‘Perros de caza’, una historia verdadera (y literaria) de Almansa

La Almansa que relata Borja Navarro en la novela ‘Perros de caza’ sigue creyendo más en curanderas que en medicina y la vuelta a casa de alguien nacido en los años 90 es la mejor forma de explicar ese viaje en el tiempo.
El escritor Borja Navarro, autor de ‘Perros de caza’
El escritor Borja Navarro, autor de ‘Perros de caza’.

El 4 de septiembre de 1955 se produjo la riada de Almansa. Una tormenta de 45 minutos arrasó con el pueblo: nueve muertes humanas, muchas más de ganado, casas, fábricas y calles destrozadas que acabaron en la huerta convirtiéndola en una fosa común. Algo que no es nuevo para el pueblo. En 1939 albergó uno de los campos de concentración franquista más presentes en la historia a pesar de que se destruyeran todas las pruebas de ello en la dictadura.

Perros de caza (Malas Tierras, 2026), la nueva novela de Borja Navarro, empieza un año antes de esta riada, en 1954, con el nacimiento de Niña, la protagonista del libro. “Esta es la historia de Almansa y de una niña. Sobre todo, de Almansa, pero también de una niña”, comenta el autor. Niña es Rosa Gozálvez madre y brilla “como una bola de discoteca cuando en España no existían las discotecas”. Cuando Rosa tenía un año ocurrió esta riada que podría haber impedido lo que se convertiría en el hecho que de verdad sostiene este libro: el exorcismo de Almansa.

El 19 de septiembre de 1990, en Almansa, fue asesinada —porque llamarlo exorcismo a secas es mentir— la niña de 11 años Rosa Gozálvez. Su madre, su tía y dos compañeras de profesión, curanderas, fueron arrestadas por el asesinato esa misma madrugada en la habitación donde la habían exorcizado. Rosa Gozálvez, la madre, era curandera y contrató a estas para ampliar el negocio, como ya hizo con su propio marido, quien dejó su trabajo para convertirse en su secretario.

En ‘Perros de caza’, Borja Navarro parte de un suceso real, un exorcismo, para contar la historia de un pueblo, Almansa

En Perros de caza, Borja Navarro parte de este exorcismo para contar la historia de un pueblo. Rosa Gozálvez madre es Niña y el personaje principal, tanto cuando está presente como cuando no, de esta novela. Porque Niña es todos los elementos de la novela y representa el agua, el perro de caza, Dios y la muerte.

“Hay una columna vertebral casi subterránea como el agua. Al principio se dice que el agua va por abajo de la tierra y los zahoríes con el péndulo van buscando dónde cavar pozos. ¿Qué es el agua?”, se pregunta Navarro, quien se contesta a sí mismo asegurando que todas las historias están de alguna forma conectadas por el agua, igual que por la niña. “En un entorno tan seco me parecía bonito crear ese simbolismo con el agua como un espejo del pueblo. El agua que está podrida en este momento pero que en su momento arrastraba todas las leyendas que se decían del pueblo y el agua que cuando nace la niña crea una riada que arrasa con el pueblo”.

A la madre de Niña le insistían que su hija era un ángel hasta que ambas se lo creyeron. Niña creyó que su madre era Dios hasta que la edad le hizo verla como Judas porque Dios era ella misma. En esa época se asentó una tradición que todavía sigue presente en este país: las madres cuidan de las niñas y la casa hasta que ya no pueden más y los padres usan sus manos fuertes para el trabajo, la botella y los golpes. La gran diferencia entre la época en la que se crió Niña y el ahora es que ya no hay fábricas y la España posindustrial limita el trabajo de los padres a la botella y los golpes.

Entre los años 60 y los 90 cada zona del país desarrolló, hasta exprimirla, una industria. Almansa fue una de esas ciudades que era pueblo y cuyo desarrollismo dependió de sus fábricas. Borja Navarro escribe que “la epidemia del calzado alcanzó a todos los habitantes de la comarca”, algo que acabó sucediendo también con el ocultismo, el fanatismo religioso y las prácticas esotéricas. Pueblos posindustriales y padres postrados cuando ya no sirven para el trabajo, la botella y los golpes.

“Almansa me emociona y me da miedo a la vez”, reconoce el autor. “Me transmite desde lo visual hasta su situación social ahora mismo. No es una aldea, tiene como casi treinta mil habitantes, pero es un lugar hiperconectado en lo dramático también”

“Almansa me emociona y me da miedo a la vez”, reconoce el autor. “Me transmite desde lo visual hasta su situación social ahora mismo. No es una aldea, tiene como casi treinta mil habitantes, pero es un lugar hiperconectado en lo dramático también, ¿sabes? Sobre todo en lo dramático, te enteras de lo malo que le pasa a todo el mundo”. Navarro asegura que le gusta sembrar la escritura en los lugares que le conmueven. Y Almansa es un ejemplo. “Digamos que es como una relación con un padre al que quieres mucho, pero bebe y no sabes cómo te lo vas a encontrar cuando abras la puerta. Y eso de alguna forma te genera una relación con el pueblo. No me gusta tildarla de tóxica, pero compleja, muy compleja y, a lo mejor, no especialmente sana. Cubre un espectro de emociones muy amplio”, describe.

Niña fue un ángel, un perro de caza, el agua que corre bajo la tierra de Almansa furiosa y poderosa. “Si los perros de caza supiesen de su poder, la comarca los temería”, escribe Navarro. Y eso es lo que pasó con Niña. Con Rosa.

Perros de caza habla en su segunda parte de la herencia en la España posindustrial que todavía vive en un catolicismo temeroso. Cuando dice “supe que las fábricas quebrarían, que el calzado entraría en crisis, que la gente caería en la droga y construirían un Burger King” es porque literalmente, el cartel de la cadena de hamburguesas se eleva por encima del pueblo como un monolito que lo patrocina. La Almansa que relata Navarro sigue creyendo más en curanderas que en medicina y la vuelta a casa de alguien nacido en los años 90 es la mejor forma de explicar ese viaje en el tiempo. Para la generación de minijuegos.com, Habbo, Messenger y estudiar fuera de casa el contraste es mayor. “El exorcismo no solamente causó dolor, que también, también provocó un complejo en el pueblo, y en zonas como Villena. Allí antes había muchísimos más curanderos. Era un negocio tan rentable como las fábricas de zapatos”, recuerda el escritor.

Este pasado es el que marca la segunda parte del libro, en el que un pueblo deprimido, explotado y podrido en todos sus sentidos ya no sufre porque no siente nada. Las generaciones se van difuminando y todas comparten bares y plazas donde ver pasar el tiempo en un pueblo cuyas mujeres fueron pioneras en 1900 por ser las primeras en convocar una huelga para equiparar su salario al de los hombres. Pero Niña sigue siendo protagonista a través de otros ojos y utilizando otro cuerpo. Si ella fue una niña brillante y acabó siendo una adulta oscura, el pueblo que resplandeció acabó por apagarse al mismo ritmo. El capitalismo y lo sobrenatural son la forma de explicarse el paso del tiempo hacia el fin de todo lo que conocían y se asientan en el ahora marcando a todo el que llega o nace después.

Los caminos llenos de gasolineras cerradas y puticlubs abiertos entre las curvas de la nacional acaban y llegamos a una recta que presenta la provincia de Albacete como un lugar plano y seco. “Esa idea de far west y de zona que está marcada por una especie de aura de terror es realmente habitual fuera de las ciudades que habitamos. Aunque realmente no describo una Almansa real. Mi idea de los escenarios, aunque estén ubicados en el Santuario de Belén, las plazas del pueblo o el pantano, realmente no los describo pensando en que son así. El libro está marcado por la visión de una protagonista que vuelve a casa sintiendo que ha fracasado y cuyo pueblo representa ese fracaso”.

En una España con fábricas en quiebra, cadenas internacionales y centros comerciales marcando entradas y salidas de provincias y la caza como deporte sigue existiendo ese miedo a lo sobrenatural para explicar la decadencia. “Un calendario religioso, un póster de una mujer desnuda, el escudo del Albacete” y una generación que ha heredado esa depresión. Perros de caza dialoga con otro libro en el que un pueblo desindustrializado es el protagonista como sucede en Facendera (Anagrama, 2022) de Óscar García Sierra, mientras también lo hace con Carcoma (Amor de Madre, 2021) de Layla Martínez o Temporada de huracanes (Random House, 2017) de Fernanda Melchor, donde el terror no son solo sombras sino las personas que las proyectan. Donde la gente acude a lo que teme para sentirse a salvo.

“La idea de ese pantano podrido, por ejemplo, surge de Slab City”, explica Navarro, quien lo visito durante un viaje por California. “Es una comunidad que vive al margen de la sociedad, está en el desierto de Sonora y es un lugar marrón, totalmente turbio y de camino pasas por una especie de costa de más de 300 metros que está desierta también. Pues si bajas del coche vomitas, huele a podrido. El sitio se llama Bombay Beach y está en la orilla de Salton Sea, un lago que se creó cuando se rompió una presa y se acumuló agua. Hicieron un complejo residencial, pero cuando se pudrió el agua empezó a morir todo lo que estaba en ella y ahora es un pantano podrido, como el de la Almansa de Perros de caza”.

Borja Navarro parte de Habbo como representación de un internet, como explica Proyecto UNA, que buscaba el intercambio, no la monetización, y en el que el anonimato era común. A veces para fines oscuros, pero también para poder comunicarte sin miedo a juzgarte. En Habbo es el usuario quien posee un cuerpo ajeno, quien habita una realidad que no le pertenece del todo y, para exorcizar, solo hace falta darle a un botón.

La protagonista de esta segunda parte utiliza la posesión que le dicen que está sufriendo para ver sus problemas desde lejos, algo que realmente hacemos todos. “A veces no puedes soportar que el dolor venga de todos lados y no poder hacer nada. La fe, la ciencia y otras cosas ayudan a algunas personas a encontrar algo de lógica. No podemos arrancar una visión del mundo tan arraigada sin más. También podemos intentar entender de dónde viene”.

‘Perros de caza’ es una novela que supone un giro en el estilo de Navarro, pero que continúa con un discurso cuyo centro es, curiosamente, representar a quienes habitan en los márgenes

Perros de caza es una novela que supone un giro en el estilo de Navarro, pero que continúa con un discurso cuyo centro es, curiosamente, representar a quienes habitan en los márgenes. Con Arcén (Dos Manos, 2023) ya explicó qué le interesaba y por qué y con esta novela solo da un paso más cambiando de Valencia a Almansa. Ese viaje de un sitio a otro, el mismo que hacemos para tener esta conversación y acabar volviendo a Alicante como el agua que acaba en el mar como lo hace Mostrenco, el marido de Niña cuando ya no es niña. Mostrenco representa la ternura y el amor del hombre que no sirve para el trabajo pero tampoco para los golpes y cuya vida es intentar cuidar pero acaba solo, aparentemente, en una casa en la playa en la que no eligió estar.

“Con el agua también intento hacer una reflexión sobre la ternura. Esa gran balsa de agua, que en este caso es el Mediterráneo, como objetivo vital. Como el sueño del obrero de acabar en la playa, retirado. Y bueno, eso es otra forma de agua también, ¿está guay acabar así no?”.

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