TVE perpetúa el poso racista del colonialismo en Guinea

Un documental de Televisión Española aborda la colonización de Guinea Ecuatorial reproduciendo el discurso racista del colonialismo franquista.

Colonialismo español en Guinea Ecuatorial
El realizador de los documentales de la televisión franquista sobre la colonia guineana afirmó que escenas como esta eran "lo habitual".

publicado
2013-05-29 19:52:00

Sobre la colonización española en la región de la actual Guinea Ecuatorial se ha hablado en los medios de comunicación poco y mal. Las críticas al régimen de Obiang son indirectamente proporcionales a las alusiones a ese periodo de nuestra historia reciente en que el país africano fue fuente de materias primas y mano de obra gratuita para el Estado español.

Silencio que en el mejor de los casos se rompe para lanzar al aire imágenes sobre lo bien que vivían las familias españolas colonas, como en el documental Guinea, el sueño colonial, o lo mucho que España ayudó al país, como en Aventuras televisivas en Guinea, otro documental emitido el pasado enero que, como el antes mencionado, fue producido por Televisión Española (TVE).

En él se aborda la descolonización de Guinea tomando como hilo conductor la actividad del equipo de TVE establecido en el país poco antes de que la entonces colonia española se independizara. A continuación analizaremos un aspecto clave que se omite en su narración: el racismo institucional del discurso colonial franquista.

Todo colonialismo es racista

El discurso colonial franquista presentaba con su retórica católica una idílica convivencia entre colonizadores y colonizados y negaba que Es­paña fuera racista. La naturalización de la inferioridad de la población negra caló hondo. Sobre todo en los colonos que, lejos de “trabajar hombro a hombro”, como dice el documental, actualmente se defienden diciendo que “era lo habitual” que los negros descargaran a los blancos a hombros de las barcas para que no se mojaran los pies, tal y como explicó en una entrevista en 2006 Manuel Hernández Sanjuán, realizador de una serie de documentales coloniales sobre Guinea patrocinados por la Presidencia de Gobierno franquista.

El color de la piel era el indicador último de la posición social y política en en la Guinea colonial
La igualdad entre blancos y negros no existía. El color de la piel era el indicador último de la posición social y política. Un blanco siempre estaba por encima de cualquier negro, incluso de los llamados “emancipados”, grupo constituido por la élite negra adinerada que respondía a la categorización de un decreto de 1944 que dividía a la población guineana en “emancipados" (‘plenos’ o ‘limitados’)” y “no emancipados”.

En el documental, Alfredo Malo, cámara del equipo de TVE Guinea, llama a los guineanos “morenos”, eufemismo destinado a ocultar en la forma lo que durante siglos había significado, para los blancos, igual a “esclavo”. De hecho, España adquirió la región en el S.XVIII para participar en el comercio negrero. “Moreno” tiene en su práctica colonial la misma concepción que se tiene de “negro”, pero adornado con la retórica nacional-catolicista con la que Franco pretendía huir de la etiqueta de racista. Los ‘morenos’ eran inferiores, sólo aptos para el trabajo manual y el servilismo. Había que ser paternalista con ellos, negarles derechos que no eran capaces de ostentar; tenían que ser tratados como niños y niñas que había que educar. Para ello, el llamado “Patronato de Indígenas”, vigente hasta el final de la colonización, se creó como órgano de tutelaje de la población guineana.

El racismo institucional tuvo una clara materialización social: las autoridades españolas establecieron una política de segregación racial sistemática mediante la que, según cuenta Gustau Nerín en Guinea Ecuatorial: Historia en blanco y negro, se separaba a blancos y negros en los cines, en los barrios, a la hora de comprar el pan, en los hospitales, en la Iglesia, etc. El trabajo del negro siempre consistía en servir al blanco, hasta el punto de que, según recuerda Hernández Sanjuán, “las autoridades casi no dejaban a los morenos venir a España”, para que no vieran que había blancos que hacían los trabajos que en Guinea se reservaban exclusivamente a la población negra.

El ‘progreso’ como justificación

El racismo paternalista queda patente en la absurda casuística que se presenta entre TVE-Guinea y la independencia del país al decir que cuando la población guineana tuvo televisión, “ya estaban preparados para la independencia”. Apenas se observa diferencia con la noticia que dio el No-Do franquista en 1968 del mismo acontecimiento, según la cual la televisión suponía “para la futura nueva nación, un signo evidente de progreso”. En la línea, la narradora del documental sigue: “¿Qué país de África tiene el privilegio de ver por televisión su independencia?”.

Aimé Césaire, clave en su Discurso sobre el colonialismo, le respondería que, para defender la colonización “hablan de progreso (…). Yo, yo hablo de sociedades vaciadas de ellas mismas, de culturas pisoteadas, de instituciones minadas, de tierras confiscadas, de religiones asesinadas, de magnificencias artísticas aniquiladas (…). Yo hablo de millones de hombres a quienes sabiamente se les ha inculcado el miedo, el complejo de inferioridad, el temblor, el ponerse de rodillas, la desesperación, el servilismo”.

Sobre la repatriación del equipo de TVE cuando el país se independizó, Malo comenta que “mirando las cámaras, dijimos: ‘(…) esto dentro de cuatro días, cómo va a estar’”. El disgusto por considerar necesario el tutelaje colono para llevar el país y el consiguiente lamento por el futuro de las instalaciones españolas, son sentimientos expresados repetidamente por los ex colonos. Dice Hernández Sanjuán: “Cuando llegamos eran analfabetos, no había ni escuelas, ni hospitales. Todo lo montó España y, además, les dimos nuestro idioma. Se les ayudó mucho y, si no hubiera sido por España, no hubieran llegado a tener esa cultura mínima necesaria para independizarse”.

La visión tópica y peyorativa de la población negra, presentada como de escasa inteligencia, lleva a considerar que ésta es incapaz de crear civilización por sí misma. Es decir: necesita que la esclavicen, la aculturen, la inferioricen, la violenten y, también, que le pongan una tele.

Condenar el colonialismo

La sobrevaloración de los aportes de los españoles como elemento fundamental para la conformación de la cultura guineana es una visión etnocéntrica y racista basada, precisamente, en la consideración de que la realidad socio-cultural diferente y, en concreto, la de la población negra africana, es inferior. Durante el Franquismo, esta visión se forjó con ayuda no sólo de los documentales coloniales, sino también de esa institución creada en 1945 para justificar la misión civilizadora en Guinea por medio de estudios antropológicos racistas: el Instituto de Estudios Africanos, que dio a luz tratados
sobre la inferioridad mental de la población negra.

El documental tratado es una muestra más de que la colonización española no se ha condenado todavía. La mirada y el discurso hacia el otro negro tienen un poso post-franquista que continúa a sus anchas sin que se le señale como intruso.

El machismo colonial en Guinea
Las mujeres guineanas no podían “emanciparse” al estilo masculino: nacían doblemente colonizadas. En “Guinea, el sueño colonial”, producido por TVE en 2007, los antiguos colonos hablan de que a “las amigas” se las denominaba “miningas”, aunque “sin sentido peyorativo” porque “se las trataba como si fueran europeas”. Los españoles llamaban a las guineanas “miningas” porque, aunque en fang --lengua de la etnia mayoritaria en Guinea- significa “mujer”, se rebautizó con la acepción de “prostituta”. Así, toda mujer negra que anduviera con colonos era considerada una concubina servil; encarnizando la posición más desfavorable de la encrucijada de los tres sistemas de jerarquía que Angela Davis señaló allá por los ‘80: sexo, raza y clase.

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