Valentina Pisanty: “La nueva definición de antisemitismo erosiona la calidad de nuestra democracia”

Valentina Pinsaty es profesora de Semiótica de la Universidad de Bérgamo, y acaba de publicar ‘Antisemita’, un libro en el que aborda la transformación del concepto clásico de antisemitismo promovido por los Gobiernos de la derecha israelí.
Valentina Pisanty B
Valentina Pisanty durante una conferencia.
10 mar 2026 06:00

Al rebufo de las protestas por el genocidio en Gaza, en varios países occidentales se han prohibido actos, despedido a profesores e incluso deportado o arrestado a activistas pro-palestinos. A menudo, todo ello se ha hecho bajo la acusación de “antisemitismo”. Valentina Pinsaty, profesora de Semiótica de la Universidad de Bérgamo, en Italia, ha publicado recientemente un libro, titulado Antisemita y que ha sido traducido al catalán por la editorial Comanegra, en el que ofrece un detallado análisis de la transformación del concepto clásico de antisemitismo promovido por los sucesivos Gobiernos de la derecha israelí para utilizarlo políticamente contra sus críticos. 

¿Cómo ha evolucionado el significado de la palabra “antisemita”?
Es un concepto bastante reciente, que aparece alrededor de 1870, y se ha ido estratificando con su uso. Al principio, se refería a la Liga Antisemita de Alemania, una organización que se autodefinía como “antisemita” y que era contraria a la emancipación de los judíos. En las décadas siguientes, el término se expande para incluir otras manifestaciones de hostilidad antijudía, sobre todo en Rusia con los pogromos. Al final, se consolida recogiendo una serie de estereotipos que se encuentran en los Protocolos de los sabios de Sión; es decir, el judío conspirador, falso, rapaz económicamente, etc. Tras la Segunda Guerra Mundial, adopta un significado tan negativo que nadie se ha vuelto a definir como “antisemita”. Hasta aquí, la evolución del término ha sido la normal, que cristaliza en los diccionarios en una definición formal a través de una convención social. Luego, la cosa cambia.

¿Cuándo aparece lo que llama, la “nueva definición de antisemitismo” y a partir de qué mecanismo?
En la primera década del 2000, el Gobierno de derechas israelí del Likud, con el apoyo de varias entidades sobre todo estadounidenses dedicadas a la lucha contra el antisemitismo y alineadas con su agenda política, como la Anti-defamation League, intuyen el potencial estratégico de esta palabra. Por la carga de negatividad, ven que cualquiera que sea acusado de antisemita es excluido del consenso civil, pierde la capacidad de ser escuchado en una sociedad democrática. Con los antisemitas, al igual que los racistas, no se discute. Entonces, quieren pasar a utilizar esta palabra ya no para deslegitimar a los antisemitas, sino a todos aquellos que se opongan de manera muy abierta y visceral a las políticas israelíes. Y lo que hacen es impulsar un cambio desde arriba, y no de forma espontánea, de la definición oficial del concepto de antisemitismo.

Asimilan el concepto de antisemitismo al de antisionismo [...] de forma que quien se expresa de forma muy explícita contra sus decisiones políticas es acusado de antisemita

¿Y cuál es esta nueva definición?
Básicamente, asimilan el concepto de antisemitismo al de antisionismo, y vinculan también el sionismo a la acción política del Gobierno de Netanyahu, que ya lleva muchos años en el poder. De forma que quien se expresa de forma muy explícita contra sus decisiones políticas es acusado de antisemita. Este cambio semántico ha pasado por diversas fases.

Cambiar el significado de un concepto no debe ser fácil. ¿Cuál fue el proceso?
En un primer momento, no fue pensado como un instrumento jurídico o político, sino científico, para el uso de aquellas instituciones que debían monitorear y recoger datos sobre la transformación de la retórica antisemita en el siglo XXI. Y era algo comprensible porque podía pasar que alguien, a partir de una crítica a Israel, actualizara los viejos estereotipos antisemitas, recurriendo a la conspiración hebrea, etc.

De hecho, en un primer momento, la definición recogía varios ejemplos de acciones que “podían constituir expresiones de antisemitismo”. Entre ellas, exigir a Israel un estándar diferente al de otros países. Tras una campaña intensa de las entidades antes mencionadas, en 2016 se pone el sello de manera oficial a la nueva definición en un congreso de la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto), se elimina la formulación que utilizaba el condicional para pasar al modo indicativo: son expresiones de antisemitismo.

En base a esta nueva definición fue defenestrado Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista británico, o se han prohibido iniciativas culturales en Alemania

Entonces, ¿la nueva definición específica comportamientos concretos?
La nueva definición recoge una definición general, y luego una lista de once acciones que son expresiones de antisemitismo. De ellas, siete se refieren a los discursos sobre el Estado de Israel, y al menos cuatro son muy problemáticas. Se trata de cuatro discursos que son habituales en la crítica dura a Israel, pero que no tienen una matriz antisemita.

Y después, esa definición adopta un valor jurídico…
Así es, la mayoría de Gobiernos occidentales se han adherido a esta definición, y se incorpora en las leyes, en las normas internas de los partidos políticos, de las universidades, etc. En definitiva, se utiliza para desligitimar e incluso despedir de sus trabajos a personas injustamente acusadas de antisemitismo. Por ejemplo, en base a esta definición fue defenestrado Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista británico, o se han prohibido iniciativas culturales en Alemania. Y esta no ha pasado por una especie de conspiración, sino que se ha operado bajo plena luz del día. Se puede trazar paso a paso la estrategia que ha culminado en esta situación.

El debate se ha manipulado porque la parte pro-palestina no tiene la posibilidad de expresar sus posiciones sin ser criminalizada

¿Cree que esta nueva definición pone en peligro la democracia y las libertades fundamentales?
Contribuye a reducir el perímetro del debate público; y por lo tanto, obstaculiza la libre expresión de las ideas políticas de una cuestión tan controvertida como las acciones de Israel en Gaza. El debate se ha manipulado porque la parte pro-palestina no tiene la posibilidad de expresar sus posiciones sin ser criminalizada.

Entre los agentes que han colaborado a promover esta nueva definición está la extrema derecha occidental. ¿Por qué actúa así?
Porque ha habido un intercambio de favores entre las extremas derechas occidentales y el Gobierno de Netanyahu. Por un lado, Israel les pide a estos partidos un apoyo incondicional a sus políticas en Palestina; a cambio, los partidos ultras reciben una patente de inmunidad a cualquier acusación de antisemitismo o racismo. Su pacto suele incluir una visita a Israel, a algún lugar o museo dedicado al Holocausto acompañado de los líderes israelíes. Aparte de esto, es cierto que la plataforma ideológica del Gobierno de Netanyahu encaja con la de estos partidos de extrema derecha. Israel representa el sueño de estos partidos. Lo que no se entiende es porque los partidos de otras ideologías se han adherido a esta nueva definición y todo lo que conlleva, ya que erosiona la calidad de nuestra democracia.

 Yo sí creo que hay un incremento del antisemitismo actualmente

Algunos amigos de Israel en Occidente dicen que ahora el antisemitismo es un fenómeno, sobre todo, de izquierdas. ¿Es eso cierto?
No, me parece ridículo. El problema es que al vincular las entidades mencionadas, y mezclar el antisemitismo con el antisionismo en sus informes, nos impiden poder tener una radiografía clara del antisemitismo real. Y es una pena, porque yo sí creo que hay un incremento del antisemitismo actualmente. En todo caso, todo indica que las manifestaciones del antisemitismo clásico se producen, sobre todo, por parte de personas de derecha. Y un ejemplo claro es el “mito Soros”, o sea, las acusaciones de conspiración alrededor de la figura de George Soros. Es posible que, sobre todo en las redes sociales, gente de izquierda haga comentarios críticos con Israel en los que asimila el término “judío” al de “israelí”. Y eso es problemático, pero es el resultado de asimilar las deficiones de antisemitismo —que es una forma racismo— y antisionismo —que es una posición política—.

¿Considera que la batalla por la definición del antisemitismo está perdida?
No, la batalla está abierta. Más allá de las posiciones de los Gobiernos europeos, por no hablar de EEUU, a nivel de base, mucha gente no está para nada de acuerdo. Incluso en las propias comunidades hebreas mucha gente es contraria a la posición adoptada por las instituciones judías formales, que sí abonan el cambio de la definición.

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