Mayte Martín: “Casi todo el flamenco que se hace ahora está hueco, es muy banal”

La cantaora Mayte Martín ha lanzado una campaña de micromecenazgo colectivo para alumbrar su nuevo disco, Tempo Rubato, un proyecto musical muy personal: se trata de un diario sonoro de lo que ha vivido en las últimas dos décadas.

Mayte Martin
La cantaora Mayte Martín. Isabel Camps

publicado
2017-05-18 13:22:00

A los 52 años, la cantaora Mayte Martín está a punto de culminar su trabajo seguramente más ambicioso e íntimo: un disco que le sirva como diario de las últimas dos décadas, canciones como páginas en las que ha escrito lo que le ha sucedido durante este tiempo.

Para convertirlo en realidad ha lanzado –a la fuerza ahorcan– una campaña de financiación colectiva con la que espera hacer cómplices y partícipes a quienes disfrutan de su manera de acercarse a la música, en pos de la naturalidad y contra la impostura.

Nacida en el barrio de Poble Sec de Barcelona, Martín debutó en 1994 con el disco Muy frágil. Querencia, su segundo trabajo flamenco tras una incursión en los boleros junto a Tete Montoliú, ganó en 2000 el Premio al Mejor Disco Revelación de Cante Flamenco.

En su singular trayectoria, ha colaborado con la cantante cubana Omara Portuondo y ha puesto música a los versos del poeta Manuel Alcántara. Y ahora, por segunda vez, apela a la comunidad que la sigue.

¿Cómo es posible que Mayte Martín tenga que recurrir a un crowdfunding para grabar un nuevo disco?
Tal como está ahora mismo el panorama, lo que ocurre es que en lugar de estar la industria al servicio del arte y la creación, se ha dado la vuelta y son el arte y la creación quienes están al servicio de la industria. Las discográficas deciden qué es lo que tiene que hacer un artista para vender y para que ambas partes ganen dinero. Está todo montado en pro de la ambición.

Yo, que no me he dado la vuelta ni me la daré nunca, sigo creando lo que quiero, como quiero, cuando quiero, cuando las cosas me brotan, que es cuando realmente se puede llamar arte a lo que estás haciendo, cuando son gestos que no piensas ni manipulas sino que te surgen, necesidades del alma, de convertir en arte sentimientos.

Como eso interesa muy poco a las multinacionales, que son las que tienen los medios para que tu obra llegue a todas partes y la conozca la gente, sus objetivos van más por los artistas manipulables, que terminen haciendo lo que está de moda, esas fotos que se hacen en las que parecen modelos más que cantantes,… Todo se ha convertido en algo muy banal y superficial.

La única forma de seguir construyendo, de seguir creando y mantenerte al margen de eso es hacer las cosas tú, sin depender de ninguna discográfica ni multinacional
La única forma de seguir construyendo, de seguir creando y mantenerte al margen de eso es hacer las cosas tú, sin depender de ninguna discográfica ni multinacional. El crowdfunding es una manera de hacer directamente cómplice a tu público, a la gente a la que le gusta lo que haces, que apoya tu libertad y quiere que sigas mostrándote así. Es una manera de hacerles partícipes de lo que eres y de poder seguir siendo fiel. Por un lado es una necesidad y por otro, es un gesto de unión de quienes deseamos que las cosas sigan siendo auténticas.

Y no es la primera vez.
No, mi anterior disco, Cosas de dos, también lo hice a través de un crowdfunding. A esta situación se llega porque todo el engranaje ha degenerado de una manera espectacular. Antes las discográficas estaban al servicio de la creación, se dedicaban a mostrar el discurso y la voz de los artistas. Ahora das tu libertad a cambio de estar en una multinacional.

¿Y si no se consigue la financiación?
Haré lo mismo que con el disco Al cantar a Manuel en 2009, que lo financié yo y todavía estoy devolviendo el dinero que me prestaron.

¿En qué punto está Tempo Rubato?
En la edición, estamos cogiendo las mejores tomas y los momentos más hermosos de los temas tras la grabación.

No tenía ninguna prisa por hacer un disco, sino esperar a que la vida me diera razones para escribir, que me pasaran cosas
¿Qué es este disco, en el que llevas trabajando más de 20 años?
Es mi diario sonoro. No es que lleve 22 años trabajando en él sino que se trata de una colección de temas que he ido componiendo a lo largo de la vida, que han ido surgiendo a medida que me iban pasando cosas, vivencias, amores, desamores,… Cada una de estas canciones se las iba dando a Joan Albert Amargós para que hiciera los arreglos. Ha sido también una evolución de ambos. No tenía ninguna prisa por hacer un disco, sino esperar a que la vida me diera razones para escribir, que me pasaran cosas.

¿Qué buscas al hacer música?
Una combinación entre la verdad y la belleza. En realidad, buscar no busco nada. Me miro a mí misma y trato de encontrar la verdad. Cuando detecto algo artificial en otro artista, tanto en su montaje, su construcción del mundo, como en su discurso musical, se me despierta una especie de fobia. Para mí, solo es bonito lo natural.

¿Y qué encuentras?
Nacen muchas ideas, pero no todo se queda. Cuando haces arte, las cosas tienen que brotar de un sitio que no sea la cabeza, no las tienes que pensar. Luego, después, cuando les das una forma, sí las piensas, porque es lo que permite que los demás entren ahí. Cuando hago cosas, si las escucho y no me transmiten verdad, no tienen ningún valor artístico para mí aunque sean bonitas.

¿Qué es el flamenco para Mayte Martín?
Es un lenguaje musical, una forma de expresar. Es un universo, como otras músicas, como la clásica o la música brasileña. Tiene su idioma, su estética, todo un mundo.

¿No es una forma de expresión tan real que puede llegar a asustar?
En general, la música, o cualquier lenguaje musical, en sí misma no es nada. Lo que hace que sea bella y transmita y te eleve es quien la hace, quien la coge como una herramienta y construye con ella algo grande y hermoso. En sí misma, la música no es nada.

Hay muchas cosas del flamenco que no me interesan lo más mínimo, y otras que me hacen tocar el cielo. Las cosas pueden ser sublimes o vulgares, y depende absolutamente de quien las haga y cómo las haga, dónde se las lleve y qué haga con ellas.

¿Has tenido la intención de ampliar los límites del flamenco?
Intención no he tenido ninguna, nunca. Las cosas no hay que pretenderlas. Si no son naturales, si no te nacen de las entrañas, si las piensas, dejan de tener valor. Yo no quiero nada, me dedico a dar forma a mis sensaciones, y ya está. Es más, te digo que, como espectadora, solo son buenas las cosas que a un artista le surgen naturalmente. Las demás, en realidad, no tienen ese valor artístico.

No me interesa nada en lo que está derivando algo que es sagrado y por lo que hay que tener un respeto muy profundo como es el flamenco
¿El presente del flamenco está fuera del flamenco?
Sí, absolutamente. Y por desgracia, sí. El sitio al que se está llevando al flamenco… La gente busca y pretende cosas, las fuerza. Se construye la mayoría de las veces a partir de la nada, de un desconocimiento de lo profundo que tiene todo esto. Sinceramente, casi todo lo que se está haciendo ahora está hueco, sin mensaje artístico, sin verdad. Es todo muy banal, muy superficial.

Solo tienes que ver cómo se muestran los propios artistas, cómo venden su imagen, que pudieran ser cualquier cosa menos cantaores o guitarristas. Es un boom de superficialidad, lo que se ha puesto de moda. Mujeres y hombres muy guapos y sexys, como si eso fuese lo único que importa. Rascas un poquito y dentro no hay nada, nada.

No me interesa nada en lo que está derivando algo que es sagrado y por lo que hay que tener un respeto muy profundo como es el flamenco. Hay un empeño tan desmedido por ser original y rompedor a costa de todo que al final acabas siendo rompedor, sí, nunca mejor dicho.

¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con la música?
Oír cantar a mi padre yendo juntos en el coche, me cantaba cosas de Valderrama. Él era un forofo de Valderrama. Por ahí entré en el flamenco y a amar esta música. Siempre me he acercado a la música a través del amor, las personas a las que he querido y que me han importado me han acercado a las músicas. Mi padre me acercó a ese tipo de cante bello, bien construido. Por esa razón Valderrama es uno de mis principales referentes.

El flamenco, pese a cualquier aberración que se haya podido hacer, tiene su idioma que es el castellano. Es más, es el andaluz, más que el castellano
En la Diada de Cataluña en 2005 te abuchearon por cantar en castellano. ¿Qué pasó?
Me llamaron para participar y lo primero que hice fue preguntar si podía cantar en castellano o no. Me dijeron que podía cantar en el idioma que quisiera y lo que quisiera. Adoro mi idioma, que es el catalán, me encanta cantar en catalán pero lo hago cuando me da la gana, como todo, no cuando me lo impone nada ni nadie y menos cuestiones políticas.

Siendo la música un lenguaje universal, y siendo yo catalana como la que más y cantando flamenco, dos cosas perfectamente compatibles, quise aparecer en la Diada expresándome en el lenguaje musical que manejo, y que tiene su propio idioma que es el castellano. El flamenco, pese a cualquier aberración que se haya podido hacer, tiene su idioma que es el castellano. Es más, es el andaluz, más que el castellano. Así me presenté allí, como catalana orgullosísima de serlo que soy.

¿Cómo se vive el flamenco en Cataluña?
Hay sectores. Hay gente cerrada, hay gente abierta. Hay gente que jamás en la vida renunciaría al disfrute de una música bella solo porque esté cantada en castellano, y hay gente que sí. No se puede generalizar. En Cataluña hay gente inteligente y gente que no lo es, como en todas partes.

¿Has tenido problemas en el mundo del flamenco por el hecho de ser lesbiana?
Creo que no. No, no he tenido. Si ha habido algún tipo de reacción negativa contra mí por eso, desde luego no la he vivido de frente. Todo el mundo, de frente, me ha tenido un respeto absoluto.

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