Italia
Grandeza y decadencia del Movimiento Cinco Estrellas

El Movimento Cinque Stelle parece haberse convertido en la principal víctima de la volatilidad política que contribuyó a acelerar, así como parece haberse convertido en prisionero de las características que parecían constituir su fortaleza.

Beppe Grillo en un mitin en Trento, en febrero de 2012.
Beppe Grillo en un mitin en Trento, en febrero de 2012. / Niccolò Caranti - Le Vent Se Eleve
Traducción: Pablo Lapuente Tiana

publicado
2019-09-30 06:00

En Italia, el Movimiento Cinco Estrellas constituye un objeto de fascinación para los politólogos, por todo lo que desafía las categorías establecidas que caracterizan las formaciones políticas según su tipo de organización u orientación ideológica.

Fuerza emblemática de la “era populista”, en la que se supone estamos inmersos, y outsider autoproclamado del paisaje político italiano, este movimiento original y heteróclito conoció una rápida ascensión, hasta su clara victoria en las elecciones legislativas de marzo de 2018 y su llegada al poder en coalición con la Lega de Matteo Salvini.

Las dificultades de los Cinque Stelle son numerosas, del caótico ejercicio del poder a nivel local, hasta la ausencia de una identidad política clara que oponer a la línea de derecha radical defendida por Salvini

Sin embargo, la dinámica parece agotada desde entonces, hasta el punto de que la relación de fuerzas entre los dos partidos del gobierno se ha revertido en favor de los leghisti. Las dificultades de los Cinque Stelle son numerosas, del caótico ejercicio del poder a nivel local, hasta la ausencia de una identidad política clara que oponer a la línea de derecha radical defendida por Salvini, pasando por las dificultades de gestionar la rápida evolución organizativa del partido. Más allá de ciertos rasgos idiosincráticos del movimiento, la mayor parte de sus dificultades pueden ser comprendidas cruzando el enfoque laclauiano del populismo y el análisis politológico del contexto político de Italia tras la Guerra Fría.

Italy is the future?

 El 4 de marzo de 2018, día de las pasadas elecciones legislativas italianas, David Broder publicaba en Jacobin un artículo de título provocador: “Italy is the future” [1]. ¿Cómo? ¿Un país que carga el lastre de una elevada deuda pública y un crecimiento económico átono, desacreditado por su gestión clientelista de los recursos públicos, marcado por profundas desigualdades territoriales, atravesado por una sucesión de movimientos populistas desde hace 30 años, testigo impotente del surgimiento de una extrema derecha neofascista, encarnaría el futuro de Europa?

Una afirmación así sería tanto más subversiva por cuanto chocaría frontalmente con el relato dominante, defendido por el extremo centro que va desde Tony Blair hasta Emmanuel Macron, según el cual el porvenir reside en “la economía del conocimiento”, la flexibilidad, la apertura, la racionalización.

Este relato trae consigo un diagnóstico que ha sido utilizado como mantra durante la crisis de la zona euro: las economías de la periferia europea no estaban adaptadas, había que reformarlas en profundidad para que pudieran disfrutar plenamente de los beneficios de la globalización y de la integración europea a través de los mercados. En este contexto, la “tentación populista” —habría mucho que decir sobre el recurso a un campo lexical del anticristo en el discurso antipopulista, pero no es lo que nos ocupa aquí— es ella misma percibida como un signo de atraso característico de ciertos sectores de la población, los famosos “perdedores de la globalización”.

A menudo, sin saberlo, los observadores que proponen este tipo de interpretaciones caen sobre un viejo lugar común de las teorías de la modernización, de moda durante los años 60 y 70, que percibía el ascenso de ciertos movimientos y regímenes de los países del tercer mundo como el signo de una resistencia de ciertos sectores de estas sociedades contra las transformaciones introducidas por la modernización/globalización [2].

La Lega Nord, finalmente, se afirmó rápidamente como movimiento precursor de la oleada de extrema derecha que hoy cubre el continente europeo.

Había, pues, un aspecto extremadamente provocador y contraintuitivo en considerar que Italia pudiera encarnar versión alguna del “futuro de Europa”. Sin embargo, con un examen más minucioso, il bel paese ha presentado, con extrema precocidad, y marcado el conjunto de rasgos que los politólogos designan como evoluciones estructurales de las democracias occidentales: declive de la participación política, derrumbe de los partidos tradicionales y de la izquierda histórica en particular, mediatización y personalización de la vida política, auge simultáneo de la tecnocracia y el populismo, resurgencia de la extrema derecha, etc.

En efecto, los aparatos de partidos de masas que habían marcado la política italiana de la posguerra se hundieron o sufrieron una recomposición forzosa tras el escándalo de Tangentopoli, a comienzos de los años 90; el ascenso de Berlusconi prefiguró el de numerosos líderes populistas actuales, y desde entonces el acceso a las responsabilidades ejecutivas ha sido repartido sea entre gobiernos populistas, de extremo centro o “tecnocráticos” (Lamberto Dini, Mario Monti). La Lega Nord, finalmente, se afirmó rápidamente como movimiento precursor de la oleada de extrema derecha que hoy cubre el continente europeo.

En este contexto de medio plazo, marcado por las profundas evoluciones del paisaje político italiano, hay que añadir el de la crisis de la zona euro y de su gestión en la península itálica. La convergencia de los principales partidos gubernamentales en torno a la nominación del gobierno de Mario Monti, de perfil “técnico” y severamente partidario de la austeridad, ha terminado de desacreditar a la clase política italiana. Esta alianza disipó las últimas ilusiones de una alternancia política posible, y envió una imagen de élites cómplices y sumisas a las órdenes europeas. En fin, el escenario de la “pospolítica” o de la gobernanza “posdemocrática”, por utilizar los términos utilizados respectivamente por Chantal Mouffe y Colin Crouch, parecía materializarse plenamente.

Es en este doble contexto donde hay que comprender el ascenso del Movimento Cinco Stelle (M5S) creado formalmente en 2009 y que obtiene sus primeros triunfos electorales durante los años de crisis económica, antes de que su progresión regular termine por abrirles las puertas del gobierno nacional en 2018, en calidad de primera fuerza política del país de la bota.

El M5S supo posicionarse como única alternativa al establishment, canalizar la profunda desafección de los ciudadanos hacia éste y construirse en el espacio vaciado entre el individuo y el Estado

Movimiento atípico desde un punto de vista organizativo e ideológico, el M5S supo posicionarse como única alternativa al establishment, canalizar la profunda desafección de los ciudadanos hacia éste y construirse en el espacio vaciado entre el individuo y el Estado, a causa de la desagregación de los aparatos de partido. La luna de miel entre el M5S y el electorado italiano parece, sin embargo, haber terminado.

Además de las dificultades ligadas a la normalización y la institucionalización de un joven movimiento que había hecho de su exterioridad al “sistema” su marca de fábrica, las precoces experiencias en el ejercicio del poder a nivel local (en Turín y Roma, en particular) no se han producido sin fricciones ni polémicas.Sobre todo, las recientes elecciones europeas han producido una transformación radical en la relación de fuerzas entre los dos actores del gobierno italiano, el Movimiento y la Lega: mientras que el primero ha visto sus apoyos pasar del 32% al 17% entre el escrutinio de las legislativas y las europeas, el segundo ha experimentado un aumento espectacular, del 17% al 34% en el mismo periodo.

Desde entonces, el líder de la Lega ha disfrutado de su ventaja para precipitar una crisis de gobierno, cuya suerte es todavía hoy muy incierta, y que incluso podría reavivar, paradójicamente, un M5S moribundo. Es aquí que el Movimiento Cinco Estrellas plantea un desafío intelectual mayor: ¿es posible comprender al mismo tiempo su ascensión fulgurante y sus reveses a partir de un mismo prisma de análisis? Para esto, hay que evocar el contexto político italiano de los 30 últimos años, con el objetivo de analizar lo que, entre las características propias del M5S, determina su capacidad de adaptación a éste, al igual que su incapacidad para transformarlo verdaderamente. 

NACIMIENTO, CARACTERÍSTICAS Y EVOLUCIÓN DE UN MOVIMIENTO ATÍPICO

El Movimiento Cinco Estrellas nació bajo el impulso del dúo constituido por Beppe Grillo, humorista y actor conocido por sus diatribas contra la clase política italiana, y Gianroberto Casaleggio, empresario y consultor informático. Juntos fundaron en 2005 el blog beppegrillo.it (gestionado por la empresa del segundo, Casaleggio Associati), que pocos años después será uno de los blogs más consultados de Italia.

Los años siguientes estarán marcados por la organización de eventos a partir de plataformas digitales (encuentros meetups, vaffanculo days, etc.) y por las primeras participaciones en elecciones municipales a través de listas “Los amigos de Beppe Grillo”. En el verano de 2009, Grillo propone su candidatura a las elecciones internas del Partido Democrático (PD), de orientación social-liberal, que será rechazada a causa de sus repetidos ataques contra las élites dirigentes de este mismo partido. Después, el nombre y el símbolo del Movimiento Cinco Estrellas son presentados en octubre.

A partir de entonces, el movimiento experimenta un éxito creciente durante las sucesivas citas electorales. Obtiene, primero, buenos resultados en las elecciones regionales de 2010 en la Toscana y en el Piamonte.

El M5S será definitivamente consagrado como fuerza política nacional tras las elecciones locales de 2012, donde se destaca ganando el ayuntamiento de Parma 

Después será definitivamente consagrado como fuerza política nacional tras las elecciones locales de 2012, donde se destaca ganando el ayuntamiento de Parma. Primer partido en número de votos durante las elecciones regionales sicilianas de este mismo año, se impone como tercera fuerza política de Italia en las elecciones legislativas de 2013 (que siguen al interludio “técnico” de Mario Monti) con un 25,56% de votos al congreso y 23,80% al senado.

Desde 1945 en Europa, estos resultados han sido los mejores que una fuerza política europea jamás haya obtenido en sus primeras elecciones a escala nacional [11]. Los confirman —si bien con un ligero descenso— los resultados cosechados más tarde en las elecciones europeas de 2014, donde obtienen 17 eurodiputados. Tras esto, extienden su alcance territorial tras las sucesivas elecciones regionales, y llegan incluso a conquistar las ciudades de Turín (Chiara Appendino) y Roma (Virginia Raggi). La culminación de este ascenso regular llega en las elecciones legislativas de mayo de 2018. Beneficiándose de la espectacular debacle del PD y de la parábola descendente de Berlusconi, el Movimiento Cinco Estrellas se impone muy claramente como primera fuerza política, con 32,68% de votos emitidos. Tras este resultado, constituye un gobierno con la principal fuerza de coalición de la derecha, la Lega de Matteo Salvini (17,35%).

El M5S hace alarde de un perfil organizativo e ideológico extremadamente atípico, que desconcierta a los observadores y desbarata la gran parte de explicaciones y categorías clásicas de la ciencia política

Desde sus comienzos, el M5S hace alarde de un perfil organizativo e ideológico extremadamente atípico, que desconcierta a los observadores y desbarata la gran parte de explicaciones y categorías clásicas de la ciencia política [12].

En el plano organizativo, el partido —que se presenta como un movimiento— se caracteriza desde sus orígenes por la ausencia casi total de estructuras intermediarias. Se divide entre el líder y su blog por un lado, y los activistas presentes en cada territorio por otro lado. Promoviendo la imagen de una organización en manos de sus activistas, donde las decisiones se toman en base a la deliberación en línea de sus inscritos, el movimiento se caracteriza sobre todo por una centralización extrema en torno a su líder, que se vale de la ausencia de estructuras intermediarias para ejercer un derecho de control exclusivo sobre la selección de candidatos y la elaboración de los programas.

En el plano organizativo, el partido —que se presenta como un movimiento— se caracteriza desde sus orígenes por la ausencia casi total de estructuras intermediarias entre su líder y las bases

Progresivamente, a partir de su entrada en el parlamento en 2013, el movimiento experimentará la aparición de un tercer elemento, el grupo parlamentario. En este momento, el M5S se comprometerá con un tímido proceso de institucionalización, con la adopción de criterios de rotación de cargos internos en el grupo parlamentario, la puesta en marcha de un código ético que los diputados están obligados a firmar, así como la designación de un “directorio” que sirva como punto de referencia.

Con el auge del grupo parlamentario y de los representantes locales, la creciente complejidad de la estructura del movimiento, la muerte de Casaleggio en 2016 y las cuestiones planteadas por la gestión de su empresa, las tensiones entre los tres polos del partido (el líder, los activistas y los representantes institucionales) se acentuarán y propagarán cada vez más en la vida del movimiento hasta hoy.

En el plano ideológico y programático, el perfil de los Cinque Stelle no es menos atípico. Los temas examinados en el blog retoman en buena medida aquellos que Grillo abordaba en sus espectáculos: ecología y estragos de la globalización, defectos de la sociedad de consumo, corrupción, servilismo de los grandes medios y negligencia del conjunto de la clase política italiana.

En las propuestas programáticas del partido se mezclan temas clásicos de la izquierda (ecologismo, decrecimiento, protección social) con otros claramente de derechas (euroescepticismo, chauvinismo económico)

Todos ellos se encuentran en las propuestas programáticas del partido, que mezcla temas clásicos de la izquierda (ecologismo, decrecimiento, protección social) con otros claramente de derechas (euroescepticismo, chauvinismo económico). El resultado de este anclaje doble es que las principales escalas de medida sitúan al partido en el centro (aunque ligeramente escorado a la izquierda); sin embargo, este posicionamiento parece resultar del equilibrio entre las posiciones de izquierda y de derecha, más que una posición “ni de izquierdas, ni derechas”.

La identidad ideológica del movimiento resulta tanto más compleja e incierta en la medida en que varía considerablemente entre los componentes del partido (líder, grupo parlamentario, base activista y electorado) y al hilo del tiempo. En definitiva, la estructura ideológica del movimiento parece descansar sobre dos pilares. Por un lado, promueve la inclusión de temáticas desatendidas por las otras fuerzas políticas, que han encontrado un eco considerable en el electorado, pudiendo ocupar un espacio sin representación hasta entonces. Por otro lado, ésta agita la promesa de una renovación y una “moralización” de la clase política.

La coexistencia de temas heteróclitos y de elementos en ocasiones contradictorios está asegurada precisamente por la prioridad concedida a esta “cuestión moral”, verdadero cemento que permite unir posturas difícilmente conciliables.

Las características específicas del M5S, que hace de él un sujeto político sui generis desde los puntos de vista organizativo e ideológico, no deben ser subestimadas y olvidadas en virtud de su inclusión en las categorías teóricas preestablecidas. Sin embargo, resulta difícil resistirse a la tentación de leer este movimiento a la luz del marco analítico del populismo de Ernesto Laclau, tanto por lo idóneo que resulta para describir sus características, como para analizar su génesis y evolución, o para evaluar sus fortalezas y debilidades.

El ejemplo clásico dado por Ernesto Laclau es el de la lucha del sindicato Solidarnosc en Polonia, convertido en el símbolo del conjunto de aspiraciones democráticas de la sociedad. Más próximo a nosotros, los chalecos amarillos han ofrecido el ejemplo más claro de este proceso

Su concepción del populismo, desarrollada en parte junto a su compañera Chantal Mouffe al hilo de numerosas obras [13], es ya bien conocida en el mundo francófono. Esta concepción rompe con las definiciones clásicas que asimilan el populismo a una ideología, un estilo político o un tipo específico de movimiento, y lo considera más bien como una lógica política, una manera de construir y articular las identidades políticas. Esta lógica consiste en la construcción de un sujeto popular, de un “pueblo”, a partir de la creación de una frontera antagonista entre un “nosotros” (el sujeto popular) y un “ellos” (su adversario/enemigo).

Dos elementos son fundamentales en este proceso de construcción. En primer lugar, este proceso es contingente: el contenido de las identidades populares no ha sido dado previamente (por ejemplo, a través de los procesos de producción que reducirían la oposición nosotros/ellos a un conflicto entre trabajadores y propietarios), sino que es el producto de una articulación discursiva.

De esto se sigue que el contenido del populismo puede ser tanto emancipador como reaccionario, según el modo en que haya sido construido el pueblo (como un sujeto político e inclusivo, o étnico y exclusivo, por ejemplo) y su adversario/enemigo (las élites económicas y políticas, los inmigrantes, los intelectuales, etc.). En segundo lugar, la unidad del sujeto popular no se debe al resultado de unas características positivas que sus miembros compartieran, sino que se produce negativamente por una oposición común al adversario/enemigo. Éste es señalado como responsable de la insatisfacción de un conjunto de demandas sociales heterogéneas que, en la medida en que comparten esta insatisfacción común, pueden ser vinculadas y formar una “cadena de equivalencias”, que constituye la estructura del sujeto popular.

En conclusión, en este proceso es habitual que una de las demandas asuma la función de representación del conjunto de la cadena. Se hablará entonces de “significante (tendencialmente) vacío”: se tratará de una demanda que pierde progresivamente su contenido específico, a medida que se vuelve la encarnación de todas las demás.

El ejemplo clásico dado por Ernesto Laclau es el de la lucha del sindicato Solidarnosc en Polonia, convertido en el símbolo del conjunto de aspiraciones democráticas de la sociedad. Más próximo a nosotros, los chalecos amarillos han ofrecido el ejemplo más claro de este proceso: el chaleco amarillo, en un comienzo ligado a la protesta original contra el impuesto sobre el combustible, ha ido cobrando progresivamente de un significado mucho más extenso, hasta llegar a encarnar las aspiraciones de justicia fiscal y de democracia directa de toda una franja de la población francesa.

El M5S corresponde plenamente a esta lógica populista descrita por Ernesto Laclau, en tanto que presenta el conjunto de rasgos asociados a él. Nace y se desarrolla en un momento de dislocación social profunda, donde los efectos de la crisis económica generan una insatisfacción creciente de demandas sociales. Estas demandas no pueden, en cualquier caso, ser expresadas y canalizadas a través de los canales políticos establecidos, a causa de la crisis estructural de representación política en la cual el país está sumergido desde los años 80.

El M5S puede, por lo tanto, sobre la base de estas demandas, construir un nuevo sujeto popular unificado por su oposición a las élites políticas y económicas, consideradas como responsables del desmantelamiento de la soberanía popular. Cortocircuita la lógica de confrontación entre el centro-izquierda y el centro-derecha, reemplazándolo por una oposición entre los “ciudadanos honestos”, la “gente humilde” y las élites políticas y económicas de todos los bandos, retratados como un conjunto indiferenciado y corrompido.

El M5S es probablemente una de las manifestaciones más puras del populismo laclauiano, reflejando allí el grado de desintegración del paisaje político italiano

Por lo demás, el M5S es probablemente una de las manifestaciones más puras [14] del populismo laclauiano, reflejando allí el grado de desintegración del paisaje político italiano y la pureza de sus episodios tecnocráticos. En efecto, al contrario que numerosos partidos populistas considerados “de izquierda” (Podemos, La France Insoumise) o “de derechas” (Frente Nacional, AfD), M5S se sostiene sobre una cadena de equivalencias extremadamente extensa, que cubre la cuasi-totalidad del espectro político-ideológico del electorado italiano.

Esto ha sido posible gracias a haber convenientemente ocultado las cuestiones potencialmente divisivas en su seno —la inmigración, por ejemplo— y haber puesto el foco sobre la “cuestión moral” (la corrupción de las élites políticas y la necesidad de dar las llaves de la actividad política a los ciudadanos ordinarios). Esto último juega el rol de significante vacío que permite, gracias a su carácter vago y polifacético, mantener la unidad del movimiento. En muchos aspectos, el M5S recuerda a, salvando las distancias, el fenómeno del peronismo argentino, en el cual la centralidad de la figura del líder exiliado jugaba un rol de significante vacío que permitía agregar grupos heterogéneos, que iban desde el marxismo hasta el fascismo [15].

Además de encarnar plenamente la lógica populista, el M5S es asimismo la más completa expresión, en un plano organizativo, del espíritu de la época, esta era de la desintermediación de la que Italia aporta un ejemplo particularmente precoz y avanzado. El rol central conferido al líder, la ausencia casi total de estructuras intermediarias, la organización laxa y flexible, el recurso a internet y a las redes sociales, los mecanismos de participación directa en línea, la ausencia de vínculos orgánicos con relación al mundo sindical y asociativo, todos estos elementos hacen de los grillini una especie política particularmente adaptada al nuevo ecosistema.

Combinando paradójicamente los rasgos de una verticalidad y de un centralismo extremo, por un lado, y un funcionamiento con pretensiones de horizontalidad y participación, por otro lado, representa una forma política en las antípodas del partido de masas del siglo XX.

En muchos aspectos, el M5S recuerda al fenómeno del peronismo argentino, en el cual la centralidad de la figura del líder exiliado jugaba un rol de significante vacío que permitía agregar grupos heterogéneos, que iban desde el marxismo hasta el fascismo

No cabe duda de que la combinación de estos elementos, que hacen del M5S un populismo 2.0 particularmente adaptado a la era de la desintermediación, juega un papel importante en la ascensión fulgurante del movimiento.

Entre estos, podemos contar la revitalización de un sistema político moribundo, la representación de sectores del electorado extremadamente desconfiados con las instituciones, la apuesta por asuntos poco tratados por los demás partidos (el medio ambiente, la ética en la política, etc.) o también la adopción de medidas económicas y sociales tímidas, pero tangibles (como la famosa “renta básica”de 780 euros).

Es precisamente a causa de este abanico programático extremadamente extenso y ambiguo que el movimiento ha conseguido extender su atractivo electoral, y ha aglutinado el voto de sectores alienados de la población. La ausencia de una tradición ideológica definida —exceptuando el antipartidismo de Adriano Olivetti [16]— ha proporcionado una flexibilidad inédita al M5S, y le ha permitido recoger votos de todos los desilusionados con el resto de formaciones políticas, provenientes de tendencias heterogéneas. Es también a causa de su estrategia organizativa original e innovadora, que ha logrado movilizar y crear un sentimiento de identificación colectiva.

Pese a estos numerosos puntos fuertes, el M5S hace frente actualmente a enormes dificultades. Su participación en el gobierno nacional ha resultado un fiasco

Pese a estos numerosos puntos fuertes, el M5S hace frente actualmente a enormes dificultades. Su participación en el gobierno nacional ha resultado un fiasco. En el término de un año y medio, la Lega, liderada por un imparable Matteo Salvini, ha logrado revertir la relación de fuerzas a su favor, ocupando con mucho la primera posición en las intenciones de voto —materializadas en el escrutinio europeo de mayo de 2019— y reduciendo a la mitad las fuerzas del Movimiento Cinco Estrellas.

Dotado de un indiscutible olfato político, Salvini no buscó traducir inmediatamente su ventaja adquirida con una renegociación de atribuciones ministeriales, sino que se dedicó a fortalecer su presencia, aumentando progresivamente la presión sobre su socio gubernamental.

En el momento álgido de esta dominación, tras meses dedicados a culpabilizar a M5S sobre distintos asuntos y a sembrar dudas sobre su lealtad política —por ejemplo, haciéndole pasar por cómplice del PD en el respaldo a las fuerzas del establishment a nivel europeo, concretado en el voto a favor de la nueva Comisión Europea— le dio la estocada definitiva.

Aprovechando la ocasión de un voto desfavorable del M5S a un proyecto de ley presentado por la Lega, con relación a la línea ferroviaria Lyon-Turín, hizo saltar en pedazos la coalición gubernamental. La Lega espera de este modo producir un rápido retorno a las urnas, que la consagrara como primera fuerza del país, permitiéndole gobernar sola, o como fuerza dominante de una coalición con otras fuerzas de la derecha italiana.

¿Cómo explicar un giro tan rápido y profundo en la relación de fuerzas entre el M5S y la Lega? Resulta tentador atribuirlo al talento comunicativo de Salvini, que, desde su posición como ministro del interior, logró mejor que nadie imponer su agenda, atraer la atención mediática y utilizar las posibilidades de comunicación directa que ofrecen las redes sociales.

En el mejor de los casos, esta explicación resultaría parcial. En el peor, delataría un razonamiento tautológico (poder comunicativo y fuerza política se confunden y se explican recíprocamente). No tendría en cuenta ni las particularidades del M5S —después de todo, el movimiento no se queda a la zaga en materia de habilidad comunicativa—, ni los numerosos signos indicadores de sus actuales dificultades, desde las tensiones internas (que han supuesto la expulsión del partido de figuras disidentes) hasta las turbulencias que ha producido su gestión de gobierno en grandes urbes (Parma, Turín, Roma).

Sin rechazar totalmente esta explicación, es, pues, necesario situarla en un marco explicativo más amplio, y reflexionar sobre el declive del M5S a partir del análisis estructural desarrollado más arriba. De este modo, se podrá ofrecer una representación más perspicaz y completa de este declive, así como proveerse de medios para extraer lecciones políticas del caso.

EL MOVIMIENTO CINCO ESTRELLAS, ¿TRATAMIENTO O SÍNTOMA?

A partir de los elementos evocados más arriba —el contexto de la vida política italiana desde el comienzo de los años 90, las características particulares del M5S— se puede lanzar una serie de hipótesis plausibles para explicar el brusco declive actual del movimiento. Algunas apuntarían a su juventud, otras a sus particularidades organizativas e ideológicas, y otras, finalmente, harían relación a las condiciones estructurales del nuevo ecosistema político en la que se mueve, esta era de la desintermediación.

Estas hipótesis no se excluyen mutuamente, serían, de hecho, complementarias. Puestas en orden, dibujan la escena política italiana (y, siguiendo la analogía profética evocada al comienzo del artículo, también europea) complejizada. La exacerbada volatilidad de las lealtades a los partidos complica la posibilidad de jugar con los códigos de la nueva situación política sin caer en el vacío de una política-marketing huérfana de toda estructura organizativa y de toda tradición ideológica estable.

Una de las hipótesis del declive del M5S sería que es víctima de un ascenso demasiado rápido. Éste habría creado espinosos problemas en materia de gestión de la institucionalización del movimiento

La primera hipótesis que podemos abordar, la referida a la juventud del movimiento, no le sería específica: el M5S sería simplemente víctima de un ascenso demasiado rápido. Éste habría creado espinosos problemas en materia de gestión de la institucionalización del movimiento. ¿Cómo elegir candidatos y asegurarse un control eficaz sobre ellos, cuando han resultado a menudo nocivos a la hora de ejercer funciones públicas? ¿Cómo garantizar el respeto de los criterios éticos que el movimiento defiende en sus propias filas? ¿Cómo asegurar la coherencia ideológica y organizativa de un movimiento heteróclito, dividido entre la dirección (un personaje extravagante de cara a la galería y un empresario en la sombra), la base de activistas —tanto en línea como en los grupos locales— y un grupo de representantes electos que crece exponencialmente? ¿Cómo organizar la coexistencia de estos diferentes componentes y, cuando proceda, gestionar los conflictos que puedan emerger entre ellos?

Estas cuestiones son tanto más complejas de gestionar por cuanto se trata de un movimiento que ha hecho de la transparencia su razón de ser y su marca de fábrica. Con estas credenciales, el menor desliz corre el riesgo de ser juzgado mucho más severamente que con relación a sus rivales. Es así que el M5S se encontró en una situación bochornosa cuando su líder, Luigi di Maio, queriendo centralizar aún más el control del movimiento, trató de extender a tres el número máximo de mandatos que un representante pudiera hacer, previamente limitado tan solo a dos.

Frente a la dificultad de justificar que un movimiento tan crítico con la profesionalización de la política tome esta decisión, Di Maio introdujo el concepto de “mandato cero”, según el cual el primero de los tres mandatos no contaría, una expresión que será fácilmente el hazmerreír de comentaristas de todas las tendencias.

La segunda hipótesis: las características de este movimiento, ventajas para construir rápidamente una fuerza política mayoritaria en un periodo de crisis, se han convertido en los principales obstáculos para su solidificación 

La segunda hipótesis, la más fundamental, es que las características organizativas e ideológicas de este movimiento, ventajas considerables para construir rápidamente una fuerza política mayoritaria en un periodo de crisis económica y política, se han convertido en los principales obstáculos para la solidificación de este movimiento, y para su duración en el tiempo, en tanto que fuerza radical portadora de un proyecto de transformación social.

En el plano organizativo, la elección “movimentista” del M5S y su rechazo a adoptar un modelo de organización jerarquizado y territorializado, puede constituir una desventaja relativa con relación a sus competidores. En efecto, como ya se indicó más arriba, ninguno de los partidos políticos actuales (centro-izquierda, centro-derecha y Lega) disponen del anclaje territorial, el apoyo social y los vínculos orgánicos con la sociedad civil que caracterizaban a los partidos de masas de la posguerra.

Sin embargo, estos han tenido la posibilidad, durante 25 años de existencia, de construirse clientelas relativamente estables. El M5S, al contrario, no dispone de ninguna base electoral leal sobre la que reposar durante los periodos difíciles [17], ni redes clientelares perennes que faciliten el ejercicio del poder a nivel local o regional. Es quizás aquí donde reside una diferencia fundamental con la Lega de Salvini, capaz como nadie de combinar un modelo organizativo sólido y estable en el norte del país, con una comunicación renovada, fundada sobre la ficción de un contacto directo entre su líder y los ciudadanos.

En el plano ideológico, la ambigüedad del movimiento constituye igualmente un arma de doble filo. Provechosa durante el periodo de construcción del movimiento en la oposición, esta característica se ha vuelto abruptamente contra él en cuanto accedió a posiciones de poder.

Confrontado a la necesidad de tejer alianzas y de emprender políticas públicas específicas, el M5S se ve obligado a tomar partido, abandonando su postura de pura exterioridad frente a los actores del sistema, y debiendo determinar los compromisos aceptables, así como las líneas rojas. Sin embargo, pese a que una parte cada vez más significativa de los nuevos conflictos políticos escapen a la lógica izquierda-derecha, esto no quiere decir que haya desaparecido completamente, aunque sólo sea más que como punto de referencia axiológico.

Cierto, la correspondencia entre un grupo social, un aparato de partido y una posición ideológica claramente identificable desde el eje izquierda-derecha ya no está tan clara como antes; y, cierto, una parte cada vez más grande del electorado (en particular el constituido por los jóvenes) rehuye definirse a partir de estos términos. Pero este imaginario político no ha desaparecido de un día para otro, y continúa pesando en la mentalidad de una parte del electorado y de los políticos.

La pretensión del M5S de no ser “ni de izquierda, ni de derecha” se da de bruces con la primera experiencia concreta en el ejercicio de poder

En consecuencia, la mayoría de los actores y de las políticas públicas continúan cargando una connotación ligada a estas categorías, y la pretensión del M5S de no ser “ni de izquierda, ni de derecha” se da de bruces con la primera experiencia concreta en el ejercicio de poder. Aliarse con la extrema derecha (la Lega), el extremo centro (el PD) o con un grupúsculo de la izquierda radical (Potere al Popolo); votar a favor de una reforma fiscal o de una ley sobre la seguridad y la inmigración, no son fenómenos en absoluto anodinos desde este punto de vista.

La menor elección tomada en la materia erosiona la solidaridad interna del movimiento, desmoviliza una parte del electorado y hace aparecer disensiones internas. Salvini lo comprendió bien, él, que nunca dejó de orientar la agenda hacia su propio punto fuerte, la inmigración, sabiendo que éste constituía al mismo tiempo la cuestión más tabú para el M5S, cuyos activistas y electores se encuentran divididos al respecto.

Sobrepasados por la situación, el Movimiento Cinco Estrellas no ha hecho más que tratar de defenderse y recuperar aliento. Sin embargo, podría haber tratado de contraatacar con un desplazamiento del debate sobre el terreno donde su socio de coalición es más débil, la cuestión regional. Esta continúa siendo el objeto de un compromiso extremadamente precario entre los barones locales, garantes de la identidad histórica y regionalista de la Liga, y Salvini, centrado en una estrategia electoralista y nacional [18]. Pero, también para este caso, una estrategia ofensiva de estas características es difícilmente practicable por un movimiento poco seguro de su identidad ideológica, de su anclaje territorial y de su base sociológica.

Las características del M5S estaban particularmente adaptadas a una conquista rápida del poder ejecutivo por las urnas, pero se revelan cruelmente inconsistentes en cuanto se trata de promover un proyecto de sociedad contra-hegemónico

En conclusión, las características organizativas e ideológicas del Movimento Cinque Stelle, si bien estaban particularmente adaptadas a una conquista rápida del poder ejecutivo por las urnas en un contexto de profunda crisis económica y política, se revelan cruelmente inconsistentes en cuanto se trata de promover un proyecto de sociedad contra-hegemónico capaz de poner en cuestión la doxa neoliberal, encarnadas por las fuerzas de centro-derecha y de centro-izquierda, así como por su transfiguración nacional-autoritaria, encarnada por la Lega.

En términos gramscianos, el M5S se ha centrado en una “guerra de movimientos” prematura, olvidándose totalmente de afianzar las bases necesarias para “una guerra de posiciones” a largo plazo.

Por esto, habría que haber construido pacientemente una verdadera contracultura popular, con sus infraestructuras, sus redes y sus recursos intelectuales, sobre el terreno dramáticamente desertificado tras el declive de las organizaciones de la izquierda histórica.

El M5S, sin embargo, ha hecho exactamente lo contrario, construyendo un modelo organizativo e ideológico capaz, en teoría, de ahorrarse esta tarea de largo aliento. Con ello, ha contribuido a acentuar las evoluciones contemporáneas de la democracia: la atomización del electorado, la desafiliación de los partidos, el declive de los cuerpos intermedios, la personalización de la vida política, etc.

Con algunos años de distancia, nos parecerá evidente que una iniciativa política semejante era incapaz de constituir simultáneamente el síntoma de una degeneración democrática y el tratamiento para curar al sistema de este mal. Probablemente es aún demasiado pronto como para afirmar con certidumbre cuál de estos diagnósticos es el más ajustado a la realidad, en cualquier caso, a este punto, el Movimento Cinque Stelle parece haberse convertido en la principal víctima de la volatilidad política que contribuyó a acelerar, así como parece haberse convertido en prisionero de las características que parecían constituir su fortaleza. Lo cual no es ni la menor, ni la única de sus paradojas.

NOTAS

[1] David Broder, « Italy is the Future », Jacobin, 4 mars 2018
[2] Anton Jäger, « The Myth of ‘Populism’ », Jacobin, 3 January 2018
[3] « Occhetto, l’ultimoamico americano », La Repubblica, 17 Mai 1989 
[4] Este fenómeno de cartelización de los partidos políticos ha sido descrito y teorizado por Richard S. Katz y Peter Mair en numerosos trabajos, hoy en día clásicos de las ciencias políticas. Designa el fenómeno iniciado entre los años 70 y 80 de fusión de intereses entre los partidos y el aparato del Estado, generalmente acompañado y favorecido por la introducción de la financiación pública de los partidos políticos. Los partidos políticos, cada vez más dependientes de los recursos públicos, así como cada vez menos sostenido por las cuotas de la base militante, tendrían así una tendencia a colaborar, con el fin de compartir estos recursos e impedir la emergencia de nuevos actores (de aquí el término “cártel”). En Italia, la situación es algo particular, ya que la financiación pública de los partidos fue introducida en 1974, antes de ser revocada en 1993, en el contexto de escándalo de corrupción que golpeó al país, para luego ser progresivamente reintroducida los años siguientes bajo la forma de reembolsos postelectorales.
[5] Caterina Paolucci, « Forza Italia : un non-parti aux portes de la victoire », Critique internationale, 2011/1, p.12-20.
[6]Mauro Calise, La democrazia del leader, Roma-Bari, Laterza, 2016.
[7] Peter Mair, Ruling the Void. The Hollowing Out of Western Democracies, London, Verso, 2013.
[8] Christopher Bickerton, EuropeanIntegration : From Nation-States to Member States, Oxford, Oxford UniversityPress, 2012.
[9] Vivien Schmidt, Democracy in Europe : the EU and National Polities, Oxford, Oxford UniversityPress, 2012.
[10] La deuda pública italiana ha sido, desde hace tiempo, muy alta, pero no generaba inquietudes profundas, a causa de la reputación que el tesoro italiano se forjó en cuanto a su gestión, así como a cause de su estructura, de naturaleza nacional (ligada sobre todo al patrimonio inmobiliario de las familias), que la hicieron poco vulnerable a la especulación extranjera. Su internacionalización relativa tras años de pertenencia a la zona euro, así como los temores de contagio financiero durante la crisis griega, terminaron de arrojar una luz nueva sobre la deuda pública italiana, alarmando a los mercados financieros y los otros gobiernos europeos.
[11] Nicolò Conti, Filippo Tronconi& Christophe Roux, « Le Mouvement cinq étoiles. Organisation, idéologie et performances électorales d’un nouveau protagoniste de la vie politique italienne », Pôle Sud, 2016/2, p.21-41.
[12] Para una descripción de las características organizativas e ideológicas del movimiento, ver: Filippo Tronconi, BeppeGrillo’sFiveStarMovement. Organisation, Communication and Ideology, Fenham, Ashgate, 2015.
[13] Ver, entre otros : Ernesto Laclau& Chantal Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy, Londres, Verso, 1985 ; Ernesto Laclau, On Populist Reason, London, Verso, 2005 ; Chantal Mouffe, Pour un populisme de gauche, Paris, Albin Michel, 2018.
[14] Recordemos que para Ernesto Laclau el populismo y el institucionalismo constituyen los dos polos de un continuo determinado por la extensión respectiva de la lógica de equivalencias. En este sentido, el populismo puede manifestarse concretamente en grados diversos.
[15] Es al menos la analogía que hemos propuesto, mi colega Samuele Mazzolini y yo, en otro artículo (Mazzolini S. &Borriello A. (2017) “Southern European populisms as counter-hegemonic discourses? Podemos and M5S in comparative perspective”, in Marco Briziarelli& Oscar GarciaAugustin (eds.) Podemos and the New Political Cycle. Left-wingPopulism and Anti-Establishment Politics, Palgrave Macmillan : 227-254).
[16] Ingeniero y político italiano del periodo de posguerra, Adriano Olivetti defendía una posición hostil a la “democracia de los partidos”, invocando una concepción corporativista y territorial de la organización del Estado.
[17] Roberto Biorcio, «The reasons for the success and transformations of the 5 Star Movement», Contemporary Italian Politics, Vol.6, n°1, 2014, p.37-53.
[18] Daniele Albertazzi, Arianna Giovannini & Antonella Seddone, « ‘No regionalism please, we are Leghisti!’The transformation of the Italian Lega Nord under the leadeship of Matteo Salvini», Regional &Federal Studies, Vol.28, n°6, 2018, p.646-671.

Fuente
"Grandeur et décadence du mouvement Cinc Etoiles" fue publicado originalmente en el medio francés Le Vent Se Eleve. Traducido para El Salto por Pablo Lapuente Tiana.

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1 Comentario
#40140 10:20 30/9/2019

Excelente artículo, muy clarificador

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