Medio ambiente
Hermanadas ¿en el odio?

Transformar la adoración religiosa a un esquema vital que actúa contra la propia vida para convertirla en un proyecto común que supere la absurda expansión de una conquista de riqueza que tiene límites físicos y que se acumula en cada vez menos manos. Es una utopía atractiva.

YoVoy Manifestación Colón 5
Puesto de venta de banderas en Colón. Patricia Reguero

publicado
2019-03-13 17:23

Todas las personas amamos y odiamos. Algunas, por diversas circunstancias, tienen más apego a las que odian lo mismo que ellas, por encima incluso de la adoración común a los ídolos pop que arrastran fanáticas pasiones. Amistades inquebrantables basadas en un adversario común. Una sociedad basada en oponerse a otra. Un mundo unido en la lucha mutua por privilegios exclusivos. Una persona odiada uniría más que otra amada. El dios necesita demonios.

A nivel político, esta hermandad odiadora se acrecienta hasta el paroxismo y el ridículo en España: las personas unionistas odian a algunos vascos y catalanes por querer desgajarse del sagrado territorio forjado a golpe de guerras y odios seculares. A su vez, las soberanías emergentes fundamentan buena parte de su proyecto en el rechazo profundo al Estado que les atenaza. Ambos se necesitan para crecer y apuntalarse, se retroalimentan y necesitan el odio de la otra parte para confirmar que están en el buen camino. Construyen sus vidas y su futuro sin perder de vista que hace y dice el enemigo. Su ideología es una variante opositora de los orgullos e insultos del adversario, cuyas afrentas refuerzan el amor a su opción. Así tanto o más importante que las filias son las fobias que constituyen su mapa emocional. Y los líderes de ambas partes lo saben y alimentan estos sentimientos encontrados para rentabilizar, en forma de votos y poder, ese maniqueísmo básico que constituye y dirige la trayectoria de todas las personas afectadas. Fomentan el enfrentamiento para mantener prietas las filas. La flor crece en el estercolero. La leña ajena calienta la hoguera propia.

Enemigos interiores (dentro de las mismas fronteras físicas del territorio en disputa, y sentimentales en lo más hondo del alma) y enemigos exteriores (que recorren historias milenarias de enfrentamiento y “educación” de nuevas generaciones) constituyen un sistema competitivo e insolidario, belicista y egoísta. Todo muy humano. Y exacerbado por el capitalismo depredador y caníbal que, quizá por eso, ha triunfado.

¿Por qué para algunas personas son más importantes los odios al distinto en religión, nacionalidad, color, equipo deportivo e incluso sexo que el propio amor a lo suyo y los suyos? ¿O es que solo aman porque odian ?¿No podemos cambiar algo aparentemente esencial? ¿No es hora de abandonar este juego con el que manipulan nuestras vidas? Quizá no nos creamos capaces porque la cultura humana se ha forjado en estas luchas durante milenios. Sin embargo, durante la historia humana también se han logrado cosas impensables.

Merece la pena soñar y construir la alternativa al ensañamiento, con hermanamiento en la colaboración y la ayuda mutua que ha sido la base de la mayoría de los logros de la especie humana. A falta, por ahora, de unos invasores extraterrestres que aúnen a toda la especie humana con un enemigo común, tenemos un problema planetario que, por encima de negacionismos interesados, afecta a todas las personas que habitamos la única casa que tenemos en todo el universo. Me refiero a los desastres climáticos, actuales y venideros, que provoca un sistema fósil que nos promete un imposible infinito crecimiento.

Transformar la adoración religiosa a un esquema vital que actúa contra la propia vida para convertirla en un proyecto común que supere la absurda expansión de una conquista de riqueza que tiene límites físicos y que se acumula en cada vez menos manos. Es una utopía atractiva. Compongamos la sinfonía con la música de lo mejor de la especie humana. E iniciemos la deconstrucción de los arsenales que esperan cualquier conflicto para foguearse contra inocentes y débiles. Plantemos árboles donde aniden besos.

Si todo el odio que enfrenta y asesina se disolviera en el océano azul, Madre Tierra sonreiría.

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3 Comentarios
#31967 18:24 21/3/2019

La toma de poder de políticos y discursos neofascistas en diferentes paises, estimula una "internacional del odio" que con una escalada dialéctica (basada en el insulto) y de acciones violentas (de menor a mayor escala), van preparando el terreno a una conflagración internacional que intente instaurar un nuevo orden autoritario y belicista a nivel mundial.
No obstante, es una historia conocida (segunda guerra mundial) que intenta resolver las contradicciones terminales del capitalismo neoliberal creando una destrucción masiva (Siria) que estimulen un nuevo ciclo de expansión basado en la reconstrucción.

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#31580 20:47 13/3/2019

Respecto a esa llamada "mayoría silenciosa" o que, debido a una desidelogiación defensiva ante tanto desengaño, duda hasta el último día a quien votar. Los haters buscan conducirlos al enfrentamiento, quieren polarizarlos para que adopten posiciones extremas ante un supuesto ataque a símbolos comunes. Así era ya la manipulación que practicaba Goebbels.

La gente "normal" que solo busca sacar su vida adelante en medio del neoliberalismo que le obliga a competir y pelearse por las migajas, busca certezas. Y, al no encontrarlas, se deja llevar por la corriente de moda o el caballo conquistador que aporta un mínimo plus de emoción al manido acto de depositar una papeleta en una urna.

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el ochenton 19:30 25/5/2019

el nacionalismo es el odio

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