Macedonia, al borde del colapso

La exrepública yugoslava sufre una crisis política y social que se acompaña de una depresión económica crónica. La irrupción violenta en el Parlamento por parte de grupos ultranacionalistas cercanos al partido gubernamental dejó el Estado macedonio al borde del colapso. 


publicado
2017-05-11 11:05:00

“Quiero marcharme de este país”, dice Tamara Janevski con hartazgo mientras ve las imágenes del asalto a golpes por parte de una turba ultranacionalista en el Parlamento de la República de Macedonia. La joven de 28 años, ingeniera en una compañía que se dedica a la construcción de obra pública para el Gobierno, escucha preocupada las últimas noticias sobre la violencia que se desata en la exrepública yugoslava desde su apartamento a las afueras de la capital, Skopje.

El barrio donde vive Tamara, construido durante la época comunista, es un suburbio compuesto de edificios altos y grises con fachadas deterioradas. En comparación con muchos de sus vecinos, empobrecidos y atrapados en una situación de desempleo permanente, la ingeniera se siente relativamente afortunada: trabaja a jornada completa y con contrato indefinido. Sin embargo, aunque tenga un empleo fijo, Tamara gana poco más de 500 euros mensuales y apenas llega a fin de mes.

La República de Macedonia, que no forma parte de la Unión Europea, está sumida en un ciclo de decadencia económica que viene de muy lejos. El país balcánico es uno de los Estados más pobres del continente. Según las estadísticas, su tasa de desempleo roza el 27% de su población activa. No obstante, entre los jóvenes, el porcentaje de desocupación es aún mayor: más del 50% de la gente joven en edad de trabajar está en el paro.

“Hay muchas personas que no ven ninguna perspectiva de futuro en el país”, lamenta Tamara Janevski. “En mi pueblo natal ya no tengo amigos con quien ir a tomar un café: todos se han ido a trabajar al extranjero”, añade la joven con tristeza. Durante la última década, unas 500.000 personas se marcharon de Macedonia para ir a buscarse la vida en otra parte. En un país que cuenta con poco más de dos millones de habitantes, la cifra de gente que ha emigrado es extremadamente alta. Sin embargo, las condiciones económicas nefastas no son el único problema de la exrepública yugoslava: desde hace dos años, también sufre una crisis política y social que podría tener consecuencias catastróficas.

Un país al límite del desplome

El pasado jueves 30 de abril, dos centenares de ultranacionalistas macedonios entraron violentamente en el Parlamento para boicotear la elección del miembro de la minoría albanesa Talat Xhaferi como nuevo presidente de la mesa parlamentaria.

Los atacantes, que irrumpieron en el edificio institucional gracias a la pasividad de los agentes policiales que hacían guardia, agredieron a varios parlamentarios de la Unión Socialdemócrata de Macedonia (SDSM) y de las formaciones políticas que representan a la población de etnia albanesa del país. “Por unas horas, nos temimos que iba a estallar la guerra civil”, comenta Alexander Atevich, médico de profesión y militante del partido Levica, creado un año atrás para representar los posicionamientos de los sectores de la izquierda anticapitalista del país.

Desde hace más de setenta días, varios miles de personas cercanas a la Organización Revolucionaria Interior Macedonia – Partido Democrático por la Unidad Macedonia (VMRO – DPMNE) salen a la calle para reivindicar la celebración de nuevas elecciones. El VMRO, que gobierna el país desde 2006, es un partido derechista y conservador liderado por el ex primer ministro Nikolas Gruevski, que se niega a ceder el poder a la coalición que integran la Unión Socialdemócrata de Macedonia (SDSM) y tres de los partidos albaneses con representación institucional.

En las elecciones generales del pasado mes de diciembre, el SDSM y las formaciones políticas que integran a la minoría albanesa –un tercio de los habitantes de Macedonia– obtuvieron una representación suficiente para crear una nueva mayoría parlamentaria y formar gobierno. Sin embargo, el pacto de una hoja de ruta conjunta de los partidos albaneses en Tirana con la mediación del primer ministro albanés Edi Rama fue la excusa perfecta para que la derecha conservadora del VMRO impidiera firmemente la creación del nuevo ejecutivo.

La demonización de los albaneses

A finales de febrero, cuando los socialdemócratas y las organizaciones albanesas quisieron proceder a la creación del ejecutivo, la tensión política del país balcánico se intensificó. George Ivanov, presidente de la República de Macedonia y miembro del VMRO-DPMNE, rechazó el proceso de formación del nuevo gobierno con el argumento de que el acuerdo de los socialdemócratas con la minoría albanesa ponía en riesgo la unidad territorial de Macedonia y rendía el país a los intereses de la República de Albania.

A través de su liderazgo en el VMRO, el ex primer ministro Nikola Gruevski también apeló al nacionalismo de corte más supremacista para movilizar a sus partidarios y evitar la creación de un gobierno que incluyera a los partidos albaneses. Desde aquel momento, miles de manifestantes ultranacionalistas marchan casi cada tarde por el centro de Skopje para reivindicar la integridad de Macedonia y renegar de la población albanesa.

“Albania quiere imponer toda una serie de condiciones que cambiarían el sistema político del Estado y romperían el país”, denunciaba un hombre jubilado que iba vestido con un traje elegante mientras encabezaba una de las marchas de las últimas semanas. “Somos patriotas, queremos defender los derechos de la gente de Macedonia y nos manifestamos pacíficamente por ello”, añadía el pensionista. Detrás de él, sin embargo, no era difícil distinguir entre la multitud a hombres musculados con la cabeza rapada, a algún individuo con simbología de extrema derecha entre su ropa y a personas con indumentaria militar que asaltarían el Parlamento a base de golpes, insultos y amenazas al cabo de unos días.

Un gobierno despótico y clientelar

Según denuncia una gran parte de la oposición política y de la sociedad civil macedonia, el VMRO y el ex primer ministro Nikola Gruevski gobernaron el país de forma despótica, corrupta y clientelar desde que obtuvieron el poder de la exrepública yugolsava en 2006. “El control del partido entre las fuerzas de seguridad, el sistema judicial, la Administración Pública o los medios de comunicación es casi absoluto”, explica Irena Stezijovska, directora de teatro y figura de relevancia entre los movimientos de protesta que se opusieron al VMRO durante meses en las calles de Skopje el año pasado.

En 2015, la existencia de una trama de espionaje masivo que Gruevski habría orquestrado a través de las propias instituciones gubernamentales salió a la luz pública. El Gobierno habría hecho escuchas telefónicas a unas 26.000 personas, entre las cuáles había políticos de la oposición, periodistas y activistas de los movimientos sociales. El escándalo, comparado con el Caso Watergate, provocó que Nikola Gruevski tuviera que dimitir como primer ministro en enero de 2016 para dejar paso a un nuevo gobierno en funciones. Además, se creó una comisión de investigación con un fiscal especial para perseguir judicialmente a los integrantes de la red de grabaciones telefónicas.

No obstante, con los resultados ajustados de las elecciones de diciembre que le dejan de lado para formar gobierno, la derecha nacionalista recurre a otros métodos más agresivos para mantener su dominio. En opinión del periodista Bekim Laci, “el VMRO utiliza el nacionalismo macedonio para no ceder el control de las instituciones y desviar la atención de los problemas reales”. Sin embargo, para el reportero de la redacción de Anadolu Agency en Skopje, “la criminalización contra la minoría albanesa no refleja el punto de vista general de la mayoría de población del país”.

“El objetivo de Gruevski es generar caos y agravar las tensiones étnicas para volver al poder”, considera la productora teatral Irena Stezijovska. “Si el VMRO pierde su influencia en los tribunales, muchos de sus altos cargos serán encarcelados”, añade. Según explica, desde que se convirtió en una cara pública de las movilizaciones contra el VMRO, la directora de teatro ha visto como muchas de sus obras programadas se cancelaban por presiones del Gobierno en funciones, que aún sigue bajo control de la derecha nacionalista.

“El escenario político actual es esquizofrénico y no veo muchas salidas al atascamiento”, lamenta Stezijovska. A día de hoy, desde el asalto violento al Parlamento de hace dos semanas, en el país balcánico no ha habido más episodios de violencia, pero la tensión es alta y el VMRO de Nikola Gruevski sigue negando la legitimidad de los socialdemócratas para crear gobierno con la minoría albanesa. Sin embargo, el político albanés Talat Xhaferi ya ha ocupado su despacho como nuevo cargo presidencial de la mesa parlamentaria y presiona al presidente macedonio, George Ivanov, para que encargue la formación de un nuevo ejecutivo durante los próximos días. Por ahora, las agujas del reloj corren y el país está a la expectativa.

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