Los muros que nos separan

Cada quien su muro, cada quien su miedo. Hay un muro para la gente de Centroamérica, un muro para quienes van de compras a San Diego, otro muro para la clase política mexicana, otro muro para los medios… casi ninguno de estos muros es el muro que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere construir.

Muro fronterizo Estados Unidos-México
Tijuana, frontera entre México y Estados Unidos. Álvaro Minguito
Leonardo Toledo Garibaldi
México

publicado
2017-02-15 11:14:00

Todo el mundo habla del muro. Lo hacen con miedo los más, con prudencia los menos. Al principio no, pero poco a poco, conforme la plática avanza, se va notando que cada quien habla de un muro distinto. Cada quien su muro, cada quien su miedo. Hay un muro para la gente de Centroamérica, un muro para quienes van de compras a San Diego, otro muro para la clase política mexicana, otro muro para los medios… casi ninguno de estos muros es el muro que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere construir.

1917

Pasé parte de mi infancia en Zacatecas, un Estado del centro-norte de México, que durante muchos años fue el principal productor de plata del mundo. Durante el siglo pasado produjo mucho frijol y muchos frijoleros (una forma despectiva en que algunos estadounidenses se refieren a los mexicanos). En fiestas y en la sobremesa, escuchaba historias de “mojados”, nombre que se le daba entonces a los migrantes, pues el paso principal era atravesando el río Bravo.

Mucha gente en Zacatecas viajaba al otro lado en algún momento, era un rito de paso casi obligatorio para hombres de entre los 15 y los 25 años. Familiares les daban los primeros contactos, vivían en cuartuchos miserables, casi no consumían nada para poder ahorrar y regresaban luego de un tiempo a mejorar la casa, comprar ganado o poner un negocio en la ciudad.

Era una tradición. Una tradición fundada por los primeros braceros, trabajadores legales que viajaron como parte de un acuerdo binacional iniciado en 1917 y que continuó hasta 1964, año en que el programa fue cancelado. Durante 47 años los jóvenes zacatecanos viajaban a Estados Unidos a trabajar el campo. Sostuvieron desde abajo, desde la tierra, al imperio naciente. En muchos casos fueron desplazados por las máquinas (más o menos en la misma época en que las computadoras humanas fueron reemplazadas por máquinas, tal como se ve en la película Hidden Figures) y todos ellos volvieron con un fin de contrato bajo el brazo y una promesa de pago de liquidación que nunca llegó. Aún hoy, algunos de esos braceros retornados en 1964 sobreviven peleando ese último pago, que tiene un retraso de 53 años.

2017

Hace un par de semanas nos empezaron a llegar mensajes: en las calles de varias ciudades de Estados Unidos se estaban montando retenes de la migra (el ICE, USA Inmigration and Customers Enforcement, es decir, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) pidiendo papeles y deteniendo personas. Nuevos grupos de whatsapp se crearon para avisar de estos retenes. Luego llegaron las redadas, grandes operativos en centros de trabajo y barrios.

“Hace una semana que no salimos de la casa”, me dicen los parientes, porque aunque tienen su documento de residencia permanente (la green card), “están pasando casa por casa, cuando alguien toca a la puerta nos quedamos callados, escondidos”.

No es sólo la migra, es la población wasp que no esconde su racismo. La hostilidad desatada por las declaraciones de Trump y grupos supremacistas ha liberado los demonios. ICE argumenta que sólo va por criminales, pero casos como el de Lupita García demuestran que esta definición es bastante laxa. Organizaciones defensoras de migrantes denunciaron que había más de cien detenidos. Los voceros de ICE declararon el 10 de febrero que se exageraba con la cifra.

El secretario de Relaciones Exteriores de México, Luis Videgaray, dijo el 13 de febrero en una entrevista televisiva que las cifras de deportaciones se mantenían iguales que el año pasado. Sin embargo, ese mismo día, John Kelly, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, declaró que no sólo eran cien, sino que la cifra de detenidos era de 680 personas. Cientos de inmigrantes detenidos en dos semanas.
La frontera entre México y Estados Unidos en Tijuana en 2013. Foto: Álvaro Minguito.

1996

Recuerdo también que de vez en vez los mojados volvían (porque la fiesta o porque la Border) y nuevos tipos de música se escuchaban en equipos de música enormes, se celebraban bodas, había bautizos. Las fiestas del pueblo siempre llaman, también la visita al panteón (no se puede cargar con los muertos, por ello es obligatorio visitarlos cada año), el cumpleaños de la abuela o de la madre.

Obligaciones familiares, pues es la familia quien sostiene la red migratoria, es la familia el motivo que hace soportar las extenuantes jornadas de trabajo. Luego, cuando las cosas se pusieron difíciles, muchos debieron suspender las visitas. Algunos hicieron nuevas familias en Estados Unidos, en otros casos la familia entera debió viajar para encontrarse con el padre. Esos viajes, los de mujeres o menores de edad, son los que narran las historias más terribles, sobre todo en el recorrido por México.

Esos niños que viajaron solos o con sus madres con el tiempo también volvieron, sólo a conocer la tierra de sus padres. Eran iguales pero distintos, su corte de cabello tipo militar, su ropa holgada de colores chillantes, su hablar a gritos el spanglish y su “no hablo español”, pero sobre todo un dejo de superioridad en su actitud. No todos, pero varios, eran arrogantes, portaban armas de forma visible y consumían drogas que aquí no se conocían. Se habían vuelto gringos, eran esos que más tarde serían llamados dreamers. No se reconocen en el “nosotros”, no quieren ser “nosotros”, son otros, construyeron su muro y marcaron su distancia.

2016

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, tenía un plan. Aprovechar la cercanía de su secretario de Hacienda con el yerno de Trump para congraciarse con él. Es un gran plan, el mejor de todo su periodo presidencial. Invita al entonces candidato republicano a su país y le da trato de jefe de Estado justo cuando va abajo en las encuestas. Nunca se sabrá qué tanto influyó esta visita en la elección, pero el presidente se muestra dócil, el candidato republicano lo agrede (a él y a su investidura) y no alcanza a responder.

Solo en la noche, ya que el candidato republicano se ha ido, manda un mensaje televisivo. Todo ello dota al candidato de personalidad presidencial (que hasta ese momento le había hecho mucha falta). La candidata demócrata, Hillary Clinton, se niega a acudir a México luego de una invitación a destiempo. Hay un escándalo nacional y el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, es obligado a renunciar.

Cuando Trump gana las elecciones se corre el rumor: “Vieron, el presidente Peña tenía razón en apoyar a ese candidato, nos estará agradecido”. El secretario de Hacienda defenestrado regresa como secretario de Relaciones Exteriores. Todo el mundo asiente. Si es amigo del yerno, seguro nos conseguirá un buen trato, además, le ayudó a ganar. Pero Trump jamás reconocerá esa ayuda.

Autopista en Tijuana. Foto: Álvaro Minguito.

1521

El emperador tenía miedo y también tenía un plan: se haría amigo del invasor. Le mandó regalos y lo recibió en su palacio. El visitante, ante esta rendición de facto, saqueó los templos, violó mujeres y asesinó civiles. El emperador tenía miedo. Balbuceaba en presencia del jefe extranjero. Él y sus asesores intentaron convencer a la población de que lo mejor sería rendirle tributo a los recién llegados. Pueblo y ejército buscaron oponerse a los invasores, pero el emperador trató de impedirlo. La multitud, enfurecida por los agravios, lo apedreó hasta matarlo. Una vez muerto el emperador, se alzaron en armas y expulsaron a los invasores fuera de la ciudad.

El general que venció al ejército reorganizó sus fuerzas e hizo alianzas con los pueblos vecinos. Reunió un ejército de 500.000 soldados con los que enfrentaría a 400 soldados invasores y sus 100.000 aliados locales. Pero fueron atacados por la viruela (una enfermedad desconocida para ellos), que finalmente lo venció. A él y a la gran mayoría de su ejército. A él y a todo su pueblo. Fue así que con 400 soldados, Hernán Cortés conquistó México. Fue así que murieron ocho millones de personas.

La sombra de ese emperador temeroso y entreguista perseguiría a los sobrevivientes y su descendencia por los siglos de los siglos.

2017

Intelectuales, oenegeneros y empresarios convocaron a una marcha de la unidad nacional. Una lista plural de convocantes a la que le faltan sindicatos y organizaciones sociales, tampoco hay representantes de estudiantes ni representantes de los pueblos indígenas. La lista de convocantes a la unidad es tan plural que le faltan representantes el 90% de la población. Suponen que tener de su lado a las radios y las televisoras comerciales lograrán convocar a las masas. Hay anuncios a todas horas convocando a la marcha por la unidad nacional.

Ante los primeros signos de discrepancia, un prestigioso intelectual llama cobardes a quienes no se sienten convocados. Los deslindes se siguen en cascada. La gran marcha por la unidad nacional no logra convocar a más de 15.000 personas, que enfundadas en sus playeras de la selección de fútbol y acompañadas de sus mascotas se dan cita justo ahí donde se celebran las escasas victorias futbolísticas internacionales. Sin embargo, por momentos, esa marcha que se convocó para respaldar al presidente se llena de consignas contra él y su canciller. “¡Fuera Peña!” y “¡fuera Trump!” se intercalan. Un grupo pequeño intenta acallarlos con gritos de “¡unidad!”, pero no lo logran. Ninguno de los convocantes se anima a dar un discurso al final de la marcha, todos se retiran discretamente.

La unidad más evidente es contra el presidente Peña, ya luego lidiaremos con Trump.

1846

México lleva apenas 25 años como nación independiente, los generales y caciques regionales llevan esos 25 años peleando el poder unos con otros. La guerra con España terminó, pero la guerra interna no se detiene. Polk, el presidente de Estados Unidos de entonces, lo sabe. Una serie de maniobras políticas impulsan la independencia de Texas en 1836 y la de California en 1846. Ese mismo año el Ejército estadounidense se brinca la frontera (que en ese entonces era el río Nueces) y se instala a orillas del río Bravo. La guerra entre México y Estados Unidos comienza con esta invasión.

Los diferentes caudillos mexicanos usan la guerra contra Estados Unidos como pretexto para golpearse y derrocarse. Sólo siete de los 19 Estados de la República participaron de la guerra con recursos y soldados. Otros participaron, pero fue más importante su ambición personal y local que una oposición al invasor. Juan Álvarez, por ejemplo, era un caudillo liberal, pero sobre todo se oponía a todo lo que saliera de la capital. Siempre quiso ser presidente e hizo todo lo necesario. Cuando el poder central mandó tropas para recuperar California, los detuvo en Acapulco. Cuando el Ejército norteamericano estaba siendo derrotado en la batalla de Molino del Rey, ordenó a la caballería retirarse. Luego de la guerra, ya que se había perdido la mitad del territorio, se sublevó contra Santa Ana (con apoyo de Estados Unidos) y lo derrocó. Logró ser presidente… del 4 de octubre al 11 de diciembre de 1855.

Dijo cuando renunció a la presidencia: “Porque dedicado desde mi más tierna edad al trabajo personal, sé manejar el arado para sostener a mi familia”. Se retiró a su rancho.

2017

En la frontera México-Guatemala no hay un muro (aunque circula un meme que lo afirma, ilustrado con fotos de Tijuana). No hace falta, la selva de los petenes, la agreste sierra y el río Suchiate son suficiente obstáculo. Tecún Umán es la última población del lado guatemalteco.

Estuve ahí hace unos años tomando fotografías junto con el equipo de Martha Rojas, experta en temas migratorios de El Colegio de la Frontera Sur. Atravesamos la frontera a bordo de una balsa que cruza el Suchiate. “No soy balsero –dice el capitán de la nave–, somos camaristas” (el nombre se deriva de las cámaras de llantas que hacen flotar las balsas). Junto a nosotros pasa otra balsa con un enorme cargamento de Totis (frituras) que compite en dimensiones con esa otra que lleva papel higiénico.

En una pequeña plaza de Ciudad Hidalgo (el lado mexicano de esa frontera porosa) se juntan los migrantes —principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala— para contactar a los polleros que les llevarán hasta la siguiente etapa.

El muro mexicano empieza ahí: instituciones de vigilancia corruptas, pandilleros crueles, narcotraficantes inhumanos, polleros rapaces y accidentes. Todos esos muros son más grandes para las poblaciones en condición vulnerable como mujeres, menores de edad, indígenas y mujeres trans.

Es un viaje de terror en varias pistas. Obstáculos de vida o muerte. Un muro de cemento, por muy grande que sea, no los va a detener.

Construir muros es una tradición de los presidentes gringos. Cada vez que llega uno nuevo reconstruye la valla en algún punto. Hubo alambre de púas, hubo cerca de madera, luego con el Gatekeeper (el programa de Clinton) se extendió una valla de metal que llegó hasta casi los 600 kilómetros con la Secure Fence Act que decretó George Bush en 2006 (sólo por comparar, la frontera entre Francia y España es de poco más de 650 kilómetros). En todos los casos, las personas migrantes de México, Centro y Sudamérica buscaron y encontraron el modo de pasar.

Los muros de Bush y Clinton dejaron libre el paso por el desierto de Arizona. Si quieren pasar tendrán que atravesar el desierto. Es difícil, es peligroso, es mortal. Casi 10.000 personas han muerto tratando de atravesarlo. Es la ruta más recurrente, porque pasar al otro lado depende de cada quien, casi no hay patrullas, si sobrevives al desierto habrás llegado a la tierra prometida.

2017

No nos lo han dicho así de claro, pero el pueblo mexicano va a pagar el muro. El presidente Peña Nieto balbucea frente a Trump, siempre. En reuniones binacionales encabezadas por Luis Videgaray del lado mexicano y Steve Bannon del lado estadounidense, buscan un mecanismo que no resulte muy evidente para realizar este pago (sólo por especular, podrían ser impuestos a los envíos de remesas, concesión de pozos de extracción de petróleo en el Golfo de México o permisos para construir hoteles en reservas naturales). Se montará un espectáculo que permita salir airoso al secretario de Relaciones Exteriores de México en condiciones tales que pueda pelear por la candidatura de su partido a la presidencia.

Todos los días busco elementos o evidencias que me permitan refutar esa conspiranoia. Pero cada nuevo rumor sólo parece confirmarla. El miedo que tenemos no es al muro de concreto, sino a todos los muchos otros muros que hemos ido construyendo con la piedras que no usamos para derrocar gobernantes arrodillados, las piedras que ponemos al paso de migrantes centroamericanos, las vallas que nos impiden hacer acuerdos continentales con gobiernos de Sudamérica, las líneas punteadas que nos dividen, los ladrillos sobre los que nuestra superioridad moral juzga a los demás, el concreto con que están fundadas las ambiciones de cada uno de los caudillos, la corrupción que nos corroe…

El muro de cemento de Trump sólo será un recordatorio permanente de nuestro despeñadero.

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