Feminismos
8 de marzo en la Argentina de Milei: resistir y sobrevivir
A Luciana Peker, la periodista que se exilió en España ni bien Javier Milei resultó electo presidente, le gusta recordar que la cuarta ola feminista empezó en Argentina, el territorio más al sur de América Latina. Y no fue casualidad. Argentina es el país de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo que inventaron el pañuelo; el único lugar del planeta que sostiene desde hace 38 años Encuentros plurinacionales de mujeres, lesbianas y personas trans para intercambio y construcción de estrategias y consensos. Somos el país que impregnó de verde la lucha internacional por el derecho al aborto; pionero en sancionar una ley que reconoce la identidad de género autopercibida sin patologización, diagnósticos médicos, ni intervenciones quirúrgicas; somos las que primero gritamos “Ni Una Menos” para inaugurar la liberación de la palabra, también en los nortes globales. Pero, a partir del 15 de diciembre de 2023, Argentina es a la vez el experimento libertario en un mundo dominado por la extrema derecha, y Milei el mascarón de proa de nuevos líderes políticos promercado que ascienden y se sostienen bajo la venia de megamillonarios y de las grandes elites económicas.
Como se repite en otras latitudes, el encono local viene siendo fundamentalmente diligente para alzar discursivamente a los movimientos feministas, de las diversidades sexuales y a sus logros como una especie de zona de riesgo. La “ideología de género” encarnando el think tank progresista que está mal/que hace mal/que hay que erradicar para garantizar “los valores de la familia tradicional y la perpetuación de la especie”.
Milei apuesta a un antifeminismo de Estado cuando señaliza con recursos públicos a las mujeres, a las lesbianas, a las trans y a las personas no binarias como aquellos cuerpos que van a pagar de manera diferencial el ajuste
En términos de la investigadora Verónica Gago, Milei apuesta a un antifeminismo de Estado cuando señaliza con recursos públicos a las mujeres, a las lesbianas, a las trans y a las personas no binarias como aquellos cuerpos que van a pagar de manera diferencial el ajuste. Y que son los cuerpos sobre los cuales se tiene que organizar el castigo, la punición, la persecución y la criminalización.
En la práctica, por ejemplo, se desfinanciaron y eliminaron programas como el Plan ENIA, que permitió una disminución de casi el 50% en las chicas de 10 a 19 años que se convirtieron en madres y alrededor del 80% de las políticas de género impulsadas durante el período anterior.
Pasadas tres pueblos
La periodista y escritora Agustina Paz Frontera ubica entre 2021 y 2023 el inicio de la etapa más incómoda en la historia del feminismo. Así lo analiza en el libro ¿Demasiado feminismo que acaba de publicar por Siglo Veintiuno Editores: “Hemos escuchado y leído cientos de veces que el feminismo ha ido demasiado lejos, que fue un exceso, que las feministas‘se pasaron tres pueblos’. O que el feminismo se convirtió en vigilancia y control, de arriba hacia abajo y horizontalmente. Que las feministas son responsables de la derechización radical y/o de la perversión de los valores tradicionales y nacionales. Que ‘hablar con la e’ no es inclusión, que decir ‘violencia de género’ es discriminación, que la teoría de género es un lobby globalista y que el lobby queer pretende corromper sexualmente a los niños. Que el feminismo es wokismo (entendido como hipercorrección política), pero también terrorismo y comunismo. O que el feminismo es burgués clasemediero y, además, cosa de zurdas roñosas. Todas formas de rechazar desde la incomodidad un imaginario, una lengua y un modo de hacer feminista que ya fue demasiado”.
Frente a algunas derrotas políticas de los progresismos, pospandemia se construyó una narrativa que asigna al feminismo el rol de chivo expiatorio, de culpable de los votos electorales en tanto, según Frontera, se impuso la lógica de que la promesa (social) democrática no se tradujo en mejores condiciones de vida para las mayorías y que, a la vez, produjo una restauración conservadora que potenció a los espacios de derecha. Particularmente en Argentina, esta lectura del sobregiro feminista no distingue grietas y circuló tanto entre referentes/militantes/votantes de derecha ꟷconfesos antifeministas y anti Estadoꟷ como entre referentes/militantes/votantes peronistas y de izquierda.
Pero, aunque todos los caminos parecen conducir a Roma, Vilma Ibarra marca diferencias: “El discurso antifeminista de la ultraderecha es ideológico, niega la desigualdad entre varones y mujeres y pretende un retroceso respecto de los derechos logrados en los últimos años. En cambio, las críticas hacia el feminismo de algunos sectores que se consideran 'progresistas' no niegan la desigualdad de género ni proponen un retroceso en las conquistas obtenidas. Estos sectores ensayan una crítica política de corte 'cuantitativo' y expresan que habría existido un 'exceso' de feminismo”.
Ibarra fue senadora y diputada nacional y, muy especialmente, quien impulsó en Argentina las leyes de matrimonio igualitario e identidad de género y tuvo a su cargo la redacción del proyecto del Poder Ejecutivo de legalización del aborto que se aprobó en 2020. Luego, durante el gobierno nacional del Frente de Todos, ocupó el cargo de secretaria Legal y Técnica. La firma de Alberto Fernández.
Estela Díaz es la ministra de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de Buenos Aires, la provincia más grande y bastión opositor: “Es inentendible que se hagan críticas por un supuesto ‘exceso de feminismo’”
Como pieza importante en los recientes avances de las mujeres y las diversidades, Ibarra hace foco en el éxito de la organización y del trabajo mancomunado: “Nos fijamos objetivos ambiciosos que alcanzamos con inteligencia en el debate social y en la construcción de consensos y apoyos. En otros ámbitos no hubo resultados tan satisfactorios. Hacia allí deberían dirigirse los cuestionamientos y los esfuerzos para mejorar; no hacia nosotras. Además, es inentendible que se hagan críticas por un supuesto ‘exceso de feminismo’ cuando los datos que reflejan la existencia de violencia de género, los índices de pobreza en mujeres, y los indicadores de desigualdad entre varones y mujeres todavía son muy preocupantes”.
Estela Díaz es de las pocas funcionarias feministas que continúa en gestión de gobierno: es la ministra de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de Buenos Aires, la provincia más grande y el bastión opositor fuerte al desmantelamiento neoliberal del Estado. Desde adentro, Díaz reflexiona sobre el significante “demasiado” que también los propios le atribuyen al feminismo: “Creo que el factor que les ayuda a los que son de nuestro campo y sostienen esa teoría es el desacople en la agenda política de las condiciones materiales de vida con los debates identitarios. Es decir, los debates identitarios sonaron muy culturales, no ligados a las discusiones sobre el acceso al trabajo, a la reducción de brechas de desigualdad económica y a las condiciones de vida de quienes cuidan. En definitiva, desacopladas de la agenda de redistribución de riqueza terminamos como un blanco fácil. Es fácil decir que tuviste 'mucho feminismo' y no que el problema fue que empeoraron las condiciones de vida de las mayorías”.
FeminismoS
Los momentos de crisis y de resistencias son igualmente oportunidades de revisión. En la tierra de Maradona y Messi podríamos decir: son tiempos de parar la pelota y releer el partido en el que nos comimos una goleada. Porque queda corto indignarse por la canallada de propios y ajenos de culpabilizar al ciclo feminista de los males de la humanidad. Vale desgranar qué de todo el runrún caló en la sociedad, qué partecita hizo sentido o tocó alguna fibra incluso en filas no libertarias.
Porque Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), no votó a Milei ni lo votaría nunca. Es peronista por herencia materna y lleva tatuadas en el cuerpo a Evita Perón y a la ex presidenta peronista Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, hace rato que los discursos feministas dejaron de interpelarla.
“El problema no solo es que el feminismo no supo hablarle a los varones. El feminismo no sabe aun cómo hablarle a las mujeres pobres. El feminismo que llegó al poder y a ser parte de las instituciones del Estado es un feminismo blanco, académico, que puso en agenda sus temas, sus demandas, que a veces son irrelevantes para las mujeres, lesbianas, travestis y trans de los sectores populares. A su perspectiva de género le faltó perspectiva de clase. Entonces, no solamente algunas políticas fueron en términos simbólicos, sino que las políticas no fueron en profundidad por la redistribución de la riqueza y por una transformación social que mejore la calidad de vida de las compañeras”, dice Orellano, en su nombre y en el de las trabajadoras sexuales que representa.
Natalia Zaracho, la primera y única cartonera en asumir como diputada: “En este momento no sirve encerrarnos en discusiones que no ayudan ni cambian la vida de la gente. Lo importante es estar unidos para resistir y hacer frente”
Bastante en línea argumenta Natalia Zaracho, la primera y única cartonera en asumir como diputada ꟷo sea, en pasar de reciclar materiales de la basura a ocupar una banca en el Congreso de la Naciónꟷ: “Algunas discusiones se dan en ámbitos alejados de la vida de los barrios y por eso mucha gente a veces siente que no tienen que ver con sus problemas de todos los días. Pero no quiere decir que no existan. En los barrios sabemos muy bien lo que es vivir situaciones de violencia dentro de las familias, lo que es criar sola a los hijos, lo que es depender económicamente de alguien o no poder salir a trabajar porque no hay quién cuide a los pibes. Ahora mismo igual es importante tener en claro que el enemigo es el gobierno de Milei y el modelo que está aplicando, que trae más pobreza y golpea fuerte a los más pobres. En este momento no sirve encerrarnos en discusiones que no ayudan ni cambian la vida de la gente. Lo importante es estar unidos para resistir y hacer frente”.
El futuro será feminista, ¿o no será?
La resistencia requiere seguir pensando(nos), mientras se vive y sobrevive. “Estamos en medio de una aceleración de demandas, y a la par que hacemos muchísimas cosas intentamos producir críticamente explicaciones y conceptualizaciones sobre la época que estamos viviendo y la reciente”, advierte Ruth Zurbriggen, fundadora de la colectiva feminista patagónica La Revuelta.
¿Y hacia adelante, qué? ¿Cómo reencantar mayorías en Argentina? ¿Se puede repetir el aluvión feminista de la última década, la ola que se transformó en marea y contagió esperanza y lucha al resto de América Latina? ¿Las pibas bañadas en glitter y con los pañuelos verde anudados en las mochilas? ¿Sirve moderarse para fomentar diálogos y consensos? ¿O se responde a la crueldad con propuestas radicales?
Zurbriggen no identifica chances moderadas: “La moderación es timorata, insulsa diría, para los tiempos que corren y la magnitud de los ataques imperialistas que vivimos. Hay que volver a explicar mucho, sin dudas. Hay que trabajar contra la masculinización obscena en la política, en los medios de comunicación, en la academia. Me importa que generemos procesos pedagógicos que confronten con este modelo necro-político. Me importa dialogar con quienes se disponen a que eso sea posible. Y pienso que se necesita radicalidad. Una radicalidad que se nutra de paciencias ꟷaunque suene paradójicoꟷ y que no le tema al consenso, pero que provoque para crear condiciones de ruptura epistémica y política con aquello que sabemos, palpamos y sentimos que está muy mal”.
Soledad Deza consiguió lo imposible una vez. Es la abogada tucumana que en 2016 logró la liberación y absolución de una joven —rebautizada Belén para respetar su derecho al anonimato— condenada a ocho años de prisión tras sufrir un aborto espontáneo
En la otra punta del mapa, Soledad Deza consiguió lo imposible una vez. Es la abogada tucumana que en 2016 logró la liberación y absolución de una joven —rebautizada Belén para respetar su derecho al anonimato— condenada a ocho años de prisión tras sufrir un aborto espontáneo. El caso se convirtió en emblema de defensa feminista y hasta inspiró la trama narrativa de la película que acaba de ganar el Premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana.
Acostumbrada a surfear dificultades, hoy Deza vacila. Se nota a tientas: “Vivimos un momento tan oscuro que cuesta imaginar una salida. Cuesta imaginarnos imaginándonos cosas. Pero creo que fortalecer los lazos colectivos y no fragmentar las luchas es la clave. Tenemos que evitar la trampa neoliberal que nos pone a competir en términos de ‘desgracias sectoriales’, porque la sociedad se divide y pierden fuerza todas las demandas intersectoriales. Nunca nos regalaron ningún derecho, los peleamos todos. Calculo que son tiempos de memoria y reconfiguraciones que nos fortalezcan, más que de búsquedas de verdades absolutas o de culpas. Es importante debatir honestamente los consensos sobre qué vidas defiende un proyecto democrático, y en eso los feminismos hemos dado grandes discusiones”.
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