Colombia
“Los acuerdos de paz han parado los bombardeos, pero a nosotros nos siguen matando”

El activista Edilberto Daza cuenta en profundidad por qué ha sido acogido durante seis meses en Barcelona.

Edilberto Daza
Edilberto Daza. Jaume Gil
27 abr 2018 06:06

Edilberto Daza lleva amenazado de muerte más de 30 años. Es un defensor de derechos humanos en Colombia, y, como millares de activistas en el país, no sabe si mañana puede ser su último día. Desde su casa de acogida en Sant Cugat, me cuenta una realidad que parece difícil de creer. Llegó en noviembre de 2017 gracias al Programa de Protección a Defensores de la Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament, junto a la activista reclamante de tierras Silvia Berrocal. Su estancia le ha permitido hacer incidencia política, formarse y ayudar a internacionalizar la situación sociopolítica colombiana. La ONG de acompañamiento internacional Associació Acció Internacional per la Pau (IAP-Catalunya) y la Comisió Catalana d’Ajuda al Refugiat (CCAR) han coordinado todas sus actividades.

“Los acuerdos de paz han parado los bombardeos, pero a nosotros nos siguen matando porque denunciamos que no se están cumpliendo los puntos de los acuerdos de La Habana. La perspectiva en Europa es que en Colombia está todo a las mil maravillas, pero no es la realidad”. Daza explica con mirada seria y concentrada su realidad de los acuerdos de paz delante de una joven audiencia del Instituto Cornellà. Durante el 2017, cada tres días en promedio fue asesinado un defensor de derechos humanos o líder social en Colombia. 106 asesinados, 26 más que en 2016, son las cifras que proporciona la ONG Somos Defensores en su informe de 2017. Según la misma, el 87% de los casos de homicidios contra defensores quedan impunes, basándose en los datos recogidos entre 2009 y 2016.

TODA UNA VIDA MARCADA POR LA VIOLENCIA

“Yo he sido desplazado de mi casa muchas veces, la primera con siete años”. Toda su familia y él tuvieron que huir de su casa debido a los combates entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el ejército colombiano. Convirtiéndose en uno de los más de 5,7 millones de desplazados como consecuencia del conflicto armado. A los 13 años empezó a erigirse como líder de las comunidades rurales. “Uno nace con esta situación, donde tiene la escuelita muy lejos. Tiene que atravesar la selva durante más de cuatro horas para llegar, pues ve la necesidad de involucrarse, solucionar la situación. Es algo que te nace de dentro.”
La denuncia del abandono del Estado y de la violencia contra los campesinos le convirtió en objetivo de paramilitares y fuerza pública
“El Estado solo viene a las regiones con el uniforme verde. Solo viene para encarcelar y matar a los campesinos que reclaman sus derechos”. En el campo colombiano no está garantizada la educación, ni la sanidad, ni la seguridad. La denuncia de este abandono y de la violencia contra los campesinos convirtió a Daza en objetivo de paramilitares y fuerza pública. “Uno no puede salir a tomar, ni a bailar. Si uno sale, sale de muy de vez en cuando, para no dar papaya [facilidades para que te maten]”.

Sant Cugat, 25 de febrero. Hoy Daza tiene un poco de fiebre y el rostro exhausto de toda la semana viajando, ayer volvía de Bruselas. Aun así está lo suficientemente lúcido para contar lo que supone ser defensor de derechos humanos en Colombia. “No puedo vivir más de tres meses en un mismo sitio, no puedo tener una rutina. Uno mira todo el tiempo quién le anda siguiendo, quién le mira mal. Si ves que te siguen los intentas embolatar [engañarlos], giras por una calle, giras por la otra, hasta que lo logras perder”. En Barcelona por fin ha conseguido relajarse, “los primeros días seguía mirando todas las motos que pasaban por mi lado, ahora ya no me preocupo”.

COLOMBIA, ¿UN PAÍS QUE GARANTIZA LOS DERECHOS HUMANOS?

El Plan Colombia marcó una antes y un después en la vida de Daza y de millares de colombianos. “Durante el desarrollo del Plan Colombia, vimos la necesidad de denunciar todo lo que estaba pasando. Ya que no solamente se erradicaban los cultivos ilícitos, sino que, por allá donde pasaba la fuerza pública, acababa con todo. Si cogían una persona en la casa la violaban, la maltrataban, la asesinaban. Si te dejabas coger por las fuerzas militares estabas destinado a desaparecer”. Daza cuenta así su experiencia de lo que supuso el Plan Colombia para las comunidades rurales.

El Plan Colombia fue un acuerdo entre Colombia y Estados Unidos cuyo objetivo principal era evitar la entrada de drogas en el país norteamericano. También tenía que proporcionar los recursos necesarios para derrotar militarmente a las guerrillas, así como ayudar a la economía colombiana. 9 billones de dólares fueron los recursos que Estados Unidos dedicó desde 1999 hasta 2016 con el fin de cumplir estos objetivos. Ninguno de ellos se cumplió totalmente.

En 2005, después de cinco años de desarrollo del Plan Colombia, Daza y cinco compañeros decidieron crear un comité de derechos humanos, DH Bajo Ariari (una región de Colombia). Su victoria más relevante fue un acuerdo con el responsable militar de la región, Rodrigo Quiñones Cárdenas. Pactaron diez puntos para los militares, hecho que redujo drásticamente el número de
asesinatos y violaciones. Este logro ayudó a que la gente les conociese. “Todo el mundo llevaba una copia de los diez puntos en su bolsillo”, recuerda Daza con una sonrisa en los ojos.

ESTO VA DE POLÍTICOS Y EMPRESARIOS

“Empezamos a crecer, nos expandimos y es cuando la persecución contra nosotros se incrementa”. En 2007 el paramilitar Geremías Higuita Arango, alias 'Pantera' se persona en casa de Daza y se encuentra a un amigo suyo al que le dice: “Necesito encontrarle como sea, el operativo que estoy haciendo en la región es para matarle. Voy a rajarle y sacarle la grasa de la barriga para curarme la cicatriz que tengo en la cara”. Años después, el paramilitar afirmó delante del fiscal que actuaba bajo la dirección del actual alcalde Puerto Rico (Colombia), Luis Alfonso Suarez Sánchez, aunque este lo niega.

“Colombia está vendida a las multinacionales”

“Yo estoy amenazado por las organizaciones paramilitares Bloque Meta y Bloque Centauro, responsables de multitud de masacres en el Meta y el Guaviare [regiones de Colombia]”. Con una voz fría y sin atisbos de emoción, Daza explica quiénes son los que le han perseguido durante más de 30 años. Acaba de volver de su clase en la Universidad Autónoma de Barcelona y me recibe con mucha energía. “El paramilitarismo no se ha debilitado con los acuerdos de paz, sólo han parado las masacres. Lo que están haciendo ahora es controlar las regiones donde antes estaban las FARC”. Las FARC-EP se convirtieron en gobiernos de facto en muchas regiones debido al abandono del Estado. Ahora los paramilitares han tomado estos territorios. “Esos terrenos son ricos en petróleo, minerales y se puede plantar palma africana, por eso se los están entregando las multinacionales. Colombia está vendida a las multinacionales”.

¿FAMILIA Y HOGAR? NO EN COLOMBIA

“Me da miedo que, por intentar cogerme a mi, vayan a secuestrar a mi niña, eso me preocupa”. Daza, a más de 5.000 kilómetros de su casa, habla de su familia y su rostro se tensa, sus ojos se entristecen. “Es muy difícil tener una familia con esta vida. Estuve 16 años con mi primera compañera, tuvimos dos hijos, y por el estar yendo de un lado para el otro, sin ninguna estabilidad, tuvimos que separarnos. Con la segunda pasó algo parecido”. Defender lo que él cree que es justo le ha llevado a separase de dos mujeres y no poder tener cerca a sus hijos. Aun así “uno está muy convencido de lo que hace, sino no se puede aguantar esta situación”.

“En 2007 tuvimos que irnos del pueblo donde me crié, las amenazas contra mi persona eran insostenibles. Fue complicado dejar la finca, los cultivos y los animales, pero mi pareja y yo nos fuimos a Bogotá. Allí no sabía cómo vivir sin un trozo de tierra. Yo soy un campesino, la ciudad era un terreno complicado para mi”. Bogotá es una ciudad de más de 8 millones de habitantes, muchos de ellos desplazados por el conflicto. La desigualdad extrema que se vive en sus calles es complicada de narrar con palabras. “Cuando pude, dejé la capital y me volví a las regiones”. 

MENSAJES DE MUERTE, PERSECUCIONES Y UN ATENTADO

Desde 2011 Daza ha estado trabajando en la Fundación por los Derechos Humanos del Oriente y Centro de Colombia (DHOC), sucesora de la asociación creada en 2005. DHOC se encarga de la denuncia de la violación de los derechos humanos en diez departamentos, la anterior solo en uno. Durante todos estos años las amenazas contra Daza no han cesado. “Me decían que me tenían localizado, que mañana me iban a matar, que era un guerrillero. Los defensores de derechos humanos tenemos un estigma muy grande, nos tratan de guerrilleros porque denunciamos los atropellos de la fuerza pública”.
“No sabían por dónde iba a salir de la casa, por eso tuve margen para reaccionar y salvarme
“Escuché: ¡Es él! Volteé y vi a tres hombres, uno con una pistola en la mano. Yo rápido puse la mano mi cartera haciendo como si tuviera una pistola, no llevaba ninguna. El hombre de la pistola se resguardo en una esquina y yo salí a la carrera hasta mi casa que estaba a dos minutos.” En 2013 Daza sufrió un atentado en Villavicencio, capital de la región del Meta, donde reside actualmente. “No sabían por dónde iba a salir de la casa, por eso tuve margen para reaccionar y salvarme”.

Tener que llevar un furgón blindado, escolta policial, así como estar pendiente de que en cualquier momento le podían matar hizo que se plantease irse durante un tiempo. Aun así, después de seis meses en Barcelona volverá a Colombia. “Estoy muy convencido de mi trabajo. Me pueden matar, pero hay muchos que ocuparan mi lugar”.

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