Fisiología del voltio: una introducción

Un puñado de recientes recopilaciones y reediciones alumbra la existencia de prolijas músicas electrónicas que cruzaron España, desde una vanguardia tutelada por la Administración a través de fundaciones, hasta las células autónomas de comienzos de los años 80.


publicado
2018-08-08 09:25:00
Recopilaciones como Interferencias, Crónica Técnica, Golpea tu cerebro o el decepcionante y deslavazado La contra-ola. Libros como La ciudad secreta, de Jaime Gonzalo, o el blog Stahlfabrik. Todos ellos están recomponiendo una historia fragmentada de las músicas electrónicas, cuyos rastros hoy día centellean de forma intermitente y todavía poseen el halo de lo relevante, aunque sepultada por el fraccionamiento de géneros que la protagonizan. Músicas, en plural, porque no existe la música electrónica como género en sí, sino el uso de la electrónica para la producción de sonidos electrónicos. Esta puede ir de la vampirización de formas pop a la mal llamada experimentación, al ruido o a una psicodelia tecnológica. Reducir la electrónica a un género es caer en una inexactitud grave.

En España hubo —y hay— músicas electrónicas. Su trayecto va de Barcelona o Madrid hasta Granada, y algo Valencia, dejando de lado la últimamente revindicada Ruta del bakalao.

Subyúgate ante el electrón

Es obligatorio comenzar por la Fundación Phonos y Eduardo Polonio, quienes introdujeron la electroacústica en España en círculos marginales pero acaudalados. Phonos fue fundada en Barcelona en 1974 por los compositores Josep Mestres Quadreny y Andrés Lewin-Richter, en cuyos laboratorios se crearon sintetizadores hoy legendarios como el Stokos IV. Aunque su historia excede lo tratado aquí, es justo reconocer su huella y dejar claro que ruptura artística y política no van de la mano, son dos planos diferentes. Ténganlo siempre claro.

La Fundación Phonos y Eduardo Polonio, introdujeron la electroacústica en España en círculos marginales pero acaudalados

En Madrid operaba el Laboratorio Alea y su grupo Alea Música Electrónica Libre, donde encontramos a Eduardo Polonio. Polonio trabajaría a posteriori en Phonos, donde haría alguna de sus más interesantes grabaciones durante la década de los 80, como 'Acaricia la mañana', reeditado recientemente, o 'Cuenca'. Siempre dentro del campo de la electroacústica, Polonio se manejó con una sensibilidad híbrida que le distancia del esoterismo obtuso habitual de los compositores de música culta contemporánea. Pendiente todavía de rescate, Polonio realizó una incursión en la intersección entre psicodelia y electroacústica en uno de los griales ocultos de la experimentación española. Grabado bajo el nombre de IT junto al argentino Horacio Vaggione, El viaje fue editado en 1976 por el sello Movieplay. Un espectacular trabajo en el que bleeps, bloooppsss y zrughs erigen un arco de tensión en sus tres suites de gélido serialismo que todavía resulta enigmático.

Phonos y Alea serían el punto de conexión con una electrónica culta y otra para todos los públicos, casi new age, como la practicada por la canaria Carmen Hernández. Uno de los nombres a revindicar de esta corriente que bebe del ambient más imperturbable, el kosmische que se dedicó a ganarse los cuartos componiendo bandas sonoras y los sonidos que en Europa comenzaban a combinar el minimalismo amable de Wim Mertens con Brian Eno. Sus dos primeros álbumes de 1985, Cenizas y Banderas del cosmos, este último un encargo para la inauguración del Centro de Astrofísica en La Palma, son ejemplo de todo ello.

Del mismo abolengo proviene La Orquesta De Las Nubes, donde encontramos a Suso Saiz, cultivando esos “nuevos sonidos” que programaba Ramón Trecet en Diálogos 3. Su segundo álbum, El Orden del azar, continúa siendo una obra perfectamente secuenciada, poseedora de una quebradiza dulzura cuyo redescubrimiento continua pendiente.

Esas máquinas que sueñan melodías

Aviador Dro son, sin duda, la primera generación que introduce la ecuación pop y electrónica en España, exceptuando al dúo kitsch Azul y Negro. Fue en un viaje de fin de curso donde futuros miembros de Aviador y Esplendor Geométrico compraron discos de Cabaret Voltaire y Residents. Una adquisición que tuvo bastante de restructuración neuronal, no solo en lo musical, sino también en lo funcional, ya que descubrieron las posibilidades que ofrecía la independencia discográfica a través de aquellos discos.

Aviador Dro son la primera generación que introduce la ecuación pop y electrónica en España, exceptuando al dúo Azul y Negro

Aviador Dro pusieron en marcha la discográfica DRO, el buque insignia de la independencia discográfica española, donde editaron en 1982 su debut en largo, y también el de su proyecto paralelo, Los Iniciados. Un velado tributo a los Residents que ha envejecido, en su despliegue de simple astracanada entre el esoterismo y lo electrónico, de manera inmejorable.

De aquella primera generación destacan también Oviformia SCI, quienes tuvieron que esperar hasta 2014 para ver editadas unas canciones grabadas entre 1981 y 1982 que crecían bajo la sombra del Aviador y el influjo de la escena techno pop de Sheffield, casi paralela en el tiempo a esta.

El último en relevancia de este comando generacional es El Humano Mecano, que grabo marginalmente cassettes, pero que sí vería editados varios singles en Lollipop bajo el nombre de Metal & Ca junto a Fernando Cañada y Fernando Cabello. Su primer single, “Datos”, en 1981, es el ejemplo perfecto de minimal synth que encontrarán de aquella época, casi colindante con el Metamatic de John Foxx, glacial y melancólico.

Como bisagra sonora de esa misma generación, y puente entre el ruidismo y el techno, nos encontramos con Mecánica Popular, cuyo ¿Qué sucede con el tiempo? nos presentaba una sublimada aproximación a Esplendor Geométrico por la vía de la contención, un ruidismo ovalado de una simpar pulsión afásica, que sorprende por lo amable del resultado a pesar de lo escarpado del contenido. Para cerrar con el año 1986, el único disco que grabaría Eugenio Muñoz como Randomize tras su paso por Mecánica Popular, es '¿Cómo se divertirán los insectos?', una síntesis de los inicios cultos de la electrónica hispánica con los ritmos techno, en cierta manera bailable pero sin la uniformidad posterior del género.

Ruido puro y sangre a borbotones

Esplendor Geométrico fueron los pioneros, y sí, los mejores, y más justamente retribuidos por ello. Pero por el camino hubo muchos francotiradores obsesionados con algo primordial del sonido: el ruido y su capacidad como agente perturbador de lo cotidiano y reflejo cóncavo de la realidad.

El rigor obliga a empezar por los catalanes Macromassa, quienes se adelantaron en editar uno de los primeros discos independientes de este país. Publicado en 1980, Concierto para ir en globo continúa nublado en la historiografía pop de este país. Abducidos por la secta de Ralph Records más pospunk y radical, osea acólitos de MX-80 y Chrome. Macromassa ofrecían una simpar colisión de noise rock, electrónica y humoremas con código postal en Zurich, un álbum inaudito en aquel momento. Son el grupo en los margenes por antonomasia de este país.

Regresando a la capital, la más rara avis y el proyecto más radical de aquellos años fue La Otra Cara de Un Jardín. Detrás de ese jardín moribundo estaba Francisco Felipe, quien debutó en 1981 en cassette, el formato predilecto del género. Al año siguiente grabó junto a Arturo Lanz, de Esplendor Geométrico, el single Búsqueda de consuelo en los amaneceres fríos, al que siguieron más cassettes llenas de un zumbido espartano que no ofrecían ningún asidero, ni amabilidad, a lo largo de su duración. Ejemplo del ruidismo radical que practicaban los más ásperos ejecutantes, como el italiano Maurizio Bianchi. En su circunspecta discografía hallarás frecuencias radioactivas que deformaran tú psique como los isótopos hacen con tus células.

En Granada encontraríamos al grupúsculo herético, practicantes de un industrialismo con ascendente en los primeros Cabaret Voltaire, conformado por Diseño Corbussier, Comando Bruno, Neo Zelanda y el sello Auxilio de Cientos. En casi todos ellos se repite el nombre de Ani Zinc. Neo Zelanda fueron la primera aproximación a la EBM belga española.

La primera cassette de Diseño Corbussier, Stadia, fue reeditada en 2016. Se trata de una grabación que inocula la paranoia como forma racional de procesar información, y es sin duda una de las mejores muestras de experimentalismo no académico de aquellos días. Sus dos álbumes siguientes envolvieron en decadencia centro europea su propuesta.

El comienzo de la segunda generación de la electrónica española lo podemos datar en 1986, cuando Orfeón Gagarin publica su primera cassette

El comienzo de la segunda generación de la electrónica española lo podemos datar en 1986, cuando Orfeón Gagarin, proyecto del madrileño Miguel Ángel Ruiz, publica su primera cassette. Ruiz se ofrece de cruce de caminos de mucha de las músicas electrónicas ya preexistentes, un alumno aplicado que pervierte el kosmische, transformando el ruido conocido en divergencia aural.

La lista de hordas ruidistas que engrosaban las páginas de la sección de tape trading de publicaciones de todo el mundo, o el catálogo de sellos como Ortega y Cassette, el mejor sello de su generación, sería interminable, y solo del interés de completistas. 

Cronistas de sucesos extraños

Para que haya constancia de una escena tiene que haber comentaristas que dejaran artefactos en papel como prueba de que aquello sucedió. Cloruro sónico y Syntorama serían los dos órganos de comunicación en papel. Corta y pega y contrabando de información, como mandan los cánones.

El ruido fue el género que más cubrieron aquellas publicaciones, pero fue en la radio donde encontramos Escuela de sirenas, emitido por Radio Pica, el órgano difusor más longevo de todo aquello. El programa realizado por miembros de Escupemetralla y Clonaciones Petunio, era el emisor de los sonidos más radicales de los 80, verdadero cordón umbilical etéreo de los sonidos deconstruidos de la Barcelona preolímpica. Aunque no lo crean, las grabaciones del programa en cassette hoy día han alcanzado precios astronómicos.

4 Comentarios
JM SOLER 17:40 9/8/2018

No hay que encontrar nada oculto ni misterioso en este artículo, el autor sólo ha dejado una breve (pero intensa) crónica de lo que ocurrió en aquellos años dento del mundo de la música undreground. Las personas que no vivieron aquellas movidas, ya sea su juventud o por mero desinterés, no encontrarán nombres conocidos en este escrito, pero si os interesa lo que dice, no tenéis más que coger cada nombre y buscarlo en el gran internet. Si por el contrario, no os interesa y lo que habéis escrito es una bravuconada porque en estos sitios se puede opinar gratis aunque no tengas nada que aportar, pues no hay más que hablar. Si yo tuviera que entrar en todos los formularios de opinión de aquellos artículos que hablan de temas desconocidos por mi y decir que son pedanterías o cosas raras, no haría otra cosa en todo el día, pero si entrara sería para aportar algo. Es el cáncer de la red de redes: opinar parapetado detrás de vuestros dispositivos para no decir nada. Bravo.

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#21559 19:56 8/8/2018

No tengo ni idea de lo que acabo de leer.
Me quedo con algun nombre a ver lo que descrubo, pero leyendo un articulo esta bien que la periodista explique cosas ademas de soltar datos y palabras raras a montones.

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JM Soler 16:44 9/8/2018

No hay que buscarle nada oculto en este escrito, el escritor solo ha hecho un breve (e intenso) resumen de lo que aconteció en España en aquellos años dentro de la música "underground" o "no comercial". Para la gente joven que no conoció aquellas movidas, la mayoría de nombres mencionados no le sonarán, pero sólo hay que coger esos nombres y buscar datos en internet, salvo que no os interese una mierda este escrito, para lo cual sobra incluso lo que os estoy diciendo. Si ese es el caso, no entiendo cual es el sentido de vuestra queja, simplemente si es algo que no entendéis o que os resbala, pasad del tema y listos, como yo suelo hacer cuando leo artículos sobre fútbol, toros, reggaeton, etc. Supongo que es una cuestión de morbo lo de dejar la rajada zafia, parapetados detrás de vuestros dispositivos, en un lugar donde no te cobran por ello... No me parece un acto muy inteligente por vuestra parte, pero bueno, no creo que se os pueda pedir más. Por eso calificáis de "pedante" a alguien que habla sobre un tema del que no tenéis ni puñetera idea y por el que no tenéis ni el más mínimo interés, pero hay que dejar la paridita... En fin... Sed felices en vuestro redil.

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Carlos 12:15 9/8/2018

Totalmente de acuerdo. Más pedante imposible.

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