Feminismos
Nancy Fraser: “En el neoliberalismo, las mujeres se encuentran en la primera línea del activismo social”

Profesora de filosofía en la New School de Nueva York, Fraser es una figura destacada del feminismo en EE UU. Muy crítica con el feminismo liberal, dominante en su país, aboga por un feminismo del 99% que desafíe el orden capitalista.


publicado
2019-05-19 06:19

Nancy Fraser (Baltimore, 1947) es profesora de filosofía en la New School de Nueva York y una figura destacada del feminismo en EE UU. Llega a Madrid en un viaje exprés de apenas 48 horas, en las que dará dos conferencias (una en el Museo Reina Sofía y otra en el centro social La Ingobernable), un seminario y numerosas entrevistas. Muy crítica con el feminismo liberal, dominante en su país, aboga por un feminismo del 99% que desafíe el orden capitalista.

Afirmas que el auge de movimientos y líderes de extrema derecha en todo el mundo es una consecuencia de lo que denominas ‘neoliberalismo progresista’. ¿Podrías explicar en qué consiste este fenómeno?
Neoliberalismo progresista es el término que utilizo para describir el bloque hegemónico que dominó la política en la mayoría de los grandes países capitalistas durante los últimos 20, 30 y, en algunos casos, 40 años. El símbolo sería el nuevo laborismo de Tony Blair en Gran Bretaña, y las presidencias de Bill Clinton, Barack Obama y la [fallida] de Hillary Clinton en Estados Unidos.
Fundamentalmente, fue una alianza peculiar entre dos fuerzas. El socio principal es el capitalismo financiero. En los EE UU está representado por Wall Street, Silicon Valley y Hollywood. Son las grandes fuerzas simbólicas del capital, que se presentan como cosmopolitas, moralmente avanzadas, se llevan bien con el feminismo y con los gays, son supuestamente verdes... Un capitalismo con rostro progresista. Para ello han logrado seducir, para que formen parte de esta alianza, al ala mainstream, convencional y liberal de movimientos sociales progresistas. Estos movimientos han proporcionado una suerte de coartada para que estas políticas económicas reaccionarias parezcan emancipatorias. Eso es el neoliberalismo progresista.

Lo que en realidad hizo esta alianza fue empeorar los estándares de vida de los dos tercios inferiores de la sociedad. Enriqueció muchísimo al 1%, por supuesto, pero el 10% superior también se benefició de estas políticas. Todo esto fue acompañado de la extensión de la deuda, de prácticas que casi acaban con el sistema financiero mundial en 2008, de desindustrialización, precarización del trabajo, de una bajada de los salarios que ha obligado a los hogares a trabajar muchas más horas, a endeudarse para salir adelante… Han sido políticas desastrosas y, sin embargo se presentaban como políticas a favor de las mujeres, de los gays, del medio ambiente, de las personas racializadas…

Mucha gente se ha hartado. De hecho, me sorprende que estos movimientos populistas hayan tardado tanto tiempo en rebelarse. El problema es que han tomado las dos partes del neoliberalismo progresista como un todo, de forma que no solo rechazan la financiarización y la desindustrialización, sino también al feminismo, los derechos LGBTQ, la equidad racial, los derechos de los migrantes… Eso supone un gran problema para la izquierda. Tenemos que desarrollar un feminismo diferente, un movimiento LGBTQ, un ecologismo, un movimiento antirracista y por los derechos de los migrantes, etc., diferentes, que no se asocien más con estas políticas horribles y con la financiarización.

En este neoliberalismo progresista, el feminismo tiene un papel muy importante. ¿Cuál es su responsabilidad en todo esto?
Una cuestión muy importante en la sociedad actual es la relación entre la producción con ánimo de lucro de bienes de consumo, por un lado, y la reproducción social —la producción, sustento y cuidado de seres humanos— por otro. Esta división siempre ha estado generizada en la sociedad capitalista; de hecho, estas dos cuestiones no estaban tan abiertamente separadas hasta la aparición del capitalismo. Pero para el capitalismo es fundamental que ambas esferas estén separadas, y que de una se encarguen las mujeres y, de otra, los hombres.

El neoliberalismo progresista ha exacerbado las dificultades para la reproducción social porque requiere la participación completa de las mujeres en la fuerza de trabajo con salarios bajos que conllevan muchas horas, requiere que los Estados apliquen la austeridad, que recorten las ayudas a la reproducción social, presionando al máximo. Creo que es criminal que el feminismo mainstream no se haya ocupado de esta situación en conjunto, sino que se haya concentrado solo en que un pequeño porcentaje de mujeres relativamente privilegiadas ascienda en la jerarquía corporativa, ¡o incluso en los rangos del ejército estadounidense!

En definitiva, el feminismo liberal no ha prestado atención a las grandes transformaciones sociales, ha aceptado la estructura social existente y ha tratado de mejorar la situación de unas pocas mujeres en ella. No digo que sea completamente responsable del giro hacia la financiarización —la culpa es solo del capitalismo—, pero el feminismo fue una especie de sirvienta del capital o de legitimación de este giro. Creo que esto ha arruinado la reputación del feminismo en general, porque ahora se asocia el feminismo con el neoliberalismo.

Esta versión capitalista del feminismo, ¿es sobre todo un fenómeno norteamericano o es una tendencia global?
Creo que es común a varios países, especialmente aguda y visible en EE UU, pero desde luego también en Gran Bretaña, en Francia, en Alemania, en el norte de Europa y los países escandinavos. En el Sur de Europa no estoy segura, me lo tendrías que decir tú. También lo observo en América Latina en muchos casos. La clave es que el neoliberalismo puede adoptar diferentes facetas en función de la situación. Se puede aliar con el progresismo, como hizo en EE UU, pero también se puede alinear con el conservadurismo, como por ejemplo ha hecho con Angela Merkel en Alemania. Mucha gente piensa que el neoliberalismo tiene una política de partida, pero no, más bien es oportunista, se agarra a cualquier política que esté disponible.

El capitalismo actual, financiero, globalizado, neoliberal, es especialmente problemático por la presión que ejerce sobre la reproducción social

En un artículo que publicaste en la New Left Review señalabas que “las luchas por la reproducción social han explotado en los últimos años” —movimientos por la vivienda, por la sanidad, por la renta básica, por el trabajo doméstico...—. ¿Por qué son tan importantes estas luchas hoy en día?
En primer lugar, hay que tener en cuenta que la reproducción social es absolutamente fundamental para la sociedad. En una sociedad capitalista no tendríamos ninguna fuerza de trabajo a la que explotar, no tendríamos la posibilidad de expandir el capital, de sacar beneficio, si no tuviésemos todo este trabajo en la sombra que consiste en producir seres humanos, en educarlos, en proporcionarles las habilidades necesarias, los valores… Todo eso es fundamental y sucede fuera de la “producción”: en los hogares, en la educación pública, en la sociedad civil… Es un trabajo que el capitalismo no reconoce como tal y que trata con mucho empeño de no pagar, aunque a veces se vea forzado a pagar una parte. La reproducción social es absolutamente indispensable, ninguno de nosotros podría existir sin ella y el capital tampoco podría acumular sin ella.

El capitalismo actual, financiero, globalizado, neoliberal, es especialmente problemático por la presión que ejerce sobre la reproducción social. Por un lado, necesita que las mujeres en general trabajen con un empleo a jornada completa, y a veces más que una jornada completa, con más de un trabajo, para llegar a fin de mes. Y por otro, necesita que los gobiernos recorten el gasto social, que quiten las ayudas a la reproducción social. Esto supone una presión tremenda sobre la reproducción social. Lo vemos en el deterioro de las viviendas sociales, del transporte público, de los sistemas sanitarios, de la educación pública… Todas estas cosas están privadas de inversión y ayudas. Por eso ahora la reproducción social es una especie de foco de tensión, el lugar en el que estallan las luchas. Como tiene tanto que ver con el género, sitúa a las mujeres en la primera línea del activismo social. Es una situación novedosa e interesante, porque en épocas anteriores de crisis capitalista solían ser los trabajadores varones quienes estaban en primera línea, así como las organizaciones de trabajadores en la industria capitalista. Hoy en día, en el capitalismo neoliberal, hay un nuevo foco de crisis, la reproducción social, que pone en el centro a una nueva serie de agentes sociales. El feminismo es una fuerza muy importante en esta nueva arena de lucha.

¿Cómo podemos abordar esta crisis de la reproducción social? Algunos autores consideran que lo que hay que hacer es volver al Estado del Bienestar, crear trabajos públicos y de calidad en sectores como el de los cuidados. Pero, ¿es una estrategia realista?
El Estado del Bienestar fue una especie de mezcla. A algunas personas, a una cantidad significativa de gente, les iba mejor de lo que les va hoy en día, eso está claro. Sin embargo, ese Estado del Bienestar estaba construido sobre la base de muchas exclusiones. Dependía de la idea del salario familiar, que significa que cada familia tiene que tener un varón proveedor y una mujer encargada de la casa, apuntalando la dependencia de las mujeres hacia los hombres. Excluía, desde luego en EE UU, a las minorías raciales, cuyo trabajo en la agricultura o en los hogares no estaba cubierto por la seguridad social. Su concepto de familia era heteronormativo, no estaba a favor de las familias o relaciones LGBTQ. Y finalmente, gran parte se pagaba a través del valor que el llamado Primer Mundo extraía del Tercer Mundo, por lo que también tenía una dimensión neoimperialista. No es un ideal que podamos adoptar hoy en día, aunque sí nos interesan las ayudas sociales y la socialización de la reproducción social que trataba de ofrecer.

Otro problema es que no podemos pensar solo en términos de marco nacional. Estados ricos, Noruega por ejemplo, que tiene mucho petróleo, pueden hacer un buen trabajo en su territorio nacional apoyando la reproducción social a través de políticas sociales, pero muchos Estados no están en esa situación. La mayor parte de la población mundial vive en países donde no hay un Estado que funcione, son Estados fallidos. Tenemos que pensar de manera transnacional cómo asegurar los derechos sociales para todo el mundo. La cuestión de la inmigración está muy relacionada con esto, ¿por qué hay gente tratando de emigrar a Europa o de cruzar la frontera sur de EE UU? Porque sufren situaciones invivibles, ya sea por la violencia, por empobrecimiento extremo o por desastres climáticos. Solo si pensamos de manera global, más amplia, podremos imaginar medidas que logren el objetivo de reconocer, validar y apoyar la reproducción social.

En la actualidad vivimos un momento boyante del feminismo. ¿Qué estrategias deberíamos adoptar?
Creo que vivimos en una época muy emocionante. Es un momento de apertura, en el que las viejas certezas, el viejo sentido común, se están desmoronando y ya no creemos en cosas como “si los ricos se enriquecen, todo el mundo lo hará”, “si Hillary Clinton es presidenta, la situación de la mayoría de mujeres mejorará”. La gente ve más allá de estas viejas certezas y busca algo nuevo. Hay muchas fuerzas que están aprovechando este vacío y ofrecen un proyecto. Algunas, como decíamos, son muy malas, pero otras son prometedoras.

La situación para el feminismo ahora mismo está bastante abierta. Muchas jóvenes activistas buscan una alternativa al feminismo liberal. Puede que todavía no tengan un marco teórico acabado, pero están abiertas a pensar de manera mucho más radical y transformadora. Con otras colegas he tratado de ofrecer un proyecto, el feminismo del 99%, que es un feminismo anticapitalista, que pide cambios estructurales de calado, en la relación entre producción y reproducción, sociedad y naturaleza, sistema político y economía… Estar en un periodo de crisis también significa que vivimos una crisis de hegemonía y eso crea no solo el peligro de que los movimientos de extrema derecha prosperen, sino también la oportunidad de que emerja un feminismo de izquierdas.

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1 Comentario
#34446 16:45 19/5/2019

aguante el feminismo liberal, el feminismo Marxista solo causa daño

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