Música electrónica
Radiophonic Workshop, exploradoras del sonido

Daphne Oram fundó el 1 de abril de 1958 Radiophonic Workshop, una unidad experimental de sonidos electrónicos en la que trabajarían Delia Derbyshire y Maddalena Fagandini. La entradilla musical de la serie Doctor Who fue una de sus obras.

Delia Derbyshire
Delia Derbyshire.

publicado
2017-10-19 10:45

Fue el 23 de noviembre de 1963 cuando, durante la emisión del episodio inicial de Doctor Who, sonó por primera vez su icónica entradilla musical. Semejante despliegue de sintetizadores se adelantaba un lustro a los experimentos de los Pink Floyd espaciales y a los primeros brotes krautrock.

Muy pocos se dieron cuenta de que su autoría correspondía a Delia Derbyshire, una trabajadora de Radiophonic Workshop, la unidad experimental de sonidos electrónicos fundada el 1 de abril 1958 por Daphne Oram.

La materialización de este laboratorio sónico era la respuesta de Oram a los estudios GRMC, el equivalente francés, encabezado por luminarias en las técnicas de edición de musique concrète como Pierre Henry.

En aquellos tiempos, la BBC contaba con una política real de igualdad de género entre sus empleados. De hecho, “la BBC estaba prácticamente dirigida por mujeres porque los hombres estaban fuera de combate”, llegaría a reconocer el compositor e ingeniero de sonido de la BBC Brian Hodgson.

De jingles para programas de radio cómicos como The Goon Show a sintonías de cabecera de series como Quatermass and the Pit, Radiophonic Workshop comenzó a funcionar a pleno pulmón.

Pero, más allá de su aspecto de cara al público, lo que verdaderamente estudiaban entre sus paredes armadas de cacharrería electrónica era el reflejo sonoro de un futuro idealizado entre robots tezukianos que te llevaban el desayuno a la cama, y casas inteligentes posmodernistas como las que pueblan el filme Mi Tío (1958), de Jacques Tati.

Pero la ilusión por imaginar la banda sonora de su utopía pop tenía un alto coste: la inducción a la locura que podía llegar a ocasionar la exposición continua a un trabajo tan severo de experimentación electrónica.

Sintetizadores planeando hasta el límite de los agudos, bajos retumbando como las tripas de un volcán; en sus primeros tiempos, la única solución era limitar a tres meses los contratos de trabajo en Radio Workshop. Aunque, rápidamente, esta regla cambió gracias a que las mujeres eran más fuertes que los hombres a la hora de no sucumbir a los delirios mentales.

Poco antes de que esta norma fuera finiquitada, Oram ya había dejado su puesto en 1959. Su miedo a perder la cordura fue una de las razones, aunque también poder contar con el tiempo necesario para crear Oramics, un sistema electrónico que permitiera traducir las imágenes en sonido.

Bajo su fachada de aplicada ama de casa inglesa de los años 50, se escondía el alma de “una verdadera pionera que estaba construyendo sus propios sintetizadores y estudios en Gran Bretaña antes que nadie. Era una persona muy sencilla e independiente que merece ser recordada como algo más que una profesional haciendo música para anuncios. Era una compositora de la misma manera en que Benjamin Britten lo era”, reconocería Mick Grierson, protector de los archivos sonoros de Oram.

Tras cinco años de trabajo en la máquina, en comandita con el ingeniero de sonido Graham Wrench, grabó "Contrasts Essonic" en 1963, casi diez minutos de minimalismo avant-garde que reproducen una pesadilla expresionista a nivel subconsciente. Esta composición fue la primera de muchas otras, aunadas en Oramics (2007), una recopilación de su obsesión por llegar hasta el tuétano del sonido, reconocer su fisicidad y ampliarla en multitud de formas subjetivas.


Al mismo tiempo que Oram formalizaba su opus creativo a comienzos de los 60, Radiophonic Workshop empleaba a Delia Derbyshire. De aquella, los estudios ya contaban con Maddalena Fagandini, que llevaba desde 1959 dejando su impronta entre señales de intervalo sonoras como “Time Beat” y “Waltz in Orbit”, para las que contó con la colaboración de Ray Cathode, alias bajo el que se escondía el productor de los Beatles, George Martin.

Ambos cortes salieron como single en 1962. Su publicación simbolizó la adecuación pop de las formas hipnagógicas desarrolladas. Cuatro décadas después, magos del pop retrofuturista como Broadcast y el sello Ghost Box, enfocado en reinventar el presente bajo el optimismo futurista de los 60, verbalizaron la simiente plantada por Fagandini; aunque, sobre todo, de Derbyshire, cuya llegada a Radio Workshop supuso toda una revolución.

“Cuando Delia llegó, se presentaron muchas más posibilidades”, comenta Fadangini. “Sabía matemáticas y era muy organizada desde ese punto de vista. Comenzó a usar los osciladores en un sentido más estructurado porque podía hacerlo: conocía las estructuras armónicas de ciertos sonidos, lo que le permitía fusionarlas”.

Daphne Oram
Daphne Oram.

Efectivamente, su presencia incidió en los contornos musicales del monumental brainstorming sónico generado. En palabras de la misma Derbyshire. “Estudié piano a nivel de intérprete fuera de la escuela. Fui a la Universidad de Cambridge a estudiar matemáticas, lo cual era bastante para una chica de clase trabajadora de Coventry. Me las arreglé para persuadir a las autoridades para que me permitieran cambiarme al estudio de la música, muy en contra de su juicio. Después de mi licenciatura fui a la oficina de carreras. Dije que me interesaba el sonido, la música y la acústica, así que solicité un trabajo en Decca Records. Pero el jefe estaba viendo cricket el día de mi cita, y su ayudante me dijo que no empleaban a mujeres en el estudio de grabación”.


Derbyshire acabó convirtiéndose en la figura más recordada de Radiophonic Workshop. Su eco no puede ser obviado en los discos científicos de Franco Battiato ni en otras mentes guiadas por la ambición de introducir las matemáticas como forma compositiva. No en vano, su rúbrica partía de su amor por los trabajos de Pitágoras en la mitología. “Ésta es una clase de disciplina. La gente piensa que los compositores se sientan allí con su pluma sobre el papel manuscrito, y Dios envía su inspiración sobre la parte superior de la pluma. Bueno, en algunos casos, parece que lo hicieron; quizás con Mozart. Pero en otros, una tiene que imponerse una disciplina, y la de los números es excelente. La secuencia de Fibonacci ha sido utilizada por siglos.Los números de la naturaleza, el número de hojas en un helecho, el número de semillas en una cabeza de girasol, y cómo se disponen... Esta es la secuencia de Fibonacci, utilizada en el arte, la arquitectura y la música. Aunque cuando la oyes en la música, no es reconocida. Incluso George Gershwin la usó en Porgy and Bess. Pero ¿quién sabe eso?”.

De esta clase de razonamientos germina una realidad insoslayable: mujeres en la sombra como Derbyshire, Oram o Fagandini fueron inventoras capaces de dejar huella en el mundo del pop, incluso, desde terrenos periféricos de la composición, como la televisiva y la radiofónica.

Lo que se entiende como un “más difícil todavía” que, a día de hoy, alimenta la imaginación de toda una generación de outsiders de la electrónica, como Moon Wiring Club, inspirados por los sueños de este grupo de mujeres tenaces, que definieron una vía alternativa a la historia consensuada dentro de la música popular.

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