Las Bajas Pasiones: “No nos interesa el ‘mundo gay’ como algo normativo, blanco, joven y de cuerpo estándar”

El grupo de rap marica con casi diez años de recorrido expande sus sonidos en su nuevo disco, ‘Ya se acaba la noche’.
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Edu Libra y Dani Vera componentes de Las Bajas Pasiones en Granada Jaime Cinca

Hace casi diez años, Edu Libra y Dani Vera (Trusty) plantaron una flor en medio de un páramo. Hasta la llegada de Las Bajas Pasiones, en el Estado español apenas había referentes maricas que se acercaran al rap o a sonidos bajo esa etiqueta tan polémica llamada música urbana. La banda no solo ha intentado hacer florecer ese vacío sino que lo ha hecho con un discurso anticapitalista, centrado en la crítica social y alejado de los tópicos que rodean a la G del colectivo.

Sus tres primeros discos —Rizomas Salvajes (2018), Bichx Rarx (2020) y Neocancaneo (2022)— se han instalado como banda sonora de las fiestas en centros sociales de todo el Estado, de festivales autogestionados y de gaupasa y mañaneos varios entre las personas LGTBIQA+. Con su EP Belleza (2024) y su nuevo disco Ya se acaba la noche (2026), la banda amplía sus sonidos y sus reflexiones hacia dentro, y hacia alrededor desde un prisma más dulcificado y luminoso. Sin abandonar el disfrute que les caracteriza ante un mundo que amenaza con volverse aún más hostil.

¿Cómo definiríais Las Bajas Pasiones y en qué ha cambiado desde el inicio del proyecto?
Lo que nos unió fue decir: vamos a experimentar la música desde la identidad marica, desde el rap marica, desde hablar de cómo vivimos nuestras cosas como maricas y darle importancia a eso. También politizar la música y politizar lo marica. Estábamos en estos movimientos y se unía un poco todo. 

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Edu Libra y Dani Vera componentes de las Bajas Pasiones en Granada Jaime Cinca

Con el tiempo la identidad también ha cambiado. Ahora seguimos siendo Las Bajas Pasiones, pero estamos más tranquilas, más calmadas. Antes estábamos más desatadas, muy metidas en muchas cosas, fiestas, movimientos, todo a la vez.

¿Cómo fue el proceso de politizar vuestra música y qué os aportó a nivel personal entrar en esos discursos más estructurales?
Al principio era más hacer cosas porque salían así luego hemos ido construyendo cada uno un discurso más estructural. Nos ayudamos también a decir cosas de maneras más explicitas y pensar “me encanta esto, necesitamos referentes así”.

¿Cómo fue vuestra llegada al rap y la música urbana siendo maricas, en un contexto con muy pocos referentes?
Antes, como raperos, actuábamos frente a un público heterosexual y era un circo. Creo que el cambio con Las Bajas Pasiones fue que, de repente, teníamos un público que era peña del colectivo LGTB. Eso fue uno de los cambios y también una satisfacción, ver que la cosa se movía hacia ese lugar, que había gente que te entendía desde ese punto y que también iban apareciendo otras personas haciendo cosas.

Nos han dicho directamente que no podemos ir a ciertos sitios por ser maricas o por el tipo de letras

Es verdad que había tías haciendo rap y ahí la cosa estaba bastante en ebullición. Maricas haciendo rap no había mucho referente. Siempre decimos que tenemos más público bollero, un ejército de lesbianas, no sabemos por que, quizá porque la cultura marica se mueve mucho hacia lo drag, hacia otros lugares, y el rap tiene una estética más dura, más masculina, al menos en pose.

¿Cómo ampliáis la idea de “sujeto marica” con vuestra música?
Queríamos vivir nuestra vivencia de marica a nuestra manera, sin referentes muy cerrados. Antes había como modelos muy concretos a los que había que ir, y nosotras queríamos romper con eso. El sujeto marica también cambia. Hablamos de lo que vivimos, de nuestras relaciones, de forma abierta y queremos ampliar la mirada más cosificadora que a veces existe sobre lo marica.

¿Cómo trabajáis el tema del “gaycentrismo” y el papel del colectivo LGTB en vuestra música?
Intentamos que nuestra música pueda ser escuchada también fuera del colectivo, que otras personas puedan entender o sentirse liberadas. Nos interesa movernos en espacios diversos, no quedarnos en lo normativo o cerrado. No nos interesa el “mundo gay” como algo normativo, blanco, joven, de cuerpo estándar. Nuestra idea es abrirlo, mostrar que hay muchas formas de vivir lo marica.

¿Cómo vivís estar en los márgenes (musicales, políticos y económicos)?
Es bastante precario. A veces lo aprovechamos, porque nos permite estar en distintos espacios: unos más políticos, otros más de desconexión. No vivimos la identidad como algo fijo.

La ternura es para lo cotidiano, para las relaciones, para lo cercano y la rabia es para lo estructural, hacia lo de arriba. 

Nos han dicho directamente que no podemos ir a ciertos sitios por ser maricas o por el tipo de letras. Eso marca, claro, pero también nos da libertad no depender económicamente de la música.

¿Cómo ha evolucionado vuestro proyecto a nivel musical y artístico?
Hemos pasado por varias etapas: punk, luego más urbano con autotune, y ahora algo más de banda, batería y guitarras. Ahora estamos más reposadas en la producción. Antes pensábamos mucho en el directo, ahora también en escuchar el disco como obra.

En vuestros discos habláis mucho de la ternura. ¿Cómo se combina con la rabia en un mundo violento?
La ternura es para lo cotidiano, para las relaciones, para lo cercano, y la rabia es hacia lo estructural, hacia lo de arriba. No se contradicen: la rabia se usa donde toca y la ternura en la vida diaria.

¿Cómo se pasa de la identidad individual a una lucha colectiva?
Los problemas no son individuales, son compartidos. Las identidades maricas pueden servir para eso: ver que hay vivencias comunes. El sistema intenta convertirlo todo en algo individual o en nichos. Las etiquetas tienen ese doble juego: liberan, pero también pueden limitar. Cuando limitan, hay que salir de ahí.

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