Fronteras
Sandro Mezzadra: “La criminalización de la intervención humanitaria en el Mediterráneo no empieza con este gobierno en Italia”

El profesor Mezzadra, experto en la relación entre fronteras y políticas, considera que en 2016 España aún estaba “vacunada” por el 15M frente a una deriva nacionalista y autoritaria. Hoy, sin embargo, sugiere mirar a lo que ha ocurrido en el mundo los dos últimos años para entender las cuestiones internas.

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Sandro Mezzadra en Madrid Álvaro Minguito



publicado
2018-12-06 06:00:00

El pasado 22 de noviembre un pesquero con bandera española rescataba en aguas internacionales, cerca de las costas libias, a 12 inmigrantes. Amparado en el derecho internacional, según el cual el puerto más seguro es el más cercano, el Gobierno español instó a dicho barco a atracar en Libia. Desoía así las advertencias de ACNUR y otras ONG que consideran esos puertos plataformas inseguras para el desembarco de migrantes. Días después, llegó la noticia de que el pesquero ha decidido poner rumbo a España. Desobediencia y resistencia contra las fronteras físicas y legales que atraviesan a las personas que migran.

De esta pluralidad de fronteras y de sus desafíos hablan Sandro Mezzadra y Brett Neilson en el libro La frontera como método (Traficantes de Sueños, 2017). En el marco de la visita de Mezzadra a Málaga —una de las paradas de la gira de presentación del libro en España—, y en los días previos a la llegada de un partido abiertamente xenófobo y racista por primera vez a un parlamento español, las reflexiones del autor se hacen ahora más urgentes si cabe. Conocido de los movimientos sociales europeos por su vínculo desde hace más de dos décadas a proyectos de autorganización de las personas migrantes, Mezzadra se desempeña actualmente como profesor de Teoría Política Contemporánea y de Estudios Poscoloniales en la Universidad de Bolonia.

¿Cuál es la hipótesis central de La frontera como método y las novedades que aporta al concepto de frontera?
Aunque Brett Neilson y yo llevábamos tiempo involucrados en movimientos sociales relacionados con la migración, la motivación para empezar a trabajar el concepto de frontera fue la indignación por lo que estaba ocurriendo en el Mediterráneo, en el mar del norte de Australia y, en definitiva, en todos aquellos lugares que se han convertido en espacios de muerte, de necropolítica.

Estábamos muy impresionados por la radicalidad, la determinación y el desafío que las personas migrantes planteaban y plantean a las fronteras en condiciones muy duras. Se podría decir que el concepto de frontera que trabajamos en este libro refleja esta tensión entre el endurecimiento de los dispositivos de control y el desafío de las personas migrantes a los mismos. Es por eso que empezamos a pensar en las fronteras como un campo de batalla, de tensión y no simplemente como una cosa que hay que aceptar o destruir.

Al contrario de lo que algunos interpretaban en los años 90, los procesos globales contemporáneos están vinculados a una multiplicación y una transformación profunda de las fronteras. Nosotros trabajamos con el concepto clásico de frontera geopolítica, pero también con la polisemia del concepto frontera: las lingüísticas, jurídicas, culturales, económicas. Todas ellas se cruzan y organizan jerárquicamente un espacio que, en teoría, tendría que ser delimitado y homogenizado por las fronteras geopolíticas.

En nuestro análisis intentamos ir más allá de la idea que vincula frontera e inmigración con exclusión, tratando de brindar un punto de vista sobre los procesos que subrayan cómo estas fronteras, su multiplicidad y heterogeneidad dan lugar a diferentes códigos de inclusión social, política o jurídica. Haciendo esto desarrollamos la noción de inclusión diferencial y jerárquica que tratamos de hacer operativa analizando, por ejemplo, el conjunto de procesos de transformación del mercado de trabajo.

En todos estos momentos el libro trata de no olvidar esta ambigüedad de la frontera y de poner en relieve los desafíos que los migrantes plantean a todas ellas, las geopolíticas y las internas.

¿Cuál es la relación de estas fronteras con el neoliberalismo, con el mercado de trabajo?
En general, el capitalismo tiene una relación bastante compleja con el tema de las fronteras. El capital, y es un punto que subrayamos en el libro citando a Marx, tiene como horizonte espacial último el mercado mundial. Es decir, está caracterizado por esta tendencia expansiva. Pero en su organización histórica el capital también necesita fronteras para organizar el mercado del trabajo. Dicho mercado en la historia europea se va nacionalizando en el siglo XIX, momento a partir del cual las fronteras nacionales se convierten progresivamente en herramientas estratégicas de control de la fuerza de trabajo.

Hay muchos estudios que muestran cómo este proceso ha sido contradictorio y conflictivo debido también al empuje de las luchas obreras. El trabajo asalariado libre ha sido característico del capitalismo en una coyuntura histórica muy importante pero muy peculiar, que es la del capitalismo industrial. Pero el capitalismo puede, y su historia lo demuestra muy bien, organizar las relaciones de trabajo de muchas otras maneras.

Esta es una idea importante para nuestro análisis: la relación entre fronteras y capitalismo. La nacionalización del mercado de trabajo desde la acción de fronteras nacionales es la condición que históricamente hace posible esta generalización del trabajo asalariado libre como estándar. Sin embargo, en los últimos 40 años en Europa y en otros lugares del mundo, vivimos una crisis de regulación del mercado del trabajo en la que la posición de precariedad de los jóvenes autóctonos ha multiplicado y complejizado el mercado del trabajo.

De esta manera, el mercado de trabajo está cada vez más cruzado por fronteras y en este proceso, la migración juega un papel fundamental. Hoy en día un análisis del mercado del trabajo tiene que hacerse cargo del papel que juegan estas múltiples fronteras en su articulación jerárquica.

En Italia, las políticas de Salvini han contribuido a la criminalización de la ayuda humanitaria.  En España podría estar preparándose el mismo caldo de cultivo. En este contexto, ¿qué posibilidad hay de hackear estas fronteras geopolíticas? 
La criminalización de la intervención humanitaria en el Mediterráneo no empieza con este gobierno en Italia. Ya el gobierno previo había empezado a restringir los márgenes de acción de las ONG. Salvini usa desde hace varios años el tema de la migración como tema fundamental de campaña electoral atacando ONG vinculadas a esta causa. Cuando devino en ministro del interior empezó a desarrollar una verdadera guerra contra las ONG que se materializó en el cierre de los puertos italianos para los barcos que rescataban migrantes.

En septiembre, el gobierno promulgó un decreto conocido como Decreto Salvini que apunta a reducir radicalmente la financiación del sistema de acogida y alarga a seis meses el tiempo de permanencia de los migrantes en los centros de detención. También establece la posibilidad de retirar la ciudadanía a los migrantes naturalizados italianos en caso de que cometan determinados crímenes. Esto es muy grave. Es un manifiesto con un significado simbólico muy alto: los migrantes, aún siendo ciudadanos italianos, no son como nosotros. Es claramente inconstitucional, así que no creo que esta ley avance, pero te da una idea de la filosofía del gobierno.

Otras de las medidas que están particularmente dirigidas a los migrantes son la criminalización de la ocupación de vivienda o de los cortes de carretera o piquetes. En los últimos años en Italia ha habido fuertes protestas en los almacenes de logística, cuya fuerza de trabajo era esencialmente migrantes. La forma de lucha de estos trabajadores eran los cortes de las carreteras. Así que en los últimos cinco años una forma de lucha tradicional del movimiento obrero ha sido básicamente una forma de lucha de los migrantes, por eso es criminalizado.

El ataque es muy duro por mar y tierra. Por supuesto, hay que resistir. Aunque también pienso, junto con otros compañeros y compañeras, que es necesario tratar de ir más allá de la resistencia. El Proyecto Mediterránea, como llamamos la plataforma que gestiona el barco Mare Jonio es una contribución en este sentido. Resistir, resistir, pero también tratar de abrir a otros campos de batallas.

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Sandro Mezzadra Álvaro Minguito

¿Cuál es la tarea de los movimientos sociales además de resistir?
Esta es una pregunta fundamental pero no es fácil de contestar. Hay que experimentar. Yo puedo decirte un par de cosas. Para empezar, que en la resistencia contra la criminalización de las personas migrantes el papel de ellos y ellas es fundamental, ya que son los migrantes los que practican la resistencia en su cotidianidad. Existe un tejido de resistencia que sigue desarrollándose con sus mutaciones tomando a menudo formas de autorganización social y traduciéndose en prácticas como la ocupación de espacios de viviendas o la lucha laboral. Como decía antes en los últimos años ha habido en Italia numerosas luchas laborales en almacenes de logística, incluso se llegaron a hacer huelgas en Amazon, que no tiene una composición de fuerza de trabajo mayoritariamente migrante como en otros almacenes. La pregunta es ¿habría sido posible hacer huelga en Amazon sin la movilización permanente durante los últimos cinco años de miles y miles de inmigrantes en otros almacenes?

Por otro lado, está claro que esta autonomía de los y las migrantes no puede convertirse en aislamiento. Es fundamental producir espacios de convergencia entre distintos movimientos y luchas sociales. El movimiento feminista italiano está trabajando mucho en este sentido y el tema de la migración es una de sus cuestiones claves.

Además, antes decía que las luchas en contra de esta nueva coyuntura nacionalista tienen que estar protagonizadas por los otros y las otras de la nación. El gobierno italiano está atacando a las mujeres de manera muy dura con un proyecto de ley que apunta a restringir el derecho del divorcio. Las movilizaciones contra el Decreto Salvini han sido también una movilización contra la ley Pillon. Lograron articular esta conexión entre el ataque a los migrantes y el ataque a las mujeres, produciendo además una lectura muy fina del Decreto Salvini subrayando la dimensiones de género en el ataque a los migrantes.

En una entrevista a Diagonal en 2016 comentabas que España podía ser la excepción a la deriva nacionalista europea porque el 15M había quemado los espacios de desarrollo de la extrema derecha. Es evidente que ha habido un repunte del nacionalismo en España. ¿Has cambiado de opinión? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Bueno, creo que en 2016 España aún estaba vacunada por el 15M frente a una deriva nacionalista y autoritaria. Para entender qué cambió en estos dos años creo que es importante mirar la situación española pero también la global. En el momento en el que comenté esto, Trump aún no había ganado las elecciones. Hoy en día nos encontramos con una coyuntura a nivel global que está marcada por el crecimiento de una nueva derecha, de un nuevo nacionalismo y de nuevas formas de autoritarismo.

Por otro lado, es obvio que en España el conflicto catalán ha jugado un papel muy importante en posibilitar un nuevo nacionalismo agresivo que se expresa de formas distintas en el PP, en Ciudadanos y en Vox. Se habla mucho de lo que habría sido posible hacer desde la izquierda y no se ha hecho y tal vez yo no soy la persona más legitimada para hacerlo. Lo que sí puedo decir en términos generales es que no hubo la capacidad de desarrollar una política que pudiera hacerse cargo de la crisis catalana criticando el nacionalismo catalán y el español. No hubo la capacidad de romper esa polarización y abrir otro espacio, de manera que se produjo esta transfiguración del nuevo-viejo nacionalismo. Repito: decirlo así es fácil; soy muy consciente que hacerlo es muy difícil.

En mi opinión, la pregunta no puede ser cómo apropiarse del nacionalismo. No creo que esto tenga sentido desde un punto de vista político de izquierdas. Para mí, la pregunta tanto en España como en otros lugares es cómo luchar en contra de este nacionalismo.

Sin embargo, vemos cómo la izquierda en España está haciendo uso de la retórica del nacionalismo, hablando por ejemplo de “patria”. ¿Cómo crees que puede afectar esto a la construcción de nuevas fronteras?
No se puede hablar de patria y de nación sin plantear fronteras. El énfasis metódico en la nación, en la patria, es también un énfasis metódico, al menos potencialmente, en las fronteras. Esta corriente dentro de la izquierda de recuperar la idea de nación está ocurriendo en otros países europeos y tienen posiciones muy antiguas sobre migración.

Mi conclusión es que este nacionalismo de izquierda es un fenómeno político totalmente subalterno a la derecha y estoy convencido de que electoralmente no va a funcionar. Además, como legado de la crisis del 2007-2008, el Estado-nación hoy en día funciona como suplemento a un neoliberalismo que en este momento no parece capaz de generar legitimidad por sí solo. En ningún país donde hay un gobierno populista de derechas el neolibaralismo en sí es cuestionado. Hay combinación entre un neoliberalismo cada vez más autoritario y un nacionalismo con la misma tendencia.

No creo que sea posible, por la manera en que funciona el capitalismo hoy, apropiarse del concepto de nación o patria con la idea de desarrollar políticas que persiguen un modelo similar al Estado del Bienestar. Esto es debido a que la dimensión nacional del capitalismo está cada vez más influenciada por poderes que no tienen un alcance nacional. Entonces tenemos que preguntarnos qué tipo de políticas nos permiten imaginar y construir relaciones de fuerza adecuadas para luchar contra estos poderes, como por ejemplo el financiero. Yo subrayo por un lado la importancia que en esta coyuntura tienen las luchas de los sujetos construidos como los otros y las otras de la nación, principalmente los migrantes y las mujeres.

Esto no significa que excluya la posibilidad de trabajar dentro de la institución de manera efectiva. Lo que me parece muy problemático es pensar una política de izquierdas, de trasformación radical, a partir del enfoque exclusivo en el Estado. Creo que uno de los grandes desafíos frente a los que nos encontramos hoy en día es precisamente imaginar una articulación entre la dimensión de la lucha social de base y la capacidad de ser creativos en el plano institucional.

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