Dos gigantes del sector naval hunden al astillero vasco que privatizó el PSOE

La Naval de Sestao, una de las compañías vendidas por el Gobierno de Zapatero en 2006, está hoy al borde del cierre. Los sindicatos, que este jueves protagonizaron una multitudinaria manifestación, culpan a los socios mayoritarios y reclaman una intervención pública.

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250 contratados directos y 1.600 auxiliares están amenazados por el concurso de acreedores de la empresa.
Sestao

publicado
2017-09-22 07:55:00

Parece mentira, pero alguna vez esta larga calle de Sestao estuvo llena de vida. Donde hoy reina el gris, ayer hubo color. Cada amanecer, por aquí desfilaban largas colas de obreros. Durante el día, las tiendas que se repartían a ambos lados de la carretera se encargaban de abastecer a los hogares de la zona. A la noche, los bares no paraban de servir. Si venías al “centro” de esta localidad, venías a Txabarri. Hoy sólo quedan unos pocos comercios y algún que otro bar. Cuando sale el sol no desfilan trabajadores, sino coches ocupados por ertzainas. Si ellos no están, las cámaras colocadas por el ayuntamiento a lo largo de la calle se encargan de grabarlo todo. Absolutamente todo. 

La explicación de lo que pasa en Txabarri está, precisamente, al final de esta calle. Allí, sobre la Ría del Nervión, aparece La Naval, un astillero que formó parte del nacimiento, crecimiento y muerte de Sestao. Este jueves, los últimos trabajadores de este hito de la España industrial volvieron a coger una pancarta. Tienen miedo de ser los últimos que lo hagan. La razón de sus temores se hará oficial en un par de semanas: el 7 de octubre, Construcciones Navales del Norte –su nombre oficial- entrará en concurso de acreedores. De ahí a cerrar para siempre no hay un delgadísimo hilo. Esa es, precisamente, la razón de sus temores. 

Tienen miedo los 250 trabajadores de la empresa –se calcula que los subcontratados llegan a 1.600-, pero también las cerca de 30 mil personas que viven –o sobreviven- en Sestao. No en vano, este pueblo se formó principalmente en torno a las fábricas que se instalaron en su territorio. La Naval era una de ellas. “Si llega a cerrar, sufriremos otra vez”, comentaba a El Salto uno de los vecinos que a las 17.30 de este jueves aguardaba en el exterior del astillero. Desde allí partió una manifestación que recorrió un tramo de Txabarri, subió por el centro del municipio –el casco urbano se desplazó hace ya varios años a la parte alta del pueblo- y tomó camino hacia Santurtzi, otra localidad vizcaína que se verá seriamente afectada por este nuevo golpe a la industria vasca. 

Durante el trayecto hubo tiempo para conversaciones sobre los distintos aspectos tragicómicos que, para desgracia de muchos, forman parte esta historia. Entre los presentes no faltaron los comentarios sobre lo ocurrido la noche anterior, cuando el propietario de uno de los tres buques que aún se está construyendo en esta fábrica intentó llevarse su barco a la fuerza, ayudado por algunos marineros. La escena se completó con la presencia de la Ertzaintza, que frustró el plan y, seguido, remitió un informe al juzgado de guardia.

 "¿Cómo pudo llegar La Naval a esto?”, se preguntaba Arkaitz, otro de los manifestantes. El secretario del comité de empresa e integrante del Colectivo Autónomo de Trabajadores (CAT), Juanjo Llordén, lo tiene meridianamente claro. “Los sindicatos decimos que ha habido una gestión nefasta por parte de los dueños, y que esa gestión viene dada porque hace más de diez años el gobierno central decidió privatizar cuatro astilleros”, dispara Llordén.   

Por partes. “Los dueños” a los que se refiere el sindicalista son Ingeteam y Astilleros Murueta, propietarios de la mayoría de las acciones (34,3% cada uno). Hay también otros tres socios minoritarios, Iniciativas Navales del Norte, Naviera del Nervión y Knutsen, con 12,3%, 10,3% y y 8,6% respectivamente. Hace un par de años, los pequeños denunciaron ante la justicia que los grandes habían firmado contratos para la construcción de nuevos barcos pese a conocer que la compañía estaba en números rojos. De acuerdo al expediente que se tramita actualmente en un juzgado de Barakaldo –El Diario Norte publicó recientemente que hay varios imputados-, los demandados sólo buscaban enriquecerse. 

Ingeteam y Astilleros lograron hacerse con el control de esta histórica empresa a mediados de 2006, cuando el gobierno del PSOE decidió privatizarla. Lo mismo ocurrió con los centros públicos de Gijón, Sevilla y Manises. “Esos tres están hoy cerrados –recordó Llordén-. En nuestro caso, el concurso de acreedores puede ser lo que nos lleve al cierre”. El representante del comité describió un escenario desolador: “La comarca de la Margen Izquierda de Bizkaia está de por sí bastante destrozada. En el caso de Sestao, el paro anda por el 17%. Imagínese con dos mil familias más sin trabajo”.

La Comisión Europea ha advertido de que existen limitaciones a la hora de inyectar dinero público en empresas que atraviesan situaciones delicadas

Sus palabras sonaron a pesadilla en los oídos de los centenares de manifestantes, entre los que se encontraban prácticamente todos los trabajadores fijos que hoy tiene La Naval. También estaban muchos operarios de las industrias auxiliares. Junto a ellos desfilaban sus familiares y varios jubilados del astillero, así como de Altos Hornos. La preocupación se dibujaba en el rostro de cada uno de ellos.    

La marcha a favor de La Naval también contó con la participación de representantes de todos los partidos políticos. Asimismo, los sindicatos con implementación en la Comunidad Autónoma Vasca mostraron su absoluto respaldo a la movilización. 

“Solución política”

“Si la privatización fue una decisión política, la solución para que no se cierre también tiene que ser política”, dijo Llordén a El Salto. “Para seguir vivos –continuó-, necesitamos que se forme una mesa de negociación entre el Gobierno central, el Gobierno vasco, los sindicatos y el comité de empresa”. Concretamente, el representante del CAT plantea que las administraciones públicas adquieran el 51% del accionariado. A su criterio, solamente así se garantizaría su futuro. 

El Gobierno Vasco no lo tiene tan claro. Como mucho, el Ejecutivo presidido por Iñigo Urkullu estaría dispuesto a hacerse con una pequeña parte de las acciones. Así lo dejó entrever la consejera de Industria, Arantxa Tapia, en algunas intervenciones públicas realizadas durante los últimos días. Sin embargo, las mínimas esperanzas que generaron sus declaraciones –“es un paso”, señaló el secretario del comité de empresa- fueron rápidamente apagadas por la Dirección de Competencia de la Comisión Europea. En una carta enviada desde Bruselas a los gobiernos de Urkullu y Rajoy, el organismo advirtió que existen limitaciones a la hora de inyectar dinero público en empresas que atraviesan situaciones delicadas. 

Si el dinero no llega por la vía pública, podría venir de la mano privada. Ahí entra en juego otro protagonista de esta historia: Manuel del Dago, un millonario asturiano afincado en Miami y con negocios en Colombia. Su nombre figura en los papeles de Naviera del Nervión, una de las accionistas minoritarias de esta compañía. Hace algunos meses, cuando ya se sabía que el astillero iba a pique, dijo que estaba interesado en hacerse con la mayoría de las acciones y reflotarlo. Sin embargo, sus promesas sólo fueron eso, promesas. 

Hay quienes creen que Del Dago podría esperar a que La Naval termine de hundirse para hacerse con ella a precio de saldo. Otros sospechan que los terrenos sobre los que se levanta esta empresa podrían acabar convirtiéndose en suelo urbanizable, lo que haría rico a algún que otro constructor. En Sestao no quieren ni imaginarlo.

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