Feminismos
Brigitte Vasallo: “Cuando se toca la patria, como en cuanto se toca la pareja, saltan las mismas alarmas”

Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, amor, estado, capitalismo y revolución. De todo eso habla Vasallo en su último libro.

Brigitte Vasallo Entrevista
Brigitte Vasallo. Elena Martín

publicado
2019-07-09 06:28

Tomamos un café con la charnega gallega Brigitte Vasallo (Barcelona, 1973), que nos habla sobre su último libro: Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, y sobre amor, estado, capitalismo y revolución.

Dices que vivimos en un sistema monógamo, que ese es el problema. Con cuánta gente te acuestes en tu vida es algo secundario, ¿no?
La cuestión es el sistema, que rige una forma de relacionarnos. En él es difícil saber lo que queremos o lo que no porque no hay muchas opciones para querer otras cosas, lo que no quiere decir que no podamos tener las relaciones que nos apetezcan y nos hagan sentir bien.
La cuestión es que hacer visible el sistema no va en contra de las personas que deciden tener una relación exclusiva, ni de las personas que deciden no tener ninguna. Lo que intento es abrir espacios para que, incluso esa forma de relación, sea escogida de una manera más libre. El libro habla de “terror poliamoroso” porque en cuanto empiezas a poner sobre la mesa esta cuestión sistémica, parece que saltan todas las alarmas de la gente que se siente atacada en su relación. Como cuando las haces del feminismo y hay hombres que se sienten atacados o, cuando las haces de racismo, hay personas blancas que sienten que las estás atacando.

Forma parte también del pensamiento hiperindividualista e hiperegocéntrico en el que estamos, que hace que la gente lo relacione con su vida privada, cuando esto va de todo el conjunto y del sistema. Luego cada una haremos la vida que podamos hacer. Ya se sabe que las heroicidades no son las que nos van a llevar al cambio.

Ser heterosexual no es acostarse con hombres. Ser heterosexual es todo lo que sucede alrededor 

Nacemos en una sociedad patriarcal y, como dices, tenemos muchísimo que aprender para no dejar cadáveres sentimentales por el camino. En el libro hablas de que una de las claves radica en dejar de ver las relaciones como una jerarquía, donde nuestra pareja es la persona más importante. La verdadera revolución radicaría en que nos importe toda la gente que forma parte de nuestra vida. ¿El capitalismo no soporta que tejamos redes de apoyo para cuidarnos?
Cuando hablamos de relaciones poliamorosas y decimos que en ellas hay consumismo y descuido, hay que tener en cuenta que es una problemática que tiene que ver con la monogamia. Sin ir más lejos, las muertas no son poliamorosas, nuestras muertas estaban dentro de relaciones monógamas. En la monogamia también descuidamos a la gente —y ahora ya me refiero a relaciones exclusivas—. Tú cuidas la relación a dos cuando realmente quieres que la relación perdure. Entonces, bajo la lógica del capital, inviertes esfuerzos y recursos en la relación porque buscas una retribución. En cuanto te deja de interesar, pues finalizó. Y, a veces termina con tanta violencia que llega a la muerte, al asesinato. En el poliamor también existen estas dinámicas, pero precisamente no son las brechas de las que estamos hablando.

Independientemente del número de personas con las que estés, lo que me interesa es buscar precisamente las brechas para todo eso: cómo nos relacionamos más allá de la pareja, cómo seguimos centrándonos en la pareja, cómo desmontamos eso y cuáles son las condiciones necesarias para desmantelarlo.

Me da un poco de miedo cuando se habla de cuarta ola del feminismo cuando estamos más bien en una segunda a destiempo, que en su momento tuvo sentido pero que ahora es bastante problemática

Al pensar en desmontar la pareja, lo interesante es que se ponen en evidencia cuántas cosas necesitamos. Cuáles son el tipo de redes de las que tenemos absoluta falta para que pueda ser realmente una realidad que tú puedas escoger tener una pareja o no y que no sea por un mandato social y por necesitar un soporte de supervivencia tan bestial. Eso es lo interesante, lo político de todo esto; no las agendas de ‘folleteos’ que tenga cada una, eso es banal, anodino e incluso prescindible. Es mas, debería ser prescindible.

Y eso sin contar con que la monogamia entiende que tenemos que vivir con nuestra pareja, algo que no a todo el mundo parece funcionarle, ¿no?
La monogamia como sistema es todo eso. Cuando doy clases de género para compañeras que aún no tienen ningún tipo de formación en género —pero sí experiencias— y les explico la heterosexualidad, siempre les comento que ser heterosexual no es acostarse con hombres. Ser heterosexual es todo lo que sucede alrededor. Les pongo de ejemplo que, si esto fuera una cuestión de sexo, las heterosexuales se acostarían con hombres y vivirían con sus amigas, que es con quien se vive bien. Pero no va de sexo, va de todo lo demás. Tener una pareja y no querer vivir con ella, o preferir vivir con tus amigas, forma parte del mismo sistema que nos impide imaginar otras formas de vida y al mismo tiempo nos hace creer que ese compromiso con esa persona es más débil si no lo apuntalamos con una serie de cuestiones materiales. Si no hay un piso, convivencia, criaturas y economía de por medio, como que el amor no basta. Porque el amor no basta, pero la economía seguro que tampoco, y el capital no será lo que nos mantenga unidos de una forma resistente frente al sistema.

En una sociedad patriarcal da la impresión de que es más complicado que una relación heterosexual sea igualitaria, y parece también más difícil que en el poliamor entre personas de distinto sexo se dé de una manera más abierta.
Sí, y como nosotros, también lo pensó todo el lesbofeminismo a lo largo de la historia
—que desgraciadamente no se está leyendo lo suficiente—. Ahora que el feminismo se puso de moda, sucede que no se para de hacer feminismo para dummies, que es bueno, pero con un libro ya tenemos bastante. Y, al mismo tiempo, también hay una cuestión de techos de cristal. Las que llegan a determinados espacios de palabra son las que tienen menos barreras de por medio y, por lo tanto, son en su mayoría heterosexuales que no le dieron bola al lesbofeminismo porque les parece una cosa para las lesbianas, y esto no tiene sentido porque precisamente sobre todo esto tendría que habernos enseñado el feminismo. Así acabamos con un refrito de un feminismo hiper heterosexual, hiper blanco... que no sé qué va a suponer, lo veremos en unos años. Me da un poco de miedo cuando se habla de cuarta ola del feminismo cuando estamos más bien en una segunda a destiempo, que en su momento tuvo sentido pero que ahora es bastante problemática.

Las compañeras que trabajaron en esto mucho antes ya lo explicaron: la heterosexualidad hace el género, es la que hace que existan hombres ‘marca registrada’ y mujeres ‘marca registrada’. Esa es la idea de la heterosexualidad cruzada con el sistema monógamo: hombres y mujeres son diferentes y complementarios, y es en su unión donde hay un ser completo. Desmontar el género es desmontar las dinámicas que lo rigen. Y es imposible en una relación de corte heterosexual, sino que cuando eso se hace en una relación, esa relación ya no es heterosexual, porque lo que define la relación heterosexual son precisamente las dinámicas de género intrínsecas.

Relacionas el amor romántico con las fronteras.
Me interesa la cuestión del Estado-nación y las dinámicas de enamoramiento porque criticamos el amor romántico pero nos enamoramos de la idea de una república feminista que, de momento, de feminista no tiene nada. Es como cuando te enamoras de un imbécil y piensas que cambiará, porque le ves las posibilidades y piensas que a través del amor harás que cambie. Que todos esos machos de un lado y de otro que prometían no sé qué, lo prometen en el momento en que necesitan de las mujeres. A las mujeres, a las personas de géneros no binarios y a toda la periferia del cotarro, después nos traicionan y nos abandonan. Eso lo sabemos y aun así seguimos cayendo una y otra vez al igual que caemos en el amor romántico. Es el único mandato de género que no hay manera de romper. Y sigue pareciéndonos que con nosotros no será así, porque nosotros somos mejores y con el amor hará que cambie. Es fascinante que esto nos pase a las feministas.

Tenemos que ponernos las pilas y montar una resistencia que sea transversal y que realmente nos proteja de lo que está por venir

Las dinámicas son las mismas, y no quiere decir ni que tengamos que dejar a nuestras parejas ni que dejemos de luchar por tener estados independientes. Hay una simplificación que es bastante aburrida. Estamos intentando comprender la complejidad de lo real, y no lo vamos a solucionar con un tuit o un titular. La realidad es compleja. No es que no haya que buscar Estados y que los pueblos no tengan derecho a decidir cuál es su futuro. Eso es básico. Lo interesante de esto son las dinámicas de poder, y en ese sentido sí tenemos ejemplos constantemente: en cuanto se toca la nación o la patria, como en cuanto se toca a la pareja, saltan las mismas alarmas, que además nos piden que no seamos críticas. Y, claro, si no somos críticas con eso, ¿dónde vamos a ir?

Y así como cuando se vive en pareja parece que una tercera persona viviendo en esa casa está de más. ¿Es la misma lógica cuando se habla de compartir la tierra con migrantes?
Sí. Mira, un ejemplo de lo más tonto. Hay un coche, yo voy al volante y recojo a un grupo de personas: mi pareja y mis amigas. Naturalmente, mi pareja se va a sentar delante y mis amigas le van a dar ese espacio. No tiene sentido pero es un acto reflejo, hay unos espacios que están claros porque muestran una jerarquía. Con la nación y con las personas que vienen de fuera pasa lo mismo. Hay ese terror a que se diluya la identidad y hay que poner una serie de barreras para que puedan estar más o menos, según interés, pero que nunca lleguen al estatus de ciudadanas plenas, sabiendo que eso va a transformar el concepto de ciudadanía que hay. No es solo una cuestión emocional: todas esas ‘emocionalidades’ que sentimos están regidas por el capitalismo. Para el capitalismo es un chollo que haya personas sin derechos laborales. Luego vienen los empresarios a decir cosas. ¿Pero qué decís, si estáis ganando un montón de pasta a costa de esto?

Llevamos una deriva muy heavy desde hace años, incluso siglos, pero desde hace unos años parece que todo esto no tiene complejos. El fascismo, la represión... Tenemos que ponernos las pilas y montar una resistencia que sea transversal y que realmente nos proteja de lo que está por venir. Y que proteja también a las personas que ya tienen la bota en el cuello, como son las compañeras y compañeros musulmanes.

Al capitalismo le interesa que convirtamos al trabajo en nuestro gran amor.
Tenemos la tendencia de pensar que hay una serie de trabajos que están legitimados a dedicarles la vida, los llamados poéticamente vocacionales: escritora, artista... En cambio, un trabajo como el de zapatera, no. Hay una cosa que es el trabajo que tenemos que hacer para comer y pagar la mierda de los recibos y luego están las cosas que nos sale de dentro hacer, incluso dedicarte a mirar al techo. Es fundamental poderle dedicar tiempo a tus pasiones, que no son productivas, ni interesantes para el sistema. A mí me interesan las cosas pequeñas, como tejer. No es que yo teja, pero sí creo que la vida es cómo tejer, porque son las puntadas pequeñas, las lentas y que llevan más tiempo, las que después resisten cuando tiras de la tela. El poliamor neoliberal va precisamente de esto. La pareja era el último reducto que nos quedaba y, así, el poliamor neoliberal es la última brecha para convertirnos en individuos con la fantasía de estar aislados. Como diría Almudena Hernando, la fantasía de la individualidad. Personas solo dedicadas a sí mismas, egocentrismo puro y duro.

Entonces la solución es finalizar con el sistema monógamo, por nosotras y por las que vendrán después.
Sí, siendo conscientes y reivindicando nuestros límites. Agrietar el sistema monógamo no va de cantidades, no va de dejar a tu pareja ni de que tu pareja tenga otras parejas. Si nos quedamos solo con eso no vamos a avanzar nunca porque nos quedamos otra vez en soluciones simples y mucho más tontas que el sistema, que es muy inteligente. No va de eso. Va de cómo te sitúas tú con tu pareja, qué redes construyes, qué afectos tienes en cuenta y cuáles no. Después tú puedes estar con quien te dé la gana. Y atrévete también a respetar tus límites, cuando el cuerpo te dice que algo no, pues estupendo. También hay un tema cuando alguna compañera dice: “es que yo soy heterosexual”. Que sí, cariño, pero que a ti te gusten los hombres no quiere decir que cuando entra un tío en la sala tú tengas que cambiar de actitud. Lo preocupante es que hagas como que eres una niña pequeña. Eso es lo jodido, y no me digas que no lo puedes evitar. Pues de eso va, y eso es lo peligroso.

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3 Comentarios
#37162 20:43 14/7/2019

Excelente Vasallo! Gracias por inspirarnos.

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#36996 9:54 10/7/2019

Siempre me ha parecido bastante necia esta mujer, como cuando decia que llevar burka era una forma de empoderamiento de la mujer. Sigue sin defraudar.

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#37178 19:35 15/7/2019

Y tu que tienes que hablar de necedad? Tu quién eres? Que llevar burka es una forma de empoderamiento no lo dice ella, lo dicen miles de mujeres musulmanas, que son las que saben de llevar burka y las que pueden opinar, aunque no lo creas. Que tu seas un racista y no seas capaz de asumir que hay otras formas de existencia diferentes a la tuya y que son igual de respetables y validas ya es otra cosa. Lo que dice te da miedo y ya está. Te da miedo que haya gente que piense y viva diferente a ti. Que diga con las que no promulgas no implica que no sepa de lo que habla Si no es para ti, no lo uses.

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