Opinión
Fragasaurius rex, Resurrection Fest

Paula Prado dejó constancia el otro día en el Parlamento gallego de que Manolo era un héroe aperturista. Después de que nuestros amigos vascos manchasen de pintura rojo sangre a quien sí tiñó de verdadera sangre nuestra tierra, estos políticos de la facción derecha han puesto otro busto de Manolo, pero esta vez en el Parlamento.
Manolo Fraga busto
El busto de Fraga en Vilalba tras la acción de GKS.

Cuenta la leyenda, y también la secretaria xeral del PP de Galicia, Paula Prado, que Manuel Fraga Iribarne fue un político aperturista. Quizá ser ministro de Franco, decir “la calle es mía” o firmar sentencias de muerte sean rasgos aperturistas en el idioma facha, desde luego en el mío no.

Ya me ha pasado en varios Blablacars que la gente, al pasar por la Cidade da Cultura alaba el legado de este “señor”. En el último viaje que hice, un conductor de Cambados llegó a negar los asesinatos de los obreros de Vitoria al alegrarme yo de que un comando de la izquierda borroka pintase de rojo el busto de Manolo en Vilalba. Gracias, queridos, si alguna vez coincidimos recordadme que os debo unos kalimotxos por los servicios prestados. Os llevo en el corazón.

Pues ocurre que hay muchos gallegos que siguen pensando que ese “señor” hizo siempre lo mejor, de hecho, aún no hemos logrado desbancar al PP en unas elecciones autonómicas. Se trata de un fascismo más arraigado que la puta morriña.

En fin, que yo no digo que todo lo que Fraga hizo fuese una broza. Solo que el 99% sí.

En mi ámbito, que es el cultural, realizó en la década de los 90 una de las mejores operaciones que se pudieron hacer: poner a Gloria Moure en la dirección del CGAC.

Cuentan las malas lenguas que el arquitecto de este edificio, el portugués Álvaro Siza, siempre en la búsqueda de líneas limpias, tuvo que verse obligado a añadir un pasamanos para que el Fragasaurios rex pudiese subir al primer piso. Sin pena ninguna por este arquitecto estrella que tanto se empecinó en no poner ninguna papelera en el parque de Bonaval, también obra suya. Porque los delirios del estrellato son así, así de subnormales.

Cuento en una de mis novelas cómo esta década museística llena de auténticas maravillas expositivas afectó al espíritu de una generación, puesto que asistíamos al museo hasta los más quinquis. Pero no he venido aquí a hablar de mi libro, así que le he pedido a Manuel Segade, actual director del Museo Reina Sofía que nos cuente cómo vivió él este momento: “Fíjate, estaba estudiando mi primer curso de Periodismo en Santiago —en el año 95-96— y, de repente, empecé a ir al CGAC porque acababa de abrir y vi exposiciones que me reventaron la cabeza. No entendí mucho, para mí era todo muy nuevo porque yo tampoco había visitado muchos museos fuera, desde Bellas Artes de Coruña. Me apasionó sobre todo un momento en el que vi la exposición de Félix González-Torres, que coincidía con la de Boltanski, en el monasterio de Bonaval, y claro, eso fue ya wow. Cuando lo vi dije ‘esto, eh, esto me pica’ y me forré una carpeta con un póster Félix González- Torres. Desde entonces sigo en el mundo del arte”.

Sigue Segade: “Ya sabes que los padres aspiraban a mucho, sobre todo los que vienen del ámbito rural, y ya que estudiabas pues te querían ingeniero, o si hacías letras por lo menos que fueras a la carrera más prestigiosa. Por eso mis padres dijeron no, no te pagamos Bellas Artes si tienes que irte a Santiago desde Coruña y tenemos que gastar más dinero. Pero después de pasar por el CGAC, pensé que no podía dejar pasar aquella vocación y me pagué la carrera. Es decir, es gracias a Gloria que estoy donde estoy. 

No la llegué a conocer hasta el año 2001 o 2002, no recuerdo, pero fue cuando se puso en marcha la Fundación Luis Seoane de Coruña e hice un ciclo de conferencias al que la invitamos. Después de su expulsión empezamos una relación de amistad y ahora es una de las asesoras que tengo en el equipo del Museo y me parece que es una persona fundamental”.

A muchos nos picó el gusanillo del arte gracias a esta figura que el PP puso, pero que también el mismo partido expulsó de su cargo. Por mi parte nunca había visto a una mujer artista y resulta que mi primera impresión femenina fue Ana Mendieta. Increíble lo que allí me topé.

Otro de los regalos de Manolo fue la Cidade da Cultura sobre la que no tengo ninguna constancia de que cambiase el destino de absolutamente nadie. Se trata del Jurasic Park que tremendo dinosaurio —no— merece. Si los faraones tuvieron sus pirámides, Fraga tuvo este mausoleo de granito que tengo la desgracia de ver desde casa de mi madre cuando visito Compostela.

De todas formas, Segade también apunta, en uno de los audios que me envía desde el baño del vagón-silencio del AVE, a que esta cuestión cultural del PP en Santiago también se dio gracias al trabajo de Xerardo Estevez, por aquel entonces alcalde del PSOE en Compostela.

En otro orden de cosas, y de manera anecdótica, cabe recordar aquellos “maquillajes” que le hacían a Manolo con Photoshop en los carteles electorales para que no pareciese tan mayor como era y la gente le siguiese votando.

Paula Prado dejó constancia el otro día en el Parlamento gallego de que Manolo era un héroe aperturista. Después de que nuestros amigos vascos manchasen de pintura rojo sangre a quien sí tiñó de verdadera sangre nuestra tierra, estos políticos de la facción derecha han puesto otro busto de Manolo, pero esta vez en el Parlamento.

Cuando yo estudiaba EGB me rapé el pelo al volver de un campamento y mi abuela estaba horrorizada porque recordaba como Manolo había rapado las cabezas de las mujeres de los mineros. La memoria está ahí, los hechos también.

Manoliño, te agradezco que me hayas llevado a elegir el Arte como camino, aunque no consiga salir de la precariedad. Todo el resto ha sido una cacicada que aún estamos pagando.

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