Los sorprendentes resultados electorales de Malasia

Malasia cambia de gobierno inmersa en una red de clientelismo y nepotismo.

Mahathir Mohamad
Mahathir Mohamad, durante una visita a Estados Unidos en 1984. Imagen del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

publicado
2018-05-30 06:47:00

Nací en la colonia Malasia Británica (como era entonces), y era un niño allí cuando consiguió la independencia en 1957, saliendo cuando era adolescente en los 60 para terminar mi educación en el Reino Unido.

He visitado Malasia frecuentemente en años recientes, y ya no es el remanso adormecido de mi juventud. Las minas de estaño han desaparecido y las plantaciones de caucho han cedido ante el medioambientalmente desastroso aceite de palma, que —a diferencia de los árboles de caucho— no proveen ningún tipo de refugio a animales que ahora se enfrentan a la extinción por pérdida de hábitat.

Hoy Malasia pertenece al segundo nivel de los denominados Tigres Asiáticos —comprendiendo el primer nivel a Japón, Corea del Sur, Taiwan, Singapur y por supuesto China—. Con Malasia en el segundo nivel están Indonesia, Tailandia y Vietnam. Malasia está a la cabeza de este nivel.

La diferencia entre ambos niveles es fuerte, mientras que, por supuesto, se toleran algunos solapamientos si se consideran mutualmente beneficiosos. Simbólicamente, en el primer nivel, Japón tiene a Sony, Mitsubishi, Honda y Toyota; Corea del Sur tiene Samsung y Hyundai; Taiwan tiene ASUS; Singapur se proyecta a sí mismo como el equivalente asiático de Suiza por lo que se refiere a los servicios financieros; y China tiene Lenovo y casi todo lo demás.

Los Tigres Asiáticos del segundo nivel básicamente ensamblan lo que se produce en sus contrapartes del primer nivel, o fabrican pasta de dientes, vallas de metal, cables eléctricos, etc.

El líder responsable del ascenso de Malasia al segundo nivel es Mahathir Mohamad, quien fue primer ministro de 1981 a 2003.

El período de Mahatir como primer ministro no estuvo caracterizado solo por el considerable éxito económico, sino también por un despiadado autoritarismo y la intolerancia hacia la disidencia. Los oponentes políticos eran encarcelados, el poder judicial estaba lleno de las marionetas de Mahathir, los medios estaban reprimidos y se concretó una política de “acción afirmativa” para la mayoría malaya. Esta política sirvió mucho más a los malayos ya acomodados y principalmente urbanos que a sus más numerosas y empobrecidas contrapartes étnicas en áreas rurales. También convirtió a las minorías china e india en ciudadanos de segunda clase.

El momento cumbre del odio de Mahathir a la disidencia fue el tratamiento a su vice primer ministro Anwar Ibrahim, cuando discreparon sobre una respuesta a las propuestas del FMI para abordar la crisis financiera asiática de 1997.

El FMI, como siempre, recomendó sus siempre contraproducentes controles fiscales más duros y la reducción del gasto público, que Mahathir ignoró mientras que Anwar quería tender hacia la línea del FMI. El keynesianismo de Mahathir se justificó cuando Malasia se recuperó más rápidamente que otros países asiáticos, pero este desacuerdo llevó a una amarga pelea entre ambos.

Anwar fue despedido de su puesto en el gabinete, expulsado del partido gobernante y encarcelado por corrupción y sodomía tras un juicio que, a los ojos de muchos, no cumplió con los estándares de un proceso adecuado.

Mahathir se retiró en 2003, pero mantuvo un poder considerable entre bastidores. Criticó a su primer sucesor, el adormilado Abdullah Ahmad Badawi, por su pobre gestión económica. En una ocasión, un grupo de políticos fue al despacho del perezoso Badawi para regalarle una almohada después de que los medios hubieran sido avisados con antelación sobre el regalo que se le iba a entregar.

Mahathir también apoyó al sucesor de Badawi, Najib Razak, en las elecciones de 2013. Se volvió contra Najib cuando éste se vio implicado en un escándalo de corrupción multimillonario en el fondo estatal 1MDB, creado para impulsar el desarrollo económico y encabezado por el propio Najib. Según el Departamento de Justicia de EE UU, fueron robados al menos 4,5 mil millones de 1MDB. Najib negó toda infracción.

A pesar de su negación, Nahib hizo todo lo que pudo para obstaculizar una investigación sobre los fondos desaparecidos. El fiscal general a cargo de la investigación, que parecía a punto de acusar a Najib de corrupción, fue despedido y sustituido por un compinche de Najib que pronto le exculpó de cualquier irregularidad. Dos ministros críticos de la gestión del escándalo que hizo Najib perdieron sus puestos, y varios medios de comunicación fueron cerrados por informar sobre Najib y el dinero desaparecido. Los oponentes políticos críticos de Najib fueron arrestados.

Mahathir hizo repetidos llamamientos a Najib para que dimitiera antes de fundar su propio partido político en 2017. En un asombroso desarrollo de los acontecimientos, Mahathir entró en una nueva alianza política, llamada Pakatan Harapan (PH), con el Parti Keadilan Rakyat (PKR, Partido de la Justicia del Pueblo) de su antiguo enemigo Anwar Ibrahim. Anwar estaba ahora en la cárcel por segunda vez después de que Najib le hubiera acusado de sodomía en procedimientos legales manipulados.

El estatus de Anwar como delincuente significaba que no podía participar en la actividad política, así que el PKR estaba oficialmente liderado por su esposa Wan Azizah.

Las recientes elecciones generales resultaron un punto de inflexión en la historia de Malasia. El partido gobernante Barisan Nasional (BN) había estado en el poder durante 61 años, desde la independencia de Malasia en 1957.

Najib, consciente de que cesar como primer ministro le quitaría su escudo contra la reanudación de una investigación sobre su papel en el escándalo de 1MBD, se permitió un episodio más de manipulación (siempre una práctica rutinaria del BN en cualquier evento) y ofreció incentivos a diestro y siniestro en un intento de comprar votos.

Nada de esto funcionó esta vez, y el PH liderado por Mahathir ganó las elecciones. Najib no reconoció el resultado de forma inmediata, y ofreció dinero en un intento de quitar diputados al PH. También argumentó que, ya que el PH era una coalición y no un solo partido (una desfachatez dado que su propio partido, el BN, era un bloque político formado por un partido malayo, uno chino y uno indio), la decisión de formar gobierno se debería dejar al rey. Puede que esta idea se debiera al hecho de que Mahathir, durante su tiempo como primer ministro, había logrado que el parlamento redujera el poder de los nueve sultanes que se turnaban para ser rey durante un período de cinco años.

Aparentemente, los sultanes no tenían motivo para hacer ningún favor a Mahathir. Sin embargo, Mahathir se impuso, y el PH se hizo con el gobierno, con Mahathir como primer ministro y Wan Azizah como vice primera ministra. Se llegó a un acuerdo por el cual se le pediría al rey que perdonara a Anwar para permitirle reingresar en política, y Mahathir entregaría el cargo a Anwar después de dos años. El perdón real a Anwar se dictó en unos días.

Najib y su esposa intentaron abandonar el país, pero fueron interceptados en el aeropuerto. La policía entró en sus residencias, y la investigación sobre los fondos desaparecidos de 1MDB continuó. Seis países más están intentando seguir la pista del dinero desaparecido.

Según The Independent, las redadas en las propiedades de Najib hasta ahora han dado como resultado 284 bolsos de diseño y 72 maletines llenos de efectivo y joyas. Rosmah, la esposa de Najib, es generalmente ridiculizada en las redes sociales por ser una doble de Imelda Marcos [primera dama de Filipinas, cuya fortuna acumulada a la de su marido tras dos décadas en el poder se estimó en 35.000 millones de dólares]. La policía aún está intentando abrir una caja fuerte en una de las viviendas.


Es sólo cuestión de tiempo antes de que Najib se siente en el banquillo de los acusados por corrupción, y seguro que espera un juicio más justo que los dos que sufrió Anwar. Hasta aquí, todo bien. Pero hay que tener cautela respecto al optimismo sobre el futuro político de Malasia. 

En primer lugar, la coalición PH estaba unida principalmente por su oposición a Najib. Ahora que está apartado, ¿se pueden encontrar otras formas de mantener su unidad? Si no, la coalición seguramente se deshará, se tendrán que convocar otras elecciones generales, y si no resultan concluyentes, Malasia podría estar en camino de tener el equivalente asiático del ancestral circo político italiano.

Después está el mismo Mahathir, el impredecible autócrata de 92 años, quien ahora tendrá que trabajar con su antiguo enemigo, y descubrir una manera de frenar sus impulsos despóticos y su nítido entusiasmo por las reyertas políticas.

Puede que esto requiera un trasplante de personalidad, ya que el Dr. M, como se le conoce, nunca ha sido capaz de trabajar con nadie a menos que se le subordinara completamente. El dicho estadounidense “It’s my way or the highway” (“A mi manera o a la calle”) probablemente será el epitafio sobre la tumba del Dr. M.

Además, el tiempo en el poder del Dr. M tuvo sus propios aspectos oscuros. Además de su autoritarismo, hubo amiguismo y nepotismo (¡los sucesores de Mahathir no se los inventaron!) y muchos tratos sucios. Todo debía ceder ante el desarrollo económico, y el medio ambiente ha sufrido mucho, y la desigualdad aumentó.

Los malasios no malayos, discriminados, empezaron a dejar el país en masa, y Malasia ha sufrido una masiva fuga de cerebros. Ésta no será revertida a menos que finalicen las políticas discriminatorias contra los no malayos. Esto será muy difícil de lograr porque las redes de clientelismo profundamente arraigadas serán amenazadas por un cambio de este tipo, y el rechazo de aquellos que se benefician de estas redes será intenso.

Por ahora, en Malasia hay esperanza justificada, pero, como dijo en una ocasión un filósofo marxista francés, “el futuro dura mucho tiempo”.

texto original publicado en counterpunch.
Kenneth Surin enseña en la Universidad de Duke (Carolina del Norte). Vive en Blacksburg (Virginia).

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