mercantilista, sino espontánea y generosa”, cuenta Joan Losilla.

Chicho solo grabó dos discos a lo largo de su vida, aun habiendo compuesto decenas de canciones. Para Ana, si se había olvidado su figura había sido porque “él no hizo nada para mantener su nombre, pero tampoco tenía interés. Son canciones que se han hecho canciones populares y del pueblo, que es lo que vale realmente”. Su sobrino Max recuerda que llegó a decir que no a la posibilidad de grabar con la discográfica CBS.

En una entrevista en la Televisión de Galicia en 1991, una de sus últimas apariciones en pantalla, fue preguntado por la revolución. “Ninguna ha terminado debidamente”, zanjó

En una entrevista en la Televisión de Galicia en 1991, una de sus últimas apariciones en pantalla, fue preguntado por la revolución. “Ninguna ha terminado debidamente”, zanjó. Teniendo en cuenta su inconformismo, Munárriz no duda en decir que “seguro que algo escribiría sobre la exhumación de Franco”.

Si más no, a falta e imposibilidad de letras nuevas, las viejas aún sirven o al menos sirvieron el 8 de marzo de 2018 cuando en las calles de Bilbao resonaba ese “a la huelga diez / a la huelga cien / a la huelga madre / yo voy también”. “Me quedé helada”, soltó Ana al recordar ese día. “Estaba viendo la tele y veo una masa de mujeres maravillosas en Bilbao bajando por unas calles abarrotadas y lloré, la verdad que lloré. A Chicho le hubiera emocionado”.

No sabemos si todas las mujeres sabían que eso que cantaban era una versión de la canción “A la huelga” de Chicho, pero qué mejor homenaje para alguien que seguramente diría eso de “el autor no es, la obra lo es todo” y las suyas, además, no solo lo “son todo” sino que son de todos. Es por esto por lo que Joan no duda en señalar que el triunfo auténtico de Chicho es que “sus canciones han sobrevivido y siguen siendo reivindicadas y versionadas por las nuevas generaciones varias décadas después”. De hecho, ayudan a entender un poco mejor su tiempo, a vivir el nuestro y pensar en el que queremos que esté por venir.


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9 Comentarios
#62017 17:06 29/5/2020

Es raro lo de Rosa.
El.documental film , mientras el cuerpo aguante es también sensacional , así como su intervención final en la clave con esa copla, en la q describe la ausencia de democracia en 1993, y que se prolonga hasta estos días. Chicho es muy actual y se le echa de menos.

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#55993 18:04 8/4/2020

Más de 20 años de vida en común con RosaJimenez y ni una sola mención curioso

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#56044 2:22 9/4/2020

Y si la mencionan tiráis que se la menciona sólo como esposa... ya está visto el jueguecito

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#56094 13:25 9/4/2020

Si. Te entiendo, pero no va por ahí el asunto. De verdad. Por mi parte es algo en lo que he reparado durante el último año, también a raíz de la publicación del documental que David Trueba realizo en el 2019 sobre Chicho. En este documental, en este artículo y en otros varios, no se menciona a Rosa en ningún momento. Me parece bastante llamativa esta omisión, ya que no puede ser involuntaria. La presencia de Rosa en la vida de Chicho es insoslayable. De ahí mi apreciación. Me gustaría que el autor del articulo se pronunciase al respecto. Gracias.

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#56145 18:11 9/4/2020

ok

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#55982 16:56 8/4/2020

Gracias por el artículo. Simplemente comentar, y sin un ánimo sensacionalista. Que a Rosa Jimenez (compañera artística y sentimental de Chicho durante muchos años) se le está apartando completamente y no se la menciona nunca en medios. ¿A qué es esto debido? ¿Acaso ella ha pedido no figurar en ningun sitio? Creo que la música que grabaron juntos y los conciertos que hicieron son dignos de mención. Me resulta extraño. Un saludo.

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#55980 16:51 8/4/2020

Lo del kilo de chocolate fue en Suiza, no Suecia.

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#55978 16:40 8/4/2020

También apareció en el programa de A3 “La clave” de Balbin junto a Krahe...

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#55915 9:29 8/4/2020

¡Muchas gracias por este interesante artículo! No quería dejar de comentar un pequeño despiste. El país por el que intentó pasar con un kilo de hachís a la vuelta de su viaje a India y al que luego no pudo regresar es Suiza, no Suecia. ¡Un saludo!

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