Migración
El Aita Mari, atrapado entre la moral y la política

Más allá de granjearse un sorprendente apoyo como el de Salvini, el gobierno español también ha sido capaz de crear un nuevo concepto del peligro con estas negaciones de despacho: el peligro no existe mientras no se vea.

El Aita Mari realizando ejercicios de entrenamiento en el puerto de Pasaia
El Aita Mari realizando ejercicios de entrenamiento en el puerto de Pasaia. Javi Julio

publicado
2019-01-25 06:00

Solo la versión más retorcida y mal entendida de la política y la burocracia puede explicar la situación que se vivía en los astilleros Kai Alde de Pasai Donibane el pasado domingo 20 de enero, día de San Sebastián, 24 horas de tambores, alcohol y excesos en Donostia; nueva jornada de naufragios desatendidos en el Mediterráneo; otro día más en el encierro al aire libre del barco Aita Mari, el buque de rescate de la organización vasca SMH —Salvamento Marítimo Humanitario— que lleva fondeado desde mayo en el puerto pasaitarra.

Acompañado por el sonido de las tamborradas desde el otro lado de la bahía, Marco Martínez, capitán del Aita Mari, respondía al anochecer a las preguntas de una televisión estatal. Él, junto con otro miembro de la tripulación, el cámara y el periodista, eran del poco movimiento humano que se veía en el puerto, donde solo algún marinero o caminante esporádico se sumaba a la estampa.

Según contaba después, entre sus frases ante la cámara estuvo esa que repite como un mantra en los últimos días, una que viene a decir algo así como “si al gobierno del Partido Socialista Obrero Español lo felicita un fascista como Salvini, hay algo ahí que no cuadra”.

Dos días antes, en la mañana del viernes 18 de enero, la Capitanía Marítima de Pasaia había denegado al Aita Mari el despacho para dirigirse hacia las costas de Libia. Estas son el objetivo último de la misión MayDayTerráneo, iniciada hace ya ocho meses por parte de SMH. La negativa fue una copia casi exacta del caso del Open Arms, que una semana antes veía como la Capitanía Marítima de Barcelona le denegaba el despacho para dirigirse, también, hacia el Mediterráneo Central. Decisión aplaudida, a la postre, por el vicepresidente y ministro de interior italiano, Matteo Salvini, cara reconocible de la nueva xenofobia europea.

Tanto en el caso del Aita Mari como en el del Open Arms los peregrinos argumentos se repiten. Según lo ven las Capitanías de Pasaia y Barcelona, dependientes del Ministerio de Fomento, la falta de preparación de ambos buques pone en riesgo a su propia tripulación y a los potenciales refugiados que transportaría el barco. Además, según señalan desde Capitanía, el agravante de que Italia y Malta no abran sus puertos no hace otra cosa que sumar todavía más peligro al objetivo del Aita Mari.

Así, más allá de granjearse un sorprendente apoyo como el de Salvini, el gobierno español también ha sido capaz de crear un sorprendente y nuevo concepto del peligro con estas negaciones de despacho: el peligro no existe mientras no se vea. O dicho de otra forma, que mientras que es peligroso que el Aita Mari zarpe hacia el Mediterráneo a rescatar náufragos salidos de la costa de Libia, no lo es que dichos náufragos sean abandonados a su suerte en medio del mar, sin que nada se sepa o se haga por ellos. Eso, o que el peligro es un concepto nacional que no atañe a los que vienen del otro lado del Mediterráneo.

En palabras de Íñigo Gutiérrez, vicepresidente de SMH, “lo que hace esta negativa es reconocer, por un lado, que hay gente en el Mediterráneo que se está ahogando y, por otro, que transportar esa gente a puerto, dado que no hay puertos seguros cercanos, es peligroso para ellos”. “La conclusión es que lo más seguro para ellos es ahogarse”, sentencia.

La enésima traba

Esta decisión no es más que otra piedra en el camino para el Aita Mari que, desde la finalización de su reforma allá por septiembre, apunta en la pared los días de su cautiverio burocrático. Después de esperar meses por una aprobación de la reforma del barco que tardó mucho más de lo habitual, ahora, SMH quiere llevar el buque hacia un puerto del Mediterráneo español. De esta forma, al menos, se acercaría más a las costas de Libia mientras esperan el anhelado despacho.

Los abogados de la organización de Zarautz ya han presentado alegaciones a la negativa de Capitanía, pero la respuesta del organismo público puede tardar meses. Probablemente, a este sinsentido es difícil encontrarle mejor paralelismo que el que propone Íñigo Gutiérrez: “El gobierno tiene tres meses para responder a nuestro recurso, pero suponiendo que nos lo vuelven a denegar, entraríamos en otro tipo de contencioso que podría durar años. Esto, al final, es como El Proceso de Kafka, el individuo contra el Estado; ellos tienen todo el tiempo del mundo, pero nosotros no tenemos tiempo”.

La espera del Aita Mari queda perfectamente definida en el hashtag utilizado por SMH para dar visibilidad a esta situación: #eltiempoahoga. A 23 de enero, se habían confirmado ya más de 200 muertes en el Mediterráneo durante 2019, esto sin tener en cuenta los naufragios de los que no se ha tenido constancia. Respaldados por estos datos, Proactiva Open Arms y SMH han iniciado una recogida de firmas para pedirle al Ministerio de Fomento que deje partir a ambos barcos rumbo al Mediterráneo Central.

Por ahora, sin embargo, el proyecto de SMH sigue estancado entre dos corrientes de intenciones. Una, la de voluntarios, instituciones, empresas, donantes, miembros de la sociedad civil y trabajadores que han hecho todo lo posible para que un viejo atunero se convirtiese en barco de rescate de náufragos en el Mediterráneo Central. Otra, la de un Gobierno que ya sea por electoralismo, amnesia política o miedo a la extrema derecha, prefiere no estampar la firma necesaria para que el proyecto de SMH llegue a su objetivo final.

Intereses contrapuestos

Tras la marea de solidaridad que en septiembre había conseguido recaudar más de 700.000 euros para el proyecto MayDayTerraneo, los últimos pasos del proyecto se fueron recorriendo en estos meses de espera para la aprobación de la reforma del barco.

Entre ellos, estaba el de contar con una tripulación que, poco a poco, fue llegando a Pasai Donibane procedente de diversos puntos de la Península. Marco Martínez, natural de Cambrils, llegó a mediados de noviembre, previo paso por el Open Arms. Con él en el puente se encuentran dos asturianos y entre el resto de la tripulación hay marineros y trabajadores de Euskadi, Galicia, Cataluña, o Senegal.

En todos se intuye que su trabajo está motivado por algo que va más allá del sueldo y las condiciones laborales. Tal y como lo expone cuando se le cuestiona al respecto a Fran, jefe de máquinas, también catalán y extripulante del Open Arms, su respuesta no puede ser más clara: “Siempre me ha gustado salvar vidas”. Esa es la motivación básica de todos y cada uno de los que están aquí, ayudar a que menos gente muera a las puertas de Europa.

Pero para poder hacerlo, la marea que mueve al Aita Mari necesitaría de la aprobación de un gobierno que hace caso de esa máxima del filósofo José Luis L. Aranguren, esa según la cual la moral se utiliza en la oposición, mientras la política se deja para el poder. Solo así se puede entender las decisiones de un gobierno, el de Pedro Sánchez, que en poco más de medio año pasó de recibir los aplausos de las ONG el pasado mes de junio, cuando abrió el puerto de Valencia al Aquarius —quizás todavía con el traje de oposición—, a ser alabado por Matteo Salvini.

Desde que la ciudad mediterránea acogiera a 629 refugiados en lo que parecía un cambio en las políticas de refugiados, el panorama ha dado un giro de 180 grados. La moral ha sido externalizada por parte del gobierno, quedando ésta en manos de organizaciones civiles como SMH, Proactiva Open Arms y otras muchas. Siete meses después, la administración del PSOE parece haberse entregado a los cálculos electorales y a la política más cruda, poniendo, quizás, un ojo en el Mediterráneo y otro en las elecciones municipales, autonómicas y europeas de este mes de mayo.

La espera

Así pues, atrapados en una prisión burocrática de la que parecen no poder salir, cada miembro de la tripulación del Aita Mari sigue haciendo su vida por Pasai Donibane mientras espera a partir, ahora, hacia otra ciudad del Cantábrico. Un paso previo al Mediterráneo español, lo más cerca de Libia que puede llegar la voluntad de muchos sin contar con el beneplácito del gobierno.

Unos salen a correr, otros trabajan sin parar y, en ocasiones, algunos, como el capitán, cierran la jornada con una cerveza en los bares de Pasai Donibane más cercanos al puerto. A uno de ellos se dirigió Marco en la noche del domingo 20, tras acabar la entrevista con la televisión y cambiarse de ropa en su minúsculo camarote del Aita Mari.

“Aquí nos han tratado de maravilla”, comenta en el bar donde ya la mayoría conocen a la tripulación del barco, otros más en Donibane, mientras bromea con algunos locales y les explica a otros la nueva situación burocrática del Aita Mari. “Yo no sé de política, soy un hombre de mar, pero está claro que esto es una decisión política. Hemos pedido un despacho para observar y vigilar náufragos, porque son náufragos, no refugiados, y nuestra obligación es recoger a los náufragos; y nos lo han denegado”, resumía estos días el capitán Aita Mari.

Después de que le invitasen a una primera ronda, poco tardó Marco en tener una segunda cerveza en la mano. Menos, todavía, tardó en repetir su mantra: “Si al gobierno del Partido Socialista Obrero Español lo felicita un fascista como Salvini, es que algo no cuadra”.

Por delante, aún quedaban unas horas para que finalizase el día 20, jornada de tambores y excesos en Donostia; día en el que otros 100 náufragos iban a la deriva por el Mediterráneo sin que Italia o Libia o Malta hiciesen nada por ellos; otro palito más —y ya van más de 100— en la pared de la celda del Aita Mari, el barco que se reconstruyó, preparó y alistó para rescatarlos.

Dejarlo partir hacia Libia, creen en Capitanía, en el Ministerio de Fomento o en Moncloa, supondría un peligro. Quizás, por rebuscada que parezca, esa es la conclusión a la que se llega cuando se deja la moral a un lado y se empieza hacer política.

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2 Comentarios
etorkin gehiegi? 18:34 26/1/2019

¿Por qué Podemos tampoco protesta? ¿Será verdad de que dentro de la izquierda la gente piensa que hay demasiados inmigrantes?

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1
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#29713 13:56 25/1/2019

Quizá tras leer este artículo, los que nos llaman exagerados a quienes calificamos de fascista al PSOE dejen de hacerlo. Si Salvini les felicita, será porque PSOE es Partido Socialfascista Español. Le Pen felicita a Vox por sus 12 apóstoles electos, Salvini felicita al POSE de Pedro Sanchez por su política racista y fascista al impedir el salvamento marítimo de migrantes a la deriva en el Mediterráneo. ¿De que sierve que un partiducho se autocalifique de "izquierdas" si hace una política migratoria racista de ultraderecha? El régimen de partido único de China, el mayor exponente del capitalismo salvaje asiáticos, se califica de "comunista". Por sus hechos los conocereis.

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