Balkan Paradise Orchestra, una fanfarria de mujeres que se organiza en asamblea

El proyecto colectivo Balkan Paradise Orchestra combina desde hace algo más de una década su pasión por los instrumentos de viento y las ganas de pasarlo bien.
Balkan Paradise Orchestra
Balkan Paradise Orchestra. Foto de Xevi Abril.
14 feb 2026 06:00

El proyecto catalán Balkan Paradise Orchestra se pone en funcionamiento en los albores de 2015 con un horizonte claro a partir de las afinidades musicales de su núcleo originario, conformado por un trío de mujeres instrumentistas de formación clásica e inquietudes convergentes. “La banda nació a partir de la inquietud de tres de sus integrantes, que coincidían tanto en la banda de El Prat de Llobregat como en el Conservatorio de Barcelona, y que tenían ganas de crear una fanfarria diferente en la ciudad de Barcelona. Eran grandes admiradoras del balkan brass, especialmente de referentes como Fanfare Ciocărlia, Goran Bregović y Emir Kusturica. A partir de ahí, contactaron con otras compañeras cercanas que querían sumarse al proyecto y que, además, eran mujeres”, cuentan a través del correo electrónico.

Tienen claro que, dentro de la amalgama de las denominadas músicas —o folclores— balcánicos, ellas prefieren afiliarse a un género muy determinado que tiene en la contundencia sonora de los instrumentos de viento metal y el componente jaranero sus dos principales atractivos para enganchar a la audiencia. “Es difícil generalizar y hablar del folclore de los Balcanes, ya que es una zona que abarca músicas de raíz y de artistas folk muy diversos”, matizan e indican que ellas se centran en el género balkan brass de Serbia y Rumanía. “Nos atrajo la formación de fanfarria por los instrumentos de viento y cómo conseguían sonar como un bloque extremadamente potente; la forma de tocar tan virtuosa y los ornamentos que utilizan, y, sobre todo, porque es una música muy festiva. También tiene similitudes sonoras con el klezmer, que nos encanta, con el flamenco y con otras músicas tradicionales que son cercanas al mar Mediterráneo”. Para Balkan Paradise Orchestra, ese fue el punto de partida y la razón del nombre del grupo, pero actualmente sienten que tienen “más libertad” para alejarse de la raíz y experimentar con sus composiciones, “sin perder de vista que somos un grupo de directo y festivo”.

Su planteamiento es tan ecléctico que en su más reciente iniciativa, con la que se encuentran embarcadas en una gira ad hoc, trasladan sus composiciones al terreno de la electrónica en un álbum titulado Game Sessions. “Después de la publicación de los dos primeros discos, nos pusimos en contacto con varios productores y artistas para que colaboraran, creando remixes de algunas canciones de esos álbumes. La idea principal ha sido dejarles mucha autonomía para jugar con nuestra música y dar rienda suelta a su creatividad, ya que son artistas que suenan muy diferente a nosotras y, por tanto, también llegan a otro tipo de público que quizá no nos conoce”, comentan.

De algún modo, la aparición en escena hace un par de lustros de Balkan Paradise Orchestra se sumó a una eclosión en un momento que podríamos considerar bastante propicio para las mencionadas sonoridades balcánicas, tanto a escala estatal como en su expresión local, que favoreció la proliferación de festivales (Íboga Summer Festival), sesiones y fiestas temáticas y un conjunto de bandas que lo respaldaba y daba cohesión: Balkumbia, Barcelona Gipsy Balkan Orchestra, Gadjo, The Freak Fandango Orchestra… Pero ellas marcan distancia: “Hace unos años estuvimos un poco más en la onda de la movida balkan en Barcelona, tocamos en distintas balkan parties, en las jam sessions, pero últimamente estamos más alejadas de esta escena. También hay que tener en cuenta que el contexto ya no es el mismo y que el género no está tan en auge como hace unos años”.

“Nos sentimos más parte de la escena de grupos formados íntegramente por mujeres y que ponen el foco en el colectivo, como Maruja Limón, Ketekalles, Las Karamba o Roba Estesa”, dicen desde Balkan Paradise Orchestra

Esa realidad cambiante a la que se han tenido que amoldar para sobrevivir y proyectarse a futuro como una banda fundamentalmente de directo les hace sentirse más afines a proyectos de índole colectiva integrados en su totalidad por mujeres, aunque no compartan necesariamente los géneros musicales que abordan. “La verdad es que nos sentimos más parte de la escena de grupos formados íntegramente por mujeres y que ponen el foco en el colectivo, como Maruja Limón, Ketekalles, Las Karamba o Roba Estesa”. Han coincidido en muchos conciertos, tienen proyectos en común, canciones, y con algunas de ellas también comparten la residencia artística y local de ensayo en la Fábrica de Creación de la Fabra i Coats en Barcelona.

La de Balkan Paradise Orchestra es, de hecho, una apuesta explícita por posicionar una propuesta femenina sobre el escenario —o en su alter ego callejero— como forma de incentivar otras iniciativas de similar calado y naturalizar ese hecho ante quien las atiende, valora y respalda. “En los primeros años contamos con algún músico sustituto, pero al poco tiempo tomamos la decisión de ser un grupo formado íntegramente por mujeres, incluidas las sustituciones” recuerdan. Su objetivo al tomar esa decisión era claro: que el hecho de ser una banda compuesta solo por mujeres no genere preguntas ni extrañeza, sino que se perciba como algo completamente normal, “del mismo modo que no se cuestiona una banda formada únicamente por hombres. Es importante crear referentes diversos encima y debajo de los escenarios”.

Esta decisión de priorizar el escenario frente a la calle es la que les ha forzado, de algún modo, a plantear —profesionalizando también— una propuesta que salta a otras disciplinas de las artes escénicas como la danza, el componente audiovisual o la teatralización, estimulando así todos los sentidos de quien acude a disfrutar de un directo de la banda en un espectro más amplio que el ámbito estrictamente musical. “Hace ya algunos años que nos hemos centrado exclusivamente en conciertos de escenario, apostando por la creación de un show potente en el que las coreografías han cobrado un papel mucho más importante, junto con la incorporación de bases electrónicas y un diseño de luces propio. Sentimos que esta ha sido una evolución natural del proyecto, ya que el formato de escenario nos permite trabajar microfoneadas y movernos constantemente sin que ello afecte a la calidad del sonido. El uso de in ears y micrófonos inalámbricos supuso un punto de inflexión que nos permitió dar un gran salto en la calidad y fuerza de nuestro espectáculo”.

Cabe preguntarse entonces cuál es el modo de funcionamiento interno de una formación amplia conformada por diez componentes, cada una de las cuales tiene su proyecto de vida, actúa para otras bandas de muy diverso pelaje y condición, y precisa de ocupaciones profesionales paralelas para poder costearse los gastos cotidianos. “Nos organizamos principalmente en asamblea para decidir las cosas más importantes y también trabajamos mucho por comisiones: redes, imagen / vestuario, videoclips, prensa, producción / logística, composición / arreglos, preparación de directo, etc. Así es más fácil llegar a acuerdos y agilizar la toma de decisiones. Además, nos encontramos semanalmente para ensayar, reunirnos, crear, o lo que necesitemos. El management nos lo lleva la empresa Sonde3 y en redes también tenemos gente que nos ayuda en algunas cosas. Somos muchas personas, con situaciones vitales distintas, y eso requiere una gran capacidad de autoorganización”.

Este funcionamiento colectivo asambleario y con un reparto de tareas nace de una necesidad como banda y resulta bastante revelador de la precariedad vital que conlleva, para cada una de sus integrantes, decantarse por la música como profesión. “La realidad es que en este país resulta muy complicado vivir dignamente únicamente de los ingresos que nos puede dar la música, y todavía más de un solo proyecto. Es un modelo poco sostenible y precario, ya que requiere una enorme inversión de tiempo y esfuerzo para mantener en funcionamiento todos los engranajes de la banda. Lo que ocurre sobre el escenario es la cara visible y remunerada de lo que hacemos, pero el resto de trabajo no, así que lo asumimos entre todas e intentamos compaginarlo como podemos con el resto de actividades”.

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