Un mundo más peligroso e inestable 16 años después del 11S

El misterio sigue envolviendo el 11S, unos atentados que ayudaron a empeorar aún más la situación mundial a nivel de seguridad, defensa, libertades democráticas, derechos humanos.

Atentados 11S
Las Torres Gemelas derruidas, tras el impacto de dos aviones en 11 de septiembre de 2001.

publicado
2017-09-13 08:30:00

Dieciséis años después de los atentados del 11S la versión oficial de los hechos aportada en su momento por el Gobierno de George W. Bush, y luego por la Comisión Bicameral de Investigación del Congreso de EE UU y por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, sigue dejando muchas zonas oscuras.

Esto ha dado lugar a las más diversas teorías conspirativas, con más variantes aún que las que circularon tras el asesinato de John F. Kennedy en 1963. Algunas se esfumaron con los años dada la carencia más elemental de fundamento de la que adolecían, por ser totalmente descabelladas; pero otras, avaladas en algunos casos por bomberos, expertos en explosivos, en aeronáutica, ingenieros, militares u otros, siguen circulando por la red. Se han plasmado también en numerosos libros, trabajos de cierta rigurosidad en algunos casos y con más dosis de fantasía y teorías conspiranoides en otros.

Las dos grandes ramas de teorías al respecto, con numerosas subvariantes cada una de ellas, han sido caratuladas en medios políticos y mediáticos de EE UU como "MIHOP" una y como "LIHOP" la otra:

1) Lo organizó el propio Gobierno (MIHOP, “Made it happen on purpose”). Según esta teoría, el Gobierno de Bush junior, o al menos el sector más halcón dentro de él, organizó los atentados para poder justificar ante el mundo entero la Guerra contra el Terror que iniciaría a continuación, con la cual se pretendería tener las manos libres totalmente para invadir países enemigos y apoderarse de sus fuentes energéticas. El Gobierno Bush fue el que más miembros provenientes de la industria del petróleo tuvo en toda la historia de Estados Unidos. El poderoso lobby industrial armamentístico se vería igualmente muy beneficiado con ello. Tanto Israel como las monarquías del Golfo, aliados claves de EE UU, también se verían beneficiados con una reconfiguración político-económica y militar de Oriente Medio.

2) El Gobierno miró para otro lado (LIHOP, “Let it happen on purpose”). De acuerdo a esta teoría, que presenta como pruebas fundamentales el inexplicable cúmulo de fallos de las poderosas agencias de Inteligencia de EE UU, el Gobierno habría sido advertido de los planes de Al Qaeda y no habría intervenido ante los preparativos llevados a cabo por los 19 terroristas suicidas a pesar de tener totalmente controlados sus movimientos. Su objetivo sería igualmente justificar una campaña militar sin límites geográficos y con impunidad total a nivel legal.

A pesar de aportar muchos elementos para fundamentar cada una de esas teorías ninguna de las versiones alternativas, sin embargo, logra completar tampoco un relato coherente y sin agujeros negros.

El misterio sigue envolviendo el 11S, unos atentados que ayudaron a empeorar aún más la situación mundial a nivel de seguridad, defensa, libertades democráticas, derechos humanos.

La guerra del “Bien contra el Mal”

El 20 de enero de 2001, Bush iniciaba su mandato en condiciones de la más dudosa legitimidad que haya tenido nunca un presidente de EE UU, tras el escandaloso recuento manual electoral.

Menos de ocho meses después, el 10 de septiembre de ese año, el presidente 43º estadounidense contaba con el 51% de popularidad, y dos días después, tras el 11S y su anuncio solemene de que EE UU comenzaría una guerra planetaria e indefinida, “monumental”, del “Bien contra el Mal”, se producía el milagro: la popularidad de Bush alcanzaba el 91%.

Ese mismo día 12 de septiembre de 2001 se convocaba de urgencia el Consejo de Seguridad de la ONU -a petición de EE UU- en el que se aprobaba en solo una hora la resolución 1.368 en la que se reconocía el derecho de EE UU a su “legítima defensa individual o colectiva”.

Tras el 11S y su anuncio de que EE UU comenzaría una guerra planetaria del “Bien contra el Mal”, se producía el milagro: la popularidad de Bush alcanzaba el 91%.

A pesar de que dicha resolución no se aprobó bajo el amparo del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, condición fundamental para que se autorice el uso de la fuerza militar, Washington interpretó que estaba autorizado –y ninguno de sus aliados lo objetó– por lo que menos de un mes después ya arrastraba a numerosos países a secundarle en la devastadora guerra contra Afganistán, que aún perdura.

“Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o estáis con nosotros o estáis con los terroristas”, dijo Bush en aquel discurso del 20 de septiembre en el Capitolio, con las dos Cámaras reunidas, interrumpido en 30 ocasiones por los aplausos de los parlamentarios republicanos y demócratas.
Y a partir de ese momento el mundo cambió... para peor.

Bush obtuvo poderes especiales del Congreso para “el uso de toda la fuerza necesaria”, y consiguió que la OTAN activara a su vez por primera vez el Artículo 5 de su Tratado fundacional, que permite que un país miembro que sufre un acto de guerra pueda reclamar la acción militar solidaria de los restantes miembros. Bush usaría ampliamente esos poderes en el ámbito interno y en el ámbito externo.

En el interno, lanzando la Patriot Act, un amplísimo paquete de medidas antiterroristas “temporal” –muchas de las cuales terminaron convirtiéndose en Ley– por la cual las fuerzas de seguridad sin autorización judicial pudieron controlar el correo postal y electrónico, las comunicaciones telefónicas y las fichas bancarias y sanitarias de cualquier sospechoso.

“Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o estáis con nosotros o estáis con los terroristas”, dijo Bush en aquel discurso del 20 de septiembre en el Capitolio

Miles de personas de origen musulmán fueron detenidas arbitrariamente vulnerándose todos sus derechos.
No habían pasado dos meses de los atentados del 11S cuando Bush autorizaba a la CIA a lanzar su amplísima operación encubierta de secuestros de sospechosos en cualquier parte del mundo y su traslado a cárceles secretas propias en bases militares o en prisiones de países aliados en Europa y Oriente Medio para ser interrogados y torturados impunemente.

Comisiones de investigación del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo confirmaron que más de 1.000 de las escalas de los aviones camuflados utilizados por la CIA se produjeron en suelo europeo, más de 60 de ellas en territorio español.

Meses después, en enero de 2002, llegaban a la prisión de la ilegítima base naval de EE UU en la provincia cubana de Guantánamo a los primeros prisioneros trasladados encapuchados y encadenados desde Afganistán. Ninguno de los países aliados europeos condenó con firmeza ese campo de concentración del siglo XXI por el cual ya pasaron en estos últimos quince años cerca de 800 detenidos de 40 nacionalidades distintas y que aún permanece abierto.

Con la guerra abierta de Afganistán y las zonas paquistaníes fronterizas, en marzo de 2003 EEUU lanzaba su segundo gran frente bélico, el de Irak, con la complicidad de Reino Unido, la España de Aznar y otros países, otra guerra aún abierta.

La tortura se sistematizó y se masificó. Documentos desclasificados mostraron cómo la Casa Blanca, en complicidad con el Pentágono, el Departamento de Justicia, el Departamento de Estado, la CIA, la NSA y otras agencias de Inteligencia, tejieron una compleja trama jurídica para blindar legalmente ante cualquier tribunal federal o internacional a cualquier militar, agente de Inteligencia o mercenario acusado de tortura.
El hecho de que EE UU –como Israel y un puñado de países– no ratificara nunca el protocolo del Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya convierte en impunes sus matanzas, sus crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Obama multiplicó los asesinatos con drones

Con Obama –sí, el Premio Nobel de la Paz Obama– se anuló el plan de secuestros de la CIA, cesó su actividad en las cárceles secretas, disminuyeron los casos de tortura, pero la Patriot Act se mantuvo. Se multiplicaron los “asesinatos selectivos” con drones de sospechosos de yihadismo no solo en Irak, Afganistán o Pakistán, sino también en Yemen, en Libia, en Siria, en Somalia, Mali y un número cada vez más amplio de países.

Durante sus ocho años como presidente cerca de 5.000 personas murieron como consecuencia de ataques con drones militares, buena de parte de ellas civiles, daños colaterales según el eufemismo del Pentágono.

Ningún aliado europeo denunció esos asesinatos, esas acciones abiertamente ilegales de EE UU.
Por el contrario, Reino Unido lo secundó y otros países comenzaron a incorporar drones militares artillados estadounidenses e israelíes a su arsenal.

Durante los ocho años de Obama cerca de 5.000 personas murieron como consecuencia de ataques con drones militares, buena de parte de ellas civiles

El informe del relator de la ONU sobre el tema, tras una exhaustiva investigación, se limitó a reclamar a las potencias con tecnología capaz de llevar a cabo esos ataques con aviones no tripulados, que se atuvieran “a las normas de la guerra”.

Durante los mandatos de Obama, Estados Unidos intervino militarmente en nuevos frentes bélicos, en Libia, en Siria, y con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y el aumento del presupuesto militar el injerencismo militar amenaza con superar los récords anteriores.

Trump ya ha decidido enviar más tropas a Afganistán, sin comprender aún que ese es un territorio que ningún imperio logró nunca dominar.

Estados Unidos y Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo, con complicidad de países europeos, ayudaron en los años 80 del siglo pasado a que Osama bin Laden, su aliado clave en la lucha de los muyaidin contra las tropas soviéticas en Afganistán, terminara aprovechando el entrenamiento y financiamiento recibido por todos esos aliados para crear y hacer de Al Qaeda una organización poderosa.

No escarmentados con el bumerán monstruo creado por Occidente y las monarquías del Golfo, volvieron a facilitar luego que de las entrañas de Al Qaeda en Irak naciera Daesh, autoproclamado Estado Islámico, ISIS en sus siglas en inglés. Todo valía a los ojos de monarquías semi feudales suníes como la saudí y para EE UU para frenar la influencia política, económica, militar y religiosa del Irán chií sobre el Gobierno de Irak, o su alianza con Al Assad en Siria o con Hezbolá en Líbano, o con la minoría chií houthí de Yemen.

El monstruo Daesh no se acabará aunque caiga Raqqa u otros de sus feudos en Siria o Irak; ya ha traspasado esas fronteras, su mensaje ha llegado muy lejos, y si desapareciera la marca aparecería otra similar

El monstruo Daesh no se acabará aunque caiga Raqqa u otros de sus feudos en Siria o Irak; ya ha traspasado esas fronteras, su mensaje ha llegado muy lejos, y si desapareciera la marca aparecería otra similar.
Dieciséis años después del 11S, cientos de miles de muertos y millones y millones de refugiados y países devastados después, el mundo es aún más inestable y peligroso; con más frentes bélicos abiertos, con ataques terroristas en más países; con leyes antiterroristas que se utilizan cada vez más arbitrariamente para reprimir protestas sociales y para cercenar libertades democráticas; la ultraderecha está en auge en Europa, como la xenofobia y la islamofobia.

El mundo es hoy mucho más intolerante, peligroso e inestable.

Sobre este blog
La manipulación de la información que realizan a diario los grandes grupos mediáticos controlados por gobiernos, multinacionales, fondos de inversión y la gran banca, es conocida por gran parte de la ciudadanía. Sin embargo, no siempre el ciudadano logra descubrir cómo se concreta en cada caso esa intoxicación, esa tergiversación, y aunque lo sospeche suele tener grandes dificultades para encontrar otro relato, una información y una visión alternativa.

A pesar de la proliferación de medios independientes y redes sociales la batalla sigue siendo totalmente desigual. Este blog intentará con sus análisis, principalmente centrados en temas de geopolítica, estrategia internacional y derechos humanos, aportar en esa lucha desde esta trinchera de El Salto.
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5 Comentarios
Juan 9:07 14/9/2017
La doctrina de la guerra preventiva: para evitar un posible atentado en Occidente en el que puedan morir unos cientos de personas, vamos a arrasar un país musulmán y a matar a cientos de miles de civiles (daños colaterales). Ningún fanatismo religioso ha logrado radicalizar a más gente y reclutar más terroristas que esta doctrina. Dieciséis años después seguimos acumulando cadáveres de inocentes y escuadrones de fanáticos.
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Anónima 12:42 13/9/2017
Una investigación publicada por la Sociedad Física Europea sostiene que fue una demolición controlada: http://www.tendencias21.net/Las-Torres-Gemelas-no-cayeron-por-el-fuego-segun-un-estudio_a43157.html
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Anónima 12:34 13/9/2017
Más vídeos de la asociación de arquitectos e ingenieros por la verdad del 11S en castellano en : http://www.ae911truth.org/news/languages/spanish.html
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Anónima 12:33 13/9/2017
Y para quien se pregunte cómo se pusieron los explosivos sin "llamar la atención" que vea este vídeo, a partir del minuto 35, si os queréis ahorrar visionado: https://www.youtube.com/watch?v=JEkVsj88Xsg
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Anónima 12:33 13/9/2017
No hay que ser físico nuclear para saber que la versión oficial es completamente falsa. Un niño de 12 años lo comprendería tan fácilmente con ver este vídeo de apenas 3 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=QUkyS-Q4hQI
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