Victoria “histórica” contra la construcción del aeropuerto de Nantes

La marcha atrás de Macron supone el fin de un proyecto de 50 años que había generado una fuerte resistencia local. La derecha teme que el precedente dé alas a otras protestas similares.
Nantes aeropuerto
Manifestantes contra el aeropuerto de Nantes en febrero de 2014. Foto de Philippe Leroyer

publicado
2018-01-19 11:57:00

Unos los dicen llorando y otros con alegría, pero derecha y ecologistas se ponen de acuerdo en algo: el adiós definitivo al proyecto de creación de un aeropuerto en Nantes, que desde hace 50 años divide a la población de esta región al oeste de París, supone una gran victoria del movimiento vecinal y campesino de resistencia, y un precedente para otras luchas similares.

La tarde del jueves el Gobierno francés de Emmanuel Macron anunció que desechaba definitivamente el proyecto de creación del aeropuerto, que suponía la expropiación de 1.650 hectáreas de lo que hoy son todavía aldeas y superficie agrícola.

La noticia ha sido acogida con euforia sin matices por parte de la variada comunidad de resistencia que, con las décadas, ha ido construyéndose en oposición al proyecto: viejos y nuevos vecinos agricultores, activistas de paso y grupos solidarios con la denominada Zona a Defender (ZAD).

En un comunicado conjunto el movimiento anti-aeropuerto ha definido la decisión del Gobierno como “una victoria histórica frente al proyecto de ordenación territorial destructor” y ha llamado a “converger masivamente el 10 de febrero en la zona para celebrar el abandono del aeropuerto y para proseguir la construcción del futuro de la ZAD”. El comunicado precisa que un día antes la Declaración de utilidad Pública (DUP) que pesa sobre la zona “será oficialmente no prorrogada. Por tanto, el proyecto será anulado e inefectivo definitivamente” a partir del 8 de febrero.

Del otro lado, las críticas han arreciado contra el Gobierno de Macron, exactamente por los mismos motivos. En un editorial titulado “Lamentable precedente”, el derechista Le Figaro alerta explícitamente del mal ejemplo que supone: se trata de una capitulación no sólo de Macron, que en la campaña electoral había defendido el proyecto, sino del propio Estado, dado que el conflicto se desarrolla desde hace cinco décadas.

Uno de los éxitos del ZAD es que ha conseguido replicarse en otros conflictos derivados de la construcción de infraestructuras, como es el caso de la presa del Tarn, cerca de Toulouse, una lucha con su propia ZAD y en la que ya ha habido que lamentar una muerte producida tras una carga policial.  

Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional, y el actual dirigente de los republicanos, Laurent Wauquiez, han cargado contra Macron por los mismos motivos y han recordado que en junio de 2016 un 55% de los vecinos de la zona apoyaron la construcción del aeropuerto en un referendum local. El Gobierno no ha eludido esta cuestión, y en una muestra de flexibilidad que también le ha valido elogios el primer ministro, Édouard Philippe, se ha referido a la división que generaba el proyecto como motivo de la marcha atrás.

La victoria no supone que lo que le espera a la comunidad del ZAD sea un camino de rosas. El aeropuerto puede no construirse, pero todavía está en juego el derecho de establecimiento de quienes han ido haciendo su hogar y lugar de trabajo de estas hectáreas expropiadas. Philippe ha dado hasta la primavera para que los activistas abandonen los terrenos.

El comunicado conjunto establece por eso la prioridad de que “campesinos/as y y habitantes expropiadas” puedan recuperar sus terrrenos, y “el rechazo de toda expulsión de aquellas y aquellos que han venido a vivir estos últimos años en la zona para defenderla y que desean continuar viviendo en ella y cuidarla”. El objetivo, dicen, es que la zona pueda seguir siendo en el futuro “un espacio de experimentación social, medioambiental y agrícola”.

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