¡No te rías qu’eztá feo!

Tres comediantes que han participado en la reciente edición del festival Fringe en Edimburgo —Ahir Shah, Sara Barron e Iván Ariesteguieta— y la presidenta de los premios a la comedia de la capital escocesa —Nica Burns— analizan la cuestión de las fronteras del humor.

Un actor en el festival Fringe en Edimburgo
Un actor en una edición del festival Fringe en Edimburgo. Foto de Alastair Barnsley, cortesía del festival Fringe.

publicado
2018-09-02 07:00:00

El humor está sometido a un escrutinio al que quizás nunca antes había estado expuesto —principalmente en las redes sociales—, tratando de responder a las preguntas qué es, para qué sirve, con qué fin y, sobre todo, si tiene que tener límites.

El último en sufrir ese azuce mediático en nuestro país ha sido Rober Bodegas, por un monólogo en el que explota estereotipos sobre la etnia gitana. Sin embargo, estos interrogantes, lejos de ser propios de una localización concreta, parecen internacionales.

Edimburgo, la capital de Escocia, acoge todos los agostos desde hace 38 uno de los festivales de comedia más importantes de la comunidad británica, dentro del Festival Fringe. De hecho, hecho está considerado una de las cunas de su humor ya que comediantes desde cualquier punto geográfico deciden participar para “ser los mejores”, afirma Nica Burns, presidenta de los Edinburgh Comedy Awards.

Conversamos con ellos, con los comediantes, humoristas, las personas que se dedican a sacar una risa cuando probablemente más sea necesaria, para conocer desde las entrañas del humor su problemática, existente en cualquier punto cardinal del globo terráqueo. 

Ahir Shah —londinense, nominado a mejor show con Duffer—, Sara Barron —cómica norteamericana nominada a mejor novata For worse—, Iván Aristeguieta —venezolano, residente en Australia, debutante en Reino Unido con Juithy— y Nica Burns —productora, directora artística, muy involucrada en la comedia, presidenta de unos Edinburgh Comedy Awards donde la cómica Rose Matafeo se convirtió en la quinta mujer en ganarlo con Underdog, mientras Ciaran Dowd fue el ‘mejor novato’ con su show Don Rodolfo.

¿Qué es el humor y el Stand Up?

Para Iván Aristeguieta (Caracas, Venezuela, 1979), tras sus inicios haciendo humor dentro de la situación que vivía el país en época de Chávez, decidió emigrar a Australia en 2012 donde se enfrentó a la dificultad de realizar humor en una segunda lengua, el inglés, “el humor es una liberación de tensión. Empíricamente o a través del estudio todos llegamos a la misma conclusión: ‘tienes que crear tensión para liberar tensión’”.

Partiendo de esa base, la presidenta Burns afirma que “es una de las cosas más difíciles de hacer en el entretenimiento”, ya que “los cómicos se escriben su material, lo tienen que poner en escena y muchas veces utilizan su propia vida para hacer los chistes, las gracias…”.

Es el caso de todos y cada uno de ellos, Barron, Shah y Aristeguieta. “No ser deshonestos. Enseño la parte difícil, complicada, de estar casada y de la vida en general”, señala la cómica estadounidense en su show For worse (Para peor), o el caso de Shah, para quien actuar “siempre ha estado en relación con experiencias propias o pensamientos que he tenido durante el año”. Su Duffer (Zoquete) lo es. “El año pasado —recuerda— estuve pasando un tiempo en la India, visitando a mi familia, la parte de mi padre que vive allí, y mi abuela padece de demencia y está muy enferma. Es la forma que tengo para construir mis historias. Sirve para dar salida a experiencias difíciles o sentimientos muy profundos. El humor es un lubricante a la hora de explicar los distintos asuntos que son muy delicados y fuertes”.

Por su parte, Aristeguieta en su Juithy (Jugoso, jugoso pero mal deletreado) habla “sobre la experiencia como inmigrante. Diferencias entre el primer mundo y tercer mundo”.

El humor como herramienta y su fin

“Es un debate que hay mucho en estos momentos. Yo no creo que ningún comediante haya cambiado nada con humor. Lo que puede cambiar es la ansiedad, el estrés y la tensión de la gente. Pero viniendo de Venezuela —explica Aristeguieta, donde estuvo ejerciendo su profesión durante un lustro—, todos los comediantes atacamos a Chávez bien duro y nada cambió”, señala. “Lo que sí que podemos a hacer es poner a la gente a pensar. Nosotros no hacemos nada durante el día y nuestro trabajo es pensar y después decir cosas. Otra gente está trabajando de 9 a 6, y no tiene esos momentos de libertad para ponerse a filosofar, y a observar y a entender, y a escribir cosas”, continúa, “la gente viene a nuestros shows diciendo: mira tú eres el que ha tenido tiempo para pensar, explícame algo”. “Hay comediantes que dicen que el humor es importantísimo para criticar, sí, pero mi experiencia en Venezuela veo que no se llega a nada”.

Barron se muestra muy concisa, explícita y pragmática. Para ella, el humor sirve “para hacer la vida mucho más sencilla, querido”, zanja tajante la escritora norteamericana reconvertida a cómica  y residente actualmente en Londres.

En la misma línea se expresa el joven Shah, nacido en Londres en 1990, con siete Fringe a sus espaldas y dos veces nominado al ‘mejor show’ seguidas. Realiza una profunda reflexión del gremio: “Hay cómicos que son como una especie de evangelizadores respecto al gran poder social de los Stand Up y creo que es una mirada narcisista de lo que pueden hacer las personas en la comedia”. Ahir cree que el verdadero valor es ser “capaz de hacerte pensar sobre un tema de una cierta forma, de una forma distinta, es el valor en sí mismo. Yo no salgo al escenario pensando ¡esto va a cambiar el mundo! ¡claro que no!”, y concluye con franqueza: “creo que tienes que sentirte bien con el hecho de ser una de esas personas que está garabateando en los márgenes, y todo lo que vaya de más es ser deshonesto.”

Límites del humor y las redes sociales

“No, no creo que tenga que tener límites”, defiende Sara Barron. “Si estás haciendo un buen trabajo con ello, puedes hacer humor de cualquier cosa. Si algo te ofende, no vayas a ver a ese humor. ¿Sabes a lo que me refiero? Ese chiste no es para ti, pero el comediante-cómico debe seguir haciendo humor sobre lo que quiera. Eso es interesante de acuerdo a mis convicciones, a lo que creo yo”, responde con voz firme y segura de lo que está expresando.

“Una de las normas en la comedia es, lo dijo Lenny Bruce —contrastado cómico norteamericano en los años 50 y 60—, ‘la única obligación del cómico es hacer al público reír cada 15 segundos’”, señala Shah, por lo que, prosigue, “eso significa que la manera en la que tú lo hagas es enteramente bajo tu criterio. Tienes un gran espacio, tienes la libertad de explorar ese espacio de la forma que quieras, y creo que eso es muy bueno”.

Aristeguieta ve en el respeto el límite: “Yo sí estoy de acuerdo en no faltarle el respeto a la gente. Hay cosas que son obvias. Nosotros explicamos las cosas con humor, pero a mí no me gusta burlarme y me ha costado entender que hacer el acento de alguien era burlarse o hacer un chiste sobre gays, minusvalía,…”. Pero también se muestra opuesto a sacar el chiste de su contexto: “Si el chiste está dentro del contexto y funciona y tú no le estás faltando el respeto a nadie, perfecto. Pero si toman una frase de ese chiste y la sacan del contexto y te acusan de racista u homófobo… ahí sí estoy en contra, porque critican por criticar. Para mí eso es otra forma de faltar al respeto”.

Para él, “es un tema muy complicado” y lo ejemplifica: “Hice un chiste el año pasado, que no está en este show, que decía que, en cuestiones de vida políticamente incorrecta, tú no te puedes burlar de la gente, pero te puedes burlar de los hábitos de la gente. Sí que hay zonas grises. Siempre y cuando la audiencia quiera escuchar y no tome las cosas fuera de su contexto”. También aclara que, en su opinión, “no es lo mismo hacer chistes racistas que raciales. En el término racista está la connotación negativa, está el odio implicado. Humor racial, no. No hay odio detrás del mensaje, la diferencia radica en la cotidianidad, en los hábitos. No se puede hacer humor con el odio hacia una persona.

En cuanto a las redes sociales, y los comentarios que se vierten en ellas, Aristeguieta ve en el escenario “el único momento en el que la gente se calla y uno puede decir algo y te escuchan” ya que “hoy en día todo el mundo te quiere debatir cualquier cosa. En Facebook viene alguien a debatirte la idea más sencilla, inocente… viene alguien a reventarte el alma sin ningún sentido. El escenario es un momento en el que me siento tranquilo y por fin puedo hablar con libertad”.

Puede que una de las razones de este fenómeno, analiza Ahir, sea que las redes sociales, unido a que “la mayoría de la gente suele sentirse anónima y suelen decir cosas que ellos nunca dirían en persona”, animen “al impulsivo pensamiento, instantáneo, nada reflexivo. Si tú no piensas como yo es porque eres una mala persona. No busca una verdadera discusión, que probablemente sea parte de ese ADN de la comunicación despersonalizada. En persona tienen que ser más civilizados”.

El feminismo y su humor

Contar con la trayectoria de una mujer como Nica Burns da perspectiva del gran recorrido del movimiento feminista y los logros de las mujeres en las últimas décadas. “Desde el inicio del siglo XXI  está siendo normal que las mujeres hagan comedia. En los comienzos, cuando yo empecé, había muy pocas mujeres —quizás detrás de la escena sí— pero ahora ves que hay igualdad, lo cual es fantástico”, valora la productora artística, que enumera las diferencias entre un momento y otro: “Cuando ibas a un escenario y estaba repleto de hombres, estos se cruzaban de brazos y decían ‘oh, sí, demuéstranos que eres divertida, que puedes hacernos reír’”.

Preguntamos a todos si se puede considerar el humor feminista una herramienta más para conseguir la igualdad entre géneros. Barron cree que sí, que “todos estos asuntos son buenos, no es tan bueno como cubrir/superar nuestra brecha salarial o todos estos problemas más serios, más profundos, pero esto ayuda. Es positivo que lo sigamos haciendo más”. Ahir lo ve como “un espejo de la sociedad, se está obteniendo una representación más precisa de cómo se ve la sociedad. Cuanta más gente lo vaya haciendo, más se sentirá representada y más gente se animará a ello”.

Para Aristeguieta, “las ideas están muy frescas, muy latentes, por fin está gritando. Va a madurar el mensaje y va a ser muy bueno” y considera que el humor feminista “está comenzando y de momento está predicando a quien ya está convencido y tiene que tener un punto de inflexión para que el mensaje le llegue a quien no está convertido. A quien está abierto a pero todavía no está convencido, no ha entendido. De lo contrario, no estás cambiando nada. Lo interesante es tratar de decir lo mismo, mucho más complejo, mucho más evolucionado a un público conservador y hablar sobre la igualdad y que les llegue el mensaje”.

“El cambio es siempre tan lento como la gente joven quiera —puntualiza Nica Burns—, ahora las abuelas, las madres, enseñan a sus hijos que hombres y mujeres somos iguales, entonces cuando esto esté arraigado… ¿dónde está el final, quién lo puede parar? Ahora mismo el movimiento se ha dado cuenta de que tiene la capacidad real de cambiar el mundo”.

2 Comentarios
#22407 18:20 3/9/2018

Cuando hablas de humor y te refieres a cualquier humor, en todas sus manifestaciones, y afirmas categóricamente que "se debe permitir todo", no estás teniendo en cuenta la realidad del mundo en el que se producen las multiples manifestaciones de humor. Cuando Hitler hizo un chiste de judíos se lo rieron todos los generales, cuando un judío hizo un chiste de nazis sus compañeros de celda le cayeron a palos ... Toda comunicación humana que trasciende la comunicación transaccional va cargada de valores y se produce en el contexto concreto en que sucede. Defender una libertad de expresión absoluta reivindica por pasiva el "disparen" del pelotón de fusilamiento. A la esquina de pensar, humoristas!!

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#22380 13:47 2/9/2018

Yo me reía mucho con Rajoy, echo de menos su "non sense".

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