Literatura en catalán: un diamante que brilla

Uno de cada cuatro libros publicados en Catalunya está escrito en catalán, la lengua habitual de lectura para el 27,4% de los lectores catalanes. El momento actual de la producción literaria en este idioma invita al optimismo por su variedad y calidad, aunque sigan persistiendo algunas nubes.

Semana del Libro en Catalán
Panorámica de la Semana del Libro en Catalán de 2017, con la Catedral de Barcelona al fondo. Foto: Manuel Medir

publicado
2018-09-14 06:00:00

El domingo 16 de septiembre se clausura en Barcelona la edición número 36 de la Setmana del Llibre en Català, un evento en el que han participado 183 editoriales en cuyo catálogo se pueden encontrar títulos en catalán. En los stands de esta feria se venden desde las novedades de los dos gigantes mundiales de la edición en castellano —Planeta y Random House, con amplia selección de lanzamientos en lengua catalana— hasta los frutos de pequeñas iniciativas unipersonales que a duras penas publican un libro al año. Así, en el encuentro coinciden traducciones al catalán de superventas planetarios y volúmenes de tirada muy reducida. Un muestrario diverso que da cuenta del estado actual de la producción literaria en el idioma en que Mercè Rodoreda publicó La plaça del diamant en 1962. Y si se atiende a las cifras, la edición en catalán vive un buen momento.

Presentado en junio de este año, el avance del Informe de Comercio Interior del Libro que elabora la Federación de Gremios de Editores de España, con el respaldo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, indica que en 2017 se vendieron 157,88 millones de ejemplares, un 0,4% más que en 2016, y se editaron 87.292 títulos nuevos y reimpresiones, un 7,1% más.

Según este estudio, Catalunya fue la comunidad autónoma en la que sus editoriales publicaron más títulos el año pasado (30.438, el 35% del total estatal), con un incremento de seis puntos sobre 2016.

De esos 87.292 nuevos títulos editados en todo el país, el 75,6% se publicaron en castellano, un total de 65.961; el 13,8% en catalán (12.041); en gallego, 1.747 (2,3%); en euskera, 1.562 (2%); y en otras lenguas, 4.246 (5,6%).

“Es un momento muy interesante por la suma de varios factores”, considera Montserrat Ayats, responsable de Eumo Editorial y presidenta de la Associaciò d’Editors en Llengua Catalana, agrupación empresarial que organiza la Setmana del Llibre en Català. Entre esos motivos, ella destaca la creatividad —“que tiene que ver con autores publicando actualmente que empezaron a leer y escribir en catalán en los años 80 y 90”—, el trabajo de traducción —“con una lengua muy viva y próxima a la gente”— y también la labor de internacionalización de la literatura catalana. “Todo suma para que nuestra lengua y nuestra literatura sean más conocidas”, resume.

Sin contar libros de texto, aproximadamente uno de cada cuatro libros publicados en Catalunya está escrito en catalán. Según la última edición del estudio de hábitos de lectura y compra de libros en Catalunya, un informe que la Generalitat encarga a la empresa Conecta, en 2016 el catalán era la lengua habitual de lectura para el 27,4% de los lectores catalanes (en 2011 lo era para el 21,2%) y un 58,8% leía ocasionalmente en catalán. Además, el 95,6% de los lectores catalanes que leen algún libro en su tiempo de ocio son capaces de hacerlo en catalán sin necesidad de recurrir a un diccionario.

Ayats valora la pluralidad y calidad de la narrativa en catalán, aunque apunta también escenarios de mejora: “Hay una oferta variadísima en novela negra. Como industria hemos ido buscando géneros que nos diferencien, eso hace que hayamos ganado en diversidad y en oferta, aunque seguro que nos faltan cosas: nos gustaría poder ofrecer más ensayos traducidos. El problema es centrarse en un género y no garantizar, por ejemplo, que haya cómic en catalán o novela de fantasía. Los lectores tenemos necesidades variadas y eso la industria tiene que cubrirlo”.

Ella, además, no cree que la falta de lectores sea una dificultad exclusiva del catalán y precisa que “lo que necesita cualquier lengua es que trabajemos bien el tema de la lectura porque a todas las lenguas les faltan lectores”.

El hijo del corrector

De algunas vicisitudes literarias catalanas y en catalán, de los dilemas que plantea la traducción y las encrucijadas que ha de sortear quien escribe en dos idiomas, entre otras cosas, se ocupan Adrià Pujol Cruells y Rubén Martín Giráldez en Ell fill del corrector / Arre, arre, corrector, un sorprendente libro publicado en marzo por la editorial Hurtado & Ortega.

Presentado en apariencia como la edición bilingüe de una autobiografía en catalán de Pujol Cruells —su padre fue corrector y amigo de Josep Pla, figura capital de las letras catalanas— traducida al castellano por Martín Giráldez, pronto se transforma en una deliciosa conversación entre ambos. Una discusión en la que, a través de las notas a pie de página y los propios textos, intercambian opiniones y hasta sus papeles de autor y traductor, proponiendo una lectura que amplía el campo de lo esperable por parte de quien está al otro lado pasando páginas. “La primera novela catalana buena”, sugiere Antoni Martí Monterde en el epílogo, quien también cataloga el libro, poniendo freno a la hipérbole, como “un diálogo entre lenguas literarias, pero no sobre las lenguas”.

Respondiendo para El Salto a la cuestión de si existen dos mundos literarios catalanes diferenciados —el que se lee en catalán y el que se expresa en castellano—, Martín Giráldez cree que es “curioso” pensar “que dos literaturas estén creciendo impermeables la una a la otra y separadas por escasas capas de pellejo”, mientras Pujol Cruells señala que “los escritores en catalán y los escritores en castellano saben los unos de los otros pero rara vez coinciden en saraos y rara vez se citan”. También apunta que muchos lectores consumen en ambas lenguas y añade un matiz acerca de la traducción, asunto clave: “Los escritores en castellano no necesitan ser traducidos al catalán para ser leídos pero si los escritores en catalán no se traducen al castellano, es muy difícil que se lean fuera de Catalunya y a veces incluso dentro”.

Ell fill del corrector / Arre, arre, corrector constituye un ejercicio que complementa, bajo otro enfoque y geografía, lo que el escritor vasco Iban Zaldua planteó en Ese idioma raro y poderoso (Lengua de Trapo, 2012): reflexiones sobre el proceso de escribir —y todo lo que le rodea: industria, recepción, profesionalismo— cuando se vive en dos lenguas y una de ellas ha soportado persecución y prohibición.

En una de sus numerosas y sustanciosas notas a pie de página, firmada por Pujol Cruells (o el personaje que así se llama en el libro), se practica una resonancia magnética al panorama editorial en catalán cuyo diagnóstico indica que “se ha convertido en un trencadís de pequeñas editoriales, con un par o tres que aspiran a medianas y con la sombra de los cachalotes moribundos” y especifica como corolario que “el glamur está en las pequeñas, el cobrar medianamente bien está en las medianas y el formol con lentejuelas está en las hipertrofiadas”.

Asimismo esa nota describe cuál es el orden canónico de premios y editoriales por el que ha de discurrir la carrera de quien escribe en catalán para considerar que ha triunfado. Martín Giráldez lo impugna y hace un alegato a favor de otros recorridos: “Ese triunfo medido en pasos en el orden correcto no puede interesarme menos, porque el orden estipulado de los premios, editoriales y caminos recomendables habría dado como resultado una bibliografía propia muy distinta. Quiero decir que hay libros imposibles de escribir o publicar si no es saliéndose del camino”.

Sin mucho entusiasmo —“hombre, pues sí, vive un buen momento”—, Pujol Cruells se suma a la valoración positiva del sector editorial en catalán, si bien añade que “la música del quejumbre no cesa: ventas bajas, protección del idioma, condiciones laborales del escritor profesional”.

Ambos autores cuentan con una trayectoria previa como novelistas, ensayistas y traductores que confluye en este peculiar trabajo. Hasta ahora, Pujol Cruells ha publicado en catalán mientras Martín Giráldez lo ha hecho en castellano, por lo que cabe preguntarles cuáles son los motivos que llevan a tomar esa decisión y si es una elección consciente. O incluso si es una elección.

“Supongo que sí se puede elegir, incluso en el caso de que no empleemos la lengua no materna con soltura —responde Martín Giráldez— pero la elección siempre se planteará en términos de naturalidad/artificialidad/artificiosidad. Sin juicio de valor, digo, porque la artificialidad no está reñida con el arte y la naturalidad no está reñida con el after shave”. En su caso, reconoce que no sabría escribir en catalán “con la voz impostada y macarrónica de la ficción, que, en realidad, se parece más a como pienso en voz baja en castellano, porque si hablase así no me venderían pan”.

Pujol Cruells, por su parte, admite que “la elección puede ser una mera estrategia mercantil, allende las comodidades que tiene el escribir en la lengua materna o paterna”.

Años felices

Picoteando en ambas orillas de los dos idiomas catalanes, y jugando como portero y delantero, se encuentra el editor y escritor Gonzalo Torné. Nacido en Barcelona en 1976, este autor ha obtenido creciente reconocimiento con sus tres últimas novelas: Hilos de sangre (Mondadori, 2010), Divorcio en el aire (Random House, 2013) y Años felices (Anagrama, 2017). Para él, la condición bilingüe no supone un conflicto a la hora de escribir. Al contrario, asegura a El Salto que es un refuerzo para algunos de sus propósitos: “Si, como en mi caso, hay una intención deliberada de bastardear un poco el registro académico, es una bendición”.

Torné no observa un cisma insalvable entre quienes publican en catalán o en castellano y apela a la experiencia en primera persona para documentar esa percepción: “En la presentación en Barcelona de Años felices había más escritores en lengua catalana que en lengua castellana, casi seguro. Me carteo con ellos, les presento libros, los traduzco, discuto con ellos, los edito... También es cierto que siempre han sido muy amables con mis libros y que me fascina que dos lenguas literarias maduras compartan espacio, es un fenómeno insólito”.

En su análisis sobre la situación presente del ecosistema literario en catalán, destaca que “hay un puñado de editores muy inteligentes y una crítica más viva que la castellana, aunque ellos crean que no” y aporta una mirada optimista: “Entre mi generación y los más jóvenes quizás no haya una obra incontestable, que es para lo que sirve la literatura, pero hay mucha gente con talento empeñada y ya saldrá”. 

Como principal déficit, Torné apunta a las traducciones —“es irrisorio lo que hay traducido al catalán de Roth o de Naipaul”— ya que “la convivencia con el castellano complica mucho el asunto”, y concluye señalando otro riesgo a medio plazo: “La ampliación de la base de lectores se está haciendo a costa de suministrar cursilería radioactiva en vena a cargo de ‘mediáticos’, novelas de las que el lector no se recupera”.

1 Comentario
Victor 11:31 14/9/2018

"Picoteando en ambas orillas de los dos idiomas catalanes" diría el "primo" del Rivera... ¿Se referirà al Català y al Aranès, supongo?

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