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El barrio de Font de la Pólvora, en el sector Este de Girona, sufre desde hace meses cortes de luz que duran horas. Carles Palacio

Girona
La vida a oscuras en Font de la Pólvora

Los vecinos del barrio de Font de la Pólvora de Girona exigen el cese de los cortes de luz masivos que sufren desde hace años y la revisión de una red eléctrica que consideran obsoleta. Endesa y el Ayuntamiento aseguran que los vecinos pinchan la luz, mientras el consistorio hace una prueba de sectorialización por calles para “minimizar el impacto de los cortes y detectar fraude”.
4 mar 2020 06:56

—¿A Font de la Pólvora?
—No, a Font no voy.
—Pero esta es la L6, ¿no? La que va a Font.
—Hoy acabo en el pabellón de Vila-roja. Está cerca.

Son la seis de la tarde del 20 de enero. La lluvia, preludio al temporal que ocupará las noticias durante una semana, comienza a resbalar con fuerza por los cristales de este autobús que no entrará en el barrio de Font de la Pólvora, en el sector Este de Girona. Un barrio formado por ocho calles y una plaza de bloques desencantados, donde viven las familias con menor renta de la acomodada ciudad catalana, la mayoría de etnia gitana, aisladas del centro. Algunas de estas familias llevan más de 40 horas sin luz, salvo algún áspero momento de tregua. Estamos a cinco grados.

Desde hace cinco años los vecinos del barrio de Font de la Pólvora sufren cortes de luz casi diarios, y redadas policiales que buscan contadores pinchados. En 2018, un grupo de vecinas crearon la Plataforma por la Dignidad, que reclama a la administración local y a Endesa una solución a la falta de suministro, asegurando que la línea eléctrica del barrio, la misma desde que se instalara en los años 70, no está modernizada y que por eso se producen muchas de las sobrecargas. Algo que el Ayuntamiento de Girona niega, sosteniendo que los informes técnicos sobre la red son favorables. Nos encontramos con las vecinas en el centro cívico del barrio fronterizo de Vila-roja, con la ropa empapada. “A mi casa podríamos ir pero no tengo luz”, comenta Carmen Jiménez, de la calle Avellaner.

Carmen ha dormido la pasada noche “con el anorak puesto, a siete grados dentro de casa”. No es la primera vez. “Endesa y el Ayuntamiento dicen que hay un 40% de consumo fantasma, que pinchamos la luz, y no digo yo que no haya gente que lo haga. Pero los cortes son sistemáticos y masivos, yo pago mi factura y me cortan la luz, siendo el único suministro que tenemos. Se supone que cuando la cortan te ponen un generador de emergencia a las seis horas, pero vuelve a caer. Entonces te dicen que vayas a por un papel que acredite la pobreza energética, pero yo no sufro pobreza energética. Es necesario enterrar las líneas y hacer una infraestructura conforme a unas necesidades energéticas de 2020”. En las últimas 47 horas, Carmen solo ha tenido en total seis horas de luz.

Las vecinas afirman que Endesa no tiene en cuenta a los colectivos de riesgo: “Aquí hay gente que necesita máquinas de oxígeno y personas mayores”

Marta Zambudio, vecina de la calle Mimosa desde hace 17 años, explica que cuando comenzaron los cortes en su casa dejaron de pagar la luz. “Me harté, a veces llegan facturas de 300 euros por quince días de luz. En verano, la calle Mimosa y la Plaza Llimoners estuvieron 72 horas sin luz”. Marta asegura que en marzo se acogió “al plan de regularización del Ayuntamiento, presenté todos los papeles de pobreza energética y me dijeron que estaba aceptado, aunque no me dieron registro de entrada. En la redada del 15 de julio vinieron los Mossos y, aunque les dije que estoy acogida este plan, se llevaron mi contador. Antes de agosto volví a presentar todos los papeles, pero sigo sin contador y con la luz pinchada”. El 2 de marzo a Marta le llegó una citación judicial por fraude leve.

Para Carmen Jiménez, la vida a oscuras solo la entiendes si la vives. “Nosotros nos quedamos con las lavadoras a medias. Mis hijas se han llegado a quemar el flequillo con una vela para poder hacer los deberes, si es que los hacen, porque si no tienes internet y en invierno el centro cívico lo cierran a las seis, hay que bajarse a Girona”, explica esta vecina, como si el barrio de Font de la Pólvora no perteneciera a la ciudad. “El año pasado, quince familias denunciamos que habíamos pasado la Navidad a oscuras, y este año otra vez. A veces amaneces sin luz y te acuestas sin luz. Esto te parte la vida, para ducharte y para todo, porque yo no me puedo permitir una estufa de leña. Mis hijas me dicen ‘vámonos de aquí, vámonos’”, explica.

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Los vecinos aseguran que el cableado es antiguo y que Endesa no revisa la línea eléctrica desde hace años. Carles Palacio

Las vecinas afirman que, además, Endesa no tiene en cuenta a los colectivos de riesgo. “Aquí hay gente que necesita máquinas de oxígeno y personas mayores. Las insulinas para la diabetes van de nevera en nevera, sobre todo en verano: se guardan en la nevera del vecino que ese día tenga luz”, comenta Carmen Jiménez. En previsión de la tormenta de enero, el Ayuntamiento de Girona, gobernado por Junts per Catalunya, propuso a los vecinos habilitar el Pabellón de Vila-roja. “¿Pero esto es normal? ¿Tú crees que un abuelo de 90 años va a ir al pabellón a dormir?”, inquiere Marta Zambudio. El consistorio afirma que solo una familia del barrio, de los casi dos mil habitantes que tiene, se interesó por la medida.

En el último año, ha habido siete incendios en el barrio de Font de la Pólvora, la mayoría por quema de fusibles. “En el de julio se desalojó un bloque con ocho familias sacando a los niños por la ventana. En el de septiembre, hubo heridos por inhalación de humo”, explica Carmen Jiménez.

El estudio La pobreza energética en España: Aproximación desde una perspectiva de ingresos, de la cátedra de Sostenibilidad Energética del IEB-Universidad de Barcelona, apunta que dos terceras partes de los hogares que son vulnerables energéticamente son viviendas de más de 25 años. Así mismo, indica que “más del 50% del parque inmobiliario español fue construido antes de la década de los 1980 cuando la eficiencia energética de la vivienda no era contemplada en las condiciones normativas de la regulación de los edificios”.

Según la Ley 24/2015 catalana de medidas urgentes para afrontar la emergencia en el ámbito de la vivienda y la pobreza energética, no está permitido cortar el suministro de luz a una vivienda sin comprobar si tiene o no vulnerabilidad. En el marco de esta ley, en diciembre del año pasado la Generalitat de Catalunya presentó una propuesta de convenio para que las compañías eléctricas asuman el 60% del gasto de la pobreza energética, así como la deuda acumulada de las familias vulnerables.

A principios de 2019, los vecinos se plantaban tras las pancartas “no somos delincuentes” y “basta ya de cortes de luz” en una manifestación hasta el Ayuntamiento. Fue el preludio de una movilización que se ha sostenido hasta la fecha, tras un 2018 en el cual Endesa, la principal compañía de suministro del Estado español, abrió 1.738 expedientes en el barrio. Un conflicto que también experimentan los barrios del Culubret y Sant Joan de Figueres y la zona norte de Granada, todos ellos barriadas obreras, construidas con planes urbanísticos arcaicos, que no las integraban en una trama urbana con falta de cohesión.

Frente a esta situación, y debido a una presión vecinal continuada que ha recibido el apoyo de parte de la oposición municipal y de la Alianza contra la Pobreza Energética, el Ayuntamiento de Girona está inmerso en un tira y afloja con los vecinos para intentar “mediar con Endesa, porque tenemos un problema de fraude eléctrico, por la razón que sea, pero también de cultivo de marihuana”, afirma la regidora de Derechos Sociales, Núria Pi.

En diciembre se aprobó una moción de los vecinos, llevada al Pleno municipal de la mano de Guanyem, ERC y PSC, que insta a Endesa a realizar una auditoría sobre el estado de la red eléctrica

En un primer momento, el consistorio propuso el blindaje de los contadores para que no se pudiera pinchar, medida que fue rechazada por la Plataforma por la Dignidad. “Si blindan los contadores y se va la luz aún es más difícil restablecerla, como ha pasado en el barrio de la Mina, aparte de que el blindaje nos criminaliza como usuarios. Además, esto no es la Mina porque nuestros bloques no se van a derruir, no podemos tener soluciones de copia y pega”, apunta Jiménez.

Los vecinos pidieron la instalación de generadores pero el Ayuntamiento deniega la petición por riesgo de incendio. Como alternativa, el pasado diciembre el consistorio inició un plan de sectorialización en la calle Mimosa, asumido por Endesa, que hace dos semanas acabó de implementarse. Núria Pi explica que el objetivo es “localizar fraudes y que los cortes no sean masivos, que no lo sufran los vecinos que sí que pagan la luz. El plan consiste en poner la caja eléctrica en el exterior de los edificios para que el enganche sea más localizable, y además que si cae la luz en una comunidad no haya una reacción en cadena y caigan las otras. Si los resultados son positivos, la sectorialización se ampliará a las calles Castanyer, Avellaner y Roura, que son las que tienen los incidentes”.

Aun así, ese mismo diciembre se aprobó una moción de los vecinos, llevada al Pleno municipal de la mano de Guanyem, ERC y PSC, que insta a Endesa a realizar una auditoría sobre el estado de la red eléctrica, moción que no aparece en la página de transparenciadel Ayuntamiento. “Aún no sabemos nada de esa auditoría y nosotros tenemos comprobado que cuando llegan temporales u olas de calor, la gente enchufa estufas, ventiladores, etc. Creemos que tanto las personas pinchadas como las que no lo están, sobrecargan las líneas. Además, si la línea es la misma, por mucho que sectorialices, ¿no va a caer igual?”, comenta Carmen Jiménez.

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Protesta de las vecinas de Font de la Pólvora en la oficina de Endesa en Girona a mediados de febrero. Carles Palacio

El barrio de Font de la Pólvora actualmente está formado por 462 viviendas, después de que se derruyeron tres bloques de edificios en mal estado. El Ayuntamiento indica que en el barrio hay 642 puntos de luz incluyendo a los locales, con una potencia contratada de 1.344 kW, que según Endesa no llega al 100% de la capacidad de la red.

Núria Pi explica que “desde enero dos profesionales hacen una campaña de sensibilización bloque a bloque, informando a los vecinos sobre la regularización. También se mirará qué potencia tiene contratada cada vivienda y cuál es el consumo real”. Marta Zambudio, sin embargo, afirma que “desde el Ayuntamiento se nos ha llegado a pedir que le digamos a los vecinos que paguen la luz, como si fueras el cura del barrio. ¿Eso pasa en otras zonas de Girona?”.

El viernes 22 de febrero se inició un protocolo de controles policiales diarios junto a la sectorialización para encontrar casas con la luz pinchada, redadas que irán seguidos de la denuncia a los vecinos que cometan fraude. “Hemos dado un mes a los vecinos para que se regularicen, aunque hace un año que lo estamos pidiendo. Si tienen pobreza energética deberán demostrarla y el Ayuntamiento asumirá el coste de ponerles un contador”, indica Núria Pi. En esta primera redada en la calle Mimosa se encontraron tres pisos con la luz pinchada de los 48 existentes.

Desde El Salto se solicitó hace un mes al Ayuntamiento de Girona la información vigente sobre el estado de la red eléctrica, indicadores socioeconómicos por barrios y un informe que acredite el dato de fraude eléctrico proporcionado por Endesa. En los tres casos el consistorio ha rehusado proporcionar la información y señala que, como la evaluación de la línea eléctrica es competencia de Industria y Energía de la Generalitat de Catalunya, son ellos quien deben otorgarla. Industria afirma que “no hay un informe como tal, pero en la medida que no ha habido ninguna alarma ni actuación quiere decir que los técnicos no han detectado ninguna anomalía remarcable”.

El barrio de Font de la Pólvora se creaba a principios de los años 70 como muchas otras barriadas obreras de los resquicios del franquismo: a golpe de improvisación

En el caso del índice de fraude eléctrico, Oriol Mas, coordinador de comunicación del Ayuntamiento, afirma que “tenemos que fiarnos de la compañía”. Respecto a los indicadores socioeconómicos por barrios, la regidora Núria Pi apunta “no me suena que haya ningún estudio de este tipo”. Ni el Observatorio del Ayuntamiento ni las memorias anuales arrojan este tipo de datos, aunque en 2015 el grupo municipal de ERC-Més pidió la creación de un mapa socioeconómico, iniciativa que, según el grupo municipal de Guanyem, se trabajó en el anterior mandato desde la Unidad Municipal de Análisis Territorial pero que a día de hoy “está en un cajón”.

Aunque es el más grave, los cortes de luz no son el único problema al que se enfrentan los vecinos de Font de la Pólvora, pese a que todos los conflictos tengan el mismo origen.

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Las vecinas se quejan de que Font de la Pólvora es un gueto estigmatizado que no tiene los mismos servicios que el resto de Girona. Carles Palacio

El barrio-gueto de Girona

El conductor de autobús que no ha entrado en el barrio este 20 de enero por la tarde no parece encarnar una anécdota aislada. “Eso pasa mucho. Si van tarde en hacer el recorrido o si no quieren, los autobuses no entran en el barrio”, comenta Marta Zambudio. “Tampoco entran los mensajeros, a veces pides una pizza y el pizzero llega hasta un bar en Vila-roja, y para eso ya me hago unas tapas allí”, añade Marta, riendo. Lo mismo con los taxis, “a menos que le caigas bien a alguno”. Según esta vecina, Font no tiene los servicios básicos que sí que tienen otros ciudadanos de Girona, ya que en condiciones normales el autobús solo sube hasta las ocho, “y si hay una manifestación o algo, aquí nadie informa de rutas alternativas, como sí que hacen en otros barrios”. Carmen Jiménez lo refuerza: “No tenemos ni marquesinas”. Y esto viene de lejos.

Font de la Pólvora se creaba a principios de los años 70 como muchas otras barriadas obreras de los resquicios del franquismo: a golpe de improvisación. Como forma de acabar con el barraquismo que se desarrollaba en las montañas de Montjuïc, en 1972 se aprobaba el Plan parcial de Vila roja-sector Font de la Pólvora, que regulaba la zona, aunque “no sería hasta 1978 cuando se cedieron los pisos”, recuerda Carmen Jiménez. 500 pisos que daban forma al barrio en el valle de Vila-roja, rodeado de un paraje natural. Era la llamada operación ‘Albergues-Vila-roja’.

Hasta tres mil personas se mudaron al nuevo suburbio, pero la realidad desmoronó los castillos de arena, al encontrarse unas viviendas insalubres y húmedas, ya que no había canalización de aguas residuales, pero sí ratas campantes, y una falta total de servicios básicos, como la línea de autobús o el servicio de limpieza. Tampoco había escuelas.

Ya en octubre de 1975 el diario local Los Sitios de Gerona publicaba “La zona de Vila Roja pide instalaciones y servicios de asistencia sanitaria”. En marzo de 1979, el diario El Punt explicaba que los vecinos de Font “se quejan de que la zona no tiene un ambulatorio y ni tan solo un dispensario. El que más precisan, en este aspecto, es una farmacia. (...) Casi todas las quejas vienen de que el barrio no está acabado. Los jardines aún no están hechos y muchos de los pisos tienen averías, ya que están construidos con materiales deficientes. La humedad es el tormento de muchas familias”. Font era una retahíla de bloques sin vida, que poco a poco se ha ido dotando de infraestructuras básicas.

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El barrio de Font de la Pólvora junto al de Vila-Roja en el sector Este de Girona. Carles Palacio

A principios de los años 90, cuando el gobierno de Joaquim Nadal, alcalde por el PSC durante 23 años, inició la era de las políticas urbanísticas de revaloración del casco antiguo de Girona, se desplazó a muchos de los habitantes del Barri xino hacia Vila-roja y Germans Sàbat, con el pretexto de la criminalidad. Era la “Girona m’enamora” de la burguesía, en la que se invirtieron siete mil millones de pesetas, y que años más tarde se ofrecería al turismo pudiente. Mientras tanto, pese a iniciativas como el Plan contra la pobreza, la llegada de la heroína y la desatención del sector Este alimentaron la marginalización de esta parte de la ciudad y una división explícita del municipio.

A raíz de esa precariedad estructural, actos de delincuencia como reafirmaba la estampa de las detenciones por el atraco en la Caixa d'Estalvis Provincial de Cellrà de 1981, y el imaginario quinquillero que despertó la visita del Vaquilla a su madre tras salir de la cárcel en 1994, se ha alimentado un estigma de barrio conflictivo que llega hasta hoy. Un estigma arengado por los medios durante 30 años, focalizados en redadas, trifulcas y el tráfico de droga.

“Yo vengo de unas barriadas inmensas, he visto cómo se cortaban luces para pegar tiros. He estado en Can Tunis, una de las barriadas chabolistas más conflictivas que había en Barcelona, ¿y Font es un barrio difícil? Si cuando viene la policía la gente tiene miedo, ese día ni se come, ni se va al baño ni nada. Hace años había unas redadas brutales, que cercaban todo el barrio, y los Mossos te identificaban para salir o entrar”, comenta Carmen Jiménez. “Dicen que traficamos con droga, pero al mismo tiempo que si subes aquí te vas hasta sin la camisa. ¿Para qué quiero tu camisa si dices que trafico?”, apunta Marta Zambudio, jocosa. “Yo siempre digo lo mismo: sube, ven, paséate y conoce el barrio”, añade.

Actualmente, el barrio de Font de la Pólvora tiene una renta media de 11.804 euros anuales por habitante, según el INE, la más baja de la ciudad, mientras que Girona es la segunda capital de provincia con mayor renta de Catalunya, con una media de 31.003 euros, y barrios como Montilivi, con unos ingresos de 67.150 euros anuales. Según un informe de mercado de trabajo del año 2017, Font de la Pólvora tiene un índice de desempleo del 39,13%.

La regidora Núria Pi indica que “este barrio tiene diferentes problemas y se dedican muchos esfuerzos para mejorarlo: aparte de las ayudas a las familias, el año pasado destinamos casi 50.000 euros a hacer una limpieza de choque y en unos días se volverá a subir para mirar de hacer otra, pero tenemos que trabajar el tema del civismo, porque aquí hay una corresponsabilidad con los vecinos”.

Marta Zambudio, por su parte, asegura que hay una voluntad expresa de que Font sea un gueto: “Por ejemplo, solo hay una entrada al barrio, no salida. No cruzas por Font para ir a otro lado. Y si necesitas hacer algo en Girona, una asistenta del Ayuntamiento enseguida se ofrece a buscarte el padrón o lo que sea. Que no salgas de aquí, que no molestes, es la idea”.

Como contraste, la Plataforma por la Dignidad no es la primera iniciativa de los vecinos para reclamar mejores condiciones de vida en el sector Este de Girona. En 1979 una manifestación vecinal exigía la dignificación de Font de la Pólvora y cinco años más tarde se creaba una escuela de boxeo para mujeres. En 2005, un grupo de chavales hacían el documental Chavorrillos d'avui en dia para explicarse a si mismos, que en 2011 tuvo su segunda parte. El año 2013, una concentración ante la sede del Punt Diari, el principal medio de la ciudad junto al Diari de Girona, pedía una cobertura del barrio menos estigmatizante y estereotipada.

En abril de 2019, los vecinos cortaban la calle del Carmen de Girona contra un inminente cierre de la línea P3 de la Escuela de Font de la Pólvora por parte de la Generalitat, una decisión que el AMPA consideraba un hecho discriminatorio “por ser gitanos”, que además podría llevar al cierre total de la escuela. La línea finalmente se ha mantenido y se estudiará la posibilidad de hacer un instituto, con tal de frenar el abandono escolar prematuro del barrio.

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Romper el estigma y empoderarse es uno de los retos que tiene el barrio de Font de la Pólvora. Carles Palacio

En el ámbito de la dinamización de la juventud, Ángel Fernández, más conocido como El Nene, educador social de Font de la Pólvora, creó en 2016 junto a cuatro compañeras la entidad Khetanipé, Associació Intercultural. El Nene explica que “es la primera entidad propiamente del barrio, que pretende englobar a todos los jóvenes del sector para que sean ellos los que trabajen por un cambio”.

Desde hace dos años, esta entidad impulsa “un proyecto en el cual un grupo de jóvenes, con nuestra ayuda, montan actividades lúdicas en verano en las plazas de los cuatro barrios del sector, la ludoplaza. De manera que los niños que no tienen casales ni otros recursos no se quedan sin cobertura, y de paso nuestros jóvenes aprenden como monitores y nos toman el relevo”, explica el Nene. Otra de las iniciativas de Khetanipé es la organización del Día Internacional del Pueblo Gitano, el 8 de abril, “que antes la hacía el centro cívico y ahora la hace la asociación. Este año lo harán los chavales, a ver cómo sale”, explica el educador.

El Nene, que ha trabajado siete años en el sector Este, reconoce la labor que se hace desde el Ayuntamiento en el barrio pero apunta que no es suficiente. “Tú te lees el Plan Integrant Accions Sector Est de Girona (PIA) y desde el prisma técnico es perfecto, se invierten muchos recursos y hay muchas entidades implicadas, como Cáritas, pero no tiene una visión comunitaria. Montan proyectos sin incluir a los vecinos en el diseño. Y muchas veces la gente se cansa y no participa, porque no se lo hace suyo. El plan no funciona en Font de la Pólvora”, explica.

Al amparo de esta idea, el Nene sostiene que “el día en que podamos trabajar de forma coordinada y conjunta, porque es evidente que necesitamos a los profesionales del Ayuntamiento, daremos apoyo al PIA. Mientras tanto, no, porque nos sentimos utilizados, no incluidos. Font de la Pólvora tiene que poder sentarse y hablar con los técnicos de tú a tú para hacer una intervención integral. Solo así se empodera a la gente y se consigue que participe, algo que es costoso, especialmente si te pasas el día escuchando que eres marginal, que eres malo, porque te lo acabas creyendo. Y aquí hay de todo”, puntualiza.

Hoy, este barrio del sector Este de una Girona desigual, que no parece atender a los contrastes, se resiste a caer en el olvido de la precariedad y los controles policiales, entre los cortes de luz y el estigma. Siempre inmerso en una disputa a tres bandas que no puede contemplar soluciones simples.

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7 Comentarios
#61419 21:59 23/5/2020

Un barrio donde alguien decente habrá, pero cuando el 90% de los robos a coches en Girona se producen por gente de Font i a los afectados por estos robos nos importa ya muy poco lo que suceda en ese barrio. Lloran, se quejan, exigen pero no solo NO aportan si no que incordian.

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#59493 20:50 5/5/2020

Tienen cortes de luz como en tantos otro barrios de españa, no por falta de instalaciones de Endesa sino por los cultivos de marihuana. Que los honrados denuncien quien juegue con su electricidad ( se conocen todoa y ya saben quien hace que) y ya veran como tienen luz como todo el mundo.

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#59069 25:39 30/4/2020

Echad a los maleantes que tenéis en el barrio y la cosa cambiará

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#48466 14:02 4/3/2020

El día que se produzca un incendio pagaremos todos ademas de la luz que ya asumimos los demás. Manipular el tendido eléctrico es peligroso

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#48602 18:07 5/3/2020

No has entendido absolutamente NADA del artículo, que depresión hacer todo este curro para concienciar, y encontrarte que el primer comentario es esta apreciación vacía, absurda y acrítica.

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#48601 18:06 5/3/2020

No has entendido absolutamente nada del artículo.

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