Guillermo Arriaga, el lengüetazo de la muerte

Guillermo Arriaga escribió los guiones de las películas Amores perros, 21 gramos y Babel pero dice que “guionista” es una palabra peyorativa. Él se considera escritor. La novela El Salvaje, de 700 páginas, es su más reciente obra.

El escritor mexicano Guillermo Arriaga
El escritor mexicano Guillermo Arriaga, durante la entrevista. Aída Páez

publicado
2017-12-28 13:45:00

Su nombre suena a despacho de abogados, Guillermo Arriaga & Asociados. Luce el físico de un quarterback retirado. Cráneo robusto, espaldas anchas, brazos fuertes y una altura de 190 centímetros que dan para imaginar muchas yardas en pases y más de un intercambio de puños.

Pero son solo imaginaciones, ficciones, como los libros y las obras de cine que escribe. Sí, obras de cine, películas le sabe a poco. La palabra guión le parece peyorativa. Quien se lo discute se enfrasca con él en una “hermosa pelea”, como le gusta definir las discusiones a este azteca (México D. F., 1958) autor de la trilogía Amores perros, 21 gramos y Babel. El director fue otro, también mexicano, con el que acabó a malas.

Desde entonces, Arriaga controla todo alrededor de sus creaciones, porque es su mundo y cree que es de justicia que el autor de la historia sea reconocido por su trabajo.

Anda en Madrid, presentando su última novela, El Salvaje, editada por Alfaguara. Antes del cine, Guillermo Arriaga arrancó su carrera con la literatura. El déficit de atención que padeció de niño le desvió del camino de la lógica. Después vinieron la dirección y la producción cinematográfica. Al fin y al cabo, todo está relacionado. Es un juglar contemporáneo, un narrador de historias con un sello propio. Aunque él mismo explica que la mayoría de la gente cuando cuenta un suceso no lo hace de manera lineal. Pues él tampoco.

En vez de en ese bufete de abogados ficticio, Guillermo Arriaga está cómodo en el campo, en contacto con la naturaleza, arrastrándose sobre el piso y portando al hombro un arco y unas flechas en el carcaj. Su tiempo es el de los animales y su ética le impide ser un tipo moral. A continuación, se levanta, tensa la cuerda y comienza a disparar puntas afiladas.

¿Qué es lo primero que hace nada más levantarse?
Ver quién ha mandado mensajes en el celular. Luego veo los titulares de los periódicos, de muchos periódicos: de España, Inglaterra, Estados Unidos, Colombia y de México, por supuesto. Lo hago así para saber qué voy a tener que leer después. A continuación desayuno y a trabajar. Casi siempre en las mañanas doy entrevistas. Doy un promedio entre tres y cuatro por semana. Luego tengo sesiones de Skype. Como tengo trabajos a ambos lados del Atlántico suelen ser a la mañana o por la noche. Y luego a escribir.

[El señor Arriaga enseguida pide, por favor, que no se le trate de usted. A partir de ahora nos dirigimos de tú a Guillermo].

¿Has tenido alguna lesión de tanto escribir?
Muchas. Tuve el síndrome del túnel carpiano, se me durmieron tres dedos [se los señala]. Escribo en teclado, antes usaba una máquina de escribir. Mientras estuve convaleciente dejé de escribir y me puse a dirigir una película. Esta novela, El Salvaje, me costó doce kilos. 16 horas sentado delante de la computadora me puso lo chanchito que estoy ahora.

¿Cuál es tu empleo?
Soy escritor. Es lo que respondo cuando me preguntan al mostrar mi pasaporte. Después viene director y productor.

Luego no eres guionista.
Nunca. Esa es una palabra peyorativa.

¿No puede ser que haya guionistas y escritores?
Yo creo que no. Es injusto porque eso significa que tú solo haces una guía que el otro va a desarrollar. En este negocio tú ofreces o mundo u oficio. Quien ofrece lo primero está ofreciendo sus huellas digitales, sus vivencias. Quien ofrece un oficio es aquel que dice “tengo tal idea, desarróllamela”. No son lo mismo Charlie Kaufman o Sam Shepard que quien escribe siempre por encargo.

Entonces, ¿por qué nadie dice obras de cine?
Empezó a haber un desprecio, falta de respeto hacia el trabajo del escritor que condujo a esta palabra peyorativa que es guión. La que significa, casi, casi, pequeño manual con el que el autor va a hacer la obra. Lo que me parece injusto. El cine es el único arte donde un autor primario no es reconocido como autor. No digo que sea el autor de la película, pero sí es uno de los autores de la misma.

El escritor de la obra de cine, ¿no está bien valorado en Estados Unidos?
No. Tampoco en México. En mi caso sí porque ha sido una pelea personal. La mayor parte de mis colegas son gente tímida, no quieren ver a gente. Los directores y productores los avasallan cuando se enfrentan a ellos.

¿El cómo te vendes es importante?
Sí. Pero eso tampoco va en demérito de quien lo hace. Hay escritores que trabajan las ideas de otros. Luego están los que tienen un mundo muy particular. No significa que uno sea mejor que otro. Uno ofrece oficio y otro mundo. Cualquiera que lea El Salvaje, Retorno 201 y vea Amores perros se dará cuenta de que pertenecen al mismo vaso comunicante. Que pertenecen a un mundo.

¿Qué hueco deja la experiencia personal a la imaginación dentro de la historia?
María Zambrano decía que este es un objeto, este es otro, y la imaginación es el puente que los une. Mi trabajo es unir dos vivencias separadas a través del salto de la imaginación. Eso no quiere decir que esté haciendo autobiografía, estoy usando vivencias para alimentar la ficción. Por ejemplo, mis hermanos y padres viven, y el personaje protagonista de El Salvaje es huérfano y le llamé Juan Guillermo, para que la gente se confundiera. Es ficción.

Borges no era precisamente el tipo más aventurero del mundo y escribió obras maestras porque el tipo tiene una biblioteca y se inspira en lo que lee

Y sin esas vivencias, ¿cómo se hace para ser escritor?
Todo el mundo las tiene. Estar todo el día pegado a Facebook es una vivencia. Jane Austen es la aburrición de ser una mujer burguesa esperando a que llegue el hombre con el que te vas a casar. Todo se limita a estar esperándolo sentada en salones de té. Y, sin embargo, hace obras maestras.

Borges no era precisamente el tipo más aventurero del mundo y escribió obras maestras porque el tipo tiene una biblioteca y se inspira en lo que lee. No todos los escritores tienen que vivir las vivencias porque es injusto para el que no tiene esas vivencias. A mí esas vivencias me sirven, pero lo acaba de decir Mario Vargas Llosa: “Mi trabajo es investigar muchísimo”. Que no se tengan vivencias no significa que no se tenga nada que contar.

Aparte, Hemingway decía que “tener vivencias no significa que las puedas contar”, hay que tener un mundo interior. Y hay tipos con más mundo interior sentados delante del Facebook que los que se van a viajar por ahí.

¿Te da miedo vender los derechos de tus obras y que otro haga las películas?
No, porque yo voy a estar ahí presente. No es “la vendo y me voy”. En todas las películas en las que he estado vinculado, excepto en una que tuve un pleito con el director, he estado presente. De principio a fin. Hay películas en las que incluso elegí el casting.

No parece que eso sea la norma en el mundo del cine.
No. Mira, en el cine nunca te van a dar, ni te van a pagar lo que mereces, si no lo que negocias. Cómo te vendas tú. A mí me gusta estar cerca de lo que se está haciendo, aportando dentro del set, en la sala de edición, en la selección de reparto, incluso en la corrección de color.

¿A los directores les gusta que aportes tanto?
Es una negociación que haces con ellos antes. Yo les cuento cómo trabajo, les pregunto si quieren hacerlo o no. Les doy la opción. Si a mí me dicen “dame tu trabajo y ya nos vemos”, entonces no lo hago. Pero eso se acabó, ahora solo voy a trabajar con tres directores: Mariana, Santiago y yo.

Tus hijos, ¿cierto?
Sí. Y ellos sí son tan cabrones de decirme “vete de aquí” [se ríe]. Y tienen toda la razón. Ahí es un caso distinto. Soy el papá, el esclavo que les escribe, con mucho gusto.

¿Cómo es tratar con los actores y actrices?
No he tenido problema alguno con ellos. Sí he tenido con alguno discusiones, hermosas peleas digo yo. Mi obligación es cuidar la historia. La cuestión y congruencia de la historia.

¿Sabes cuándo un actor o actriz ha entendido lo que has escrito?
Por supuesto. Tiene que ver también con el gusto. Hay ciertos intérpretes que sé que no lo van a entender entonces para qué se lo voy a dar [el papel].

De niño, junto a tu hermana, estudiaste en colegios privados y bilingües, ¿por qué fue un problema para ti?
Eran dos mundos. Mientras mis compañeros se iban de vacaciones a España, mi familia y yo nos íbamos a Acapulco. Para nosotros Europa era una cosa muy lejana. Cuando mis padres viajaron a Europa fue un evento importante, después lo hicieron por todo el mundo, conocen 120 países. Entre el mundo de estos muchachitos y el que yo vivía en mi barrio había mucha distancia de por medio. Ahora, y muy importante, la cultura y la educación de mis papás. Lo que ellos hablaban a la hora de la comida no lo hacían los papás de estos compañeritos. Mientras en sus casas se leía el Hola, mis padres estaban leyendo a Kant, a Faulkner, a…

¿Y eso por qué?
Son gente con mucha curiosidad intelectual. Por ese motivo mi hermana y yo nos dedicamos a este tipo de oficios, mi hermano es científico, siempre hubo una curiosidad por parte de mi papá y de mi mamá. Y la sigue habiendo. Mis padres, a la fecha, te pueden saber perfectamente quién es Kazuo Ishiguro y qué libros ha escrito, mencionar a Schopenhauer y al tiempo decir la tabla de posiciones de la Liga de fútbol de España y cuál es el último disco de Katy Perry. Están pendientes del mundo. Heredé esa curiosidad. Además, a mis papás les fue bastante bien económicamente, tanto que se dedicaron a viajar.

Harías amistad con alguno de tus compañeros.
Sí, pero era una escuela muy represiva.

¿Represiva como la que aparece en El Salvaje?
Justo. Así era la primera a la que fui. Represiva, obsesionada con la disciplina y el control. La otra en la que estudié, Escuela Mexicana Americana, estaba obsesionada con el conocimiento, la libertad y la crítica. Mientras mis compañeritos de mi primera escuela, desde la primaria, estaban pensando en qué se iban a poner de ropa, en la otra, con un espíritu más socialista, nos hacían ir de uniforme y así no nos preocupábamos de esas cosas. Antes fui a la otra, la represiva, que era muy prestigiosa, sobre todo por el inglés, pero realmente el idioma lo aprendí en la otra con profesores angloparlantes.

De niño tenías síndrome de déficit de atención y ahora escribes novelas de casi 700 páginas, ¿cómo ha sido ese proceso?
Ha sido de manera de natural. Los que tenemos déficit de atención es normal que no nos dediquemos a cosas relacionadas con la lógica. Hubiera sido muy difícil que yo fuera ingeniero o contador público.

El arte, la escritura, la creación, no obedecen a las reglas de la lógica, es un medio mucho más fácil para mí. Los libros y las películas me permiten escribirlos porque es un acto libre y de asociación.

De ahí tu manera tan particular de contar las historias, fragmentadas…
Porque así pienso. Si pienso de esa manera, escribo igual. Pero, además, es que así contamos las historias en la vida cotidiana. Nadie lo hace de manera lineal.

Sin embargo, en el cine, la literatura se tiende a esa linealidad.
Porque es cómodo. Pero la forma natural es ir y venir. Si tú me cuentas porque eres periodista, no lo vas a hacer del principio al final. No se empieza por el principio. Es cuestión de hacer conciencia cuando contamos una historia la estructura que estamos usando. En ese momento nos daremos cuenta de que no es una estructura lineal.

Me horrorizaría que alguien me dijera que mis personajes son morales. Es más, me horrorizaría que dijeran que yo soy un tipo moral. No, no, eso suena a derecha católica

¿Una obra es original por el cómo se cuenta?
Un obra es una mirada. Aunque los temas se repitan, las miradas no. A lo mejor ves algo a esta altura [y la marca] o lo ves debajo de la mesa o desde ahí arriba [y señala un lugar de la sala en la que nos encontramos]. Es dónde está la mirada. Este mismo cuarto puede ser narrado desde esa esquina o desde esta silla. La mirada es lo que cambia.

¿Por qué esos juegos de palabras surrealistas en el libro?
Yo cuando escribo no tengo ni idea de lo que voy a escribir. Mientras escribía, empecé una forma de narrar y me vinieron a la cabeza y lo hice. No soy un lector de los caligramas de Apollinaire. Parafraseando a Baroja, a veces el escritor quiere retorcer el lenguaje porque las palabras ya no le alcanzan, por eso yo usé estos juegos.

Si te digo que este libro (694 páginas) me lo he leído en tres días, ¿qué me dirías?
Que si junto tus tres días, con otros tres de otro lector y de otro y otro, puede que junte mis cinco años y medio que me ha llevado escribir El Salvaje. Estoy en déficit de días, lo cual, te sugiero, te pido que lo recomiendes para que la gente me regale sus días y junte mis cinco años y medio.

Guillermo Arriaga
El escritor mexicano Guillermo Arriaga ha publicado la novela 'El salvaje'. Aída Páez

¿Los personajes de El Salvaje son seres morales en un mundo inmoral?
No. Mis personajes son seres contradictorios en un mundo contradictorio. Me horrorizaría que alguien me dijera que mis personajes son morales. Es más, me horrorizaría que dijeran que yo soy un tipo moral. No, no, eso suena a derecha católica.

¿Cómo describirías tu infancia?
Fue complicada por el déficit de atención y por esa escuela tan obsesionada con la disciplina. La combinación de ese escuela conmigo, un tipo con una complicación para entender, no funcionó. No comprendía nada, era como si me hablaran en húngaro. Veía las matemáticas y no entendía nada. Nada.

He hablado con niños que tienen déficit de atención y te angustias porque empiezas a sentirte que eres tonto. Los demás entienden y tú no, ¿seré tonto? te preguntas. Pero, mientras eso sucede en tu interior empiezas a desarrollar otra forma de conocimiento, que es la intuición. En algunos casos sirve más que la lógica. No comprendes ciertas cosas, pero tu cerebro empieza a crear mecanismo de conocimiento. Hay casos famosos de déficit de atención, Miguel Ángel, Leonardo, Einstein.

De alguna manera, todo el mundo es especial.
Lo somos. Cuando yo era niño, el inteligente, el cerebrito del salón era el que sabía matemáticas. El que sabía de historia, escribir y pintar, ese era bobito. Entonces se premia la lógica, se castiga la intuición. Cada niño tiene procesos de aprehender el mundo de forma distinta. Y no todos lo tienen igual.

¿Qué muerte te marcó en la vida?
Por fortuna, hasta ahora solo he tenido la pérdida de un ser querido de mi familia. A los quince años perdí a mi abuela paterna, quien vivía con nosotros, era nuestro pivote. Ella era fundamental en mi vida. A la fecha ninguno de sus cuatro nietos lo hemos superado.

¿De ahí la presencia de la muerte en tu obra?
No. Creo que la muerte tiene que ver con mi personalidad. Soy cazador, luego de alguna manera me vinculo con la muerte.

¿Cuándo comenzaste a cazar?
Desde los nueve años. Y no tengo ni padre, ni abuelo cazador. A los tres años tenía la obsesión de ser cazador. Me encantaban las mujeres, yo no pasé esa época de rechazo hacia las niñas. Al contrario, me preguntaba ¿qué les pasa a mis amigos?, yo me decía “si son perfectas”.

¿Qué te gusta de la caza?
Que me hace sentir que pertenezco al mundo. Que soy parte de esa naturaleza. Vivimos en un mundo cada vez más enajenado, más distante. La gente no sabe de dónde viene ni su comida, cómo es el proceso para que los alimentos lleguen a su mesa.

La gente habla de la crueldad con los animales, dicen que ellos no lo son porque son veganos. Y ¿los montes que quemaron para sembrar tus zanahorias? O es que las zanahorias crecen en los bosques de manera natural. Estamos sentados en un trono de sangre y me da mucha tristeza que lo neguemos.

Cazo con arco y flecha, luego tengo que estar sentado observando. Te digo que hay muerte todo el tiempo. Un pájaro ve a una libélula y la caza. Un halcón ve a una paloma y la mata. Una garza comiendo pescaditos.

La agresividad es territorial, las jerarquías, los ritos de cortejo, las resistencias de las mujeres, la berrea, en México, se le llama la corrida, porque los venados machos se la pasan corriendo detrás de las hembras. De los animales aprendes que tienes más en común con ellos de lo que crees.

¿Por qué cazas con arco?
Porque quiero sentir un sentido de pertenencia. El estruendo del rifle, la bala, hace que la caza sea a una distancia mayor y el arco hace acercarme. La proximidad es importante y la ventaja que el animal tiene. Cuanto más cazador soy, más ventaja quiero que tenga el animal sobre mi. El hecho de abrir el arco así [simula el movimiento] el 99% de las veces los animales se van. Eso es terrible, porque te arrastras durante cinco horas hasta llegar a un venado, te levantas, jalas el arco, lo cual es un movimiento muy aparatoso, y los animales se van [chasca los dedos]. Esas cinco horas que invertiste se pierden.

¿Eres consciente de que a la gente le choque creer que los cazadores amen a los animales?
No le choca a la gente, le choca a una clase social. Una clase social particular de determinados centros urbanos. Nunca he visto a un campesino que me diga “¡¿Cazas?!”, en ningún país del mundo. Tampoco lo ha hecho un vaquero. Para ellos es natural.

El que se opone a la caza, por lo general, es alguien que no ha salido de una ciudad. Es muy difícil que alguien del campo se oponga. El que se opone es que no entiende, porque no ha estado ahí.

A muchos animalistas me los he llevado de cacería y me han dicho que era distinto a lo que se imaginaban, creían que estaban como en un zoológico. Claro, la gente ve el video de la muerte del animal, pero se pierden todo el proceso anterior. Que lean El Salvaje, en el se destila amor por los animales.

Me horroriza que algunas universidades digan qué no se puede leer o adviertan de que puede herir las sensibilidades de alguien

¿Qué nos hace salvajes a las personas?
El reconocer que la naturaleza te habita. Que somos naturales. Este mundo cada vez es más represivo, de hecho se está haciendo profundamente moralista. Las redes sociales cada vez son más juiciosas. Cuentas un chiste y se molestan, todo tiene que ser feminista o animalista o ecologista. Me horroriza que algunas universidades digan qué no se puede leer o adviertan de que puede herir las sensibilidades de alguien [suspira].

De hecho, tu película Amores perros no era apta para todos los públicos.
Me alegra mucho saber que cada vez más me confiesan, gente de muchos países, que se colaron al cine para verla.

¿Qué tenemos que aprender de los animales?
Todo. Que somos más parecidos a ellos de lo que creemos. La crueldad es inherente a la condición natural de los seres.

¿Se frivoliza la violencia en el cine y/o en la literatura?
El autor no puede estructurar su forma de escribir, son cuestiones que vienen de adentro, que a veces, incluso, rebasan la comprensión misma del escritor. Parafraseando a William Faulkner: “¿Por qué veo yo esto, violencia y demás?”, a veces es inevitable.

Yo quiero escribir de la violencia desde el punto de vista de las consecuencias. Hay quien quiere ironizar sobre la violencia, como es el caso de Tarantino. Una manera de mostrar que la violencia es ridícula y absurda. También los hay que quieren divertirse con la violencia.

¿Cuánto deben durar una escena de violencia y un beso en el cine?
Lo necesario. Cada historia tiene sus propios ritmos, tiempos. Depende del beso, si es una despedida rápida porque ahí está el tipo que me va a matar y tengo que correr, a lo mejor la violencia debe durar un segundo. La historia es la que manda, no las preconcepciones.

El Salvaje de qué va: ¿de la muerte, la vida, la esperanza o el límite de las personas?
Mi obra siempre habla de la potencia de la vida. Este libro es un homenaje a la vida. Aparte, cuando hablamos de muerte lo estamos haciendo de la vida. La vida está inmersa en la muerte.

¿Somos más conscientes de la muerte o del amor?
Del amor, por supuesto. Del amor estamos conscientes las 24 horas del día, de la muerte no. La muerte la negamos, la escondemos. Gente calva como yo que se pone champús en la cabeza, implantes, que son como un tapete. Yo prefiero ser un calvo digno. Esto [se señala su calva] es el lengüetazo de la muerte. Esta calvicie es la muerte lengüeteándome, diciéndome, “te voy a matar, compadre”.

¿Tiene algo que ver el vínculo que existe entre los mexicanos y la muerte?
Creo que tiene que ver más con filias personales. No todos los escritores mexicanos hablan de la muerte, de hecho la mayoría de los escritores contemporáneos mexicanos no hablan de muerte, ni todas las películas mexicanas hablan de muerte. ¿Si los mexicanos por celebrar el Día de los Difuntos se nos dice que creemos en los muertos, los de Estados Unidos creen en brujas por celebrar Halloween? No creo que haya esa cultura de la muerte, tiene que ver más con inclinaciones personales.

¿México es una gran necrópolis?
Nooo. Sería injusto, maniqueo y burdo considerar a México eso. No hay nada más triste que el maniqueísmo. Considerar que un país es solamente una cosa es un cliché. Una caricatura, lo que no beneficia al diálogo en ningún sentido.

¿México vive de promesas más que de soluciones?
México es un país complejo. Como todo país complejo, México vive de soluciones y promesas. Casi siempre vinculamos a un país con promesas y soluciones a la clase política y se olvida uno de los miles de poliedros que existen en un país. Son circunstancias históricas las que dibujaron el actual México.

¿Cuándo se torció la situación?
Hay varias situaciones. Una permanente que es la corrupción. Luego, Estados Unidos se dedicó a combatir el narcotráfico en Colombia y cerró las salidas, los caminos de la droga a través de Miami y Puerto Rico. La droga se enviaba desde Bogotá, Medellín y Cali. Una vez cerradas esas puertas, los narcotraficantes colombianos tuvieron que buscar por dónde mover su mercancía. Y se aliaron con los mexicanos que tienen 3.000 kilómetros de frontera con Estados Unidos.

Después viene la firma del Tratado de Libre Comercio, comercio que ahora dice Trump que nosotros tomamos ventaja respecto a ellos, que fue una propuesta de los estadounidenses. Nos presionaron para aceptar sus reglas comerciales y terminamos aceptándolas. Al año de esa rúbrica, te puedo decir que todos mis amigos campesinos estaban quebrados. No hubo manera de competir para un campesino mexicano frente a los productos gringos. Eso provocó una migración bestial hacia los Estados Unidos y un desempleo y un hambre en el campo mexicano que se convirtió en caldo de cultivo para el crimen.

Entonces, suma el narcotráfico de Colombia, más la falta de oportunidades, estás creando las situaciones históricas reales. México no siempre ha sido un país violento. Yo te lo puedo decir que mi padre nos dejaba el viernes a mí cuando tenía nueve años y otros amigos en el campo con la tienda de campaña y nos venían a recoger el domingo. La pasábamos increíble y no teníamos miedo ni de que nos balearan, ni asaltaran.

Tiene que dar mucha pena la situación actual. ¿A corto plazo no hay una solución?
Claro, da mucha pena. La solución es cuestionar el sistema económico y político y eliminar la corrupción y la impunidad. La otra solución es legalizar las drogas. Todas. ¿Por qué vas a dejar de hacerlo? Tomarlas es una decisión individual. ¿Por qué tenemos que ser tan paternalistas?

Tú no te puedes meter esto, pero ¿por qué? Es mi cuerpo y yo hago lo que quiero. Es que el Estado tiene que pagar tu rehabilitación, dicen. Sí, pero prefiero que la pague a que el Estado financie un ejército para pelear contra un negocio en el que ni siquiera los consumidores están en mi país. Nosotros (México) somos exportadores, la demanda viene del otro lado (Estados Unidos). Sin la legalización de las drogas se pierde la guerra. La ilegalización es una posición muy moral, que cada quien tome su decisión. Prefiero que sea un problema de salud que de seguridad. Quita corrupción, impunidad y haz un sistema más justo.

¿Nunca te planteaste vivir fuera de México?
No. Me dicen “México está peligrosísimo”, y yo pienso, si ahí he criado a mis hijos. Si los he llevado de viaje. Mi familia quiere pelear por este país. Yo también quiero hacerlo. Creo que es injusta la idea que se tiene de México. Aparte, está muy focalizado dónde es el crimen. Pareciera que todo México es un país en llamas.

Por un lado está el país que se lee en los medios y por otro el que cuenta la gente a su vuelta de México.
Ve las imágenes de los mexicanos tras el terremoto (en la que se aprecia un pueblo solidario). Esa es la cara real, la que no vende. Una persona decapitada sí vende. El chisme siempre es lo que vende.

¿No tienes la sensación de que a muchas multinacionales les gustaría funcionar como un cártel?
Lo que yo creo, que me parece interesante, es la capacidad empresarial de gente sin educación, como el Chapo (Guzmán), que apenas tienen segundo de primaria, y crean un imperio. ¿Cómo lo hacen? Es una habilidad. Imagina si esa gente tuviera oportunidades lo que sería el país.

Como dijo el Chapo, “a mí no me quedó de otra”. Ahí, en ese mundo, hay un cantidad de creatividad en personas que tú no te imaginas. Talento real para empresas. Todo tiene que ver con circunstancias históricas. Te lo digo de verdad, conociendo a los mexicanos no creo que a esa gente les guste ese estilo de vida (el del cártel), a menos que seas un psicópata, que los hay.

¿Cinematográficamente hablando te gustan más las películas de los cárteles o la mafia italiana?
Creo que cualquier tema de cárteles y mafias es interesante [ríe]. Narcos me parece una gran serie televisiva, El Padrino es mi película favorita, ¿para qué elegir?

¿Hay algún país que tenga un político a su altura?
Canadá y su presidente Justin Trudeau. Creo que está manejando el país con mucha inteligencia. Inclusivo, firme, no tiene la pinta de ser corrupto.

En otro lado está Trump. Si levanta el muro, ¿a quién separa de quién y de qué?
Ese muro beneficia el discurso incendiario y a la base de Trump. Trump no le habla a nadie más que a su base, con la que está obsesionado. Todo es la base.

Una base grande de votantes, con la que ganó las elecciones.
No ganó. Hubo una serie de situaciones que influyeron en el resultado, desde los correos de Hillary Clinton, hasta una posible manipulación quirúrgica de las máquinas de cuento de votos por parte de los rusos. The New York Times hizo un estudio. Trump ganó por 77.000 votos en diez condados claves. No hacía más que manipular esas máquinas para ganar las elecciones. También hay que ver, históricamente, Thatcher y Reagan son los que impulsaron el liberalismo y toda la globalización. Es curioso que los dos primeros países que se están aterrando con lo que crearon sean sus clases obreras. El Brexit y Trump. Que los obreros estadounidenses se den cuenta de que México no es el problema. El próximo presidente demócrata les deberá explicar cuál es el problema.

Acabamos y no se ha hablado de Rafael Azcona.
Es un genio, uno de los grandes genios de la literatura y del cine. Además de ser uno de los tipos más encantadores que he conocido.

¿Qué es lo más valioso que un padre puede legar a sus hijos?
Un amor absoluto de padre.

2 Comentarios
#6116 0:51 8/1/2018
Comparto muchas de estas opiniones, me gusta Arriaga
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jose enrique 13:22 29/12/2017
Encantador leer opiniones como ésta, sin despreciar ninguna de las frases.
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