Black Lives Matter: acabar con la violencia estatal contra los negros

Lo que necesitamos no es solo una reforma, sino una transformación fundamental de la cultura, políticas e instituciones para abordar las causas fundamentales del racismo estructural.

Black Lives Matter
Manifestación de Black Lives Matter en Washington el 10 de noviembre de 2015. Foto: Johnny Silvercloud
Traducción: Catarina Veiga

publicado
2018-02-16 07:55:00

En 1992, el mundo fue testigo de cómo el afroamericano Rodney King fue brutalmente golpeado por policías de Los Ángeles. En 1999, Amadou Diallo, un inmigrante negro de Guinea desarmado, recibió 19 disparos de cinco policías fuera de su apartamento. Sean Bell fue asesinado a tiros por el Departamento de Policía de Nueva York en 2006, en la mañana de su boda. Y en 2014, el agente Darren Wilson asesinó a Mike Brown a plena luz del día en la ciudad de Ferguson (Missouri).

Todos estos incidentes provocaron un aumento en el activismo contra la violencia policial. Sin embargo, no fue hasta el asesinato de Mike Brown que la gente se quedó en la calle. Debido al valor de la gente en Ferguson, #BlackLivesMatter (Las Vidas Negras Importan) surgió como una fuerza política contrahegemónica formidable.

Una intervención ideológica

Sin embargo, #BlackLivesMatter empezó más de un año y medio antes de los eventos de Ferguson. El movimiento empezó en respuesta al asesinato en 2013 del joven de 17 años Trayvon Martin y la absolución de su asesino, el vigilante blanco latino George Zimmerman. Fue en julio de 2013 cuando Alicia Garza, Patrisse Cullors y yo creamos #BlackLivesMatter como un proyecto de intervención política y movilización, haciendo uso de las redes sociales y realizando acciones en el terreno.

Hemos creado #BlackLivesMatter en medio de un profundo sentimiento de amor, dolor y furia tanto a nivel personal como comunitario, sabiendo totalmente que el trauma que experimentaban los negros y los aliados de conciencia en esta nación podría ser debilitante o catalizador. Presentamos #BlackLivesMatter en el léxico no solo como un lenguaje, sino como una intervención ideológica muy necesaria en una sociedad que ha ignorado sistemáticamente los cuerpos negros y los ha tratado como desechables desde que fueron secuestrados de África y esclavizados violentamente en todo el continente americano.

Fue con esta profundidad de comprensión y como izquierdistas entrenados que los tres emprendimos la creación de un proyecto para abordar el racismo estructural. Salimos para exponer el hecho de que la brutalidad policial y los asesinatos extrajudiciales no son actividades atípicas, sino parte de un intento sistemático de mantener a los negros sometidos y atados.

Era como si toda nuestra sociedad negra intentara dar sentido a cómo, a pesar de la montaña de pruebas, un vigilante podría acechar y asesinar a Trayvon Martin, un adolescente negro desarmado, y aun así quedar libre. Así que nos embarcamos en un gran proyecto político que, con el uso de la tecnología, esperábamos que sería visceral, porque indudablemente millones de personas en todo el mundo habían sentido este mismo dolor e indignación.

Muchas organizaciones negras dirigidas por jóvenes surgieron durante este mismo periodo. Así que cuando aproximadamente un año después, Mike Brown, de 18 años, fue baleado por el agente de policía de Ferguson Darren Wilson, representantes de Dream Defenders (Defensores de Sueños), Black Youth Project (Proyecto de la Juventud Negra), Millions Hoodies (Millones de Sudaderas con Capucha) y #BlackLivesMatter fueron enviados rápidamente para apoyar a la gente y las protestas en Ferguson. En particular, respondimos a las represalias que la gente valiente de Ferguson estaba experimentando debido a su justa disidencia.

Una formidable red descentralizada

Fue en este periodo que #BlackLivesMatter surgió como grito de guerra nacional e internacional, mientras casi 500 personas negras acudieron a Ferguson a instancias de los líderes de BLM Darnell Moore, Monica Dennis y Patrisse Cullors. Como resultado de esa convergencia de personas negras, los activistas regresaron a casa y formaron decenas de sucursales en todo el país. En poco tiempo, BLM surgió no solo como una plataforma política y una intervención ideológica, sino como una formidable red descentralizada de sucursales.

Antes de Ferguson, la organización de derechos humanos Malcolm X Grassroots Movement (Movimiento de Base Malcolm X) había investigado y denunciado la realidad: cada 28 horas una persona negra es asesinada por un agente de policía, guardia de seguridad o vigilante en los Estados Unidos. Para ser claros, esto no le está pasando solo a los hombres negros en los Estados Unidos, sino también a las mujeres y niñas negras. Hemos visto el vídeo de una joven negra, Tasha McKenna, siendo golpeada, atacada con un táser y asfixiada por varios agentes penitenciarios. Y aún hay preguntas sobre la muerte de Sandra Bland, una joven negra que supuestamente se suicidó en la cárcel después de un control de tráfico rutinario.

Estas historias trágicas han enfurecido a millones de personas en nuestra nación y han ilustrado la profunda necesidad de acabar con un sistema que se basa en la criminalización de los cuerpos negros. Ellos hacen visible las formas en que las vidas negras son brutalizadas en el mundo material, en un nivel estructural.

La agenda neoconservadora mata

Los niveles de violencia que los negros están experimentando en los Estados Unidos son el resultado de una agenda política y económica neoconservadora que está directamente conectada con los esfuerzos para socavar sistemáticamente los avances logrados por anteriores luchas de liberación negra, en particular el Movimiento por los Derechos Civiles.

Durante la década de 1980 surgió una agenda neoconservadora bajo el liderazgo de los presidentes republicanos Ronald Reagan y George Bush, Sr. Esta agenda no era estrictamente partidista. Otros presidentes, como el demócrata Bill Clinton, más adelante consagraron leyes y políticas que devastarían sistemáticamente a las comunidades negras. La guerra contra las drogas, por ejemplo, adoptada por sucesivos presidentes y congresistas republicanos y demócratas, condujo a un asalto sin cuartel legalizado contra los negros.

La teoría de las ventanas rotas fue una de las consecuencias de la guerra contra las drogas. Fue originada por James Q. Wilson y George L. Kelling en la década de 1980 e introducido en un momento en que la agenda neoconservadora intentaba encontrar su fundamento. El actual comisario del Departamento de Policía de Nueva York, William Bratton, fue el primero en implementar la teoría de las ventanas rotas en la década de 1980 en Boston (Massachusetts). Bratton concluyó que tomar medidas contra el “desorden” o el “delito menor” evitaría el “crimen violento”. Y las medidas “preventivas” como el perfil racial fueron una característica clave de las implementaciones de la teoría de las ventanas rotas.

Esta teoría pone la relación entre la pobreza y el crimen al revés. La pobreza causa el crimen; el crimen no causa la pobreza. Las políticas de la ventana rota siguen dando como resultado la criminalización de la pobreza, a la vez que se pregona como un hito en la reducción del crimen. Tales políticas han conducido a altas tasas de detención desproporcionada, multas, encarcelamiento y maltrato de personas negras a manos de la policía, como en el caso de Freddie Gray, un residente de Baltimore (Maryland) de 25 años que fue detenido por huir corriendo de la policía y que posteriormente murió a causa de las heridas que sufrió a manos de seis agentes.

Con el pretexto de mejorar la “calidad de vida”, la hipervigilancia de barrios de bajos ingresos se ha convertido en un pilar, junto con la criminalización de actos no violentos de “desorden” como cruzar la calle irregularmente, poner los pies en el banco del metro o vender cigarrillos sueltos. Muy parecidas a las leyes de Jim Crow [las viejas leyes de discriminación racial] en el sur de Estados Unidos, estas políticas identifican acciones para clasificar a personas negras como criminales, utilizando la ideología racista subyacente de que las personas negras deben ser controlados con la fuerza bruta. Por lo tanto, la racialización y la criminalización de la pobreza están inextricablemente vinculadas.

Las personas negras, por supuesto, se han convertido en los primeros objetivos en todas las fases del sistema de justicia penal desde el arresto hasta el juicio, desde la condena a la administración de la pena de muerte. Solo armados con el color de su piel, los asesinos de Rekiya Boyd, Islan Nettles, Aiyana Stanley Jones y Tamir Rice se justifican en consecuencia bajo las realidades del racismo estructural antinegro.

La construcción de un movimiento del siglo XXI

A pesar de las alarmantes tasas de asesinatos y brutalidad contra la gente negra, la protesta pública, las movilizaciones masivas y el amplio apoyo solo han llevado a reformas triviales. Las soluciones orwellianas como las cámaras corporales, los complementos al entrenamiento policial, la introducción de estrategias de “policía comunitaria” y el reclutamiento de más personal han sido la respuesta preferida de los legisladores.

Tristemente, todas estas propuestas y tácticas no abordan la causa raíz de la violencia que los defensores de la justicia social están trabajando incansablemente para revertirla, y a menudo ofrecen supuestas soluciones que afianzan aún más las ideas de que la policía y el control son la respuesta para las sistemáticas violaciones de los derechos humanos.

Aunque los vídeos gráficos de intensas confrontaciones entre la policía vestida con equipo antidisturbios y los civiles desarmados han captado la mayor atención, los asesinatos policiales no son la única preocupación de los organizadores y activistas negros. Los negros en Estados Unidos somos plenamente conscientes de que no somos un monolito, como tampoco lo es el movimiento. Así, la expansión del encuadre de la violencia estatal ha sido clave para comprender las formas en que diversos cuerpos negros son vulnerables a la opresión y a las formas explícitas de violencia de las fuerzas e instituciones gubernamentales.

Crear espacios que abarquen diversos cuerpos negros es clave para este periodo del movimiento. Para esto, una práctica incorporada que ha surgido en la red de #BlackLivesMatter es la de priorizar las necesidades de los más marginados. Por ejemplo, la red de #BlackLivesMatter ha hecho que la priorización de las mujeres negras transgénero y cisgénero sea central en su ideología política y
trabajo programático, ya que estas comunidades son a menudo un blanco del Estado y experimentan violencia interpersonal que debe ser detenida.

Otras formaciones dirigidas por negros, como la Black Alliance for Just Immigration (Alianza Negra para la Inmigración Justa) y la Black Immigration Network (Red de Inmigración Negra), se han dedicado a proteger a los inmigrantes indocumentados de las deportaciones, que ocurren en cantidades desproporcionadamente altas debido a perfiles raciales y religiosos. Estas poblaciones vulnerables y marginadas no son vistas a menudo como las típicas personas negras atacadas por la violencia; sin embargo, lo son, y probablemente siempre lo han sido.

Más allá de la política de la “respetabilidad”

El movimiento emergente se caracteriza por su negación de la política de respetabilidad que enmarca los “asuntos negros” en un marco estrecho y patriarcal centrado en la aspiración de asimilarse y obtener la plena ciudadanía para los afroamericanos. Con gran reconocimiento del progreso dramático y los avances logrados por el Movimiento por los Derechos Civiles y el Movimiento del Black Power, muchas luchas no reconocidas fueron dejadas por el camino. Está surgiendo una nueva política entre los estrategas que hace que estas personas marginadas dentro de las comunidades negras y sus asuntos sean de principal importancia para lograr mejoras que funcionen para todos.

En cuanto a sus predecesores, llevar a cabo acción directa no violenta es una necesidad para el movimiento actual. Las comunidades están cansadas del statu quo y saben que para hacer visibles los agravios de los miembros de las comunidad negra estas tácticas son una necesidad. Desde el cierre de autopistas, estaciones de tren y centros de comercio, hasta mítines y acciones en lugares estratégicos, gente multirracial e intergeneracional se han estado organizando para interrumpir el sistema y declarar que no habrá negocios ni vida como habitualmente hasta que las vidas negras importen.

Lo que se necesita no es solo una reforma, sino la transformación fundamental de la cultura, las políticas e instituciones para abordar las causas fundamentales del racismo estructural. Campañas tales como Reparations for Torture Victim Survivors (Indemnizaciones para Supervivientes Víctimas de Tortura) en Chicago y Safety Beyond Policing (Seguridad Más Allá de la Policía) en Nueva York son ejemplos de iniciativas visionarias que plantean demandas que conducirían a la reconstrucción de la red de seguridad pública.

Debe haber una desinversión de los sistemas opresivos y punitivos de vigilancia y encarcelamiento, y una inversión de recursos para beneficiar a quienes más lo necesitan, aquellos que han sido sistemáticamente privados de sus derechos. También es importante establecer la justicia reparadora para aquellos que son víctimas de la brutalidad y para los familiares supervivientes de aquellos que han sido asesinados.

Vincular estos esfuerzos a campañas que están rechazando acuerdos comerciales internacionales como el Acuerdo Transpacífico es la nueva forma en que las comunidades negras se están aferrando a la raíz, como la querida hermana ex Pantera Negra Assata Shakur exhortó a hacer a los miembros de nuestros movimientos. Y al centrarse en las causas de raíz, el movimiento necesariamente plantea preguntas sobre la naturaleza del capitalismo global y el desplazamiento y la criminalización que son características clave del mismo.

Compromisos transnacionales para subvertir el capitalismo global

Conectarse a la comunidad internacional es clave para que los negros de Estados Unidos ganen cierta apariencia de justicia frente al racismo estructural. Sin embargo, cualquier ganancia en este campo será efímera si solo hay solidaridad unilateral. La realidad es que las comunidades negras de todo el mundo siempre se han conectado para obtener apoyo mutuo, y los comienzos de una práctica similar están surgiendo hoy en día.

Comunidades de Kenia, Venezuela, Alemania, Sudáfrica, Brasil, Israel, Palestina y otros países han estado expresando solidaridad, y los activistas de Estados Unidos han respondido de forma recíproca. Construir el poder negro entre continentes y naciones es crítico. Formaciones como la Pan African Network in Defense of Migrant Rights (Red Panafricana en Defensa de los Derechos de los Migrantes), una red africana con sede en Kenia, #BlackLivesMatter y sus sucursales creadas fuera de Estados Unidos, la European Network for People of African Descent (Red Europea para Gente de Ascendencia Africana) y otras ayudan a materializar la posibilidad de un movimiento global para desafiar el neoliberalismo y las instituciones financieras globales. 

La gente negra en otras regiones como Europa y el Caribe experimentan la devaluación sistemática de la vida negra también. Los restos del colonialismo refuerzan las prácticas discriminatorias modernas, a menudo junto a las prácticas exportadas de Estados Unidos. Desde exportaciones en masa hasta muertes masivas en el mar Mediterráneo causadas por naciones occidentales que continúan atacando países africanos y otras naciones económicamente deprimidas, forzándolas a políticas comerciales opresivas que hacen que las familias tomen decisiones difíciles para emigrar, es imperativo que nuestros movimientos sigan tomando una posición visible contra la injusticia y denunciando el abuso cada vez que los gobiernos culpen a las poblaciones de refugiados y migrantes. 

Puntos claves en la historia han llevado a menudo a la revitalización de los movimientos sociales, pero la misma naturaleza de los movimientos sociales es que el alcance del trabajo va mas allá de un tema concreto. Como la poetisa americana-caribeña Audre Lorde dijo acertadamente, “no existe la lucha por un solo tema, ya que no vivimos vidas de un solo asunto”. 

El sello distintivo de este movimiento es que no hay un único tema. El movimiento es por la justicia racial que va más allá de una comunidad geográfica y una persona negra en particular. La lucha siempre será por sociedades democráticas que funcionen para todos nosotros. Verdaderamente, las personas negras y otras comunidades marginadas siempre han luchado por la justicia transformadora creyendo que otro mundo es posible. Pero está claro que no llegaremos hasta allí hasta que todas las vidas negras importen.

* Este artículo ha sido publicado originalmente en Roarmag.


la autora
Opal Tometi es una escritora, estratega y organizadora comunitaria nigeriana-estadounidense que vive en Nueva York. Opal es cofundadora de #BlackLivesMatter y la directora ejecutiva de la Alianza Negra para la Inmigración Justa (BAJI, por sus siglas en inglés), la única organización nacional de derechos de los inmigrantes para las personas negras en los Estados Unidos. Para conocer más sobre su trabajo, visita www.opaltometi.com, www.blackalliance.org y www.blacklivesmatter.com.

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