Feminismos
La trampa de la libre elección

Si en nuestros países de origen no nos libramos del patriarcado y nos imponen el silencio porque nunca es el momento para luchar por nuestros derechos. En el occidente pasa más de lo mismo. Nos silencian porque el fascismo utiliza nuestro discurso...  y porque nunca es el momento.

Argelia Movilizaciones 2019 ARG
Dos mujeres se dirigen a la manifestación en el octavo viernes de movilización. Argel, 12 de abril de 2019. Sancho R. Somalo

publicado
2019-10-17 06:44

En los países norteafricanos un colectivo creciente está luchando por la laicidad aunque el patriarcado islamista está arraigado en la vida pública y privada. A partir de la primavera árabe iniciada en 2011, cada día que pasa se multiplica más la presencia de las mujeres en las calles reivindicando sus derechos. Pese a las dificultades que tenemos las mujeres, queríamos evidenciar que no hay revolución sin nosotras. Aún así cada vez que alzamos nuestra voz, nos silencian porque nunca es el momento oportuno para pedir la igualdad.

Las revoluciones norteafricanas no emergen desde la consciencia de luchar por la libertad o la igualdad. Son levantamientos fundamentados por la desesperada situación socioeconómica de los países. Por las graves deficiencias en el sistema sanitario, educativo y en los servicios públicos. Debido a esta descarnada realidad que dificulta la lucha por la igualdad nos ningunean, nos mandan a callar, nos marcan las prioridades y, nos piden ayuda pero desde la cocina. Ejemplo claro el de Argelia. Cuando empezaron con la revolución contra el quinto mandato del expresidente Bouteflika. Muchas mujeres llenaron las calles marcando un terreno feminista y dirigiendo los discursos hacia la igualdad en presencia de hombres y mujeres. En plena manifestación aparece un grupo islamista reivindicando la Sharia (leyes islámicas) como norma principal, rechazando cualquier otra norma que apunte a la igualdad.

Muchas de las que somos inmigrantes en occidente huimos de la ideología islamista arraigada hasta la médula en nuestras familias. Muchas hicimos un trabajo interno y externo para salir de esa ideología represora. Por eso nos urge la necesidad de organizarnos como feminismo norteafricano porque nuestra lucha es tan imprescindible como cualquier otra lucha por la emancipación de la mujer. Somos un colectivo que nos encontramos entre la espada y la pared. El islamismo y el fascismo. Dos corrientes idénticas en su política represora.

Nuestra lucha es tan imprescindible como cualquier otra lucha por la emancipación de la mujer. Somos un colectivo que nos encontramos entre la espada y la pared. El islamismo y el fascismo.

El debate sobre el velo siempre ha sido tratado y utilizado con intenciones xenófobas. A raíz de las políticas de prohibiciones que se llevaron a cabo en algunos países europeos —un flaco favor para nuestra lucha feminista— el velo se ha convertido en un símbolo reivindicativo para muchas mujeres. La prohibición es la política fácil para quien no sabe ejercer política, además de ser una prohibición morbosa para hacer daño intencionado.

Hoy hace falta analizar la trampa de la libertad de elección. Nosotras las mujeres norteafricanas o de procedencia musulmana no gozamos ni siquiera del derecho a la mayoría de edad. O bien dicho, la mayoría de edad solo sirve para hacer el documento de identidad. No existe el derecho a la emancipación, las mujeres se traspasan del padre al marido como se fuesen una mercancía.

En un artículo que publiqué en El Diari de Tarragona que hablaba sobre los crímenes de honor, mencionaba que “las niñas se consideran como un peso encima de los hombros de los padres que hay que sobreproteger para evitar historias amorosas de adolescentes que podrían acabar cometiendo una deshonra para la familia”. Todo el sufrimiento que vivimos las mujeres en nuestros países de origen son fruto del maldito honor. Desde el matrimonio infantil para procurar que las niñas se casen vírgenes, taparlas para que no sean objeto de violación y transmitir a la sociedad que como padre tengo una hija decente y honesta.

Una actriz egipcia hace ya años decidió llevar el velo, más tarde empezó a llevar el velo más integral que cubre todo el cuerpo, a la vez, dejó su trabajo como actriz. Se convirtió en el ejemplo a seguir en la sociedad árabe. El patriarcado la aplaudió, la alabó, la elevó al cielo. Pero no se esperaban que fuera noticia años después cuando se lo quitó y decidió volver a su trabajo. Mucha gente lo tomó como una traición, un insulto y una vergüenza.

Las dueñas de la “libre elección” muchas de ellas son obligadas a llevar el velo, están acomodadas en el patriarcado y, desde luego, libres de elegir ser cómplices de quien las oprime. No solo eso, lo llevan como estrategia para evitar problemas con su familia y ellas lo saben. Es más fácil rebelarse hacía fuera que hacía dentro. Nunca ha habido una mujer asesinada por llevar el velo, en cambio, sí han habido mujeres asesinadas por no querer llevarlo. Por este motivo y, muchos más, la libre elección es una trampa. Llevar el velo por elección propia es una argumento basado en mentiras, en contentar el patriarcado islámico y en ser su cómplice.

Como no consiguen silenciarnos, nos acusan de islamofobia y nos equiparan con el fascismo. Como si fuésemos ajenas a sus consecuencias.

Si en nuestros países de origen no nos libramos del patriarcado y nos imponen el silencio porque nunca es el momento para luchar por nuestros derechos. En el occidente pasa más de lo mismo. Nos silencian porque el fascismo utiliza nuestro discurso, porque generamos odio y porque nunca es el momento. Como no consiguen silenciarnos, nos acusan de islamofobia y nos equiparan con el fascismo. Como si fuésemos ajenas a sus consecuencias. Pero no se dan cuenta que utilizan la misma política fácil que usa el fascismo contra las mujeres veladas. El problema del fascismo no es el velo si no la mujer. En cuanto a nosotras, estamos en contra de cualquier ideología que oprime los derechos humanos tanto el fascismo como el sionismo y el islamismo.

La izquierda europea tiene interés en victimizarnos. En que exista el racismo para que sea protagonista en nuestra protección. En ningunearnos y en minimizarnos a un colectivo homogéneo. Se agarra en relativizar la diversidad cultural atribuyendo el patriarcado a nuestra cultura. Siempre buscan de un perfil exótico para hacer lucir su lista electoral: mujer velada.

Teniendo en cuenta que el derecho de la emancipación no existe para nosotras, la libre elección tampoco. Pueden aludir que el velo es un símbolo de identidad, libre elección, libertad, etc. pero nunca será un símbolo feminista. El feminismo nació para luchar contra el patriarcado y no para ser su cómplice.

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Redouane Zidi tassakourt 11:25 17/10/2019

La obligación de los hombres es la complicidad con el feminismo,como única vía de igualdad y emancipación,sociedades que sufren altísimos niveles de ignorancia y analfabetismo,deben tomar conciencia de la necesidad de luchar juntas ,contra el patriarcado,el fanatismo religioso,y los retrógradas que se nutren de un caldo de cultivo,que favorece su dominio,sobre las masas,manipuladas por discursos de odio,fascismo,machismo,y discriminación racial,es la hora de la unidad de todos los pueblos,contra el capitalismo y sus herramientas para la represión de todas las aspiraciones de libertad,justicia social,y dignidad.

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