Manual para descolonizar la cooperación universitaria con Palestina (El caso de la UPV)

¿Cómo es posible que la UPV publicite la recepción de dos estudiantes gazaties bajo un programa de cooperación, que firme un convenio de reconstrucción y colaboración con una universidad palestina, y a la vez dedique una ingente cantidad de recursos económicos, científicos y de investigación a seguir colaborando con los perpetradores del genocidio, así como con las entidades que lo facilitan y obtienen beneficios de él?
UPV - Valencia

Quien salva la vida de una persona salva al mundo entero (o eso dice el Talmud).

– El problema aparece cuando no toda vida humana es digna de ser salvada porque muchas de ellas son declaradas infrahumanas, subhumanas, bestias, ... sea por la lógica genocida de la guerra total, sea por su reverso complementario del humanitarismo supremacista – [RUxP]

Cuando se pronuncia el nombre de Oskar Schindler, a todas nos viene a la cabeza la famosa película de Spilberg. Con el paso del tiempo, la aparición de nuevas biografías del empresario alemán perteneciente al Partido Nazi han permitido conocer algunas controversias y sombras menos épicas. Según la investigación del historiador David Crowe, Schindler fue agente secreto nazi durante la invasión a Polonia, y un oportunista y destacado empresario corrupto. Sus últimas biografías revelan matices biográficos turbios, algunos recogidos por su propia esposa, Emile Schindler. Como enuncia el dicho, el diablo está en los detalles. A veces, de entre los detalles aparecen contradicciones — y bajo estas incluso puede surgir el supremacismo.

Es mucho menos conocido —y menos contradictorio, aunque le llamen “empresario comunista”— el caso de otro Schindler. Durante la dictadura atroz del General Augusto Pinochet en Chile, Jorge Schindler Etchegaray “creó en 1974 una cadena de farmacias en Santiago y Concepción, en el sur de Chile, empleando a toda clase de políticos que habían apoyado al depuesto gobierno del presidente Salvador Allende”. A través de la coordinación entre esta red de farmacias pudo proteger a “dirigentes comunistas, líderes sindicales de las minas del carbón, académicos universitarios, profesionales y obreros que, desesperadamente, intentaban eludir a los aparatos represivos del régimen castrense”. Sabemos muy bien que la épica cinematográfica trufada de valores “occidentales” no sólo acostumbra a ocultar y disfrazar cualquier sombra o claroscuro moral de sus héroes, sino que a la vez sostiene mecanismos de lavado de imagen y dobles raseros. 

Con todas sus ambigüedades, oportunismos y claroscuros, estas listas y estos “lavados” abundan hoy mucho más de lo que parece. El genocidio contra el pueblo palestino ha desencadenado un complejo “ecosistema de evacuación” de la población gazatí. Dadas las condiciones de vida, el limbo infernal al que la población palestina está siendo condenada y, sobre todo, la falta de perspectivas en sus aspiraciones vitales, toda posibilidad de evitar el infierno es incuestionablemente legítima. Pero tampoco puede olvidarse que la evacuación de la población de Gaza coincide precisamente con el principal objetivo sionista: ocupar una ”tierra sin pueblo“ donde había y sigue habiendo un pueblo. 

En el momento de iniciar estos procesos debemos ser conscientes de algo muy importante: plantear estas evacuaciones como meras “operaciones humanitarias” sin contexto ni matices supone zambullirse en aguas de profundas contradicciones —turbulentas y sucias todas ellas. La pensadora palestina Rima Najjar declara: “El modelo de ayuda humanitaria ha pasado de estabilizador a lugar de confrontación”. Estamos siendo testigos directos del uso de la ayuda humanitaria como táctica genocida

El colectivo de estudiantes universitarios es uno de los sectores de población susceptibles de estas evacuaciones. Por medio de procesos de admisión y becas de estudio, el estudiantado gazatí está accediendo a programas de acogida en universidades de (casi) todo el mundo. Este colectivo ha pasado así a engrosar, con nombres y apellidos, alguna de estas ”listas de salvación“ gestionadas por los diferentes consulados en Palestina. 

En el caso español, desde que estallara la expansión colonial de Israel y EEUU sobre Irán, Siria y Líbano el pasado febrero, tanto los discretos gabinetes de cooperación de las universidades españolas receptoras como los propios estudiantes gazatíes, se han enfrentado a múltiples obstáculos administrativos interpuestos por las autoridades diplomáticas para hacer efectiva la tramitación de su visado y la evacuación de la franja, hasta el punto de producirse una ruptura temporal de la comunicación entre el estudiantado, las universidades y el consulado de España en Jerusalén, en El Cairo y en Líbano. 

El sentido común más elemental recomienda gestionar fuera de los focos mediáticos cada una de las fases de la evacuación desde una zona asediada por el crimen de genocidio. Su coordinación es compleja y exige suma diligencia y discreción, dado el riesgo de cancelación que acompaña las operaciones.

La sorpresa llegó hace un par de semanas. La comunidad universitaria del Estado ha sido testigo de un proceso de evacuación que ha roto con esta obligada discreción mediática. El equipo de gobierno de la Universitat Politécnica de València (UPV) ha puesto a trabajar a sus equipos de difusión, marketing y comunicación, para divulgar a los cuatro vientos una operación de evacuación de dos estudiantes gazatíes relatada en vivo y en directo, como si se tratase de la emisión de un reality-show. La operación, que claramente ha buscado la máxima incidencia mediática, constituye un claro ejemplo de lo que podría constituir un manual de no tan buenas prácticas en el momento de emprender iniciativas de cooperación con la Academia Palestina. Pero, antes de abordar esta campaña de evacuación de la UPV, hemos de situar el contexto. 

¿Cuál es el compromiso de la UPV con Palestina?

Desde octubre de 2023, el equipo de gobierno de la UPV se ha pronunciado oficialmente sobre Palestina una sola vez, el 10 de junio de 2024. Entonces, su Consejo de Gobierno incluyó, entre otros asuntos, un comunicado que reconocía las “condiciones de vida infrahumanas” a las que están sometidos los habitantes de Gaza, adhiriéndose al pronunciamiento que un mes antes emitió la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE). A día de hoy, la UPV sigue sin haber pronunciado ningún otro comunicado oficial de sus órganos de gobierno condenando el origen causal exacto de esas “condiciones infrahumanas” que sufren los habitantes de Gaza: el genocidio perpetrado por Israel.

En su comunicado, la UPV se comprometió “a no firmar ningún acuerdo con instituciones, universidades o centros de investigación israelíes que no condenen de forma pública las violaciones de derechos humanos”. Hemos de recordar que esta formulación no exige proporcionar ninguna prueba ni evidencia a las universidades israelíes, tan solo una declaración oficial que las instituciones sionistas no tardaron en hacer pública

La UPV también manifestó un refuerzo de “la cooperación con la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), con becas para estudiantes palestinos residentes en Palestina”. No podemos saber cuál ha sido el grado de ejecución de dichos compromisos, porque la UPV no creó un grupo de trabajo con representación del estudiantado, del PDI, del PTGAS y los colectivos involucrados, por el que pueda evaluarse el progreso de la implantación de estas medidas, tal como sí se ha producido en 14 universidades públicas del Estado. 

El siguiente pronunciamiento oficial de la UPV es una nota de diciembre de 2025 que comunica la firma de un acuerdo marco de colaboración con la Universidad Al-Azhar de Gaza. En ella se informa sobre un plan para “la promoción y el intercambio de experiencias en los ámbitos de la educación, la investigación, la cooperación al desarrollo y la cultura en general”. Más allá de esta noticia, no existen detalles concretos de la colaboración ni del progreso de dicho proyecto.

La última noticia que aparece en el portal de la UPV corresponde a la adhesión por parte de la universidad al comunicado que emitió la CRUE en enero de este año, para condenar la agresión militar del ejército israelí en el campus de la Universidad de Birzeit (Cisjordania). 

Esta es toda la información que contiene el portal web de la UPV sobre Palestina. Como aparecía en el Globo de Hunt-Lenox: HC SVNT DRACONES. Más allá de aquí, dragones. 

La campaña mediática de la UPV.

La sorpresa, como decimos, ha venido de la irrupción de una campaña de publicidad de la UPV relatando en riguroso directo la evacuación de dos estudiantes gazatíes. Las estudiantes son un ejemplo de jóvenes palestinas que han podido completar todo el proceso de evacuación hasta llegar a su destino, en este caso la UPV. Un objetivo, el de poder seguir desarrollando su educación superior, del que no podemos sino alegrarnos por ellas.  

Desde la Red Universitaria por Palestina (RUxP), sin embargo, sentimos franca curiosidad por conocer el criterio profesional del Servicio de Atención Psicológica a la Comunidad Universitaria (SAPCU) de la UPV acerca de la exposición pública reiterada de dos estudiantes recién evacuadas del escenario de un genocidio.

Más allá de la obscena instrumentalización propagandística de la UPV al difundir una operación humanitaria como relato cinematográfico de épica hollywoodense plagada de focos mediáticos, la última y bochornosa guinda del pastel ha consistido en lanzar un crowdfunding privado para financiar el mantenimiento en Valencia de estas dos estudiantes. Resulta inevitable preguntarnos, ¿qué criterios ha usado el Consulado de España para dar vía verde a la emisión del visado para las dos chicas cuyo mantenimiento en Valencia se hace depender ahora del éxito de un crowdfunding, cuando en el resto de casos se pide que se aporten pruebas consistentes de que el mantenimiento está garantizado por beca o depósito bancario? ¿De verdad una universidad PÚBLICA como la UPV no dispone de 12.000 euros anuales del presupuesto de su área de cooperación para becar a dos estudiantes refugiadas sin recurrir a la caridad privada? ¿Qué consideración le merecen a la UPV estas dos estudiantes cuya educación se hace depender del mecenazgo privado y no del derecho a disfrutar de una beca?

Nos parece también muy pertinente preguntar a la UPV si tiene conocimiento del número total de estudiantes gazatíes que permanece en espera de evacuación, de esos miles de estudiantes, profesores y profesoras bloqueados en Gaza, en Cisjordania y en Egipto, que llenan estas listas ocultas e invisibles. ¿Conoce la UPV los importantes obstáculos diplomáticos que bloquean la evacuación de estudiantes matriculados en universidades españolas como hemos venido denunciando desde la RUxP? ¿Cómo ha conseguido la UPV sortearlos en un tiempo récord mientras hay estudiantes esperando la llamada para la evacuación desde hace casi dos años? Los equipos diplomáticos y universitarios en Italia están evacuando una gran cantidad de estudiantes gazatíes. La UPV, tal como está dando a entender a través de la difusión desde todos sus medios audiovisuales, ¿está dispuesta a liderar una iniciativa que permita agilizar la evacuación desde estas listas de forma continuada, o la iniciativa emprendida se reduce a una operación puntual pero perfectamente acompañada de publicidad y visibilidad pública?

¿Qué nos pide el pueblo palestino desde Gaza?

Como decíamos anteriormente, la evacuación humanitaria de Gaza contiene detalles complejos e importantes contradicciones. El hacer posible que algunos estudiantes puedan acceder a programas de movilidad educativa, tiene un valor innegable. Pero el propio pueblo palestino nos dice que no es, ni mucho menos, el elemento esencial en el momento de intensificar la cooperación con el sistema de educación palestino. 

En un reciente artículo, el Dr. Hussein AlHajjar, Vicerrector de Asuntos Académicos, Decano en funciones de Estudios de Posgrado, y Profesor Titular de Administración Educativa en la Facultad de Educación de la Universidad de Al Aqsa, enumeraba una serie de necesidades primordiales para restablecer la normalidad del sistema universitario palestino. Reproducimos del artículo la hoja de ruta sugerida:

A corto plazo (1-3 años):

Enseñanza híbrida: retomar la enseñanza teórica en clases presenciales y comenzar la enseñanza práctica realizando experimentos simples en instalaciones provisionales hasta que la construcción de los edificios de las universidades se inicie.

Equipamiento: disponer de equipos, instrumentos y materiales para laboratorios científicos como química, biología, física, ciencias de laboratorio médico, enfermería e informática. También resulta necesario potenciar el uso compartido y colaborativo de equipamiento (ordenadores, portátiles, …)

Cooperación internacional: Promover y organizar encuentros semanales, congresos, seminarios, colaboraciones académicas, … para mantener la actividad investigadora.

Unidades prefabricadas: recibir unidades educativas prefabricadas o caravanas, como medidas materiales temporales.

Apoyo económico: recibir ayuda económica de manera que los estudiantes puedan pagar sus matrículas, y el profesorado pueda cobrar sus salarios.

A medio-largo plazo (> 4 años):

Vuelta a la educación presencial: volver a la modalidad de educación presencial en las universidades, clases, laboratorios, equipamiento ...

Reconstrucción completa: Reconstruir todo el sistema universitario gracias a un fuerte apoyo financiero.

Pero además, y nos atrevemos a decir, en primer lugar, el pueblo palestino, y especialmente la comunidad académica de Palestina, también nos pide otro tipo de acciones paralelas de indiscutible utilidad: que combatamos las causas y el origen de su actual estado de devastación y de destrucción planificada, orquestada y materializada por la potencia ocupante de Israel. Desde Palestina nos piden claramente que condenemos el academicidio y el escolasticidio, como ataque genocida del régimen sionista contra todo el sistema educativo palestino. Atender a las causas de la devastación de la educación palestina supone, en términos prácticos y legales, suspender cualquier tipo de colaboración académica con todo el sistema universitario de Israel.

El pasado mayo, la antropóloga israelí Maya Wind impartió en Valencia la conferencia “¿Cómo participamos en el genocidio cuando colaboramos con la academia de Israel?”. En su trabajo, Maya Wind analiza caso por caso cómo todas “las universidades israelíes están concebidas al servicio del proyecto colonial”. Con ello concluye que sus ”universidades son el oxígeno de las industrias militares israelíes porque los laboratorios universitarios sirven al desarrollo de sus armas y tecnología“. 

La ruptura de todo tipo de relaciones académicas con las instituciones de Israel supone un compromiso ético con nuestros colegas académicos de Palestina, pero además también resulta de la obligación legal derivada de los marcos jurídicos internacionales de mayor jerarquía, cuyo cumplimento no admite excepción alguna. Unas obligaciones que se hacen extensibles hacia terceras partes no estatales, como empresas, compañías o entidades financieras, cuando sus actividades contribuyen a sostener estructuras de opresión o discriminación sistemática contra los palestinos y palestinas.

Estas son las peticiones del pueblo palestino y las obligaciones que nos atan a nuestros marcos legales internacionales. Pero, de todo esto, ¿qué es lo que cumple la UPV? 

Las relaciones actuales de la UPV con la ocupación ilegal

Desde que el Consejo de Gobierno de la UPV pronunciase su preocupación por las “condiciones de vida infrahumanas” de la población Gazatí, y con los importantes dictámenes jurídicos de la ley internacional publicados, la UPV ha firmado e iniciado cuatro proyectos de investigación con instituciones de Israel (con acrónimos ESM, NanoBioCar, PRIMER  & MATCH), y mantiene activos otros tres proyectos (con acrónimos BOLD, BETTER, ECO2FUEL). Por razones de espacio no podemos repasar todos los vínculos que mantienen las instituciones participantes con el ejército de Israel (para ello recomendamos visitar el portal academic complicity).  Pero, a modo de muestra aquí transcribimos los vínculos que mantienen dos de las instituciones colaboradoras de la UPV: 

  • La Universidad Ben Gurion — ha desarrollado programas de estudios para atraer a militares. En colaboración con Technion, ofrece el programa Brakim de grado y máster en ingeniería, del ámbito de la I+D para las industrias militares de Israel. Sus departamentos de ciencias e ingeniería colaboran a nivel institucional con las unidades militares de tecnología de la información y la comunicación y de tecnología aérea. Rafael, uno de los mayores fabricantes de armamento de Israel, tiene su sede en el parque tecnológico de la universidad, donde lleva a cabo investigaciones sobre sistemas autónomos avanzados— 

  • El Instituto Tecnológico de Israel - Technion  —los estudiantes y los ingenieros formados en el Technion trabajan en Elbit y Rafael en el desarrollo de la excavadora teledirigida D9, que se utiliza para la demolición de viviendas palestinas. También colaboran en la fabricación de un sistema acústico, denominado The Scream, que utiliza generadores de ondas sónicas para reprimir las manifestaciones palestinas, causando daños auditivos irreversibles. Rafael e Israel Aerospace Industries, dos de los mayores fabricantes de armas de Israel, se desarrollaron a partir de la infraestructura establecida por el Instituto Weizmann y el Technion. Un contrato reciente vincula a Technion con Rafael, Elbit y Lockheed Martin para el desarrollo de nuevo software. El programa Alonim es un programa de grado y máster en ciencia de datos del Technion destinado a soldados. Junto con la Universidad Bar-Ilan, imparte el programa de máster Bareket, destinado a formar a soldados en ingeniería de datos para aplicaciones militares—. 

Por otra parte, la UPV mantiene activos gran cantidad de programas y colaboraciones con el Banco Santander y el BBVA. Los informes del Centre Delas d’Estudis per La Pau indican que estos “son los principales bancos [españoles] que han financiado a los fabricantes de las armas que utiliza el ejército de Israel para cometer el genocidio en Gaza, con más de 2.442 y 1.500 millones de dólares, respectivamente”. Entre las colaboraciones y convenios de la UPV con dichas entidades financieras se pueden encontrar, por ejemplo, las ayudas Santander Impacto de las tesis UPV, las  ayudas Santander Postdoctorales UPV, las Becas Prácticas UPV-Santander, o el programa Skills-UP UPV, en la que el BBVA aparece como entidad colaboradora. 

En declaraciones a la cadena Ser, cuando la UPV fue preguntada por sus colaboraciones con Israel, negaron “que las universidades israelíes con las que colaboran tengan vínculos directos con el ejército israelí”. Añadiendo que ”si así fuese, romperíamos toda relación, como nos obligan nuestros estatutos“. Nadie, mucho menos nadie con un puesto de responsabilidad en una institución académica, debería tener la poca vergüenza de declarar el desconocimiento de este tipo de vínculos. A no ser que lo que quiera decir sea otra cosa. 

Tal como ha hecho el conglomerado Israel-EEUU-EU, la UPV podría estar queriendo decir que hacen una lectura alternativa de las obligaciones impuestas por el derecho internacional. No sería de extrañar, pues ante un genocidio reconocido por todo experto y experta en la materia, los sancionados por EEUU han sido precisamente las y los jueces, fiscales, relatoras, etc. —en diferentes instituciones y jurisdicciones nacionales e internacionales— que se animaron, con más o menos ímpetu, a hacer su trabajo. El asunto, entonces, es esclarecer desde qué lado del genocidio quiere interpretar la ley la UPV: ¿desde el lado de los perpetradores o desde quienes condenan, previenen y sancionan el genocidio? 

La contradicción fundamental 

“Las cosas se hacen no porque sean útiles o necesarias, sino porque parezca que lo son” - Guillermo López García, en un artículo sobre la gestión del Consell durante la emergencia de la Dana del 29 de octubre de 2024.

Llegamos al asunto central del texto. Solo nos queda hacer una pregunta: ¿Cómo es posible que la UPV publicite la recepción de dos estudiantes gazaties bajo un programa de cooperación, que firme un convenio de reconstrucción y colaboración con una universidad palestina, y a la vez dedique una ingente cantidad de recursos económicos, científicos y de investigación a seguir colaborando con los perpetradores del genocidio, así como con las entidades que lo facilitan y obtienen beneficios directos de la ocupación ilegal y del bombardeo masivo contra la población palestina? Parece que ambas cosas a la vez sean contradictorias, ¿no?

Pues resulta que participar en la destrucción sistemática de Palestina, para posteriormente potenciar su reconstrucción, en realidad no supone ni novedad, ni sorpresa. Esta es precisamente la lógica del sistema capitalista en su fase de acumulación militarizada, que en el caso de la reciente agresión contra Palestina se concreta como Plan de Trump para la Franja de Gaza. Pero por ser una estrategia antigua, burda, conocida y repetida durante toda la historia del relato de Occidente, no deja de ser una estrategia repugnante y putrefacta. Los miles de cadáveres que yacen aplastados bajo los escombros en Gaza, que puede que nunca lleguen a ser identificados, suponen, junto las violaciones y las torturas sistemáticas contra la población palestina, los “cuerpos de su macabra evidencia”. 

Para cualquier institución que esté plenamente decidida en mantener la colaboración y la connivencia con el ente sionista, la instrumentalización de la ayuda humanitaria permite, precisamente, dar continuidad al proyecto de colonialismo de asentamiento de Israel en Palestina. Sin embargo, en este momento, la instrumentalización de la ayuda humanitaria añade otro “plus” estratégico para el ente sionista.  

Benjamin Netanyahu, en recientes declaraciones reconoció que Israel ha perdido el dominio de su relato. Desde Al Jazeera señalan que “en esta era en la que el genocidio, los crimenes contra la humanidad y la devastación se han retransmitido en riguroso directo, la agencia de propaganda de Israel, la Hasbara, ha dejado de controlar lo que el mundo ve”. La manipulación mediática de Israel ha quedado totalmente expuesta, hasta el punto de que sus carísimas campañas de lavado de imagen ya no funcionan. Por eso, las instituciones de Occidente —el Eje de la Asistencia— activan mecanismos de soft-power que distraen a la opinión pública, blanquean y ocultan los engranajes internos que suministran los recursos imprescindibles para que la máquina sionista siga exterminando a toda la humanidad en Palestina. 

Para evitar todas las contradicciones expuestas en este texto, nuestras instituciones universitarias han de aplicar dos tipos de hoja de ruta: la que detalle los pasos necesarios para adecuarse a los marcos legales obligatorios para no colaborar con la ocupación, el apartheid y el genocidio, y la que atienda a la necesidad de normalización de la vida universitaria en Palestina. En particular, esta última ha de ser concretada respondiendo a los principios de empoderamiento y alineamiento de la cooperación, en diálogo permanente con las comunidades universitarias de las universidades de Gaza, y no desde una perspectiva colonial y eurocéntrica, sin escucha directa. Las universidades españolas realmente dispuestas a colaborar en esta tarea, más allá de acciones puramente simbólicas, como la firma de convenios vacíos de contenido, deberían movilizar los recursos suficientes para promover programas de cooperación eficaces, lo que supone tanto la dedicación de fondos del presupuesto propio como acudir a fuentes de financiación externas con iniciativas pertinentes y técnicamente solventes. 

Revisando la historia de Oskar Schindler, rápidamente queda claro que no se trató de una hazaña singular ni personal. Aparecen otros casos entrelazados de personas que, anónimamente, actuaron como el personaje interpretado por Liam Neeson en La Lista de Schindler o el menos célebre Schindler chileno. Carl Lutz Weg, un tímido diplomático suizo, pudo haber coordinado la mayor operación de rescate civil de la Segunda Guerra Mundial sin que nadie se diese cuenta, ni recibiera la menor felicitación por ello. Pero también aparecen otros ejemplos más célebres, como el del ciclista italiano Gino Bartali, que, durante sus entrenamientos, “escondía documentos falsos dentro del cuadro de su bicicleta, ayudando a crear salvoconductos que permitían a familias judías escapar del régimen nazi”. Son historias colectivas y paralelas, ejecutadas desde el compromiso con la resistencia y con la discreción y el secreto que obliga el riesgo y el peligro. 

La proclama del Talmud Quien salva la vida de una persona salva al mundo entero [Mishná Sanhedrín (4:5)], el Corán la transforma en Quien salva una vida es como si salvara a toda la humanidad [Sura Al-Máida (5:32)]. El valor principal de la frase reside en la mayor amplitud con la que abarcamos la humanidad. Queda en las manos de cada cual elegir el camino a tomar.

No podría mostrar solidaridad con mi pueblo, porque soy mi pueblo"

 Mona Mari, cantante palestina. 


Las propuestas sionistas que, desde el siglo XIX, han tenido como objetivo expulsar a los palestinos de sus tierras [...] siempre han fracasado, porque los palestinos somos nuestra tierra” 

Ahmad Ibsais, periodista palestino.

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