Marruecos
¿Qué está pasando en el Rif?

La población rifeña, del norte de Marruecos, mantiene las movilizaciones que dieron comienzo a finales de 2016 tras la muerte de Mohssine Fikri. Un centenar de rifeños y simpatizantes se manifestaron en Madrid.

Concentración Rif Madrid
Un participante en la concentración organizada por el Movimiento Rifeño de Madrid en la Puerta del Sol. Youssef Ouled
8 may 2017 14:07

“Tan-tan” es el ruido de las cacerolas, sartenes y ollas que ha llenado las calles en la última gran movilización del pasado 6 de mayo en la ciudad de Alhucemas, al norte de Marruecos. Esta vez los manifestantes buscaban hacer el máximo ruido posible “contra la militarización, la corrupción y la humillación de un pueblo”, las consignas que se gritaban. Una nueva forma de protestar seguida de una marcha de miles de personas. Para acabar con el discurso de Nasser Zafzafi, líder del Movimiento Popular rifeño que prometía “no dar marcha atrás”.

Para este rifeño desempleado, convertido en el altavoz de la población desde hace seis meses, tras la muerte de Mohssine Fikri, “se mantiene una política de olvido que dura ya más de 60 años, por lo que la movilidad continuará”. Añade, que se están preparando nuevas movilizaciones aunque “el Estado envíe matones”. En referencia a la represión que se ha visto intensificada desde que comenzaron las protestas.

Los matones a los que hace referencia se les denomina baltajiya, individuos que aparecen en las protestas con retratos de Mohammed VI y banderas de Marruecos, armados con machetes para enfrentarse a los manifestantes. Así lo explica el portavoz del Movimiento Popular Reda Benzaza, “la población rifeña se encuentra ante un Estado majzaní cuya práctica se define en una palabra, represión”, en alusión al majzén, elite gobernante próxima a Palacio.

El papel que desempeñan los baltajiya no es novedoso, aunque en el caso del movimiento rifeño entra en juego por primera vez el 25 de diciembre del año pasado, durante una concentración en la ciudad de Nador, entonces un grupo de individuos irrumpió con cuchillos y atacó a los manifestantes causando heridas a dos personas, que fueron atendidas en el hospital por cortes en la cabeza y en la pierna.

Sin embargo, su presencia la encontramos durante las revueltas del 2011, período de grandes movilizaciones por todo el territorio durante la “primavera árabe”. Grupos reducidos de personas que gritaban lemas a favor de la monarquía, acusando a los manifestantes de llevar el país al caos e incluso llegando a atacarles. “Aparecen con una clara intención, desprestigiar y ensuciar la imagen de un movimiento pacífico que ha ilusionado a miles de personas”, explica el portavoz del movimiento, quien añade que “incitar a la violencia, es una maniobra ideada en las cloacas del sistema con el fin de desestabilizarnos”.

Desmilitarización del Rif

“Exigimos hospitales, universidades, servicios básicos, acabar contra la corrupción, crear oportunidades de empleo para los jóvenes”, explica Zafzafi, “mi único deseo es el desarrollo de una región olvidada”. Aprovecha para pedir el fin del decreto 1-58-381 que considera la ciudad como zona militarizada desde 1958.

En ese mismo año, tras la independencia de Marruecos en 1956, los rifeños se levantaron contra las políticas gubernamentales, denunciando la opresión, persecuciones, secuestros y torturas a los que se veían sometidos. El ejército marroquí dirigido entonces por el príncipe y más tarde rey, Hassan II, no dudaría en emplear gases tóxicos y napalm contra la población, los muertos se contaron por miles.

Alhucemas, una ciudad con una notable presencia policial y militar que en los últimos meses ha visto multiplicado el número de fuerzas de seguridad como denuncian activistas y medios locales a través de fotografías compartidas en las redes sociales. Cifras que se incrementan ante cada nuevo anuncio de manifestación. Por ello, una estrategia empleada por el movimiento es anunciar el lugar y la hora de la concentración poco antes de que se produzca.

Un pulso que dura seis meses

La dinámica no parece que vaya a cambiar a pesar de la condena de los detenidos por el asesinato de Mohssine Fikri. Penas que han oscilado entre los cinco y los ocho meses de prisión como máximo y que han sentado como un jarro de agua fría, “la resolución no es más que el reflejo de lo que augurábamos”, explica Benzaza.

Las últimas respuestas del gobierno han sido la destitución del wali (gobernador provincial), máxima autoridad de la región y de un elevado número de funcionarios de la provincia con el fin de disminuir la tensión en la zona, según declaraciones oficiales. Numerosas han sido las promesas que se han hecho desde entonces. Sin embargo, desde el movimiento avisan que mientras no se produzcan esas mejoras económicas, sociales y en materia de derechos no cesarán las protestas.

Un movimiento acusado de separatismo, de ser agentes de Argelia, de recibir financiación del extranjero o de querer provocar descohesión. Una estrategia que recuerda a 1984, cuando Hassan II se dirigió a todo el país en un discurso televisado en el que culpaba a “agentes externos” (jomenistas, sionistas y a grupos marxistas-leninistas) de las movilizaciones y huelgas contra la escasez y la carestía de los productos básicos. Entonces las protestas más importantes se dieron en el Rif, por los mismos motivos que hoy, peores condiciones económicas y sociales debido a la falta de industrias y una política de abandono. Durante su discurso, el monarca aprovechó para calificar a la población rifeña de aubach (salvajes).

En la región del Rif, las protestas se iniciaron en Alhucemas, pero la represión funcionó como gasolina y no tardaron en expandirse a Nador. El Estado no dudó en emplear contra la artillería, tanques y ametralladoras para sofocar las manifestaciones. Los muertos se contaban por cientos y todavía hoy se desconoce el número total.

“Nuestras demandas no tienen como fin la creación de un estado independiente, son demandas económicas y sociales”, comenta Zafzafi en una de las arengas que retransmite en directo para miles de seguidores en las redes sociales. “Exigimos el fin de una política de marginación que lleva a nuestros hijos a emigrar”.

En la diáspora

Una región que se mantiene en parte gracias al dinero que llega durante períodos vacacionales de la población migrante y que da aire a los comercios. Un sector pesquero que a pesar de ser la principal fuente de recursos se tambalea por la corrupción, que ha aflorado con la muerte de Mohssine. Y la escasez de programas de desarrollo e incentivos para la agricultura, que han fomentado durante décadas el cultivo del cannabis, convertido en un pilar de la economía de la zona.

A las exigencias expuestas desde el Rif se unen la de la población de las diáspora que lleva seis meses acompañando con protestas en apoyo al movimiento rifeño en ciudades europeas. Diversas comisiones creadas en los últimos meses que se han unido en una coordinación conjunta con el fin de apoyar, informar y dar a conocer lo que está sucediendo. Comités que se localizan en los Países Bajos, Bélgica y Francia. Lugares en los que se encuentra el mayor núcleo de población rifeña emigrados durante los últimos cincuenta años. En España, donde también hay un importante número de rifeños se han creado comités de apoyo en Barcelona, Madrid, País Vasco, Islas Canarias y Andalucía.

Durante el día de ayer una concentración organizada por el Movimiento Rifeño de Madrid concentró en Puerta del Sol a más de cien personas que desde el Estado español gritan contra “el cerco militar a la ciudad de Alhucemas, el fin de persecuciones de activistas y manifestantes la puesta en libertad de todos los presos políticos encerrados desde el año 2011”.

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