Literatura
Dolors Miquel: “Pongo constantemente en entredicho la idea de civilización”
La reconocida autora catalana Dolors Miquel publica, en traducción al castellano de la también poeta Corina Oproae, Mátame psicosis (Temporal Casa Editora), una brillante propuesta que trasciende los géneros literarios para explorar el deseo y la muerte desde una perspectiva crítica de la civilización contemporánea. Compuesta por nueve episodios, la obra cuestiona la supremacía humana y la tradición cultural que la sostiene. A lo largo de la entrevista, la calidez de Dolors Miquel marca el tono de sus respuestas.
Desde el mismo título —Mátame psicosis - Una transmigración en nueve episodios— Miquel coloca al lector en un territorio inestable entre muerte, transformación y desbordamiento de la identidad. Para la autora, el punto de partida es la conciencia de la muerte en medio e la crisis que atraviesa la sociedad contemporánea. “La psicosis es la del mundo en que vivimos, la de la escritura que escribimos y la de la escritura que leemos. Es imposible vivir en nuestro mundo sin estar psicotizados”, explica. La idea de la “metempsicosis”, presente en la cita de Ulises de James Joyce que abre el libro, le sirve a Miquel para cuestionar la concepción del “yo” como centro absoluto de la experiencia. “Es una transmigración de energía que va de un lugar a otro. Deja el “yo” detrás y se convierte en el otro. Y siendo el otro vuelve a ser ‘yo’”. En ese movimiento, la identidad se disuelve y puede encarnarse en cualquier elemento: “Puede ser una piedra, puede ser un suspiro, puede ser un pastor”. Esta perspectiva implica abandonar la tradición cartesiana que coloca al ser humano en el centro: “Si el hombre, en lugar de mirarse siempre el ombligo, mirase más al mundo y se sintiese parte de una unidad, cambiaría completamente nuestra manera de entender la existencia”.
Animalidad y violencia
En las primeras páginas de Mátame psicosis, la maternidad aparece desplazada hacia un territorio inquietante donde el amor y la violencia se entrelazan con el tabú. El libro explora los límites de lo que puede pensarse y decirse sobre el deseo, el cuerpo o la familia. “Me interesa el tabú, el límite social que todos aceptamos, porque cuando ya no hay un espacio sagrado compartido, esos límites se vuelven más visibles”, afirma. En ese contexto se formula una de las ideas centrales del libro: “Recuperar la animalidad del ser humano, algo que todo el pensamiento occidental ha intentado arrancarnos”. Y esa exploración la lleva de nuevo a un tema que la obsesiona: la relación entre amor y violencia. “Siempre me ha fascinado la idea de matar por amor”, confiesa. “Ves en las noticias: una madre ha matado a sus hijos y después se ha suicidado. Y mucha gente lo ve solo como horror. Pero yo entiendo a esas mujeres”. La explicación, dice, es terrible pero profundamente humana: “El mundo les parece tan horroroso que no quieren dejar a sus hijos solos en él. Es un acto de amor tan terrible que nadie lo entiende”.
A medida que avanza la obra, aparecen figuras humanas que se confunden con animales, situándose en un mismo plano de existencia. Para Miquel, esa animalidad tiene una dimensión liberadora, pues se despoja de la separación artificial que la civilización contemporánea ha establecido entre lo humano y el resto del mundo natural. Afirma que no le interesa la organización binaria del mundo, pero sí una cierta paradoja: “Es como si para humanizarnos tuviésemos que volver a ser animales”.
Su crítica apunta directamente al modelo de pensamiento dominante en Occidente. “Desde Descartes tenemos la idea de que el hombre tiene delante de sí una materia que está ahí para que él la utilice. Y eso es lo que nos ha llevado a este desastre”. En su propia escritura, esa ruptura con el antropocentrismo aparece de forma explícita: “En mi último libro de poemas afirmo que ya no escribo para las almas humanas, sino para las orquídeas y para los animales”.
Libertad, política y censura
La escritura de Dolors Miquel ha suscitado controversias públicas, no tanto por una voluntad de provocar como por la incomodidad que despiertan sus manifestaciones. Sus textos cuestionan rituales culturales, imaginarios religiosos o convenciones sociales desde una posición radicalmente libre. Desde su prisma, observa con preocupación lo que considera un clima creciente de censura que vincula con un proceso más amplio de restricción de las libertades públicas. “Llevamos años viviendo con esa ley —la llamada Ley Mordaza— y no se ha parado los pies a esa deriva”, señala, convencida de que la censura tiende a expandirse si no encuentra resistencia.
Cuando recordamos el episodio reciente en el que una concejala subió al escenario para interrumpir la representación de un monólogo feminista programado por el propio consistorio, Miquel entiende que estos gestos revelan una forma de domesticación social más profunda. “Nos mantienen sedados entre las redes, la televisión y todo lo demás”, afirma. “Estamos domesticados incluso en nuestra manera de protestar”.
Más allá de los géneros: la escritura
Mátame psicosis es también un libro que desafía las categorías literarias tradicionales. En sus páginas conviven poesía, teatro, narración y ensayo.
La propia autora afirma su voluntad de empujar la escritura más allá de los límites del género. “Amo la poesía, pero ya no puedo seguir escribiendo solo poesía. Necesito más libertad”. Y los textos de este libro adoptan una forma híbrida. “Parecen teatrales, pero no me importa si no se pueden representar”. Algo que recuerda a ciertos textos de Antonin Artaud —Fragmentos de un diario de infierno, por ejemplo—, donde la escritura avanza por un sendero difícil de clasificar, sin dejar de ser poesía. Para Miquel: “Se trata de llevar la poesía a un texto que puede parecer periodístico o científico. Es decirle al lenguaje: levántate y anda”.
Para Miquel, esa libertad formal nace también de una experiencia emocional intensa. “Cuando escribo pienso en el amor y en el dolor”. Aunque algunos sectores reaccionarios han interpretado su obra como blasfema, la etiqueta resulta profundamente ajena a su imaginario. Y Miquel recuerda, por ejemplo, que uno de sus poemas más polémicos —aquella versión de un Padrenuestro que pronunció en los Premis Ciutat de Barcelona en 2016, denunciada y finalmente archivada— fue escrito como un homenaje a su madre: “Lo escribí para ella, porque la amo”. En última instancia, lo que le interesa explorar es la contradicción humana: “A veces puedes amar a alguien que hace cosas que para ti son abyectas”.
No resulta fácil cerrar una conversación con Dolors Miquel, con quien las referencias, las preguntas y las sonrisas tienden a multiplicarse. Pero el diálogo termina regresando a la mística, una tradición que ha marcado profundamente su pensamiento. “Mi relación con la mística es absoluta”, reconoce. “Desde joven, por culpa de San Juan de la Cruz”. La fascinación procede de la intensidad con la que los místicos (y las místicas) describen el deseo. “En el fondo, tiene algo muy cercano al sexo”, explica. “El deseo es una fuerza absoluta”. Lucía del Greco subraya, en su luminoso epílogo, que la escritura de Miquel rehúye toda taxonomía y procura crear espacios abiertos de significación. Así también sucede con la mística: la fuerza del deseo se dirige hacia lo divino, pero Miquel observa con inteligencia que se trata de la misma potencia que atraviesa nuestra experiencia humana… o animal.
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